Me voy a Escocia unos días

Desde hace cuatro años le debo una visita a Edimburgo (un grupo de amigos míos fueron y yo me quedé en dique seco). Al final voy a saldar la cuenta junto a mi familia, y solo no esa cuenta con Edimburgo, sino la que tengo desde niño con las Highlands (no desde que vi Braveheart como pensareis algunos, sino desde que vi en una revista el paisaje que acompañaba un anuncio de Cardhu).

El viaje lo hemos preparado razonablemente bien (es decir, tenemos pillado el coche, los sitios para dormir… incluso hasta hemos sacado los vuelos con antelación…), pero con la flexibilidad de que básicamente, haremos lo que queramos y nos detendremos donde queramos. Echaremos un par de días en Edimburgo, y luego recogeremos el coche y deambularemos por las Highlands: la isla de Skye, el lago Ness, los Cairngorms

Nada, solo comunicarlo, y dar envidia y tal… ;P

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Como no tengo mucho más que contar al respecto, quiero aprovechar para mostraros un interesante cortometraje, rodado en buena parte en el castillo de Eilean Donan (el que veis arriba); el mismo que aparece en Los Inmortales.

El cortometraje al que me refiero, Black Angel, fue dirigido por Roger Christian, diseñador de producción de películas como Alien o Star Wars (para nada un mal curriculum), y fue creado con la intención de mostrarse como entrante junto al estreno de El Imperio Contraataca, en 1980. Narra una leyenda ‘artúrica’, en la que un caballero de las Cruzadas encuentra a su regreso a su familia enferma, debiendo enfrentarse a un ‘caballero oscuro’ para salvarlos.

Lo interesante de la historia es que los negativos originales se destruyeron, y el cortometraje se dio por perdido durante 31 años, hasta que en 2011 se descubrió una copia, que ha sido meticulosamente limpiada y restaurada y se muestra aquí, en un estado prístino. Unida a los paisajes de Escocia, a los que hace un gran homenaje, la historia luce un gran poder visual y aunque sencillo, un cuidado diseño de producción. Os dejo con ella.

(..)

Dicho esto, y como evidentemente aún no tengo fotos de Escocia (y las tendré, brace yourselves…), os recuerdo que nunca acabé de contar el viaje que me pegué a Islandia hace ya casi tres años (y no lo he olvidado), con lo que aprovecho para subir algunas fotos mías más, parecidas a las que podré tomar en Escocia, de aquel viaje a Islandia, cuyos paisajes sin duda son y serán un duro rival con las que tomaré en las Tierras Altas.

 

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(…)

Por cierto, hablando de Los Inmortales: me la he vuelto a repasar para prepararme el viaje, y, dándome cuenta que nunca la había visto entera, lo digo: no es tanto que haya envejecido mal (seguramente nunca fue tan buena), es que es de risa lo que se le ve el cartón, ¡por todos lados!. Eso si, la música de Queen, y efectivamente los paisajes de Escocia, brutales, lo mejor de la peli.

Camino de Santiago: La Experiencia Humana

(English version here)

En el post anterior expliqué unas cuantas razones que a mi parecen bastante buenas para hacer el Camino de Santiago. Todas ellas creo que se condensan en una idea: flexibilidad, para hacerlo y montartelo como tú quieras. Etapas cortas o largas, en plan señorito o en plan tiraete, en soledad e intimidad o en grupo, la elección es vuestra. Más que nunca, caminante, no hay Camino, se hace camino al andar.

Camino de Santiago 2014

Pero os dije que ninguna de esas razones es la que a mi me ha enamorado del Camino.

Lo que me ha enamorado es la gente.

Y esto lo digo yo, que soy introvertido, y aunque con los años no te queda otra que espabilar y que se te quite la tontería, siempre he tenido dificultades para relacionarme. Y es que el Camino, como cualquier otro reto en el que viajas ligero de equipaje, fuera de tu zona de comfort, fuera de lo facil y lo seguro, es una oportunidad, alejada de ataduras, de pulsar el botón de reset, de probarte de nuevo y de ensayarte, y acercarte más a esa persona que deseas ser; una oportunidad de ser más capaz, más auténtico, más grande. Sin dudas ni miedos, sin máscaras ni poses.

Y del mismo modo, aquellos que te encuentras, se hayan igual que tu. Sin las defensas altas, sin miradas raras, sin dobleces. No hay diferencias de edad, sexo o creencias, y desde el más pequeñín (y valiente) hasta el más avezado se han sentido desde el principio integrados donde quisieran, pues no hay lugar para teatros, ¡como si tras andar 30 km diarios quedaran fuerzas o ganas de fingir algo que no se es!

