30 Rock

Quiero hablar de una comedia a la que estoy ahora particularmente enganchado, y como suele pasar cuando uno la descubre por si solo, le tengo especial cariño. Cuidado, que la serie va por la 4ª temporada, con su buena audiencia y Emmys y Globos de Oro, cuando digo ‘descubrirla’ me refiero a cuando nadie te la ha tenido que recomendar: sencillamente sintocinar el satélite un día de verano estando solo en casa para adivinar que ver mientras ceno, pronunciar el ‘a ver que echan’, perdon, quiero decir, ‘a ver que pollas echan’ (que para algo soy jiennense), encontrarme a Salma Hayek (que por desgracia solo sale en unos pocos capítulos en la 3ª temporada) y en menos de diez minutos quedarme prendado de la serie (aparte, evidentemente, de la presencia de Salma). Una serie que probablemente en otra circunstancia hubiera ignorado fulminantemente. Hablo de 30 Rock, en España traducida Rockefeller Plaza.

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¿Que de qué va? Bueno, la protagonista, Liz Lemon, es la jefa de guionistas de un programa sospechosamente parecido a Saturday Night Live. Las historias son las de sus constantes tira y afloja con el resto de compañeros, las estrellas del show, su jefe, y sus movidas personales. Dicho así no parece mucho, pero es que el verdadero fuerte de la serie es su agotador ritmo: tantas genialísimas gansadas surrealistas que se suceden a tal ritmo que te dejan sencillamente perplejo, para que solo de vez en cuanto tengas que explotar en una sonora carcajada que debes apagar si no te quieres seguir perdiendo lo que sucede.

No es una serie que os quiera ‘vender’, como podría querer intentar hacer con Lost, Battlestar Galactica o alguna otra de las pocas a las que he estado alguna vez enganchado. Es solo una comedia que se puede ver tranquilamente sin esa necesidad imperiosa de querer ver el siguiente episodio (cosa que agradezco mucho), y aunque -imagino- que el ritmo podría llegar a resultar agotador a algunos (a mi sorprendentemente me encanta, y no me suelen gustar las series ‘aceleradas’), se agradece esa sensación de ‘los guionistas tienen tantas chorradas cosas en la cabeza que no saben como meterlas todas en un episodio’ en vez de ‘no saben como llenarlo’. Con todo, sé que anda en esa categoría de o te gusta, o la aborreces. Y a mi me encanta, que queréis que os diga, es justo ese tipo de humor que me va.

La creadora, autora, escritora y protagonista de todo el tinglado es Tina Fey, antigua guionista precisamente del Saturday Night Live, y que es particularmente conocida por sus extraordinarias imitaciones clonaciones de Sarah Palin. Son sus experiencias en aquel programa las que caricaturiza hasta el esperpento en esta serie, empezando por que se interpreta a si misma, y donde tiene como colaboradores a algunos actores y antiguos compañeros de aquel programa. De todas formas la panda de frikis no tiene fin: un actor negro con delirios que necesita medicación y vigilancia, un ilusionado y religioso conserje sureño, un guionista friki adicto a la pornografía y a las gorras de camionero, un médico de dudosa formación y estabilidad mental, o un jefe republicano encarnado (retorcido chiste ;p) por un Alec Baldwin que se revela aquí como un cómico de primerísima fila (deseando estoy verlo presentar los Oscar), además de un excelente actor. Para rematarlo, todo aderezado con una sarta de cameos de primera fila (Conan O’Brian, Carrie Fisher -haciendo uno de los mejores chistes de la serie-, Jerry Seinfeld, Larry King, David Schwimmer, Jon Bon Jovi, Woopie Goldberg, Steve Martin, Jeniffer Aniston, Al Gore, Oprah Winfrey… además de otro sorprendente tanto de figuras políticas, naturalmente ya no tan conocidas por estos lares)

Si pensáis que se trata de una comedia alocada donde cada situación se torna desesperante ante unos caracteres despojados de coherencia, me encuentro con unos personajes bien escritos y que realmente te hacen encariñarte con ellos (insisto, adoro el personaje de Baldwin). Y si también pensáis que se trata de una comedia ligera y superficial, la serie no anda corta de agudos comentarios políticos, sutiles y no tan sutiles, aunque siempre despachados de forma tan elegante como descojonante.

En fin, no la recomiendo ni la dejo de recomendar, sencillamente es una serie que me encanta, y me apetecía compartirlo con vosotros :)

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Hala, y porque si, de regalo un vídeo que me ha hecho mucha, mucha gracia: Kevin Spacey haciendo imitaciones. Muy buenas imitaciones xD

*(A saber: Jimmy Stewart, Katherine Hepburn, Johnny Carson, Clint Eastwood, Marlon Brando, Al Pacino, Christopher Walken, y Jack Lemmon, y uno se me escapa. Es increible como cambia la voz, no me canso de ver el puñetero video xD)

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Nota: y si, lo reconozco: para mi Tina Fey tiene su morbillo :D

El tonto del coche

Enlaza Eulez desde su twitter este artículo del ABC, que de verdad, me ha dejado de piedra. Un cínico gilipollas que no tiene la más mínima vergüenza de críticar algo tan noble como el uso de la bici.

