¿No os acordáis vosotros, de chicos, de pensar cosas como «en el año 2000 tendré 16 años», o peor, «cuando se estrene el Episodio III tendré 21»? xDD
Y así, con fechas notables de la ciencia ficción ¿Donde estaré cuando Deckard persiga androides en Los Angeles del 2019? ¿Y cuando le ganemos la guerra a Skynet? ¿Volveré a ver el cometa Halley en el 2061? Tendré respectivamente, si llego, 36, 45 y 79 años. El 31 de diciembre de 2033 llegaré a los 50. Y la cosa sigue así indefinidamente…
¿Y de que me sirve pensar en todo esto?. Pues viene a que me siento estafado.
No porque no me hubieran avisado, no porque no supiera que el reloj biológico conforme envejece percibe objetivamente el tiempo como más acelerado, ni porque la sucesión de ‘eventos’ vitales que supongan un hito que nos sirva como referencia se vea cada vez más espaciada. No porque no hubiera pensado y escrito ya antes en ello. Es porque como todo, hasta que no lo vives no te das cuenta de lo que es. Es sencillo: siendo conservadores, se me habían prometido unos 75 años de vida plácida, pero no que la función de la gráfica, en vez de ser lineal, era exponencial. Hablando en plata: que cada vez va más rápido, y lo que al cambio eran 50 años… visto lo visto y tras ajustar el tipo de inflación se quedan… pues no sé… pongamos que 15 años al cambio.
¿Llevo bien cumplir 25? Primero por lo que ya conté hace un par de posts y no voy a extenderme; resumiendo es que 25 años ya no es edad para andar por los pasillos de la facultad. Y también de lo contrario, que me toca trabajar, y que tras tantos años de clases por la tarde eso de levantarme si o si me provoca ulcera. Pero oiga, son las cosas de hacerse mayor, y a la escuela de niño y eso de levantarse a las siete me lo sé (aunque lo tenga casi olvidado… :S), y ya está. Encajar el golpe como viene, reírse (aunque sea por no llorar) y a otra cosa.
A lo que voy. Ya me jodió pasar los preciosos 18 años y abandonar aquel primer año de universidad en el que me lo pasé tan bien. Y los 24 por otra parte siempre me han parecido un numero muy bonito, una edad muy redonda: ya tienes algo de experiencia, al tiempo que todavía estas fresco, lozano. ¿Que son los 25?. Es la antigua edad a la que ya podías votar, la edad a la que trabajabas, la edad a la que empezabas a echar panza, la edad a la que echabas barba aunque fuera robando pelos de la azotea. La edad a la que visto el nefasto primer año de carrera, dijimos los amigos «bueno, a pesar de los pesares, a los 25 esperamos, deseamos y deberíamos estar trabajando».
Pues aquí estamos: pesando más de 100 kilos y no precisamente con tableta de chocolate en la barriga, con un estado físico casi deplorable puesto que hago cero ejercicio físico (y de lo cual ni me puedo quejar puesto que la solución solo reside en mi); que la miopía me crece, así como mis entradas incipientes, mientras que mi barba da cierto asquete todavía. Noto que tengo menos agilidad mental, que olvido nombres y fechas (yo, que aspiraba a ser una IMDb andante), que me cuesta más trabajo memorizar y pensar, que a veces me repito. Sé por donde pierdo pero no en donde gano.
Pero por supuesto, que no tengo respuesta a el día en que en una entrevista de trabajo me pregunten ¿y en ocho años cuantas carreras y masters has hecho?. En fin, es volver a lo de siempre, asi que dejo eso ahí.
Pero son cosas concretas, lo que me desvela es pensar en factores numéricos: Por ejemplo, teniendo 17 te parece una barbaridad entrarle a una chica de 19, pero no te lo piensas dos veces teniendo 25. O palabras mayores: ver que compañeros de tu pueblo se empiezan a casar, y pensar que los tuyos de ahora, y tu mismo, empezareis a entrar en la misma senda de aqui a 5 o 10 años. Y por no hablar de niños, de ver como crecen, y vuelta a empezar. ¡Por Dios, que a esa misma distancia en el tiempo el mayor acontecimiento en mi vida era la aparición del trailer de La Amenaza Fantasma! ¿Es evidente la asimetría?
Hace un par de años hice un viaje con mi padre, para volver a llevar mis cosas a Málaga tras pasar el verano en mi casa. Aquel verano de 2004 estrenábamos huerto y piscina en la casilla que tenemos en el campo, donde mi padre había disfrutado infinitamente de sus tomates. Y se veia a si mismo, y recordaba a su padre, mi abuelo, que llegó hasta los 84 pudiendo casi hasta el final bajar feliz a su huerto. Por entonces mi padre andaba en 55 (hace un par de semanas hizo 60) y en un momento del viaje me dijo: «Hijo, si puedo disfrutar del huerto y de la piscina otros 20 años, me doy por satisfecho». Ala. Porque no sabéis como lo dijo. Coged vosotros las palabras «6 meses», cambiadlas por «20 años», decidlo todo en voz alta, y entonces sabréis exactamente como sonó. Exactamente ese fue el tono que le dio mi padre. Si es así como se perciben las cosas a esa edad, imaginad ahora como de estafado me siento, con cosas como pensar que en 15 años me planto en los 40, etc…
Pues no, no me hace gracia cumplir 25. Y creo que ya ningún otro año me va a volver a hacer gracia. Exceptuando tal vez los 100. Pero prometo que el 1 de enero de 2084 me desconecto de la máquina.
(Para entonces Douglas Quaid andará activando generadores de turminio prehistóricos en Marte)
Y ahora me decis ‘Bueno, bueno Rufo, que 25 años no son tantos’. A mi se me ocurre que puestos a asustarnos, a verle las orejas al lobo, prefiero hacerlo antes. Y por si alguien lo pregunta o se lo imagina: si, llevo años obsesionado patológicamente con la muerte.
(…)
Ey, mañana hablo de los regalillos que me han traido las fiestas, que me han molado bastante ;)
Y chiste malísimo que he escuchado (por suerte no es mio): ¡¡¡FELIZ AÑO DOS MIL NUEVO!!!
Abrazos a todos :)
Y un beso para mi niña linda que está en la camita. Te quiero :*
*Punset, como siempre, tiene la respuesta: la solución para evitar el paso del tiempo es no pararse. Conocer gente, viajar, hacer cosas nuevas, no caer en la rutina, moverse. Porque el tiempo nos pilla, pero más si nos quedamos quietos.


