Disclaimer: (me ha salio ladrillo, así que si no queréis leeros esta tontez tampoco os voy a culpar)
Yo alguna vez he hablado de ‘los puntos de suerte’. Es una teoría (elaborada entre colegas con la inestimable ayuda de mucha cerveza/sueño/películas) que básicamente habla del equilibrio: Murphy es un cabrón omnisciente, pero normalmente las cosas refluyen para compensar el hueco dejado por el golpe de la mala suerte. No es hablar de pesimismo, de realismo, de optimismo o de fantasía. Matemática, estadística y físicamente no es una teoría sostenible, sencillamente se cree en ello o no. O que incluso la misma forma de ser de uno te llevo a esos extremos (por ejemplo, ser despistado unas veces es una bendición y otras una lacra)
La primera parte la voy a resumir para no eternizarme: un examen de dibujo técnico, primera parte perfecta (ejercicios de perspectiva cónica, valía 3 puntos); pero en la segunda parte (la chunga; un despiece, coger una pieza de metal, y hacerle las vistas, alzado-planta-perfil, acotarla… sistemático, tedioso y riguroso)… va el profesor ¡y saca un cuestionario! ¡¡Un examen de teoría!! Algo que ni se ha dado en clase, ni entraba oficialmente en el temario, ni se ha insistido en que estudiemos; de eso que se dice ‘leéroslo…pa que os suene’. El profesor no ha soportado ver como los que no habíamos entregado ninguna practica (pues hay que entregar continuamente practicas toooodo el año, que sin embargo solo dan derecho a los parciales) pudiéramos aprobar tan facilmente presentándonos a un único examen… y nos han follado, nos han masacrado a todos pero bien, ha comenzado una estampida que ha dejado el aula con el 10 por ciento de alumnos originales. Además, como la primera parte ya estaba entregada, corría convocatoria, asi que doblemente jodidos.
5000 puntos de (mala) suerte, apuntadlos por ahí.
(…)
Y ahí estaba yo, hablando con mi madre por teléfono, preguntandome por el examen mientras vuelvo a mi piso, informadola de esa y otra historias, voy por el paso de peatones… y me quedé callao, mi madre hablando y prenguntandome si se habia cortao la señal o algo…. ahí estaba, reluciendo; aún me felicito por mi sagacidad para verlo (pues me considero observador pero no sagaz, lo mismo veo detalles que otros no ven que soy ciego ante lo obvio), pero supongo que eso es por la capacidad del cerebro para distinguir la señal del ruido, del mismo modo que reconoces tu nombre entre el alboroto.
La duda me convirtió en el canalla que todos somos. Pues, de forma paralela a mis pensamientos, otra parte se encargaba de los mecanismos. Físicamente, la primera reacción completada con éxito por mi parte fué pisar el billete; primero para que no volara con el viento, a continuación para ocultarlo a la vista de los demas y darme un margen, para mirar alrededor, pensar, analizar la situación. Estas cosas no se creen a la primera. Porque pensé, señores, pensé.
Si te encuentras un euro o un billete de diez, lo coges sin pensar, no se te ocurre lo que le habrá jodido al que los ha perdido, 10 euros no duelen mucho. Pero 50 si.
Analizando.
Yo, si veo que a una persona se le cae dinero, se lo digo. Supongo que eso es ciudadanía, moralidad, ética, convivencia, yo que sé… pero en fin… (parentesis – porque ahora diría que ‘hay gente que no lo devolvería, se callaría y se quedaría con el dinero’, como si fuera lo raro, pero mejor digo que ‘hay gente que lo devolveria’ y asi peco menos de ingenuo… fin del parentesis)
Porque incluso llegaría a decir que creí ver como se cayó el billete, y señalaría a esos cuatro candidatos que potencialmente lo perdieron. Solo esas cuatro personas conversando, estaban lo suficientemente cerca… El billete debia pertenecer a ellos. Tengamos en cuenta que era un paso de cebra, enfrente de un colegio, con mucho tráfico, motorizado y de gente. Pero no, en ese instante preciso en varios metros a la redonda no habia nadie más, asi que solo podian ser ellos. Vi el billete danzando en el suelo, (no cayendo del aire, matizo) antes de posarse definitivamente. Esta es la primera razón que me induce a pensar que eran ellos (el billete no podía venir volando de más lejos), la otra es muuuuuucho máss sencilla: un billete (indistintamente de su valor nominal), pero concretamente uno de 50 € dura femtosegundos en estado libre y estable, antes de volverse eter y desaparecer de nuevo como si no hubiera existido nunca. Los billetes de 50 no son raros, lo raro es encontrarlos en libertad…
Aquí, 5000 puntos de (buena) suerte. Apuntadlos también.
Y pensé, inocentemente (y recordemos: mi madre al teléfono) ¿les digo a ellos que si han perdido el dinero? De haberlo hecho, hubiera perdido la soberanía sobre el billete. Imposible evidenciar su autentico dueño. Ridículo. Pero lo de ridículo solo lo pensé luego. En ese instante lo contemplé como opción lógica, no me había enfrentado a esa situación (joder, jamas me he encontrado nada por encima de los 20 centimos!). Mi pie hizo el trabajo. En el tiempo que dudé que hacer, ellos ya se habian alejado. No habia opciones, no habia duda, asi que, solo me quedaba agacharme, furtivo, y apoderarme de forma natural ese molesto trozo de papel que por sorpresa se me habia pegado a la suela de la zapatilla, mientras al otro lado del telefono mi madre se quedaría con la misma cara que yo conforme se lo contaba. Tenía que ir al supermercado de todos modos, asi que alli mismo comprobe su autenticidad (al fin y al cabo, si fuese falso tampoco pasaría nada), y a otro tema.
Si no hubiese dispuesto de ese tiempo reconfortante para pensar, para que cualquier tipo de reaccion ‘ciudadana’ fuese un acto futil ¿realmente hubiese llegado a cometer la soberana estupidez de preguntar de quien era el billete? Nunca lo sabremos, pues nunca me volveré a encontrar con un billlete de tal tamaño… despues de haberme follado en un examen con un pene de tal calibre.