Una vez lo conté aquí: yo aprendí a montar en bici hace dos veranos. Jeje, no, no digo ‘hace dos veranos’ de forma figurada: aprendí en verano de 2008. Teniendo 24 años. Estando en Fuente Palmera, (un pueblo mucho, mucho más llano que el mio), Muriel me instigó, nos pusimos una tarde, y aprendí, algo por lo que le estoy muy agradecido. Y es definitivamente de esas cosas, que cuando por fin la pruebas, dices ¡qué cojones he estado haciendo hasta ahora! xD

Como ya digo, mi pueblo no se presta mucho a bicicleta, es la cuesta personificada, con lo que allí no tiene mucho sentido, pero en Málaga, este año, al trasladar la Politécnica a las afueras, el viaje andando se torna en un mínimo de 20 minutos a pie, cosa que tampoco me gusta mucho. Así que en octubre me compré una bici, y copón, no la cojo solo para ir a la facultad, sino para todo lo que encarte: ir al piso de los colegas, al mercadona, etc. Es más, la bici es en si misma a veces una excusa para ir a un sitio, busco la excusa para poder coger la bici. ¡Me encanta coger la bicicleta, copón!

Con todo, como podeis imaginar no es facil. Si por mi fuera, cogería la bici exclusivamente por el gusto de cogerla, pero por mucho que Teatinos sea un barrio residencial de las afueras, el tráfico sigue sin ser demasiado indulgente. Demasiadas rotondas, cruces poco amistosos y sobre todo, aceras de risa. Hay unos cuantos chistes con forma de carril bici absolutamente dignos de un WTF! microsiervos, con lo que coger la bici porque si, para dar un paseo, sigue sin ser una buena idea. Y por supuesto, mientras vivía en el centro ni se me pasó por la cabeza.

Por otro lado, hayáis estado en el norte de Europa o no, sabréis que allí el uso de la bicicleta está mucho más implantado que aquí en España. ¡A pesar de que ellos no tienen nuestro sol! No solo hay mucho más carril bici y es más facil conseguir una (alquilada o no), sino que pasa algo que aquí no pasa: allí al ciclista se le respeta. Es una elección más, sin connotaciones de tipo alguno. Tengo entendido que tener un coche, con los impuestos y movidas, les sale mucho más caro, pero sigue pareciendome cojonudo el uso tan habitual que allí se le da a la bicicleta.

(…)

Supongo que conocéis las connotaciones que tienen y que han tenido por ejemplo, estar bronceado o estar gordo. En los países asiáticos, por ejemplo, se ve mal estar bronceado: significa que eres un un obrero, alguien que trabaja al aire libre, como albañil o campesino, y por lo tanto de clase baja. Mientras que si estás blanquito significa que tu trabajo es de interior, de oficina, por lo tanto tienes mayor poder adquisitivo. Justo como pasaba en occidente a principios del siglo XX. Pero ahora estar bronceado significa que tienes muchas vacaciones; y de nuevo, que tienes dinero. Y con la obesidad lo mismo, fijaos como antes la imagen típica de un gordo correspondía a la nobleza y al clero, mientras que ahora alguien obeso se suele asociar a las clases más bajas.

Lo mismo se me va demasiado la pinza, ¿pero no pasa lo mismo con las bicicletas? Supongo que en el norte han superado ese complejo.

Porque aquí no. Aquí todavía tenemos ese complejo. Aquí todavía se piensa en ‘ese pardillo de la bici’. Aquí, si tienes bici es porque eres pobre, porque no tienes el poder de comprarte un coche. Y el coche, mientras más grande el Mercedes, más caballos, más cilindros, mejor. Aquí, llegas  un cruce, te tienes que parar, cruzar a pie el paso de cebra y seguir luego. Aquí ya me ha tocado un par de veces gritar a toda voz ¡HIJODEPUTA! para descargar mi frustración, y hablo solo de mis aventuras por un barrio residencial. Aquí ves al de la bici y todavía te ries de él, dices ‘¡donde va!’, y a alguno hasta desearía ver como se mete un piñazo.

Alguna vez he escuchado que en el centro de las ciudades, donde el imperio es el de los coches y el caos circulatorio, motos y bicicletas no tienen cabida. Llamadme radical, pero pienso justo lo contrario: el centro de las ciudades precisamente son los coches los que no deberían tener cabida. El centro debería de ser el imperio del transporte público e individual: metro, autobus, moto, y por supuesto, bicicleta. En mi humilde opinión.