Aunque no soy yo quién para dar mucho ejemplo (he tardado diez años en finiquitar mi carrera), aun tengo amigos que no la han acabado, y lo que les queda. Uno de ellos, aunque es treméndamente inteligente y capaz, supongo que sencillamente no le da la gana. Y le hemos tirado de las orejas, pero no hay manera. El caso es que durante años estuvo apuntado a una academia. Igualmente supongo que lo hacía como un mecanismo psicológico para autoconvencerse de la necesidad de estudiar y asistir a clase; pues de algún modo, mientras no asistir a las clases en la universidad le salía ‘gratis’, no pasaba igual con una academia: era su modo de obligarse a ir. El hecho de que, además, tampoco fuera a la academia solo añade puntos a lo rocambolesco de la historia, pero solo viene a demostrar un punto: si no pones de tu parte, no hay mucho que hacer. Sigue leyendo
Archivo del Autor: Rufus Gefangenen
Idiocracia (y Disgenesia)
Aviso: viene un post lleno de amargo resentimiento, con algunas gotas de clasismo, desdén y odio hacia la especie humana en general. Días que tiene uno…
Mike Judge, creador de ‘Beavis y Butthead’, ‘King of the Hill’ y el clásico de culto ‘Trabajo Basura’ (una de mis películas preferidas), se marcó en 2006 una película prácticamente desconocida que por poco apenas consiguió salir a la venta en DVD: Idiocracia.
La premisa es sencilla: un experimento militar para congelar soldados sale mal, y los dos únicos voluntarios supervivientes, las dos personas más normalitas y aburridas que pudieron encontrar, despiertan 500 años más tarde para descubrir que son los más inteligentes sobre la superficie de la Tierra, una tierra plagada de canis, yonis, yolis, jennis, merdellones, kevincostnerdejesus y la madre que los parió.

De cabalgata con el presidente de los Estados Unidos: Presidente Dwayne Elizondo Mountain Dew Herbert Camacho, antiguo wrestler (gran Terry Crews ahí)
La película, conforme se desarrolla, no es gran cosa: su hora y veinte minutos se tornan alargados, el escaso presupuesto se siente demasiado estirado, y en general la película pide bastante complicidad por parte del espectador para poder apenas disfrutarla, pues se asienta en unos supuestos que no cabe tomarse de otra forma que como puro cachondeo.
Pero los primeros cinco minutos son brutales: un verdadero sopapo en toda la cara de cualquier pareja que este pensando (o dejando de pensar) en tener hijos, y en lo que tal vez nos espera: ¿Qué pasa en el momento en el que el más premiado por la evolución -es decir, el que más procrea- no es ya el mejor adaptado? (y si, ya sé que suena muy bigotito). Porque a veces piensa uno que ojala hubiera muchos más candidatos a premios Darwin (que se conceden a aquellos individuos que con su letal estupidez tienen la amabilidad de quitarse de en medio, mejorando con ello la especie…)
Bueno, la película, aparte de ser un cachondeo que conviene tomarse como tal aunque solo sea por salud mental, en realidad no es más que una crítica a la sociedad actual: a la que tiene dos programas idénticos en emisión en las dos principales televisiones del país, la misma sociedad que luego dice que ‘solo hay mierda en la tele’ mientras nunca se han emitido tantos documentales y programas educativos en abierto; la de los enganchados a los juegos de azar, los partypoker y las pollas en vinagre; los listos, los espabilados, los que creen tomar atajos cuando solo son trampas; los que creen que dan duros a cuatro pesetas, los que creen que serán ganadores cuando solo serán primos; aquellos que juegan a no quedarse sin silla cuando acabe la música, aquellos que juegan a la ruleta rusa, a veces incluso con una semiautomática…
Una película que va justo a donde duele.