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Jadeando, sediento, con dolor en las rodillas y tobillos, y puedo seguir diciendo que esa sonrisa no tiene nada de fingido.

Y tal vez por eso, aparece entonces un sentimiento de hermandad, de buen rollo, de cuidado mutuo, de pura amistad y humanidad, representado en cosas tan sencillas como compartir con alguien ya-no-más desconocido el pan y medio tomate en una cena sencilla; poder dejar el movil cargando bien lejos de tu cama y saber que mañana seguirá ahí, la tranquilidad de poder llevar equipamiento caro (ya se que me puedo traer la cámara buenay la certeza de que si te pasa algo, si te da un mareo, pierdes tu equipaje o tienes cualquier otro problema, por pequeño o grande que sea, siempre alguien te va a ayudar. Por cómo se hacen grandes amigos en pocas horas, y las despedidas tras compartir solo unos kilómetros -incluso en la primera etapa- se hacen ya duras.

Camino de Santiago 2014

Para mi, eso, esta experiencia humana, ha sido lo mejor del Camino.

(…)

 

Respecto a mi, empezar a hacer el Camino era una idea sin cristalizar y por muchos años guardada en el fondo de mi cabeza (tal vez desde 1993, el primer año Xacobeo que se promocionó ampliamente), y que incluso el mismo día de empezar a hacerlo no veía muy clara (¿Llegaré arriba? ¿Aguantaré hasta el final? ¿Me romperé y tendremos que volvernos a casa?). El día que mi padre me planteo hacerlo junto a él -apenas con unas semanas de antelación, y teniendo ya otras ideas para las vacaciones- dije si sin apenas pensarlo, y aunque tuviera la ventaja de tenerle como sherpa, la preparación que tuve fue muy escasa.

 

Desde el recuerdo a mi madre, a quien tanto echamos de menos, y la sana envidia de mi hermana -que por trabajo no ha podido venir, y que sin duda se vendrá con nosotros a continuar la experiencia el año que viene-, la idea era y ha sido disfrutar del Camino junto a mi padre, (ya era la tercera vez que él lo hacía), compartir esta experiencia como padre e hijo, unirnos y conocernos más si cabe, y demostrarnos a nosotros mismos de qué somos capaces.

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Junto a mi padre, en lo alto del Pico de Perdón, con Pamplona al fondo. Gracias a Flor por tomar y pasarnos la foto.

Esta fue nuestra elección los primeros días. Por supuesto, el viaje puede ser todo lo solitario, meditativo e íntimo que queráis; y también puede ser todo lo que hay entre eso e ir de forma inseparable con más personas. La elección es vuestra.

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Eso si, con todo lo que quiero a mi padre, y por mucho que yo ya tenga 30 años, ¡podeis imaginar lo que es estar casi 10 días juntos!, jajaja, especialmente dado el carácter que ambos tenemos. Algunas escenas, que ahora recuerdo con una sonrisa, se dieron inevitablemente, y al llegar cierto día decidimos mutuamente darnos libertad, y creo que es lo mejor que pudimos hacer, pues es algo que él mismo agradeció. Y pasar de cenar todos los días solos, a vernos de repente sin apenas prepararlo, compartiendo mesa con dos alemanas, dos austríacos, un coreano, una japonesa, ¡un neozelandes! y solo otro español fue algo que a él le abrió los ojos. 

Ambos tenemos la suerte de defendernos en inglés, y al final de esa noche le pude decir ‘¿Ves como así es mejor?’ Desde esa noche, seguimos haciendo el camino juntos, que no revueltos, a nuestro ritmo, y compartiendolo y abriéndonos a más personas. Y haber probado los dos modos (el de haberlo hecho como uña y carne con mi padre, y también hacerlo libremente), creo que era la mejor combinación posible.

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Como tantas veces nos dijimos en el camino, ‘tu sigue que ya te alcanzo yo’…

… como solía pasar en las subidas, que era donde yo siempre le adelantaba ;)

 

Y es que, amigas y amigos, lo voy a expresar lo más claramente posible. En mi corta vida guardaba como tesoros hasta ahora dos experiencias que creía únicas y que nunca se volverían a repetir. La primera, mi primer año de Universidad: salir de mi casa, conocer a los que son y siguen siendo mis amigos eternos, y que es algo que casi he narrado en directo desde que escribo aquí. La otra, que me tocó como una segunda lotería, es el año que estuve en Dinamarca como estudiante Erasmus. Es algo de lo que, presumo que sabréis, todo el mundo vuelve hablando maravillas, y no hago más que corroborarlo. Salir ya no de tu casa sino de tu país, y sobre todo, conocer otras culturas, la del país al que vas, y la de tantos estudiantes de tantos países distintos… es algo que te hacer crecer enormemente y no hago más que recomendar a todo el que pueda hacerlo.

