Hasta siempre, astronauta Neil

Ayer murió Neil Armstrong. El primer hombre que pisó la Luna. Con su despedida, encuentro la más palpable muestra de que se nos está yendo una generación única, y que con ella se nos escapa un sueño, un sueño grande que nunca agarramos bien fuerte, que estamos dejando escapar.

Un sueño compartido. Y un logro. Que cada vez queda más lejos (tal vez no tan compartido como el sueño), pero si un gran logro, sin lugar a dudas. Qué digo grande: gigantesco. Épico. Una de las cosas que mejor habla de nosotros como humanos, uno de los logros más grandes conseguidos en tiempo de paz (aunque no se puede olvidar que tras ese logro subyace una guerra) y tal vez de todos los tiempos, y desde luego, una de las aventuras más grandes de la humanidad: poner un hombre en la Luna.

Tanto como nos gusta compartir las medallas (fue una aventura financiada netamente por los EE.UU. aunque solemos hablar de ello como un logro ‘de la humanidad’ – algo a lo que tampoco me apetece renunciar dada la belleza de ese concepto), nos gusta también recordar un solo nombre: Neil Armstrong.

Neil, en una de las pocas fotos en las que se le caza sonriendo de oreja a oreja. En este caso, después de completar con éxito una misión. Acababa de caminar sobre la Luna.

Alguien a quien se le recuerda por su inmensa templanza y tranquilidad frente a situaciones tensas (apenas se le aceleró el pulso cuando solo le quedaban 25 segundos de combustible para no estrellarse contra la superficie lunar), así como huidizo de cámaras y autógrafos, que rechazaba su papel de estrella, y por encima de todo, humilde:  siempre insistía en recordar que él era solo uno más dentro de un gigantesco equipo.

Y sin embargo, su nombre quedará para siempre esa pléyade de nombres que se enseñan en las escuelas de primaria, junto a nombres como Colón, Magallanes o Amundsen.

Pues el hecho de que fuese Armstrong el primero se trataba de un hecho casi aleatorio. Pudo haber sido Buzz Aldrin. O ninguno de los dos, si hubiese fallado aquel Apolo 11. Coincido por lo tanto con lo que él mismo sostenía: es injusto olvidarse no solo de los otros 10 hombres que también pisaron la Luna, o a esos otros -pocos- astronautas que también abrieron ese camino (y que incluso perdieron sus vidas), sino a -tantos- ingenieros, científicos, administradores… hasta medio millón de personas que en el momento en el que el programa Apolo tenía su mayor extensión trabajaban en la NASA o en empresas subcontratadas, que consiguieron, entre todos, ese gran logro, ese pequeño paso para un hombre y gran salto para la humanidad.

Y sin embargo no lo hemos vuelto a hacer. Hace cuarenta años que no salimos de la Tierra. Y la gente que sabe como hacerlo se nos está yendo. Está desapareciendo una generación de pioneros que va a desaparecer sin ver como nadie recoge su testigo. Personas con unos conocimientos únicos, conocimientos que no se adquieren en los libros de texto o en la universidad, conocimientos que no solo costaron dinero adquirir, sino una cantidad de trabajo, esfuerzo y sobre todo talento enormes. Mucha gente se pregunta cómo fueron capaces de ir hace cuarenta años, cuando lo que yo me pregunto es si sabríamos ahora volver a hacerlo.

 

«Recuerdo que un día alguien me dijo: «¿Sabes que Neil tuvo que ejectar del vehículo de entrenamiento de alunizaje esta mañana?» Yo dije que era imposible, pero ellos dijeron que era cierto. Así que fui a preguntarle y estaba como si nada: «Dicen que saltaste en paracaídas del vehículo por la mañana» y él dijo «Sí». Fue todo lo que dijo. ¡¡Estuvo a punto de morir, y sólo dijo eso!!»

