La parsimonia

Esta es tan solo una anécdota sobre el Autumn Break que no he sabido donde meter. Fue que una de las veces, perdí a los míos en el metro de Londres. Y ellos se asustaron más que yo.

Os cuento: a lo largo de todo el viaje he tomado la fama de ir siempre el último. Eso siempre ha sido así, claro, y ya lo sé yo, igual que lo sabe mi familia, mis amigos de Málaga… y que ahora lo saben ellos: que soy un tranquilo del carajo. Pero nunca (y son ellos los que me lo han dicho) he hecho esperar a nadie (al menos este viaje, eh, no os echéis al cuello tan pronto xD).

La Parsimonia

Que me gusta esta foto, ea, es la tercera vez que la uso

Por un lado, es verdad, me gusta ir a mi ritmo, y por otro, el tema echar fotos siempre retrasa. Además, no me gusta ir a la cabeza del pelotón, y para terminar, el coche escoba, de por si, tiene una función, y la mía era la de esperar y recoger a los otros rezagados. Si me veían, sabían que nadie iba detrás mía, y la gente se queda tranquila. A pesar de todo, rara vez los perdía de vista, y de vez en cuando y siempre que hacía falta (esto obviamente no lo veían, así que tendréis que creerme cuando os lo digo) echaba un sprint para alcanzarles. A pesar de como tenía los pies al final del viaje, pero lo echaba. Aunque pocas veces hacía falta ese sprint, claro: a estas alturas, sé aprovechar un paso de cebra para alcanzarles, o que se han equivocado de camino y dan la vuelta, o que se paran a mirar algo… Yo a lo mio no le llamo tranquilidad, sino eficiencia energética Pero no estamos aquí para hablar de eso. Aquella vez del metro no funcionó.

Aquella vez ni siquiera iba rezagado, aunque, es cierto, yo iba el último del pelotón. Aquella vez íbamos todos juntos en una piña, aquella vez. Y aquella vez, el metro estaba lleno. Entraron todos, todos menos yo. Y efectivamente, me quedé solo (o ellos, depende de como se mire… :P)
Y cuando vieron que me quedaba fuera, ¡entonces se pusieron histéricos! –¡Que Rufo se queda fuera! ¡Que Rufo se queda fuera! (o eso me apetece imaginar xDD, reconozco que hay un poco de fantasía en la reconstrucción). Pero yo solo hice un calmado gesto con las manos que entendieron a la perfección: ‘Bajaos en la próxima’.

(…)

Lo más gracioso de todo, es que en mi cabeza, 30 segundos antes, venía andando y pensando:

‘Si alguno se perdiera en el metro, habría que desarrollar algún ‘protocolo’… como por ejemplo hacer que los adelantados se bajasen en la próxima parada’…

Quién me diría que medio minuto más tarde tendría que ponerlo en práctica: ni me había dado tiempo de comentarlo con nadie.

Pero en fin, salió bien, entre otras cosas porque aquella vez sabía donde íbamos (íbamos a Notting Hill: otras veces nos hemos puesto a andar sin, al menos yo, tener ni puta idea de adonde nos dirigíamos), y porque no había posibilidad de confusión posible, pues a aquella parada solo correspondía a una línea de metro. Y me monté en el siguiente coche, y ni me tuve que bajar: allí estaban ellos esperandome, incluso mi puerta se paró frente a ellos, ni hizo falta que bajase…

No hubo muchos incidentes más: Noel por ejemplo se quedo encerrado en el tren, a ultimísima hora, justo cuando volvimos a Horsens, pero es que aquella vez fuimos todos unos pamplinas que no empezamos a coger las maletas hasta que se paró el tren. Obviamente el maquinista no esperó a que bajasemos, y Noel tuvo que ir hasta la siguiente parada y volver. Digamos que ese fue el incidente más negativo del viaje (otro fue que una de las veces Jose Luis tuvo que pagar 32€ de más por colarse de peso en el avión, pero que uno de nosotros pagase, en un vuelo de cinco, cuando casi todos rebasábamos el límite, lo llamaría muy buena suerte), pero visto globalmente, nos salió todo de puta madre. Y en el Interrail, lo mismo: nada grave que lamentar, ni siquiera anecdótico. A estas cosas habría que llamarlas anti-Murphy. De prepararlo todo al milímetro, fijo que algo sale mal…, pero hay veces que mientras menos preparas las cosas, más suerte parece que tienes, pues claramente dependes de ella: la estas tentando…