Y he aquí la cosa que tiene poder estudiar fuera o hacer un Erasmus: el que pueda hacerlo.

Y tal vez esta es la mejor parte del Camino: todos vosotros, cualquiera, podéis hacerlo. Y esto, a su vez enriquece la misma experiencia con todavía más variedad, en países, razas, edades y creencias. En el Camino, no lo había previsto para nada, he recuperado de nuevo esa sensación, ese desafío gratificante fuera de tu zona de confort, perdido y redescubierto de nuevo, y rodeado de excelentes personas, y me he dado cuenta que lo puedo vivir y repetir cuando quiera, por barato, asequible, y cercano.

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Y es que, creo uno no hace el camino solo por el reto, por las ampollas, por los kilometros, por encontrar a su Dios, o a uno mismo, o por reencontrarse con la gente, con los tuyos, con la humanidad. Sino por todas esas razones, a la vez.

Uno hace el camino por sentirse vivo. Uno hace el Camino porque es vida.

 

Será difícil que volvamos a coincidir, pero espero mantener contacto con todos vosotros, los que he conocido en el Camino. Joanna, Chema, Ana, Vicent, Flor, Nicola, Marino, Ramona, Audrey, Albert, Eva, Hi Chi, André, Viola, Jiwon, Choi, Zio, Eufrasio, David, Dirk, Alfonso, Espe, y especialmente a Chiharu y Lee Hyeok -a quienes espero volver a ver pronto- y tantos otros de los que nunca supe vuestro nombre, un placer haber compartido esta breve e intensa experiencia con vosotros. Una pena que apenas tengo fotos con vosotros, espero poder ir recabando las que salieron de vuestras cámaras, para tener un buen recuerdo vuestro. A todos, abrazos fuertes, y en lo que os queda hasta Santiago, y en la vida, ¡Buen Camino!

Camino de Santiago 2014

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St. James Way: The Human Experience

(Original en español aquí)

In my previous post I explained a few reasons that, from my point of view, are good and more or less convincing to do the St. James Way, el Camino de Santiago. All of them can be condensed in one idea: flexibility, to do the Camino and make it in your own way. Short or long stages, in a cheap or expensive way, lonely and intimate or in group, the choice is yours. More than ever, I can use the lines from that poem of Antonio Machado, ‘walker, there is no path, the path is made by walking’ (Caminante, no hay camino, se hace camino al andar)

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But I told you that no one of those reasons is the one that had make me to fall in love with the Camino.

What had make me to fall in love with the Camino is the people. 

And this is me saying this, being myself someone introvert; and despite years had made me to wake up and throw away all the nonsense, I’ve always had difficulties to mix with other people. And it happens that the Camino, as any other challenge in which you travel light, out of your comfort zone, running away from the ‘easy’ and ‘safe’, is an opportunity -no strings attached- to hit the ‘reset’ button, to test yourself again, and to come closer to that person you want to be. An opportunity to be more capable, more authentic, bigger. Without masks nor pretenses, without hesitations nor fears.

And in a similar manner, all those you encounter feel the same way as you do. No ‘raised defenses’, no weird looks, no hidden intentions. No differences in age, sex or faiths, from the youngest (and bravest) one to the most experienced, they fit in whenever, wherever and with whoever they want to, since there is no place for deceit, ¡as if it could be possible, after walking 30 km each day, to still have the willing to pretend to be something you are not!

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Panting, gasping, thirsty, with knee and ankle aches, and yet I can say that that smile is completely honest.

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Dinamarca como Erasmus (si, con tres años de retraso). Parte 1: La Universidad

Nota: Otra ración de borradores antiguos. Repasando, no entiendo por qué no publiqué esto cuando pensé hacerlo. Hoy no viene más a cuento que cuando volví, de lo que hace  tres años (ya), pero en general, nada de lo que digo queda obsoleto (aunque evidentemente, de redactarlo de nuevas no lo expresaría así, pero es que probablemente ni lo redactaría). Sea como sea, dado que esporádicamente menciono en mi blog aquella experiencia Erasmus, y no tengo un post que la condense y la resuma claramente, publico esto tal cual lo escribí en su momento, hasta respetando los tiempos verbales (insisto: han pasado tres años). Y que cada uno saque sus conclusiones.

*En cursiva y alineado a la derecha, notas actuales añadidas.