Alan Bean

 

Pero ahí estaba Neil, él y sus nervios de acero. Astronauta. Uso esta palabra porque la considero el mejor de los cumplidos, lo mejor a lo que puede aspirar una persona. Perteneciente a la élite entre la élite, y con el valor necesario para montarse encima de un artilugio relleno de miles de toneladas de explosivos. Todo por alcanzar un sueño: llegar a donde nadie ha llegado nunca.

 

Neil, contigo se va otro, el primero que caminó sobre otro mundo, otro de esta generación de personas únicas, de héroes, de gigantes.

Hasta siempre, y gracias. En las estrellas estés.

 

«In The Shadow of the Moon» (2006)
Aunque Neil Armstrong no aparece entrevistado, sus compañeros, ancianos todos, comparten sus experiencias y recuerdos sobre aquellas misiones, sobre cómo era caminar sobre la Luna, y toda aquella época. Todo ello acompañado con bellas imágenes y música. Documental tan sobrecogedor como imprescindible.

 

 

A propósito de Cecilia Gimenez y el Ecce Homo de la iglesia de Borja.

Es que si no digo algo reviento.

La comisión investigadora (que incluye a agentes de la NASA y del KGB) ha hecho publicas sus primeras conclusiones, entre las que destaca esta reconstrucción aproximada de los hechos.

No, ahora en serio, quería apuntar algunas cosas sobre el fenómeno del momento, que no es otro que el destrozo (que es lo que es) del Ecce Homo de la Iglesia de Borja.

Supongo que cada uno teníamos nuestras teorías los primeros días, y pero supongo que a mi me ha pasado igual que muchos otros: al descubrir que la ‘perpetradora’ no era más que una vulnerable anciana octogenaria, Cecilia Gimenez, no podemos sentir otra cosa que simpatía por ella. En mi caso porque me recuerda a las abuelicas que hay mi pueblo, que al igual que en toda España, que se sientan a tomar el fresco y a mirar los coches pasar, y soy incapaz hacer cualquier comentario mínimamente cruel o dañino hacia ella. Porque Cecilia se trata de una anciana, vulnerable e incluso inocente, igual que si ese destrozo, hubiera sido obra de un niño o de un deficiente mental. Que por cierto eran mis otras dos opciones para explicar el destrozo.

Y si la obra original carece de importancia, entonces todo esto carece de importancia. Pero si tienen que haber críticas, estas deberían para otras personas, pues fue Cecilia la que actuó, por amor y con la mejor de las intenciones, frente a la negligencia y dejadez de otros que deberían de haber actuado de una forma más responsable.  Pero eso lo dejo para el final.

(…)

A lo que voy: y eso solo un comentario técnico, es que si hay algo que encuentro especialmente fascinante es que Cecilia demuestra tener conocimientos elementales de de la teoria del color. Conocimientos de de las mezclas de pintura, de como conseguir cierto matiz. Sé que parece una tontería, pero lo digo porque creo que conviene recordar que mucha gente ni es capaz de recordar que azul y amarillo dan verde, o que amarillo y rojo da naranja. Saber mezclar los colores demuestra un mínimo de talento, un mínimo de capacidad, y dado que Cecilia en su reconstrucción clava razonablemente bien los colores del original, eso demuestra que ciertamente era aficionada a la pintura y que tiene algo de rodaje a sus espaldas, lo que aun hace infinitamente más chocante lo que ha hecho.

Lo increible, supongo, es que puesto en una escala del 1 al 4, es que aparentemente, Cecilia no esta reproduciendo la obra original de memoria. Ni tan siquiera copiando. Ni tan siquiera calcando. Es que estaba, suponemos, directamente rellenando huecos. Supongo que eso es lo que nos parece fascinante, pues nos cuesta entender como se pueden unir ambos extremos, nos cuesta concebir como podemos ir de fiambrera a tupperware de la obra original a la tristemente deformada obra, ya casi original, de Cecilia. Obra, eso si, que mientras algunos sinvergüenzas no dudan en compararla con ‘El Grito de Munch, para mi cae en las profundidades del valle inquietante.