(…)
¿Queréis que acabe esto con alguna nota positiva? Bueno, venga: aquí estamos, en 2013, vivos todavía. A pesar de nosotros mismos. En muchos lugares del mundo sigue por desgracia imperando la ley de la selva, lugares donde una vida vale menos que unos gramos de mineral, lugares donde las mujeres carecen de todo derecho; donde tener otro niño más, que probablemente muera de hambre, es solo una ficha más de cara a una vejez mínimamente tranquila. La nota positiva (ya veis que quien no se consuela es porque no quiere) es que algunos lugares del mundo, pocos, y donde tenemos la fortuna de vivir, de escribir y de poder leer esto, hemos salido de ese fango (*apartemos la crisis, porque empezamos a hablar de eso y no acabamos). Donde ya no hay guerras, donde hay una educación y una sanidad mínimas, donde se garantizan los derechos fundamentales. Todo eso lo hemos conseguido a lo largo de los años y de los siglos, tras guerras, religiones y oscuridad, a pesar de nosotros mismos, e incluso a pesar de estos actuales y terribles números de abandono escolar, de paro, de NI-NIs, de NINJAs. Y que precisamente la culpa de la crisis creo sinceramente que no es suya (ellos, que están abajo, han existido siempre), sino de los de arriba, que son los que nos la han liado, y nuestra, por habernos dejado liar. A pesar de todo.
Y sin embargo, vino precisamente a ser Ronald Reagan el que dijo algo muy parecido (*) a esto: nunca estamos más que a una sola generación de perder todo lo conseguido. La batalla frente al caos y la oscuridad no es una batalla ganada ni perdida: debe de ser una batalla perpetua.
Emitiendo desde UK
Bueno, solo unos breves apuntes: según lo finalmente planeado, volé bien temprano desde Málaga a Birmingham este pasado miercoles 3 de abril, y tras pasar ese día allí con mi hermana y una amiga, me he venido a la casa de esta última y su pareja en Derby (donde Rolls Royce tiene su base), donde me acogen hasta que encuentre piso. Hasta ahí, todo genial. Ya incluso tengo teléfono y número ingleses, una cuenta de banco abierta, y cita con la oficina de empleo local. El gran, gran inconveniente, es que no tenemos internet. Ellos se mudaron a esta casa no hace ni dos semanas y están a la espera de que se lo instalen, y para colmo, no hay cobertura 3G, así que ni tirando de móvil conseguimos gran cosa (lo justo para poder consultar el correo y escribir esto, pero la conexión es muy inestable). En fin, típico drama del primer mundo, pero es especialmente jodido cuando de ello dependen todos tus planes, de los que buscar piso y trabajo son clave. En fin, nada que no tenga facil solución tirando de cafetería y/o biblioteca de momento…
Pero en fin, todo esto era solo comentar que me encuentro a salvo, hamijos. ¡Nos leemos!
¡Que mi padre se quiere comprar un eReader!
Épico. Inédito. Mi padre, asceta, espartano, de vida campesina y negado para la tecnología, ¡me ha pedido consejo para comprarle un libro electrónico ‘de esos’!*
*(el ‘de esos’ es importante añadirlo al final de la frase, y de cualquier otra cosa con la que te sientes incómodo mencionar, no sea que alguien piense que realmente entiendes del tema)
El caso es que mi padre siempre ha sido un gran lector. A mi no se me ha pegado la costumbre (no sé si el tópico de ‘él es de letras y yo de ciencias’ tendrá algo que ver), o al menos no se me ha pegado en el sentido tradicional de la palabra, de libro-de-novela-narrativa: yo siempre fui más de periódicos, artículos y revistas; y de perderme hojeando la enciclopedia (esto último antes de Internet y volverme wikiholico)... En cualquier caso nuestra casa está repleta de libros, y sé de buena fe que mi padre se los ha leído todos. El caso es que ante la incipiente y ya muy real falta de espacio, ha sucumbido a una realidad: un libro electrónico permite tener quintales de papel metidos en un chip de memoria no mayor que la uña del dedo meñique.