La habitación de la esquina

«Hoy hace un año que cogía un avión que me llevaba a Dinamarca,

…a echar allí un año casi entero (de hecho, casi once meses) como Erasmus. Ya avisé entonces que era previsible que no escribiese mucho mientras me encontrase allí. Que no me apetecía forzar la digestión de algo que sencillamente debería vivir, punto.

Con todo, prometí una especie de resumen, que he dividido en tres bloques: experiencia académica; Dinamarca como país y sus habitantes; y experiencia personal. Así que ahí va y empiezo por lo académico.

 

Estudios

Académicamente, este año ha sido, con mucha, mucha diferencia (vamos, casi infinita, como es la diferencia entre algo y nada) el de mi mejor rendimiento en mucho tiempo ever. Desde el instituto, es la primera vez que salgo limpio en junio. Este año no solo he aprobado todas para junio sino que he sacado cuatro matriculas de honor (!!), sino que he dejado el PFC listo de papeles, y a falta de hacer prácticas en donde yo quiera, tengo una segunda carrera (Bachelor Degree in Mechanical Engineering) prácticamente en las manos*. Y aunque todavía doy patinazos en la gramática, he adquirido total fluidez en el inglés.

*Eventualmente conseguí dicho título al hacer esas prácticas.

Pero el cambio más importante es el mental: es el de considerar Europa patio de recreo, seguirla considerando casa de algún modo, haber perdido el miedo/vértigo a irme a trabajar a cualquier otro lugar, verlo con normalidad y como una opción real y tangible**.

**Un año en Birmingham lo atestigua.

Ese clic, esa apertura de mente, aparte de los amigos, es  lo mejor que cualquiera se trae de un Erasmus.

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Hablando sobre el estilo docente, en ciertos aspectos es radicalmente opuesto al que se da en Málaga, y entiendo que por lo general en España.

Cierto es que en Dinamarca, aunque puntualmente, entrabamos en ciertas clases 70 u 80 personas (no solo en España están masificadas las aulas), y cierto es que en España, algunos profesores se preocupan genuinamente de seguir el progreso de los alumnos, al igual que en Dinamarca. No todo van a ser tópicos e injusticias.

Pero en si, el estilo, es completamente distinto. Nunca he tenido que trabajar tanto como este año, ni -todo hay que decirlo-, nunca he tenido que ‘estudiar’ tan poco (Estudiar, en el sentido clásico de deglutir un tocho de apuntes, porque sí). En los exámenes que he tenido en Dinamarca, que ahora contaré como son, apenas he repasado los apuntes, tal vez la tarde de antes. No solo es fácil aprobar, sino que de hecho es difícil suspender. Tanto que a un danés, y en general a cualquier extranjero, no les cabe en la cabeza eso de que nosotros podamos ‘suspender’ en España, ni eso de que nos podamos tirar cinco, seis años estudiando una carrera.

Porque ya sabéis un poco como es: en España, bien puedes asistir todo lo que quieras las clases, y caerle todo lo bien que quieras a un profesor, que al final se reduce a que te la juegas todo a un examen. Así que la clásica es no ir en todo el cuatrimestre a clase y luego intentar deglutir el susodicho tocho de apuntes. Y si hay prácticas, suelen ser obligatorias (te dan ‘derecho de asistencia al examen’), y da las gracias si cuentan una porción de la nota.

Vitus Bering Building

Y esas instalaciones… O Mai Gawd!

En Dinamarca, es todo lo contrario. Intrínsecamente el sistema te obliga a trabajar: vas entregando proyectos continuamente, pequeños trabajos que se van sumando hasta completar la totalidad de la asignatura (uno o varios dependiendo del número de profesores). Por supuesto, así aprendes. Y entregándolos todos, sin más, estás técnicamente aprobado, punto. Porque el ‘examen’, atended, o mejor dicho, trámite, se reduce a que el profesor, y un supervisor ajeno a la universidad, te preguntan sobre los agujeros de tu pequeño proyecto, después de hacer una pequeña exposición en powerpoint en tu propio portátil. Un examen oral de quince minutos en el que con antelación ya han casi decidido la nota, y tras el cual como mucho te la van a subir o bajar un par de puntos. Aparte, teníamos los grandes proyectos de cada semestre, uno de ellos mi PFC (que lo he hecho sobre un instalación termosolar para una vivienda con piscina cubierta). Y todos ellos en grupo, preferentemente internacionales, aunque el PFC me quedé (por suerte) a solas con Enrique, un muy viejo amigo mio de Málaga.