L’Aubergue Espagnole

Literalmente. Literalmente. Literalmente…Una_casa_de_locos-334511386-large
L’aubergue espagnole (literalmente, un albergue español) es una expresión francesa para definir un lugar caótico, abarrotado de gente.
Ese nombre usó Cédric Klapisch en 2002 para su película, en la que narra como un estudiante frances se viene a Barcelona a pasar unos meses de intercambio bajo el programa Erasmus. El chaval acaba compartiendo piso de la zona antigua donde convivirá con un italiano, un alemán, una inglesa, una belga, un danés y una española. Un puto caos.
Si nos ponemos serios con la película, supongo que los críticos la calificarían como una nadería, superficial, tópica, que juega en la escuálida liga europea equivalente a la de las comedias de adolescentes de preuniversitarios americanos. Solo se realimenta de los tópicos de cada país (los alemanes muy ordenados, los italianos muy desordenados, los españoles muy orgullosos…) sin investigar mucho las profundidades de cada personaje, unos estúpidos gorrones, aspirantes a trasnochados bohemios de última categoría, chupando ese dinero de la Unión Europea que tan bien podría aprovecharse en otros sitios. Una comedia ligera y de consumo rápido que sin embargo fue un tremendo éxito en Francia y que ha alcanzado la categoría de pequeña película de culto. ¿Qué tiene entonces?

Pues sencillamente reflejar a la perfección una situación que quien la haya vivido la reconocerá instantaneamente. ¿Yo la he vivido? No, copón, estoy recién empezando a vivirla. Pero, a ver, bien se puede decir que es en una Erasmus donde se cristaliza la actitud que cada uno ha tenido a lo largo de su etapa de estudios, donde se destapa el verdadero ser de cada uno, sin padres ni muchos viejos conocidos a la vista. Yo en mis dos primeros años de carrera viví en una residencia de estudiantes en Málaga, donde conocí a algunos de los mejores amigos que se puede tener y que sigo teniendo (y ni siquiera soy el único de ese ya antiguo círculo que se ha venido a Dinamarca). El caso es que cuando vi hace unos años la película, mucho antes de saber que yo me iría también a estudiar fuera, reconocí a la perfección todos los patrones de comportamiento. Una mini-erasmus fue aquella vez en Málaga: estudiantes de toda Andalucía menos de la propia ciudad, horas muertas en la sala de televisión, jugando a las cartas, o a la Play, al Colin McRae 2, al Mafia, al Need for Speed Underground o al GTA 3… eso cuando no estábamos de botellón, o hirviendo espaguetis al microondas o comiendo sandwich de atún, o simplemente haciendo el pollas,  y siempre estrujando al máximo el ingenio para buscar cualquier forma de no estudiar, (y a pesar de todo aprobando, las marías, si, pero aprobando, tomando una nefasta confianza, ingenuos de la debacle que después llegaría). Pero la ecuación es muy sencilla, es la frase que más vengo escuchando desde hace muchos años, y aquí por supuesto no iba a ser menos: Dios los cría y ellos se juntan.

¿Quién ha dicho que los estudiantes seamos gente inteligente, responsable, admirable? ¿Quién ha dicho que Hannibal Lecter seguramente no suspira por nuestros hígados?¿Quien ha dicho que las becas Erasmus no están haciendo mucho más por construir Europa que cualquier otra política? Eso la película lo clava prácticamente como ninguna otra, eso es lo que tiene.

(…)

¿Qué como estoy? Pues nada, muy bien, un viaje muy largo pero sin incidentes. Dejé mi casa el sábado por la tarde, fuí en tren a hacer noche en Málaga, el avión salía muy temprano el domingo, y de nuevo desde Copenhague otro tren hasta Horsens, donde finalmente vivo; no llegué a mi residencia hasta el domingo por la noche; es decir, por fasciculos, el viaje fueron 10 horas. Si alguien me pregunta por Copenhague: muy bonita la estación de tren, si ;).