*(Por sinvergüenzas, me refiero por ejemplo al que ha escrito esta reclamación, pues aunque estoy de acuerdo con el hecho en si de conservar la pintura, las comparaciones que hace con grandes de la pintura me parecen, como poco, de una ironía de muy mal gusto)

Pero busquemosle una explicación sencilla y razonable, y es que pienso que tal vez se nos omite el estado real en el que se encontraba el fresco inmediatamente antes del destrozo, tal vez mucho más deteriorado de como nos lo muestran los medios, y por lo tanto, carentes de referencias. Y esto aun diría más sobre la negligencia en cuanto a una restauración responsable de la obra. Al parecer la referencia que usaba Cecilia era una foto de hace 10 años, lo cual, al menos desde un punto de vista técnico (insisto), me ayudaría personalmente a entender mejor dicho despropósito.

(…)

En cualquier caso, todo esto es irrelevante, para lo que quiero decir, mejor lo ha dicho ya  David en su facebook (pues él si que ha estudiado Bellas Artes):

«Pues bien, aqui no se trata de cecilia, ni del cura, ni de que en este pais siempre se encarguen las cosas a dedo y no al mas cualificado. Para mi esto es, simplemente una falta de respeto al arte y a los que han pasado tantos años estudiando el noble arte de la restauración, que entienden de química, de pigmentos, de pinceladas, de historia, y de tantas otras cosas necesarias para hacer bien este díficil trabajo… los que hemos estudiado bellas artes lo sabemos bien. y para mi, eso es lo realmente vergonzoso.»

 

Totalmente de acuerdo, nada que añadir al respecto.

Cosas que se pueden hacer con 100.000 millones de euros

Entre otras muchas cosas, creo que una de las cosas que nos ha pasado con la crisis es que hemos aprendido a usar números grandes. Igual que hemos aprendido un ‘algo’ de economía (incluso para los que en general dicha disciplina nos interesaba más bien poco) y ahora comprendemos mejor como funciona la bolsa, los mercados, el mundo empresarial, la maldita prima de riesgo, y en general, el mundo.

En cualquier caso, ya que según nuestro presidente la situación ‘está resuelta’, creo que viene al caso hacer unas cuantas comparaciones y ver cuantas cosas se pueden hacer con 100.000 millones de euros, lo que viene extraordinariamente bien para recordarnos e ilustrar el coste ‘real’ de ciertas cosas con algo más de perspectiva. La inspiración me viene por este artículo de Amazings, pero he querido hacer unos números rápidos y ofrecer algunas conclusiones más. Total, que con 100.000 millones de euros se podrían hacer cosas como las que siguen.

Nota: todos los números se ofrecen ajustados a la inflación.

 

Intentar comprender y responder a unas cuantas de las preguntas fundamentales del Universo, de la propia existencia de este, y por consecuencia, de nosotros mismos, evidentemente tiene un coste. Sobre el papel, este gran acelerador y colisionador de partículas pretende, entre otras tantas cosas, demostrar la existencia del llamado ‘bosón de Higgs’, una particula predicha en el Modelo Estándar, y que de encontrarse consolidaría dicho modelo, suponiendo uno de los grandes triunfos de la física teórica moderna. Puestos a buscarle aplicaciones mundanas a esto, potencialmente se trata de conocimientos que pueden traer una nueva revolución tecnológica, del mismo modo que en su momento lo supuso la comprensión de la electricidad, o las aplicaciones que han tenido la física cuántica o la relatividad (en computación, medicina, telecomunicaciones, GPS…). De todos modos, este ‘carísimo’ proyecto financiado internacionalmente sin un ‘propósito claro’ tiene aproximadamente apenas cuatro veces el presupuesto anual de Radio Televisión Española, después de los recortes de 2012.

Simulación por computador de como debería de aparecer un bosón de Higgs en la cámara de niebla del LHC

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Cosas de las que un niño se da cuenta

Nota: este artículo va de política, y viene calentito. Avisados quedais.

Hay cosas que realmente no requieren de grandes reflexiones ni discusiones. Cosas de las que un niño, medianamente espabilado, se da cuenta, y es curioso que luego, aun con la experiencia, la edad y el darse cuenta de lo fractalmente complejo que es el mundo, dichas impresiones, en su esencia, siguen siendo los mismas. Como por ejemplo, las relaciones entre países.