Y es así de sencillo. Es curioso que durante años pensé que los libros electrónicos no cuajarían nunca, que quedarían reducidos a un nicho de tecnoadictos, y que los ‘auténticos’ amantes de la lectura nunca sucumbirían ante la frialdad de un trasto a pilas frente a la calidez, sencillez, aura y sobre todo, infalibilidad del ‘verdadero’ libro. ¿La realidad? Que los eReaders finalmente eclosionaron, tuvieron ya unas Navidades para ellos solicos, y se ha demostrado que a quién le gusta la lectura de verdad, le gusta donde sea y como sea. Y si es con la ventaja de que a un viaje te puedes llevar quince, o cincuenta, o quinientos libros en el mismo cacharro, pues mejor. Sus usuarios son gente que no necesita vacilar, no necesita enseñar una portada sobre lo que está leyendo, que para ellos leer no es una ‘pose’: realmente no solo leen, devoran libros.
¿Cosas que me también me han sorprendido en conversaciones recientes? Pues por lo que veo, los usuarios de eReader no vacilan nada en piratear. Llamadme iluso, pero dado que suelen ser gente mayor que yo (y con más dinero que yo), tal vez esperaba de ellos mayores reparos morales ante algo que, con la ley en la mano, es delito. Ello frente a la facilidad con la que jóvenes, y no tan jóvenes como yo, descargamos videojuegos o películas. ¿Realidad de la que todo cristo se da cuenta? Que es ridículamente absurdo que una copia digital de un libro cueste lo mismo que la de papel. Y con DRM, por dios. Y todo eso, si acaso existe la posibilidad de comprarlo legalmente. Vamos, la misma historia de siempre. Que razón tenía el bueno de Alex de la Iglesia cuando dijo aquello de «Internet no es el futuro, Internet es el presente». Y los cuatro viejales de siempre que son los que controlan todo esto, siguen sin querer enterarse. En fin…
A lo que voy: a mi padre le estaba pensando en comprar un Kindle paperwhite, veo que incluye iluminación propia, tiene pinta de ser sencillito de usar, y lo mismo alguno ya habéis experimentado otros eReader de amazon, así que si me podéis dar algún consejillo, lo agradecería :)
Simcity
Pues si, me he comprado el Simcity 2013. El sistema antipirateo ha funcionado muy bien en el sentido que querían: no me ha quedado otro remedio que comprarlo, pues el juego obliga a estar permanentemente online (eso es en principio impirateble), y la ansia y expectación de estos seis últimos meses ha tenido su resultado. El caso es que una vez que he tenido ocasión de probarlo (creo que la primera vez que me gasto más de 10€ en un videojuego en 14 años), creo que ya me he aburrido de él.
¿Tan malo es?

Lo que prometían las primeras capturas del juego…

… y lo que realmente es
Que va. Si en muchas cosas está de puta madre. Está muy afinado en lo que han querido afinarlo (la interfaz es de referencia en lo que se refiere a claridad y manejo intuitivo) se nota la maestría y la experiencia en muchas cosas. El problema no es ese, el problema está en las decisiones deliberadas que han tomado.
Podría enumerar unas cuantas, como son la imposibilidad de editar ni minimamente el terreno, o de trazar puentes, túneles o pasos elevados. Tampoco hay metro. Pero sin lugar a dudas, el principal lastre del juego es la denominada ‘especialización’ de las ciudades. Esto es que una ciudad, o la haces universitaria, o minera, o la llenas de casinos. No las tres al mismo tiempo, porque sencillamente no hay espacio. Dicen que es para que ordenadores más modestos puedan ejecutar el juego ¡Que se jodan! ¡quien quiera jugarlo que baje las opciones gráficas, copón! Porque el juego va suave, y mi ordenador después de casi tres años ya no es ningún pepino. Una decepción, una verdadera decepción, la ‘especialización’ es una mala excusa para intentar desviar el hecho de que las ciudades son pequeñas. Un cuadrado de 2×2 kilómetros, que para un pueblo está bien, pero no para una gran ciudad o capital llena de rascacielos, que acaba rellenando todo el cuadrado. Visualmente rompe la ilusión y el encanto, pues los densos edificios con los que inevitablemente acabas ocupando todo el terreno acaban abruptamente para dar paso a un terreno baldío.

Ejemplo típico de ciudad *cuadrada* del Simcity: sol bajo, colores apagados, atmósfera sucia, texturas del terreno antinaturales…