Aunque he visto un poco de Horsens, todavía no me he paseado tranquilo a verla, pero tampoco tiene pinta de tener mucho por visitar: una sencilla y pequeña ciudad donde la vida en las calles acaba a las 5 (aunque hoy y mañana hay una feria medieval, lo más gordo que pasa aquí en todo el año al parecer). Ya me he asentado; aunque no he desecho del todo las maletas si he empezado a decorar mi cuarto, y también me he gastado un buen pastón en las mierdecillas que necesitaba el piso/cuarto (que compartimos entre tres, dentro a su vez de la residencia): cortinas para la ducha, cubos para basura, etc.

En la universidad esta semana solo hemos tenido presentaciones, un examen de inglés, y eso si, bastante papeleo y caos; las clases no empiezan hasta el lunes. Ya me he agenciado una bicicleta (aquí, bici a saco), y previsiblemente iremos en breve al Ikea de Aarhus a agenciarnos más cosillas.

¿Y la gente? Pues, atiende: en mi carrera la mitad somos españoles. Un cachondeo. Suena muy fea la palabra ‘demasiados’ pero creo que se puede decir sin que nadie se moleste: somos demasiados españoles. Hasta creo que el resto (rumanos, lituanos y franceses, segun he sondeado hasta el momento, conforman la mayoría de la otra parte) se sienten intimidados ante tal invasión ibérica. Tan solo el primer día de presentaciones me acerqué a un corro donde conocía ya a un par y al presentarnos empiezo a preguntar de donde eran: -Málaga. -Málaga. -Málaga. -Badajoz. -Málaga. -Madrid. -Málaga. -Málaga. -Barcelona. -Valencia. -Málaga. ¿Esto que pollas es? El caso es que en una de las fiestas (¿hace falta decir que llevo cinco noches aquí y en las cinco ha habido fiesta?) me vi hablando con un grupo de 5 españoles y un francés, hablando en ingles, para darnos cuenta que nos acercabamos al frances para autoobligarnos entre todos a practicar ingles… Esto es el verdadero albergue español…

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Todos españoles en esta foto (siendo los que estamos, ni de lejos
estamos todos los que semos), camino de un botellón en la universidad.

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Insisto, botellon EN la universidad.
Haciendo la conga en la misma cantina donde comemos todos los días…

De hecho, nada más llegar la primera noche, me metí en un cuarto con otras veintipico personas justo a ver L’Aubergue Espagnole. Y hombre, yo porque ya la he visto 3 o 4 veces, pero la gracia está creo mucho más en verla cuando nos conozcamos y llevemos unos meses – copón, no voy a decir que me sienta mayor, pero también hay aquí mucho pipiolo, mucha gente que ni siquiera ha salido nunca de su casa, jajaja, para ellos esto si que debe ser una experiencia, y ver el primer día la película, lo mismo es pisar un poco el chiste, por aquello de crear expectativas. Pero vaya, nada difícil de arreglar :D

Nada gente, nos iremos leyendo.

Inmortales


Nota: para una vez que hablo de futbol, me voy a explayar :D

(…)

…y cuando ganamos la Eurocopa se decía ‘tenemos un equipo joven al que solo le queda ganar experiencia, dentro de dos años, a por el Mundial

La de cosas que se dicen xD

Eso pensaba yo, también sin entender mucho de fútbol. Y luego perdimos contra Suiza y agriamente nos reíamos de Zidane… es inevitable pensar que algo de razón tenía.

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Inmortales. Tal vez suena muy pretencioso, excesivo, aunque me quise imaginar que lo mismo algún periódico apostaría por este titular, pero todos han apostado por frases más conservadoras e ‘informativas’: Campeones del Mundo. Un titular demasiado épico, quizás, ya que no hemos ganado por goleada, aunque nos lo hemos merecido no nos hemos impuesto, sino que lo hemos conseguido de forma angustiosa, dura, en el último minuto, rascando gol a gol con martillo de gemas. Pero sabéis a que me refiero. Ya desde pequeños nunca nos han parado de narrar aquel gol de Zarra frente a la selección inglesa en los mundiales del ’50, una época en la que aquello solo se escuchaba por radio, cuando a la vuelta al aeropuerto los jugadores eran recibidos por seis o siete personas. Otros nombre se olvidarán, otras alineaciones, otras selecciones, pero nunca nadie olvidará a Casillas, a Villa, a Puyol, a Xavi, a Ramos, a Torres, a Reina, a Xavi Alonso, a Cesc, a Piqué… a Del Bosque… y desde luego a Iniesta. ¿Alguien de esta generación y de las siguientes olvidará estos nombres? ¿No nos encargaremos de repetirlo, de contárselo a nuestros hijos y nietos?

