¿Cuánto ocuparía una película a la máxima resolución que tuviera sentido?


Respuesta corta: Unos 1,35 Petabytes

Respuesta larga: os cuento:

Por aquí irían los tiros, pero no adelantemos acontecimientos…

Nota: ¡incluye tabla Excel al final!¡Emoción!¡Emoción!

De vuelta en Málaga, camino de quitarme las últimas asignaturas de la carrera (que se dice pronto), volvemos a coincidir los tres clásicos de toda la vida: Javi Zulo, Iñaki y yo. En una de las aventuras gañaneando camino de la biblioteca general en Teatinos, Iñaki me lanza una pregunta que ni siquiera es capaz de expresar bien, (yo mismo tengo que ayudarle a formularla), que a resumidas cuentas, vendría a ser la del titular: en megabytes, ¿cuanto ocuparía una película, en la máxima super-hiper-ultra-mega-calidad-delahostia que tuviera sentido, de acuerdo a las características y capacidad de percepción del ojo humano?

¿Ein?

Si, suena a entelequia, tipo ¿cuanto pesa una nube?. Pero recordé entonces que en cierto programa de Redes, hablando creo que la cantidad de información que cada día se recogía en el LHC del CERN (nada que ver con La Hora Chanante), se comparaba esta con lo que pesaría un vídeo de la vida entera de una persona, grabado en calidad HD. Ni esta pregunta ni la de Iñaki son de las que uno se enfrenta todos los días, pero me acabó picando a mi también la curiosidad y he acabado haciendo un calculo aproximado.

En el caso del programa de Punset, hablaban de unos centenares de Terabytes, algo que me entretuve en corroborar, obteniendo como resultado que una película de 80 años pesaría unos 1712 Terabytes (TB), en calidad Blu-ray…

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La Comparativa definitiva: Patatas Fritas


Ea, aquí va. Le llevo dando vueltas años a esto (¡Copépodo, maldición, te me adelantaste!), pero la verdad, me daba cierto reparo recomendar algo de lo que no me siento especialmente orgulloso.

Me gustan mucho (mucho) las patatas fritas.

Pero no me gusta tanto que me gusten. Hacer esta comparativa, para mi (hablo absolutamente en serio) es el equivalente a hacer una comparativa de marcas de cigarrillos. Y no soy fumador, que conste (solo me faltaría eso). Pero estoy, he estado, enganchado a las patatas, for a long time. Por gustarme que me gustasen, me gustarían muchas cosas, pero voy a aprovechar la alucinación en la que vivo en la que creo que este año si me voy a cortar las excursiones vespertinas al frigorífico y que voy a hacer mucha bicicleta y piscina, y lanzar una oda a este delicioso manjar, a modo de despedida. Manjar del cual durante muchos años he estado diciendo, más en broma que en serio, que era mi adicción personal, hasta que me he dado cuenta que dicha adicción es completamente real (vamos, que los temblores y la espuma por la boca al tercer día de no probar patata no eran de origen psicosomático). Total, que aquí va el que pretendo que sea uno de los clásicos imperecederos e instantaneos de este blog. Que digo: de la puta historia de Internet.

(…)

Bueno, antes de lanzarnos, habría que aclarar algunas cosas. No he hecho una tabla puntuando cada factor por separado, (como corte, grosor, color, uniformidad…) primero porque no encuentro la forma de puntuarlo de forma consistente (por ejemplo, me da igual que vengan en ‘lonchas’ muy grandes o muy pequeñas, pero si pido que no esten rotas y en migajas), y por otro lado, porque hay otros factores que me veo absolutamente incapaz de valorar de forma objetiva, como el factor ‘empacho’. Por lo tanto, unicamente les he puesto una nota global a cada una, y santas pascuas.

Por otra parte, he obviado tabular el valor calórico de cada una. Todas rondan las 500 kcal por 100 gramos, y no hay mucha variación. Para empezar, porque no tengo los valores a mano, ni me voy a parar a recabarlos. Pero vamos, es que aunque los tuviera, me parece un atentado ponerse tiquismiquis con esto cuando hablamos no solo de la fiesta del sabor, sino precisamente de uno de los alimentos que más engordan, con diferencia. Comer patatas fritas, por definición, es contraria a cualquier consideración dietética. La verdad, si quieres cuidar la linea, te jincas una bolsa muy de cuando en cuando, pero disfrutándola y saboreandola, y luego te pegas 80 largos en la piscina o te metes 15 km de bici, y ya está. In my humble opinion, ofcors. Por que al final todo se reduce a las gallinas que entran por las que salen.

