Hace unos días he tenido el placer de jugar por primera vez al delicioso GTA IV (valga decir que amo la saga -quien no lo haría! desde el GTA II) y me ha pasado algo curioso: me daba ‘cosica’ hacer cosas malas.
Y con malo me refiero a todo lo que normalmente se hace en el GTA: no me gustaba robar coches a en mitad de la calle, no me gustaba apalear pa robarle los dinieros al abuelete sentado en el banco del parque ni al muchacho practicando tai-chí en la playa, ni atropellar viandantes en las aceras. ¡Si hasta iba respetando las normas de trafico y parándome en los semáforos!
(Un juego muy interesante ahora que podéis hacer ahora, es poneros en la piel de vuestros padres/abuelos, y releer el párrafo anterior: es fácil entender que crean que la civilización se va a pique xDDD. Es curioso cuando la regla suena a excepción y viceversa, ¿verdad?)
Si, los gráficos next-gen son la polla, pero creo que es un error decir que esta sensación se debe meramente a ellos, aunque la verdadera razón está relacionada. Si fuera por los gráficos, con Crysis me hubiera pasado lo mismo, y en ningún momento fue así. Supongo que en Crysis, una absoluta ficción, es difícil sentir algún aprecio por soldados de un ejercito enemigo irreal (no solo por los alienigenas, sino porque quién cojones se cree que Corea del Norte puede tener ese ejército). Por realismo entiendo el resto de cosas; los preciosistas y detalladísimos gráficos tienen mucho que ver, pero es la brutal ambientación lo que cuenta: En GTA IV te crees mejor que nunca que de verdad estás en Nueva York. Ves la nueva forma de moverse de la gente, los nuevos mecanismos del comportamiento de las multitudes, los novísimos matices y detalles que aparecen por todas partes. Está tan bien hecho que casi llegamos a ese punto en que en vez de ver sus prodigios y hallazgos, se echan de menos los detalles que delatan su condición de virtual y lo hacen distinguible de la realidad. Y con todas estas cosas empieza a desaparecer esa pantalla de impunidad que mantenía tu capacidad de emoción y diversión separadas de tu propia ética: antes era imposible sentir empatía por algo que evidentemente no era más que un puñado de polígonos, que aunque con los años han evolucionado, solo ahora han dejado de ser caricaturas. Para colmo, el mismo protagonista del GTA IV, Niko Bellic, resulta ser un personaje atormentado por las barbaridades que hizo en la guerra de los Balcanes, absolutamente lo contrario a aquel mudo hijodeputa que controlábamos en el GTA III. El juego además deja tomar elecciones, rechazar ciertas misiones o dejar vivir a cierta persona. Pero no que estas afecten a tu ‘puntuación moral’ al estilo del ‘Jedi Knight‘ o del ‘Black & White‘: la impunidad es total (hasta donde sé, pues todavía no he avanzado para saber que implicaciones tiene), puedes hacer lo que te salga de los auténticos cojones, como buen videojuego que es (incluso es algo más fácil huir de la policía que antes), pero casi por vez primera y definitivamente por sorpresa (porque ¿quien lo esperaría de un videojuego que no va de otra cosa que delinquir?) tu propia moral aparece como invitada estelar debido a unos personajes reales y llenos de matices.



Copón, es que yo recuerdo los largos años que he estado jugando al al propio GTA III/Vice City/San Andreas, Quake, Unreal y demonios mareados, y sobre todo al Carmageddon II, sin inmutarme lo más mínimo. La primera vez que me conmocioné jugando fue con el Call of Duty II: subiendo los acantilados del Pointe du Hoc y acribillando soldados alemanes a punta pala, me di cuenta por primera vez de lo que pasaba: aquello sucedió de verdad, aquellos soldados, chavales de nuestra misma edad, se mataron mutuamente por culpa de tiranos absolutamente sumergidos en sus fantasías, y nosotros apenas 60 años mas tarde lo frivolizábamos y banalizábamos ‘disfrutandolo’ en forma en un videojuego (al que de todas formas, no se puede negar su valor didáctico). Tras tantos años siendo distante por primera vez veía esas implicaciones, y desde entonces me es difícil despegarme. ¡Sinceramente, temo que puede hacer Tarantino con Inglorious Basterds!
Como podéis imaginar, probablemente la cosa en los videojuegos va a ir a más, una vez superados el valle inexplicable, en el que por ahora deberíamos encontrarnos. No hay mas que ver lo gore que es Gears of War (y ya daba cosica ver los cadáveres calcinados en el Half Life 2), imaginaos como son los siguientes pasos cuando podamos ver con total detalle y realismo, con esperpentos técnicos como simulación de fluidos y dinámica de sólidos elásticos, como un cuerpo humano revienta mostrándonos con tranquilidad hígados, pulmones, intestinos y demás carnaza buena saltando por los aires y salpicando con una maravillosa colección de pegajosos fluidos la lente de la cámara virtual. Y eso hablando solo de lo físico.
En fin. Volviendo a lo referente a la empatía emocional adquirida, lo fácil hubiera sido decir desde el principio: ‘lo que pasa es que he crecido, he madurado, me he vuelto una persona sensible y me he dado cuenta que matar gente, sea donde sea, es malo’.
Si, vale, también.
¡Pero entonces me habría quedado sin post! xDD