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El pasado domingo millones de personas en España y en el mundo estaban frente al televisor y otros tantos millones frente a pantallas en la calle instaladas por ayuntamientos, viviendo un acontecimiento único, esperamos que no irrepetible, pero inigualable: ver a la Selección Española ganar por primera vez un Mundial de Fútbol. Y yo estuve allí, en Madrid, en Colón, con un calor y sobre todo una sed inenarrables, viviendo esa energía, ese evento único, imposible encontrar algo parecido, capaz de generar tanta felicidad, en tanta gente, al mismo tiempo.

Pero vaya ¿qué pintaba yo allí, si no soy nada futbolero? Sigue leyendo

Y ahora ¿qué?

Ya he recibido el último papel que necesitaba, la carta de admisión, ara ya si, salvo catástrofe, me voy de Erasmus. Ayer hice no el último examen de mi carrera, pero casi. Me quedan tres dos asignaturas y me han comentado la posibilidad de hacer los examenes que me queden desde allí, coordinando la hora, recibiendo el examen por fax/email y con un profesor vigilandome, una interesantísima alternativa y alivio para el bolsillo, ahorrandome el ir-venir, volver a matricularme… etc. Si hubiera llegado a esa situación, hubiera sido mi décimo año de carrera. Undécimo contando el año estudiando matriculado en Informática de Gestión. Toda la gente de mi edad que conozco de antes de irme a estudiar, acabaron el más tardío hace años sus estudios. Pero lo más escandaloso, es que incluso los que han estudiado conmigo empiezan a acabar, nuestra esperanza de vida media estudiando (sobre 7-8 años) se está viendo cumplida (hasta cinco amigos han presentado su proyecto/acabado este año).

Cumplo en ya 27 años. No tengo ninguna experiencia laboral. España está en crisis, eso dicen, y dado que para conseguir el título en Dinamarca me piden hacer 5 meses de prácticas, no descarto para nada no solo hacerlas allí sino quedarme allí indefinitely si la cosa no me desagrada. Así está el tema.

¿Donde está la incognita? Nada, tampoco hay muchas. Seguir estudiando, seguir pa’lante, lo que surga, sin planes muy claros. Nunca ha habido planes claros, la verdad. La carrera ya está casi acabada, lo que ya es muuucho decir (con la de años sin ver luz al final del tunel…). Y ni siquiera es todavía el momento de ese ‘y ahora ¿qué?‘ que te debes preguntar cuando acabes de estudiar, si es que no te lo has preguntado antes, un camino que has tomado sin plantearte tampoco muy profundamente por qué. «Porque lo hace todo el mundo». «Porque sin carrera no vas a ningun lado». Venga, vale. Oye, voy a echarme otra copa, a ver si veo otra cara que no sea la tuya.

Precisamente al escribir esto vengo de una moraga. Hace unos días discutía sobre lo que hemos de lamentar no tener apenas amigos en nuestra misma carrera, gente a quien pedir apuntes, a quien pedir las prácticas para copiarlas, a quien  preguntar para saber como corrigen los profesores o como suelen hacer los exámenes de otros años… Consecuencia, obviamente, de ir a clase menos de lo esperable/deseable, no hay disculpa por ahí. En la moraga he estado saludando a gente que conozco de vista desde hace años, y nunca había encartado presentarme (los habituales ya sabéis que no soy tampoco el colmo de la sociabilidad), gente a la que saludo y hablo por primera y sobre todo, probablemente por última vez. Chavales amables y con los que bien hubiera compartido repetidas veces una cerveza (curioso que esta noche ha estado plagada de abrazos, exhaltación de la amistad, lo típico), y más dolorosamente, niñas muy guapas (en mi ingeniería hay bastantes tías, dicho sea de paso) en las que incontables veces he detenido la mirada y a las que nunca había osado presentarme. Claro, claro que me suena tu cara, ¿como te ha salido estructuras?¿Ah, que eres de Almería? pues si, he estado allí un puñao de veces, tengo bastantes amigos de allí… No sé, me ha parecido terriblemente irónico, una cruel justicia poética, que me despida de tanta gente a la que conozco de hace tanto tiempo y recién acabo de presentarme…