También he descartado las patatas de sabores, y no por la que sería suficiente razón de no alargar en exceso esta lista, sino porque sencillamente no me gustan. Puede parecer curioso/contradictorio, pero la realidad es que todo el amor que le tengo a las patatas fritas, es odio que les tengo a las de sabores. De hecho ni a las patatas largas me suele gustar echarles ketchup: sal, y vas que te cagas. A ver, que si me ofrecen, y hay hambre, no les hago ascos a unas de jamón, o de queso, etc, pero jamás voy a comprarlas yo mismo, y desde luego nada del ansia esa de querer comerlas a puñados, (como a veces me pasa con las normales).

Y por razones parecidas, paso de meter aquí Pringles, sucedáneos ‘al horno’ y movidas similares, como ya he dicho, por no extender en demasía la lista. Lo dicho, allá vamos. Sigue leyendo

Cowboys y Alienígenas

Le tenía ganas a ir al cine a ver un buen espéctaculo, hace más de un año que no pisaba una sala, y la verdad es que no he salido nada decepcionado: Cowboys & Aliens es justo lo que promete y un poco más: un buen y sólido espectaculo de aventuras y evasión, bastante por encima de la media.

Partimos de que no podemos ponerla en un pedestal: toda su potencia reside en su titulo, en su idea, funcionando exactamente en el mismo modo en que lo hace ‘Zombies Nazis’ o ‘Serpientes en el avión’: una genial locura, una loca genialidad, donde solo cabe esperar un frikismo desatado, de la que puede salir cualquier cosa. Pero claro, si en el plantel, en vez de sumar actores muy conocidos en su casa a la hora de comer, ponemos a Harrison Ford vistiendo de nuevo un Fedora, a Daniel Craig David Copperfield, o la bellísima Olivia Wilde, perfecta en su papel de no pintar nada ahí (no es un comentario negativo), y poniendo detras a nombres como Spielberg, Ron Howard o Jon Favreau, vemos que la cosa va en serio, muy en serio. Al en el sentido de que no vamos a ver algo cutre, sino de que al menos se nos promete ver puesto cariño y buen trabajo en ello. Vamos, que hasta hay espacio para cagarla, aunque partiesemos de un premisa que parece prometer todo y nada al mismo tiempo.

Pues no: desde los primeros planos, la primera escena, la película ya transmite muy buenas sensaciones. Siempre he pensado que el trabajo puesto en añadir detalle y densidad en una película, digamoslo a las claras, la pura roña, los dos dedos de mierda en el maquillaje, los vestuarios y los decorados, dicen mucho a favor de un producto, y este detalle queda clarísimo desde el principio (¡que grande es la proyección en digital!). Daniel Craig lo borda en su papel de tipo duro muy al estilo de su Bond (que no deja de ser estilo Jason Bourne), y desde ahí, la película saca beneficio al plantel de personajes clásico del western: el bar-man pusilanime (una sorpresa encontrarme a Sam Rockwell, un tipo que me cae cada vez mejor), el sheriff, el niño, el reverendo, el hijo problematico del cacique… La película va perfecta hasta que aparece Ford, porque pretenden algo que ya sabemos que roza lo imposible: vendernoslo como el villano de la función.

A partir de aquí la película entra en algún bache de ritmo, como es la escena del barco, aparte de que, como he visto que pasa con otras adaptaciones directas de un comic concreto (como Watchmen o 300), la estructura no es precisamente cinematografica y avanza un poco a trompicones. Pero nada que no se pueda perdonar. Entre otras cosas, Jon Favreau me vuelve a sorprender (ya lo hizo en una escena puntual de Ironman, cuando los mercenarios pretenden masacrar una aldea), creando aquí, con la muerte de cierto personaje aparentemente secundario, una escena sorprendentemente emotiva, encontrándote tragando saliva y al borde de la lágrima en un momento para nada resuelto de forma barata. Otro director hubiera resuelto la escena con un aprobado raspado, pero Favreau sabe otorgar el peso drámatico que merece a cada personaje, y esto unido a unas actuaciones realmente buenas (la media sonrisa de Ford vale millones), crea, como he dicho al principio, un espectaculo para nada pretencioso y muy, muy disfrutable. Total, que si estáis a tiempo, vayáis a disfrutarla al cine, la recomiendo.

