Están pasando cosas. 6 meses de sopor seguidas de unas semanas de intenso pavor (por definirlo de algún modo, en verdad ni hay miedo ni pavor ni nada, pero es por parafrasear a Tom Hanks en Apolo 13 ya que esa frase me hace gracia).
A lo que voy, estas últimas semanas están siendo moviditas. Moviditas para bien, cuidado, todo se reduce a que estoy trabajando y esto esta siendo un buen viaje, figurada y literalmente. En el anterior post ya dije que sobre esto quiero escribir con calma, con un mínimo reposo y perspectiva, y eso solo el tiempo (y las cosas que aún tienen que ocurrir) lo dará. Ahora mismo estoy sencillamente viviendo, algo acelerado pero aún en la zona de confort, afortunadamente, sin lo que se dice agobios.
Con todo, tengo ganas de escribir sobre algo. Lamento durante toda la semana llegar a casa sin energías ni demasiado tiempo como para hacer algo creativo (desde que trabajo me apetece más que nunca dibujar, ilustrar, animar, hacer cosas en 3D, en resumen, crear; todo lo pienso mientras estoy allí, mientras que al llegar a casa solo pienso en comer en caliente y dormir), mientras que la realidad es que en el fin de semana no solo sigo estando ocupado, sino que el rato libre que no me estoy tocando los huevos acabo volcando mi creatividad en lo más sencillo e inmediato: retocar fotografías (que sigo sin siquiera subir a ningún sitio), y ¡hey! ¡escribir!.
Blog, espero estar de vuelta. Por cierto señor blog, ¿de qué quiere hablar usted hoy?
A ver que os parece el tema: conducir en Reino Unido.

¡¡Oh!! ¡¡¡¡Ooohhhh!!!! ¡¡¡Conducir por la izquierda!!! ¿¿ Y cuántos camiones te has comido ya de frente, Rufo??
Por fortuna, 0,0. Aunque algún bordillo si que ha caído ;)
Pues si, el tema es este. Mi trabajo está a 50 km de Birmingham, donde aún vivo. Es un contrato por dos meses, en un lugar literalmente en mitad del bosque (es si, un lugar muy bonito) donde el transporte público es nefasto (depender de él me supondría unas 5,5 horas diarias, cosa que sufrí los tres primeros días), y donde no existen para alquilar más que casas sin amueblar y con contrato mínimo de 6 meses. He explorado las opciones, y os lo aseguro, la más inmediatamente viable es alquilar un coche por el momento, y luego ya iremos viendo.
Y si, sé que alquilar un coche parece una locura, pero una locura que por fortuna puedo asumir temporalmente. Me permite la flexibilidad de dejarlo en cualquier momento (la opción de mudarme, con todo, sigue siendo estudiada), en vez de él a mi, como podría pasar si decido comprarme una chatarra de 1000 libras con más necesidad de mantenimiento que el Halcon Milenario. Y al final, tampoco penséis que es excesivamente caro alquilar un coche pequeño, tipo VW Polo o Peugeot 208: 370 libras al mes, precio final. Asumible.
A lo que voy: ¿Se hace raro conducir en Reino Unido? Si, y no.
Raro, porque sencillamente aún me resulta raro el hecho en si de conducir: apenas llevo un año con carnet (¿recordais?), tanto es así que sin duda llevo ya en tres semanas más distancia hecha en Reino Unido que en España. Y como desde que me saqué el carnet no es que me haya hartado de conducir (quitando los kilómetros islandeses, que es por cierto otra historia que sigo sin haber acabado de contar), no fueron pocas las veces que se me caló el coche, o que el embrague empezó a oler (bastante mal) por abusar de él… por cosas tan inteligentes como querer arrancar en tercera (si), o por lidiar con los atascos y el tráfico de una ciudad grande como Birmingham, que es sencillamente una puta mierda. Y si, también los primeros días me pitaron unas cuantas veces, y como dije, me comí algún bordillo. Con todo, nada dramático, ningún susto ni incidente.
(…)
Respondiendo ya a la pregunta que os venís haciendo desde el principio, ¿y lo de conducir por la izquierda, qué?
Pues fácil, se hace una cosa sorprendemente natural: sigues el trafico, sigues las señales, sigues las calzadas. La cosa que más temible parecía (las rotondas) es en verdad la que menos, ya que uno sigue sencillamente el flujo; y de hecho la cosa que más trampa tiene es callejear, porque sin trafico ni claves inmediatas si te puede resurgir el reflejo de tirar al right side de la calzada.