Y luego los de siempre. A vosotros, ya hablaremos, ya nos veremos, ya vendréis esta tarde a mi piso a ver el España-Alemania (visto se ha!!!), ya me contareis los sanfermines que os vais a pegar (cabrones), ya nos veremos en mitad de verano, ya nos veremos en septiembre cuando venga a coger aquí el avión, ya vendreis a visitarme visitarnos a Denmark (no soy el único del grupo que se va al mismo lugar)…
Ocho años nenes. Ni mejores ni peores. Ocho. Ocho a vuestro lado. Y si, hay cierta frontera que dice que es una etapa y que se ha acabado. ¿Y ahora qué?

Nada gente, estoy nostálgico y también con una rica castaña encima. Que ver como pasa el tiempo es una mierda, y más cuando sientes que no lo acabas de aprovechar, que ves como se te escapa entre los dedos. Han sido ocho años de mucho rascarme el escroto, lo que no es ni muchísimo menos sinónimo de haberlos aprovechado (maldito pepito grillo). Sencillamente me apetecía dejarlo por escrito y compartirlo también con vosotros. Abrazos a todos.

Nota: pasado un tiempo prudencial de 24 horas para publicar esto (efectivamente, lo escribí con una rica castaña encima pero tuve la prudencia de no publicarlo en el momento), lo dicho ha sido publicado sin modificaciones. Lo mejor es que ya hay una buena respuesta a la pregunta primera: ¿y ahora qué? La respuesta está clara: el domingo a Madrid a ver la final todos juntos, los sanfermineros y los que nos hemos quedado aquí abajo y quien se quiera acoplar :D

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SE VA A LIAR PARDA.

Lost, The End. Grande. Y Gracias.

Bueno, aquí va el post que le debo a la serie, la que más y mejores momentos me ha hecho pasar con mucha diferencia. Empezando por que si alguien sigue quejandose de que ‘las grandes preguntas no se han respondido’, puede empezar por los ya famosos post de Pjorge y de Vigalondo, entre tantos muchos otros que he sido incapaz de leerme (¡tengo como una fila de pestañas en el Firefox acumuladas desde hace una semana de artículos con interpretaciones del final, todavía por leer!). No voy a decir nada nuevo ni voy a hacer un mega-analisis chachi piruli, solo voy a volcar mi opinión como suelo hacer, aviso. Adelante pues. Spoiler Alert: magma volcánico, creo que es obvio ;)

(…)

350px-Lost-season1Venía en el post anterior hablando de fe: reconozco que en la quinta temporada de Lost se me hizo bastante difícil de mantenerla. Era lo único que me mantenía ahí, porque lo que es gustarme, la quinta no me gustó mucho. No solo el rollo de los viajes en el tiempo era difícil de seguir, sino que lo más grave, daba la verdadera sensación de que no iban a ninguna parte. Para mi estuvo cerca de saltar el tiburón. Pero al mismo tiempo, y paradójicamente, me decía a mi mismo que todo era la ‘prisa’ de los guionistas por atar cabos y disponer adecuadamente las piezas de cara a una grandiosa y final sexta temporada. Como que no les había dado tiempo a hacerlo antes (con lo lenta que se hizo la segunda temporada…). Yo tenía fe en que todo el cacao que estaban liando debía de tener una verdadera razón, que por algo estaban sacrificando los ritmos, el desarrollo de personajes, el tempo adecuado para resolver grandes misterios y tramas, que se despachaban como quien tira una cascara de naranja (bueno, todos recordamos la burda resolución de uno de los más famosos y primeros misterios de la isla: el oso polar resultó que se había escapado de una jaula de la iniciativa Dharma, y de ello nos enteramos por una conversación en walkie talkie en segundo plano). Pero el tema está ahí: las grandes claves más que menos se han respondido casi todas. Que nadie diga que no, que precisamente desde la misma quinta temporada lo que ha habido ha sido sobredosis de información. Bien que sin grandes fuegos de artificio, pero un paseo por wikilost puede resolver la inmensa mayoría de nuestras dudas, o sencillamente una revisita a toda la serie, que muchos con sumo placer sin duda haremos.