PFC

Mi PFC. Estando allí, un amigo mío de Ingeniería Civil dijo ‘Yo en mi proyecto no he escrito una conclusión, he escrito una disculpa’. Palabras de un genio.

Y por supuesto, la cosa que definitivamente no existe en Dinamarca es la figura clásica de la fauna académica española (y ni falta hace que diga qué música debéis imaginar y qué voz debéis poner): el Señor Profesor Don Aquí-No-Aprueba-Ni-Cristo, amo y señor de los terrenos baldíos del departamento de Mierda Aplicada. 

Eso de «aprender al profesor» en vez de «aprender la asignatura» es por suerte algo que los daneses ni conciben. Entre otras cosas, supongo, por el susodicho supervisor externo que hay en cada examen.

(…)

Pero eso si, trabajar, he trabajado como ningún año. Semanas enteras quedándome despierto hasta bien metida la noche, muchas veces en la universidad, y en unas cuantas ocasiones virtualmente solo en aquel edificio. Eso ha sido una experiencia nueva, pero también me ha servido para saber lo que puedo dar de mi, y por lo tanto muy positiva.

Visit to Lego Factory!

Cosas como haber podido visitar la verdadera y original fábrica de LEGO (con charla ingenieril incluida sobre fabricación de extrema precisión de piezas de plástico por inyección) son realmente polluas.

Todo esto, en su suma, hace que la preparación con la que sale uno sea muy distinta. En Dinamarca sin duda orientan todo más a los resultados, al producto, con un claro enfoque comercial y de marketing. Digamos que en general se pide que demuestres que sabes cómo hacer uso de los conocimientos que se te han dado, pero no te van a pedir que te aprendas literalmente las formulas matemáticas que te pedirían en Málaga, por ejemplo, para dimensionar un sistema de abastecimiento de aguas o un circuito eléctrico. No voy a decir que la educación danesa sea mejor o peor: sin duda aprendes, de un modo más utilitario, si, pero con herramientas más avanzadas, un estilo más depurado y personalizado, y que transmite más confianza. Pero no me extraña que a día de hoy, los ingenieros españoles estemos (dicen) tan solicitados en el resto de Europa, pues ciertamente, nuestra preparación es mucho más técnica, más ‘en bruto’. En ese sentido, me he llevado lo mejor de ambos mundos.

Vitus Bering Building

Vitus Bering Building, el complejo aledaño donde solíamos tener clase.

Nos vemos en la segunda parte: Los Daneses.

 

Islandia (2)

(viene de aquí)

Vamos a hacer un trato. Ya dije que me intención era hacer muchos post del viaje, pero que queréis que os diga, es que tampoco hay grandes anécdotas, descubrimientos, revelaciones o epifanías. Que todo eso corresponde al viaje intimo e introspectivo, supongo, que necesita su reposo, pero como dejé caer, no ha sido el-viaje-que-le-debo a Islandia (cuidado, que no es una queja de este). Pero no quiero confundiros, Islandia es tan impresionante como la venden, a donde voy es que no es tanto lo que tengo que contar sobre ella, como lo que quiero enseñar.

Así que lo mejor que se me ocurre es soltar la chorraera las fotos (lo digo para que no os asusteis por la aparente longitud de esta entrada), y si acaso añadirles comentarios ¿no?

Camino a Lambhus

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Pero antes esto debe de ir acompañado de una aclaración: en este viaje he estrenado cámara. Reflex, por fin.  La más pequeña entre las pequeñas, pero reflex al fin y al cabo. Despues de 8 años haciendo el monguer con compactas, ahora ya no tengo la excusa de que si una foto es mala es ‘porque la cámara no daba para más’. Y como un niño con su regalo de reyes, la susodicha camarita casi me ha hecho el viaje. Vamos, que materialistamente admito que me ha marcado la diferencia. Lo mismo me respondéis ‘bueno, aunque no tuvieras la cámara te hubieras quedado con el recuerdo y las sensaciones’. Si, pero (y recordando que el viaje se hizo con ciertas prisas), he disfrutado casi tanto con las horas que me he tirado explorando y limpiando la jartá de fotos que salieron de esta fantástica cámara, y buscando información sobre los lugares donde las disparé, como con esos -pocos- momentos que tuve de tranquilidad, para hacer mi fotografía mental de esas sensaciones, esas si, realmente imborrables.

También tengo que indicar que muchas de las fotos tomadas desde en la carretera son de mi prima Inma (de hecho, todas las que hay de Vik en adelante, que es donde yo cogí el volante). Le enseñe a manejar la cámara, y solo le dí una instrucción: ‘hinchate de disparar’. Los resultados son magníficos :)

Dicho esto, vamos a la narración.

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