El Curioso Caso de Benjamin Button
Jueves, Febrero 26, 2009
El sábado pasado me pude acercar a ver El Curioso Caso de Benjamin Button, como siempre que me es posible e insisto en recomendar, en una sala digital. Como no he visto el resto de películas nominadas a los Oscar es completamente absurdo lo que voy a decir, pero a mi entender esta película se merecía claramente el de Mejor Película.
Siendo como es Fincher uno de mis directores favoritos, tenia curiosidad por su primera aventura por senderos más ‘convencionales’ más allá de excentricidades como El Club de la Lucha; una sencilla historia de amor, más humana de lo que nos tiene acostumbrados. Y me encuentro con que como suele hacer la ha liado parda para contar una historia tan rara como fascinante.
Esta película esencialmente resume una toda una vida, desde la cuna hasta la muerte, en la que el envejecimiento invertido es casi una anécdota, una excusa para sacar adelante la historia, reflexionando sobre el valor y la fugacidad de los instantes que la forman. Chapeau por Fincher y compañía, porque me parece que hay que echarle muchos cojones para sacar adelante una película tan compleja y difícil como esta, y con un resultado tan conseguido.
Supongo que todos los hemos pensado, ojalá naciésemos viejos y muriésemos jóvenes, para juntar experiencia y energía vital en nuestro ultimo tramo de vida, en vez de que estas se cruzasen en un camino en el que mientras aumenta la primera, decrece la segunda. Me gusta pensar que tal y como están “pensadas” las cosas, es justo esa energía la que nos permite acumular experiencia lo mas rápido posible, y seguramente sería cruel dejar crecer a cualquier persona sin la posibilidad de poder jugar con otros niños al escondite, al tu la llevas y revolcarse en montones de tierra sin miedo a que te cruja la pelvis. Otra pregunta que tal vez habría que hacerse es, ¿para que necesitar esa energía al final, cuando ya lo has experimentado todo?. Además se nos suele escapar la simetría de que tanto en la infancia como en la senilidad somos incapaces de valernos por nosotros mismos, y ese es un punto en el que insiste la película.
—SPOILERS (seleccionar el texto para leer) —
La historia, a pesar de tener momentos de humor, no deja de ser un drama, que puede tocaros una fibra especialmente sensible si tenéis familiares en edad avanzada. Una de las cosas que no me esperaba era que cerebralmente Button siempre ha estado envejeciendo, entrando en la senilidad cuando es un chaval con granos en la cara. A eso no es inmune y asistimos conmocionados a ver como toda su persona se desvanece en vida. Os aviso que aquí puede haber lagrimas
—Fin de los spoilers—
Fincher sigue siendo Fincher, le gustan mucho esos barridos regularmente encuadrados marca de la casa y esos colores amarillos, pero con la fotografía definitivamente se ha lucido. Insisto una vez mas, en digital es sublime, pura poesía. La intensidad de los colores, la complejidad de la iluminación, que en muchos casos corresponden a la de una sola lampara de noche que ilumina toda la habitación, los exteriores, parece que realmente la han cuidado fotograma a fotograma.
Como veis, he dejado los efectos especiales para el final. Como decía al principio, Fincher la lía parda: ¿para que maquillar a los actores cuando se puede desarrollar una tecnología completamente nueva por solo 10 veces más presupuesto? Mentiría si dijese que no supimos Muriel y yo en que momento Pitt dejó de ser digital y pasó a estar sencillamente maquillado, mentiría si dijese que no estuve la primera hora de metraje escudriñando al tiempo que maravillandome por esta artesanía digital (como me viene pasando practicamente con cada película del estilo desde que tengo conciencia), mentiría si dijese que la cabeza digital es absolutamente indistinguible de la realidad. No han llegado al nivel, por ejemplo, de Davy Jones (donde la inmensa mayoría del publico directamente creía que era maquillaje, y de esto hay para hablar). Pero también mentiría si dijese que los efectos constantemente robaban mi atención del resto de la película. Lo que resulta mas impresionante es que no son impresionantes, a pesar de ser un autentico hito tecnológico que también merecen de largo el Oscar. Cumplen sin robar protagonismo: la máxima (y dolorosa) aspiración con la que puede soñar un técnico de efectos especiales, ha sido conseguida por estos magos de Digital Domain, algo que por lo que parece solo se consigue muy de cuando en cuando: los mejores efectos son los que no se ven.
¿¿Pero como no se va a ver si lo que han hecho es sustituir la cara, ni más ni menos que del protagonista, que tiene los rasgos de Brad Pitt, durante casi una hora??. David, que es tan flipado como yo sobre todo tipo de efectos especiales en general, lo expresa con elocuencia: se ha sentido ofendido por esta película. Ofendido por no haberse dado cuenta de que la cabeza era digital hasta bien entrado el metraje.
Os dejo con un video






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