465px-Season2Poster2Y esa es la cuestión de la fe, para mi todo el paseo por la serie ha sido no solo de cariño hacia esta sino de fe, una fe que como ya digo, he de reconocer que se ha visto puesta a prueba. Haciendo un repaso de la serie entera, es muy fácil decir que la primera temporada es la mejor, pero claro, es la de temporada de las ilusiones, de las promesas y sorpresas y la del descubrimiento: era solo el principio, y ya sabemos lo bonitas que son las cosas al principio. Podía ser cualquier cosa. Ahora me parece tan buena como el resto, y lo digo en plan positivo. En la segunda temporada nos empezamos a dar cuenta que la serie se resentía de no tener clara una linea de meta, al menos temporal, y sufrimos el estupor de tener episodios de relleno. La tercera, una vez esclarecida la meta de 2010, volvió a aproximarse al nivel de la primera (al menos así lo pienso). Pero con la cuarta vino el cambio de tercio. A Copépodo por ejemplo no le gustó aquello, y lo comprendo. Aunque se nos regalaron algunos episodios antológicos (‘The Constant’), había menos interés ya en el desarrollo de los personajes, se abandonaron los ‘flashbacks’ que fueron una de las claves de la serie y con ellos un ingrediente elemental y que a muchos nos había enamorado, y se pasaron a los anodinos ‘flashforward’. Para colmo, en la isla se empezaba a montar un cacao… La quinta, como ya decía, me resulto atropellada, carente de ritmo, de suspense, de ‘momentos’, aunque la densidad de información y de cuestiones más o menos resultas por episodio debería de habernos dejado satisfechos, personalmente me daba la sensación de que, irónicamente, se habían quedado sin tiempo ni episodios para resolver todos los hilos que querían resolver. Ya digo que los viajes en el tiempo me parecen desastrosos, y aportaban a mi entender bastante poco. Y es cuando me toca reconocer que en la quinta estuve a punto de tirar la toalla, de declarar y autoconvencerme que a los guionistas se les había ido la pinza del todo. Solo me quedaba la fe. La fe en que realmente seguían sabiendo lo que querían hasta el final, y efectivamente la mantuve. Para mi la sexta temporada ha recuperado lo que importaba. Si, yo era de personajes. Pero ¿y los misterios?

250px-Lost-season3Veréis, ese paseo exhaustivo por wikilost del que hablaba antes solo me lo he dado ahora, en esta última semana. Las cosas claras: soy de ese tipo al que no le gusta pensar mientras estoy frente a la pantalla (aunque a veces sea inevitable), soy de los que piensan que el cine (y claro, la televisión) es de sensaciones y emociones, y uno al ponerse frente a la pantalla, dentro de ese contrato virtual de suspensión de incredulidad que estamos dispuestos a firmar con el guionista/actor/director/productor, está precisamente la voluntad de dejarse llevar, por supuesto sin hacer preguntas. Nunca me ha gustado Aprendí hace mucho tiempo que una película o una serie la disfruto más dejándome tan solo que me sorprenda. ¿Pensar para qué? ¿Para adelantarte al guionista? ¿Es que si adivinas ganas? ¿Si te revientas tú solo el final, ganas qué? ¿¿Una bolsa de chuches??

Cuidado, que no digo no hacer preguntas nunca (empezando por que a veces son ellos quienes rompen el contrato, pero también allá tú con la altura de tu listón): cuando acaba el espectáculo me hincho de hablar, y si ha sido un truño lo que me han vendido, me parto el culo de risa como el que más, y mejor aún con cervezas de por medio, pero en el durante, ya sabéis, me gusta el silencio, tanto externo como interno.

La Isla, tal vez sea fácil y cómodo reconocerlo a toro pasado, pero me la sudaba un poco. Y no significa que no me intrigaran las cosas que tenía La Isla, las propiedades curativas, la naturaleza de su campo magnético, las Dharmas los Hansos y los Otros, el puto oso polar… es solo que no le encuentro placer a elucubrar y descubrir finalmente si mi teoría era cierta, aunque puedo entender que pueda tenerlo. Claro, las intrigas son las que han hecho, entre otras cosas, que esta serie no sea otra Anatomía de Grey…
Y también, mira, me diréis, ‘hombre, con una película solo tienes que esperar dos horas a poder hablar de ella con los colegas, pero esperar seis años a poder comentar Lost’… joer, no es eso, yo comento los episodios ya vistos: insisto que lo que siempre he evitado es elucubrar lo que queda por pasar. Respeto a los que si lo hacen (lo hacéis), como dice Hitler (xD), a los que vivieron la Lost Experience, y en ese sentido, entiendo que el final les haya sentido como una patada en los huevos. Yo hablo por mi, pero, digo yo y lo dejo ahí, ¿hubiera tenido gracia si lo hubieran resuelto todo? Luego sigo por esa rama.

