Bueno, pues siguiendo con la broma que he tenido en las últimas semanas, aquí os muestro unos cuantos ‘problemas de estructuras’ que he ido resolviendo en las semanas previas (y posteriores) al que, espero -sigo esperando la nota-, es el último examen de mi carrera.
Pestañas
Cuando me compré este portatil, hace ahora casi dos años, creía que mi problema crónico con la memoria RAM se acabaría. Mi antiguo P4 tenía 1GB, y al llegar a este i5, me decía a mi mismo ‘4GB deberían de ser suficientes’.
Captura real de mi pantalla, en full HD. No es ningun 'fake', la acabo de hacer ahora. Una pestaña más, y dejo de ver las miniaturas de cada web en las pestañas. Atentos a unos cuantos detalles más: no es la única ventana abierta de Chrome, abajo veis otras dos. El botón a la izquierda de la barra de direcciones indica el número de pestañas abiertas. Y la que veis en primer plano, de Microsiervos, lleva ahí desde verano pasado. Aún no he escuchado el clip que la acompaña.
El caso es que después de una ampliación a 8 GB de RAM, sigo apurado. Pa matarme.

(La tira me la envia etringita, que sabe muy bien de qué hablamos :D)
Cosas que se pueden hacer con 100.000 millones de euros
Entre otras muchas cosas, creo que una de las cosas que nos ha pasado con la crisis es que hemos aprendido a usar números grandes. Igual que hemos aprendido un ‘algo’ de economía (incluso para los que en general dicha disciplina nos interesaba más bien poco) y ahora comprendemos mejor como funciona la bolsa, los mercados, el mundo empresarial, la maldita prima de riesgo, y en general, el mundo.
En cualquier caso, ya que según nuestro presidente la situación ‘está resuelta’, creo que viene al caso hacer unas cuantas comparaciones y ver cuantas cosas se pueden hacer con 100.000 millones de euros, lo que viene extraordinariamente bien para recordarnos e ilustrar el coste ‘real’ de ciertas cosas con algo más de perspectiva. La inspiración me viene por este artículo de Amazings, pero he querido hacer unos números rápidos y ofrecer algunas conclusiones más. Total, que con 100.000 millones de euros se podrían hacer cosas como las que siguen.
Nota: todos los números se ofrecen ajustados a la inflación.
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Financiar 25 veces el LHC
Intentar comprender y responder a unas cuantas de las preguntas fundamentales del Universo, de la propia existencia de este, y por consecuencia, de nosotros mismos, evidentemente tiene un coste. Sobre el papel, este gran acelerador y colisionador de partículas pretende, entre otras tantas cosas, demostrar la existencia del llamado ‘bosón de Higgs’, una particula predicha en el Modelo Estándar, y que de encontrarse consolidaría dicho modelo, suponiendo uno de los grandes triunfos de la física teórica moderna. Puestos a buscarle aplicaciones mundanas a esto, potencialmente se trata de conocimientos que pueden traer una nueva revolución tecnológica, del mismo modo que en su momento lo supuso la comprensión de la electricidad, o las aplicaciones que han tenido la física cuántica o la relatividad (en computación, medicina, telecomunicaciones, GPS…). De todos modos, este ‘carísimo’ proyecto financiado internacionalmente sin un ‘propósito claro’ tiene aproximadamente apenas cuatro veces el presupuesto anual de Radio Televisión Española, después de los recortes de 2012.

Simulación por computador de como debería de aparecer un bosón de Higgs en la cámara de niebla del LHC
The Path to the Unknown
Si sangra, podemos matarlo. Depredador (1987) (2 de 2)
Prosigamos con este repaso que le quiero hacer a al clásico de nuestra generación que es ‘Depredador’
Venía hablando del pulso que tiene McTiernan con el ritmo, a pesar de que, con mucho atino, se toma su tiempo para colocar las piezas. De nuevo, de modo similar a Alien, se nos hace esperar cerca la mitad de su metraje hasta que el extraterrestre hace por fin de las suyas, eliminando a su primera víctima, a uno de los protagonistas. A partir de ahí la película se puede decir que verdaderamente arranca, a un ritmo imparable, pero no podemos para nada desperdiciar los primeros cuarenta minutos, donde el director es muy cauteloso preparando el terreno y soltando pequeñas pistas sobre la verdadera amenaza que acecha a nuestros protagonistas (su visión térmica subjetiva, el encuentro de los restos del batallón de Jim Hopper, el mosqueo que Billy tiene constantemente encima…)

Ni acupuntura ni pollas: me han dicho que tres puntos rojos todas las mañanas en la frente son mano de santo
Y es que no nos abandona para nada al aburrimiento, y antes de que empiece el verdero meollo nos regala una muy ‘entrañable’ escena de acción (el asalto al campamento rebelde) que descaradamente, al estilo de cualquier James Bond, o digo más, de cualquier episodio de los Simpsons, poco o nada tiene que ver con el resto de la película. Entre otras cosas, en dicha escena conocemos a la ‘impaciente’ (que no tardaría el propio Schwarzenegger en empuñar unos años más tarde, ya sabeis a qué me refiero), y Jeese Ventura (Blain en el film) nos deja, con su basto acento tejano, una de las lineas más famosas de la película: ‘I ain’t got time to bleed’ (‘No tengo tiempo para sangrar’).
*Y aquí viene otra curiosidad: el propio Ventura, que entre otras cosa ha sido SEAL de la marina, famoso wrestler y nada menos que gobernador de Minessotta (al igual que Arnold lo fue de California), usó esa frase como título para su autobiografía.

Mascar tabaco y convertirse en un tiranosaurio sexual vienen en el mismo paquete. Quedarse sin pecho también.
Pero McTiernan no solo sabe manejar los tiempos, sino que se luce en su uso de la cámara. Sabe manejar de modo excelente todas las artimañas del manual Sigue leyendo