Comentario geek: no sé hace 130 años, pero me huele que ahora contra un F-22 Raptor o un Eurofighter, los aliens no tendrían nada que hacer.

Un lunes de septiembre

Un lunes, 17 de septiembre de 2001, ocho de la mañana. Los chavales de un Instituto de Educación Secundaria de Almería empiezan nuevo curso. Aunque joda que se haya acabado el verano, al menos no han tenido que madrugar, y saben que estos primeros caóticos días de curso son solo presentaciones y muy poquito estudio, lo que equivale a prolongar algo más la diversión. Aunque son los de siempre y casi todos se conocen, siempre hay alguno nuevo, o gente que nunca ha compartido clase. Así que el día es de hacer un poco el payaso, hacerse notar y empezar a dejar entrever la personalidad de cada uno y cuales son los papeles que va a tomar cada cual en la jerarquía de cada clase.

Así pues, en el momento en el que por primera vez se ven todos los alumnos en un aula sin un profesor de por medio, el primero en levantarse es el ganso (que todos sabemos que es siempre el mismo), que coge una tiza y empieza a dibujar algo en la pizarra. Pero esta vez no es lo de siempre. Es un dibujo mucho más simple: dos rectángulos iguales, altos y esbeltos. 

Todavía sin mediar palabra, coge entonces un folio, hace rápidamente un avión de papel, y lo tira contra la pizarra. Toda la clase (o vamos a decir que casi) se empieza a descojonar de la risa, pero carcajadas de esas de humor negro y socarrón, de esas que mientras te ríes dices ‘¡qué hijodeputa, qué hijodeputa!’. Vamos a decir casi toda la clase, porque algo de conocimiento alguien ya lo tiene. Y (casi) toda la clase, empieza a hacer exactamente lo mismo: hacer aviones y lanzarlos contra la pizarra.

(…)

No es una anécdota mía, pero es de las más burras que me han contado. ¿Por qué la escojo? Supongo que, porque al fin y al cabo, es representativo de la edad que teníamos entonces, adolescentes que no teníamos ni puta idea de nada (si es que ahora la tenemos de algo) y con una capacidad acojonante de reirnos de todo. Por supuesto, ahora no tiene ni puta gracia.

Precisamente comparaban hace unos días en un artículo las reacciones que tuvimos españoles y americanos respecto al 11-M y 11-S, y como a ellos les parecía una aberración que no cancelásemos las elecciones de tres días más tarde (aunque nosotros lo interpretamos más como una catarsis, así como reafirmación de la democracia), o que mostrásemos en televisión relativamente sin pudor las imagenes de los atentados. Cosas, dicen, no como muestra de falta de sensibilidad, sino de diferencia de caracteres y de culturas, pero, sobre todo, también de costumbre.

La anécdota que contaba al principio es la experiencia de uno de mis amigos de la universidad, un par de años más pequeño que yo. A mi el 11 de Septiembre me pilló estudiando para la Selectividad, así que no hubo momentos para chistes (yo si me acojoné, especialmente cuando se supo del tercer impacto contra el Pentágono), pero no me extiendo sobre como fué para mi eso porque sencillamente ya lo conté una vez. Por añadir algo más, recuerdo que lo primero que pensé, antes de que enchufaran las imágenes en directo, era que en 1945 un avión ya se había estrellado contra el Empire State Building (el tipo de entrañables cosas que sabía a los 17 años gracias a la selecta literatura a mi alcance), aunque en aquella ocasión fue bajo condiciones meteorológicas adversas. Como podéis imaginar, cuando al fin se vieron las imágenes de una soleada mañana, el facepalm fue épico. El resto, para mi igual que para todo el mundo, fue quedarme pegado a la tele días y días, a pesar de que se suponía que debía estar estudiando para selectividad.

Atended a la ilustración de la esquina inferior derecha.

Total, todo esto era por hablar de otra cosa más que te recuerda que el tiempo pasa volando. Porque el 2001 lo recuerdo cristalino. Todas las televisiones y periódicos ya se están encargando de hacer el repaso, e igualmente los análisis políticos, diez años más tarde, se los dejo a los que saben. Aunque a mi me queda la tranquilidad de saber que dificilmente nos van ya a contaminar con la idea de que el mismo pueblo que ansía democracia real y no la de mentirijilla que tenían hasta el momento, es el mismo que, supuestamente, estaba dispuesto a un enfrentamiento abierto y armado contra Occidente.

Edito: Tremendo este video de Jon Stewart, apenas unos días despues del 11-S. Siento que no tenga subtitulos.