Enlaza Eulez desde su twitter este artículo del ABC, que de verdad, me ha dejado de piedra. Un cínico gilipollas que no tiene la más mínima vergüenza de críticar algo tan noble como el uso de la bici.
Una vez lo conté aquí: yo aprendí a montar en bici hace dos veranos. No, no digo ‘hace dos veranos’ de forma figurada: aprendí en verano de 2008. Teniendo 24 años. Estando en Fuente Palmera, (un pueblo mucho, mucho más llano que el mio), Muriel me instigó, nos pusimos una tarde, y aprendí, algo por lo que le estoy muy agradecido. Y es definitivamente de esas cosas, que cuando por fin la pruebas, dices ¡qué cojones he estado haciendo hasta ahora! xD
Como ya digo, mi pueblo no se presta mucho a bicicleta, es la cuesta personificada, con lo que allí no tiene todo el sentido aprender. Pero en Málaga, este año, al trasladar la Politécnica a las afueras, el viaje andando se torna en un mínimo de 20 minutos a pie, cosa que tampoco me gusta mucho. Así que en octubre me compré una bici, y copón, no la cojo solo para ir a la facultad, sino para todo lo que encarte: ir al piso de los colegas, al Mercadona, etc. Es más, la bici es en si misma a veces una excusa para ir a un sitio, busco la excusa para poder coger la bici. ¡Me encanta coger la bicicleta, copón!
Con todo, como podéis imaginar no es fácil. Si por mi fuera, cogería la bici exclusivamente por el gusto de cogerla, pero por mucho que Teatinos sea un barrio residencial de las afueras, el tráfico sigue sin ser demasiado indulgente. Demasiadas rotondas, cruces poco amistosos y sobre todo, aceras de risa. Hay unos cuantos chistes con forma de carril bici absolutamente dignos de un WTF!, con lo que coger la bici porque si, para dar un paseo, sigue sin ser una buena idea. Y por supuesto, mientras vivía en el centro ni se me pasó por la cabeza.
Por otro lado, hayáis estado en el norte de Europa o no, sabréis que allí el uso de la bicicleta está mucho más implantado que aquí en España. ¡A pesar de que ellos no tienen nuestro sol! No solo hay mucho más carril bici y es más fácil conseguir una (alquilada o no), sino que pasa algo que aquí no pasa: allí al ciclista se le respeta. Es una elección más, sin connotaciones de tipo alguno. Tengo entendido que tener un coche, con los impuestos y movidas, les sale mucho más caro, pero sigue pareciéndome cojonudo el uso tan habitual que allí se le da a la bicicleta.
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Supongo que conocéis las connotaciones que tienen y que han tenido estar bronceado o estar gordo. En los países asiáticos, por ejemplo, se ve mal estar bronceado: significa que eres un un obrero, alguien que trabaja al aire libre, como albañil o campesino, y por lo tanto de clase baja. Mientras que si estás blanquito significa que tu trabajo es de interior, de oficina, por lo tanto tienes mayor poder adquisitivo. Justo como pasaba en occidente a principios del siglo XX. Pero ahora aquí estar bronceado significa que tienes muchas vacaciones; y de nuevo, que tienes dinero. Y con la obesidad lo mismo, fijaos como antes la imagen típica de un gordo correspondía a la nobleza y al clero, mientras que ahora alguien obeso se suele asociar a las clases más bajas.
Lo mismo se me va demasiado la pinza, ¿pero no pasa lo mismo con las bicicletas? Supongo que en el norte han superado ese complejo.
Porque aquí no. Aquí todavía tenemos ese complejo. Aquí todavía se piensa en ‘ese pardillo de la bici’. Aquí, si tienes bici es porque eres pobre, porque no tienes el poder de comprarte un coche. Y el coche, mientras más grande el Mercedes, más caballos, más cilindros, mejor. Aquí, llegas un cruce, te tienes que parar, cruzar a pie el paso de cebra y seguir luego. Aquí ya me ha tocado un par de veces gritar a toda voz ¡HIJODEPUTA! para descargar mi frustración, y hablo solo de mis aventuras por un barrio residencial. Aquí ves al de la bici y todavía te ríes de él, dices ‘¡donde va!’, y a alguno hasta desearía ver como se mete un piñazo.
Alguna vez he escuchado que en el centro de las ciudades, donde el imperio es el de los coches y el caos circulatorio, motos y bicicletas no tienen cabida. Llamadme radical, pero pienso justo lo contrario: el centro de las ciudades precisamente son los coches los que no deberían tener cabida.
El centro debería de ser el imperio del transporte público e individual: metro, autobus, moto, y por supuesto, bicicleta. En mi humilde opinión.