Islandia (2)

(viene de aquí)

Vamos a hacer un trato. Ya dije que me intención era hacer muchos post del viaje, pero que queréis que os diga, es que tampoco hay grandes anécdotas, descubrimientos, revelaciones o epifanías. Que todo eso corresponde al viaje intimo e introspectivo, supongo, que necesita su reposo, pero como dejé caer, no ha sido el-viaje-que-le-debo a Islandia (cuidado, que no es una queja de este). Pero no quiero confundiros, Islandia es tan impresionante como la venden, a donde voy es que no es tanto lo que tengo que contar sobre ella, como lo que quiero enseñar.

Así que lo mejor que se me ocurre es soltar la chorraera las fotos (lo digo para que no os asusteis por la aparente longitud de esta entrada), y si acaso añadirles comentarios ¿no?

Camino a Lambhus

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Pero antes esto debe de ir acompañado de una aclaración: en este viaje he estrenado cámara. Reflex, por fin.  La más pequeña entre las pequeñas, pero reflex al fin y al cabo. Despues de 8 años haciendo el monguer con compactas, ahora ya no tengo la excusa de que si una foto es mala es ‘porque la cámara no daba para más’. Y como un niño con su regalo de reyes, la susodicha camarita casi me ha hecho el viaje. Vamos, que materialistamente admito que me ha marcado la diferencia. Lo mismo me respondéis ‘bueno, aunque no tuvieras la cámara te hubieras quedado con el recuerdo y las sensaciones’. Si, pero (y recordando que el viaje se hizo con ciertas prisas), he disfrutado casi tanto con las horas que me he tirado explorando y limpiando la jartá de fotos que salieron de esta fantástica cámara, y buscando información sobre los lugares donde las disparé, como con esos -pocos- momentos que tuve de tranquilidad, para hacer mi fotografía mental de esas sensaciones, esas si, realmente imborrables.

También tengo que indicar que muchas de las fotos tomadas desde en la carretera son de mi prima Inma (de hecho, todas las que hay de Vik en adelante, que es donde yo cogí el volante). Le enseñe a manejar la cámara, y solo le dí una instrucción: ‘hinchate de disparar’. Los resultados son magníficos :)

Dicho esto, vamos a la narración.

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Hasta siempre, astronauta Neil

Ayer murió Neil Armstrong. El primer hombre que pisó la Luna. Con su despedida, encuentro la más palpable muestra de que se nos está yendo una generación única, y que con ella se nos escapa un sueño, un sueño grande que nunca agarramos bien fuerte, que estamos dejando escapar.

Un sueño compartido. Y un logro. Que cada vez queda más lejos (tal vez no tan compartido como el sueño), pero si un gran logro, sin lugar a dudas. Qué digo grande: gigantesco. Épico. Una de las cosas que mejor habla de nosotros como humanos, uno de los logros más grandes conseguidos en tiempo de paz (aunque no se puede olvidar que tras ese logro subyace una guerra) y tal vez de todos los tiempos, y desde luego, una de las aventuras más grandes de la humanidad: poner un hombre en la Luna.

Tanto como nos gusta compartir las medallas (fue una aventura financiada netamente por los EE.UU. aunque solemos hablar de ello como un logro ‘de la humanidad’ – algo a lo que tampoco me apetece renunciar dada la belleza de ese concepto), nos gusta también recordar un solo nombre: Neil Armstrong.

Neil, en una de las pocas fotos en las que se le caza sonriendo de oreja a oreja. En este caso, después de completar con éxito una misión. Acababa de caminar sobre la Luna.

Alguien a quien se le recuerda por su inmensa templanza y tranquilidad frente a situaciones tensas (apenas se le aceleró el pulso cuando solo le quedaban 25 segundos de combustible para no estrellarse contra la superficie lunar), así como huidizo de cámaras y autógrafos, que rechazaba su papel de estrella, y por encima de todo, humilde:  siempre insistía en recordar que él era solo uno más dentro de un gigantesco equipo.

Y sin embargo, su nombre quedará para siempre esa pléyade de nombres que se enseñan en las escuelas de primaria, junto a nombres como Colón, Magallanes o Amundsen.

Pues el hecho de que fuese Armstrong el primero se trataba de un hecho casi aleatorio. Pudo haber sido Buzz Aldrin. O ninguno de los dos, si hubiese fallado aquel Apolo 11. Coincido por lo tanto con lo que él mismo sostenía: es injusto olvidarse no solo de los otros 10 hombres que también pisaron la Luna, o a esos otros -pocos- astronautas que también abrieron ese camino (y que incluso perdieron sus vidas), sino a -tantos- ingenieros, científicos, administradores… hasta medio millón de personas que en el momento en el que el programa Apolo tenía su mayor extensión trabajaban en la NASA o en empresas subcontratadas, que consiguieron, entre todos, ese gran logro, ese pequeño paso para un hombre y gran salto para la humanidad.