Hablemos entonces de por qué si es fácil. Ni siquiera voy a hacer la concesión de decir que en UK son más civilizados, superiores, o avanzados: en España es que sencillamente somos animales. Vale que España no es la India, pero por comparación, sigue siendo la puta ley de la selva. En su día supe que hacía bien aprendiendo a conducir lidiando con el tráfico de una ciudad como Málaga, en vez de con el provinciano tráfico de Úbeda, y mi decisión se prueba correcta: cualquiera que coja a diario una rotonda como esta, que mi profesor no dudaba en clasificar como la más salvaje de Málaga y clara demostración de que más carriles solo añaden más caos, sabe a qué me refiero.

La prueba definitiva de Dios es un cachondo
El hecho es que vivo a unos cientos de metros de la originalmente conocida como Spaghetti Junction (en la foto superior comprobáis lo apropiadísimo del nombre), que tengo que tomar a diario; y aún, ni el primer día, he sudado una sola gota cada vez que tengo que atacar la rotonda que veis en la esquina inferior de la imagen. El tráfico puede que sea lento, pero es también civilizado. Como en todas partes, también hay gilipollas, que no respetan la distancia de seguridad y cosas por el estilo, pero sin duda menos que en España. Y si, me tengo que comer alrededor de 10-15 minutos de retenciones tanto para entrar como para salir de Birmingham; pero cuando llego a la hora de la verdad, a esa rotonda, cada uno se planta a la velocidad adecuada y sin agobios en su carril, coloreado y señalado desde el principio, y que está pintado en espiral desde el interior para acabar desembocando en la salida que quieres desde el principio. ¿Sencillo, verdad? Si, las rotondas, y no me refiero ya solo al tráfico, es una cosa en la que los británicos tienen bien pensadas: punto para ellos.
(…)
Dicho esto, ¿que hay de lo demás? Hago un trayecto bastante completo y variado todos los días: lidio con el trafico de una gran ciudad, con semáforos, rotondas y kilómetros de retenciones; otros tantos de autovía, y finalmente un tramo de carretera comarcal llena de curvas, cambios de rasante, subidas, bajadas, y zonas urbanas y campo abierto. Lo dicho, completito.
En tres semanas, he notado mucho como me he soltado al volante. Como ya dije, al principio aun se me calaba, abusaba del embrague, me comía bordillos… Ya no me pasa. Me siento más cómodo, y el que hayan tenido que ser coches distintos casi cada semana, gasolina y diesel, también ha tenido que ver.
¿Es difícil conducir? No. Es tedioso. Qué voy a decir que no sepáis: requiere no solo no apartar los ojos sino no apartar la mente de la carretera. Soy una persona que disfruta siendo pasajero y mirando el paisaje: es preciosa la campiña inglesa algunas mañanas cuando le da el sol; y a eso me refiero, porque ojalá pudiera quedarme embobado mirándola.
Y con todo, conducir no es la parte jodida: lo jodido es circular. Convivir. Formar parte de una comunidad idealmente civilizada en la que los otros habitantes son también personas, como tú, al volante de una masa de metal de una tonelada y que acumula suficiente energía cinética como para potencialmente acabar con la vida de cuantos vayan dentro. Algo muy serio, y que al contrario que muchos conductores, me siento más cómodo dejando esa responsabilidad en terceros. Una experiencia que me sirve para reafirmarme en mi preferencia por el transporte público, y especialmente, los trenes, pero de eso hablamos otro día.
(…)
Porque quiero cerrar volviendo a hablar de ese último tramo de carretera comarcal. Ese es con mucha diferencia el tramo que más disfruto, si es que no el único. Lo disfruto porque está en el punto dulce, desafiante en la justa medida; ni aburre, ni estresa: divierte. Ese juego de marchas, de pedales, de volante… ¡Es como un videojuego! A ver, ya me gustaría a mi que fuese un puto videojuego de rally (el genero de conducción que siempre he disfrutado más), ¡pudiendo estrellar el coche y que no pasase nada!, pero a cambio tiene otra cosa me he sorprendido disfrutando mucho: las sensaciones: cómo me pego al asiento cuando acelero, cómo me desplazo a un lado y a otro por la fuerza centrífuga en las curvas, o se me hace el vacío en el estomago (no mucho, no es cosa de ir follaos) en los cambios de rasante. Esas sensaciones me acompañan todo el día y mi cuerpo las recuerda aún cuando se van a la cama.
Y cada noche, me acuerdo de esta curva en concreto, que es una puta metáfora de mi vida en este preciso momento: una montaña rusa, con fuerzas que tiran de mi en distintos sentidos mientras sujeto fuerte el volante para no salirme del camino, un camino que se curva pero que sé que me lleva a buen destino, aunque no me deja ver mas que unas decenas de metros delante mio, ocultándome y guardándome como una sorpresa para la que debo estar preparado, lo que aún esta por venir.
Y joder, me encanta.