Le quiero dedicar una pequeña entrada a esta serie de videos de Historia del Mundo que acabo de descubrir, y también de terminar.
No sé hasta que punto es digno de celebración o de defenestración el que uno quiera aprender rápido y picadito cosas importantes… tal vez para poder desecharlas rápido (cosa que no ha sido el caso). Cualquier historiador, así como científico, biólogo, astrofísico, médico… (es decir, cualquier profesión/campo del conocimiento importante y con capacidad real de influir en la calidad de vida de las personas y su dosis, de modelar el mundo -cosa que un sexador de pollos, todos mis respetos a los sexadores de pollos, no es) con cualquier sensibilidad por la enseñanza siempre va a esperar y desear que te intereses por su campo, que decidas a leerte un buen libro, que te empapes, que bucees, que aprendas y a ser posible, incluso te dediques a su campo. Al fin y al cabo, es natural pensar que el campo al que nos hemos dedicado es importante, ¡estamos dedicando nuestra vida a él!, y podríamos debatir hasta que punto dicha opinión totalmente subjetiva es válida. En cualquier caso siempre querremos reclamar que ‘no se enseñan suficientes matemáticas/filosofía/lengua/música/pon-aquí-tu-campo en la escuela’, ignorando brevemente el hecho de que no podemos ser expertos en todos los campos, o dicho de otro modo, que cierta especialización es necesaria.
Dicha esta divagación sin mucho sentido (que evidentemente tenía ganas de soltar, porque… si), es aquí donde entra el concepto de educación general básica (si, muchachada, soy un hijo de la EGB), que todo ciudadano debería de poseer, básicamente para ser menos estúpido y ser mejor ciudadano, capaz de tomar decisiones que nos afectan a todos de una forma más informada, consciente, y responsable.
(…)
Y aquí es claramente donde entra la divulgación, compañera de esa educación formal que a todas luces no es suficiente, y de la que no solo niños sino también adultos, están muy necesitados.
Ah, la divulgación… eternamente dividida entre resultar entretenida y accesible, y querer bucear en las profundidades del conocimiento; dividida entre simplificar y hacer fácilmente digeribles los hechos, al tiempo que manteniendo el rigor y la exactitud… ¡Es difícil ser (buen) divulgador!
*(aunque, qué cojones, es difícil ser bueno en cualquier cosa, ¿verdad?)
Como ya digo, todo esto es para celebrar esta serie que he tenido el placer de disfrutar, y condensa 15.000 años de la Historia del Hombre en cuarenta capítulos de doce minutos. La empecé a ver más que nada por rellenar mis lagunas sobre culturas antiguas, algo de lo que siempre he estado muy pez (Mesopotamia… y tal), y porque bueno, uno siempre quiere rellenar agujeros, a pesar de que siempre me ha gustado la historia del mundo
Y es aquí donde entra la realidad: siempre que aprendes algo nuevo y gordo te sirve para darte cuenta que realmente antes no tenías ni puta idea. Y ya digo que me consideraba a mi mismo como alguien con conocimientos de Historia por encima de la media (media que evidentemente es muy baja), y que este es un triste curso introductorio.
Pero como toda buena enseñanza -y eso estos lo hacen muy bien- no todo se trata de introducirte los hechos, sino contextualizarlos en tu realidad, enseñarte la visión amplia, y entender no solo cómo afecta a tu vida, sino de que forma usar esos conocimientos para mejorarla.
Y no menos importante, despertar tu interés y deseo de saber más. Ese sin duda es el gran triunfo de cualquier educación.
El primer episodio os lo dejé arriba, aquí abajo os dejo el segundo, así como el enlace a la serie completa.
(Y hablando de divulgación, a ver que podemos decir del remake de Cosmos que presenta Neil deGrasse Tyson, ayer mismo se emitió el primer capítulo en EE.UU.)