Y sin embargo no lo hemos vuelto a hacer. Hace cuarenta años que no salimos de la Tierra. Y la gente que sabe como hacerlo se nos está yendo. Está desapareciendo una generación de pioneros que va a desaparecer sin ver como nadie recoge su testigo. Personas con unos conocimientos únicos, conocimientos que no se adquieren en los libros de texto o en la universidad, conocimientos que no solo costaron dinero adquirir, sino una cantidad de trabajo, esfuerzo y sobre todo talento enormes. Mucha gente se pregunta cómo fueron capaces de ir hace cuarenta años, cuando lo que yo me pregunto es si sabríamos ahora volver a hacerlo.

 

«Recuerdo que un día alguien me dijo: «¿Sabes que Neil tuvo que ejectar del vehículo de entrenamiento de alunizaje esta mañana?» Yo dije que era imposible, pero ellos dijeron que era cierto. Así que fui a preguntarle y estaba como si nada: «Dicen que saltaste en paracaídas del vehículo por la mañana» y él dijo «Sí». Fue todo lo que dijo. ¡¡Estuvo a punto de morir, y sólo dijo eso!!»

Alan Bean

 

Pero ahí estaba Neil, él y sus nervios de acero. Astronauta. Uso esta palabra porque la considero el mejor de los cumplidos, lo mejor a lo que puede aspirar una persona. Perteneciente a la élite entre la élite, y con el valor necesario para montarse encima de un artilugio relleno de miles de toneladas de explosivos. Todo por alcanzar un sueño: llegar a donde nadie ha llegado nunca.

 

Neil, contigo se va otro, el primero que caminó sobre otro mundo, otro de esta generación de personas únicas, de héroes, de gigantes.

Hasta siempre, y gracias. En las estrellas estés.

 

«In The Shadow of the Moon» (2006)
Aunque Neil Armstrong no aparece entrevistado, sus compañeros, ancianos todos, comparten sus experiencias y recuerdos sobre aquellas misiones, sobre cómo era caminar sobre la Luna, y toda aquella época. Todo ello acompañado con bellas imágenes y música. Documental tan sobrecogedor como imprescindible.

 

 

A propósito de Cecilia Gimenez y el Ecce Homo de la iglesia de Borja.

Es que si no digo algo reviento.

La comisión investigadora (que incluye a agentes de la NASA y del KGB) ha hecho publicas sus primeras conclusiones, entre las que destaca esta reconstrucción aproximada de los hechos.

No, ahora en serio, quería apuntar algunas cosas sobre el fenómeno del momento, que no es otro que el destrozo (que es lo que es) del Ecce Homo de la Iglesia de Borja.

Supongo que cada uno teníamos nuestras teorías los primeros días, y pero supongo que a mi me ha pasado igual que muchos otros: al descubrir que la ‘perpetradora’ no era más que una vulnerable anciana octogenaria, Cecilia Gimenez, no podemos sentir otra cosa que simpatía por ella. En mi caso porque me recuerda a las abuelicas que hay mi pueblo, que al igual que en toda España, que se sientan a tomar el fresco y a mirar los coches pasar, y soy incapaz hacer cualquier comentario mínimamente cruel o dañino hacia ella. Porque Cecilia se trata de una anciana, vulnerable e incluso inocente, igual que si ese destrozo, hubiera sido obra de un niño o de un deficiente mental. Que por cierto eran mis otras dos opciones para explicar el destrozo.

Y si la obra original carece de importancia, entonces todo esto carece de importancia. Pero si tienen que haber críticas, estas deberían para otras personas, pues fue Cecilia la que actuó, por amor y con la mejor de las intenciones, frente a la negligencia y dejadez de otros que deberían de haber actuado de una forma más responsable.  Pero eso lo dejo para el final.

(…)

A lo que voy: y eso solo un comentario técnico, es que si hay algo que encuentro especialmente fascinante es que Cecilia demuestra tener conocimientos elementales de de la teoria del color. Conocimientos de de las mezclas de pintura, de como conseguir cierto matiz. Sé que parece una tontería, pero lo digo porque creo que conviene recordar que mucha gente ni es capaz de recordar que azul y amarillo dan verde, o que amarillo y rojo da naranja. Saber mezclar los colores demuestra un mínimo de talento, un mínimo de capacidad, y dado que Cecilia en su reconstrucción clava razonablemente bien los colores del original, eso demuestra que ciertamente era aficionada a la pintura y que tiene algo de rodaje a sus espaldas, lo que aun hace infinitamente más chocante lo que ha hecho.