Así son a veces las cosas en el cole, y también entre países. Como la vida misma... Qué grande Stallone.

Hay un momento en el colegio en el que un niño empieza a entender las relaciones entre los grupetes: empezando por el cabecilla o líder de la cuadrilla, en todos los grupos tenemos a un segundo, al listo, el burro, el tonto, el gracioso, el pardillo del que todos se ríen… así como también hay al menos un bloque, en estructura, idéntico al tuyo pero que de alguna forma es ‘el enemigo’. Y también, muy probablemente, un grupo de parias, que no saben muy bien que hacen juntos, pero ahí están. Como individuos, a solas, somos razonables, pero en grupo nos convertimos en burros. Pues bien, seguro que, o espero que, compartis/compartáis conmigo esta impresión que tengo desde bien pequeño, y que no ha cambiado ni un ápice: Las relaciones diplomáticas entre países parecen casi lo mismo que un juego entre niños. Como si las mentes de tan dignos mandatarios no alcanzasen a más. O tal vez son los medios los que insisten en vendernos esa idea, pero parece que así es. Una idea sencilla, sin mucha más retórica. Creo que ni hace falta que nombre países, pero incluso acabada la guerra fría se sigue viendo esa dinámica de bloques, de declaraciones, de pronunciamientos, golpes en el pecho, amenazas, etc. Ningún individuo o persona desea una guerra, por ejemplo, pero cuando se hace es porque ‘se está obligado’ a hacerla. Es irónico, pues los paises al fin y al cabo son personas, pero parece que se trata de un ente superior… y eso que el mundo es como nosotros lo hacemos, en fin…

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Breve comentario sobre la captura de Gadafi

Empiezo, que quede claro, diciendo que Gadafi era un criminal. Con mayusculas o sin ellas: críminal, punto. Igual que Sadam Hussein, igual que Osama Bin Laden. Pudieran los dos primeros haber hecho cosas buenas por sus países (ya sabemos, Franco hizo muchos embalses…), no hay lugar para las disculpas, matices, o apologías. Y después de criminal, viene lo de dictador, sátrapa, déspota, tirano y la de apellidos que quieran ponerse. Merecía por lo tanto que todo el peso de la ley cayese sobre él.

 

Bien, todos hemos visto los vídeos e imágenes que se han emitido en televisión y están disponibles en la red. Durísimos, ciertamente. Aunque probablemente no mucho más que tantas otras barbaridades que pueden ocurrir y siguen ocurriendo en tantos rincones del mundo. Pero esta es la que sale a la palestra: la imagen de un anciano, exdictador, si, vapuleado y apaleado, y al borde de la muerte. Por no hablar del enjambre luego formando de móviles grabando y fotografiando su cadaver. Leo como segundo comentario más votado en este vídeo en Youtube: 

» me alegro de que no haya muerto en paz, puedo dormir bien esta noche :)
Buen trabajo libios, os deseo lo mejor en el futuro!!»

Bruto, intestino, pasional… Prefiero el más votado:

«Qué le ha pasado a la humanidad? Cuando? Quién lo ha hecho? Por qué lo estamos tolerando?»

Son intempestivas las horas a las que escribo esto, pero me han venido tantas ideas a la cabeza, tantas, muchas de ellas las llevo macerando mucho tiempo, otras no son más que lugares comunes, y en cualquiera de los casos exponerlas me llevaría a divagar sobre ellas durante páginas y páginas, ideas a las que nunca encuentro una buena excusa para darle salida. Solo digo, para resumir, que observar estas imágenes me hace ver no solo el largo camino que les queda por recorrer a los libios, a los árabes (aún está por ver como acaba lo de Egipto, por ejemplo), sino sencillamente lo cerca que estamos constantemente del abismo.

Aunque siempre hay otras noticias, claro, como la otra grande de hoy, que te ayudan a mantener cierta fe en la humanidad.