Lo increible, supongo, es que puesto en una escala del 1 al 4, es que aparentemente, Cecilia no esta reproduciendo la obra original de memoria. Ni tan siquiera copiando. Ni tan siquiera calcando. Es que estaba, suponemos, directamente rellenando huecos. Supongo que eso es lo que nos parece fascinante, pues nos cuesta entender como se pueden unir ambos extremos, nos cuesta concebir como podemos ir de fiambrera a tupperware de la obra original a la tristemente deformada obra, ya casi original, de Cecilia. Obra, eso si, que mientras algunos sinvergüenzas no dudan en compararla con ‘El Grito de Munch, para mi cae en las profundidades del valle inquietante.

*(Por sinvergüenzas, me refiero por ejemplo al que ha escrito esta reclamación, pues aunque estoy de acuerdo con el hecho en si de conservar la pintura, las comparaciones que hace con grandes de la pintura me parecen, como poco, de una ironía de muy mal gusto)

Pero busquemosle una explicación sencilla y razonable, y es que pienso que tal vez se nos omite el estado real en el que se encontraba el fresco inmediatamente antes del destrozo, tal vez mucho más deteriorado de como nos lo muestran los medios, y por lo tanto, carentes de referencias. Y esto aun diría más sobre la negligencia en cuanto a una restauración responsable de la obra. Al parecer la referencia que usaba Cecilia era una foto de hace 10 años, lo cual, al menos desde un punto de vista técnico (insisto), me ayudaría personalmente a entender mejor dicho despropósito.

(…)

En cualquier caso, todo esto es irrelevante, para lo que quiero decir, mejor lo ha dicho ya  David en su facebook (pues él si que ha estudiado Bellas Artes):

«Pues bien, aqui no se trata de cecilia, ni del cura, ni de que en este pais siempre se encarguen las cosas a dedo y no al mas cualificado. Para mi esto es, simplemente una falta de respeto al arte y a los que han pasado tantos años estudiando el noble arte de la restauración, que entienden de química, de pigmentos, de pinceladas, de historia, y de tantas otras cosas necesarias para hacer bien este díficil trabajo… los que hemos estudiado bellas artes lo sabemos bien. y para mi, eso es lo realmente vergonzoso.»

 

Totalmente de acuerdo, nada que añadir al respecto.

Islandia. Apuntes.

Ayer por la tarde me crucé con mi primo. Suele andar o bien cerca de su nave industrial, o bien en las obras de su nueva casa, y paso por delante en estos paseos veraniegos que me pego cada tarde para ir a la piscina.
Es la primera vez que lo veo desde que volví del viaje, así que me pregunta, ‘¿Qué tal?’
Y le respondo: ‘Psche… bueno, no sé… espectacular’. Él se echa a reir y dice: ‘Vaya, que ni bien ni mal: Espectacular’.

Esta tonta anécdota me sirve para introducir y resumir dos puntos clave. Y es que ese ‘psche, no sé’ que le dije a mi primo no era tanto una duda sin resolver que yo tuviera, sino más bien un ‘a ver por donde empiezo’. Y el ‘espectacular’ que salió a continuación por mi boca no era para contrarrestar las vacías palabras que acababa de soltar, sino la única, auténtica y certera verdad del viaje: Islandia ES espectacular.

Geysir

Geysir. El primero, el original, aquel que da nombre a todos los de su clase…

*Antes de seguir más me vale claro dejar de que va todo esto, para los despistados: he estado cinco días en Islandia. Si, a tomar por culo. Prosigamos, ya entraré en detalles.

(…)

Lo mismo decís ‘Uy que fuerte empieza… Espectacular dice… no habrá sido para tanto‘.

A ver. Puede pasar una cosa. Que sencillamente no te guste ese rollo. Hay gente que es más de visitar monumentos y ciudades, o aquello de conocer culturas y gentes. O que le vaya más el rollo del sol y playa. Muy bien, oye. Pero, y sin que necesariamente entre en conflicto con lo anterior, si te gusta la vastedad, los grandes paisajes, las vistas espectaculares, y la pureza de la naturaleza cruda, Islandia es el lugar. Es única. Es imposible que decepcione. Y lo digo con propiedad, porque esto también es cierto, nos ha puesto a prueba.

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Prometheus. Flojilla, eh, flojilla.

(Nota: nivel de spoilers medio)

Lo siento en el alma, porque le tenía ganas (y más, después de no sé cuantos meses navegando por Internet con miedo a destriparme algo crítico), porque me gustaría que me hubiese gustado, pero las cosas como son, y es que nunca me había llevado un chasco como este. Me refiero un hype tan grande, y que realmente esta no acabe estando a la altura de las circunstancias. Lo mismo es la edad (la mía), o lo mismo es que esta película tal vez si es una mierda pinchá en un palo. Sea una razón o sea la otra, Prometheus, el retorno de Ridley Scott a la ciencia ficción y la franquicia de su obra maestra, es floja. Floja, flojilla.

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