Buenísimo. El mejor de todas las versiones que he visto sobre esta escena de El Hundimiento

250px-Lost-season4Que no me guste elucubrar para mi ha tenido varias consecuencias: la primera, que el final me ha parecido precioso, sin entrar todavía a un mayor análisis. Ya os dije que bien que lloré en las escenas de reencuentro. Que solo por haber conseguido eso, ya tienen, no solo mi aprobado, sino mi bendición y agradecimiento. Pero la segunda consecuencia, y tal vez más importante: no me he montado ninguna película en la cabeza. Con todos los respetos, me quedo perplejo cuando muchas veces escucho eso de que ‘los guionistas nos han traicionado’. Hombre, a ver cuanto de eso te lo han prometido ellos y cuanto te lo has montado tú solo en tu cabeza. Solo lo pregunto, eh. Esto es como las películas de terror: lo mejor es siempre no mostrar, dejar en el aire, porque sea lo que sea lo que se invente el cineasta, el monstruo difícilmente va a encajar con justo-eso-que-es-lo-que-a-ti-más-te-aterroriza-de-la-vida (con la honrosa excepción del Alien, ofcors). Desde este argumento coincidiréis conmigo en que, en ese sentido, es un acierto lo que han hecho los guionistas al dejar tantos otros misterios en el aire, al dejárnoslos en herencia (a Hugo, que ya sabéis que él es nosotros). Porque ahora os toca reconocer a los que The End os ha decepcionado en ese sentido: ¿de verdad os hubiera gustado que se ataran todos los cabos? ¿os dais cuenta de las tristes consecuencias que ello hubiera tenido?

En fin, claro que a una parte de todos nosotros nos hubiera gustado, a botepronto, que lo que Christian Shepard le hubiera dicho a su kiddo hubiera sido una charla en plan pregunta-respuesta-pregunta-respuesta donde se explican todos los misterios ya mencionados, …¡y La Isla en verdad es…! ¿Qué calibre de calzador hubiera hecho falta para meter esa escena en el episodio?. Permitidme decirlo (que si, que a toro pasado es muy fácil, lo sé), pero estaba «claaaaro» que esa escena no iba a existir. Es que «eeeeese» final sencillamente no existe, no es posible su existencia. No solo por razones objetivas, porque había un crescendo y una sobredosis de información y resoluciones en falso imposibles de cerrar adecuadamente; es que además es imposible que nos gustase a todos y a la primera (porque conforme lo entendemos, cada vez nos gusta más). Ese final platónico nunca ha existido ni existirá, igual que no existe en otras series que por razones obvias no voy a mencionar. En el mejor de los cosas todo lo que podíamos esperar es un 42. 250px-S5PosterJode que Jacob y Samuel (sip, por lo visto el Man in Black se llamaba Samuel) no sean pa tanto, que Alpert no haya tenido una resolución más satisfactoria (llegué a creer que cuando el monstruo le hace el placaje en uno de los últimos episodios, ahí nos despedíamos de él), que Lapidus no haya tenido más desarrollo, que Ilana muriera de esa manera (esa tía estaba y está tremenda), en fin, puedo estar así siglos, solo por mencionar cosillas de la última temporada, pero es que esas cosas ni tienen ni estaba pensado que tuvieran respuesta.

Pero ya está, ha sido un final ‘emotivo y de personajes, y eso a mucha gente parece que le ha tocado los huevos. Lo entiendo, si (por las razones ya expuestas) y no. Y no lo entiendo por lo siguiente: ¿no fue eso lo que nos enamoró de la serie?. Ya sabéis, justo el desarrollo de los personajes. Los famosos flashbacks, que fueron una de la seña de identidad de la serie. El mimo puesto en esas tramas. Todo lo que desapareció definitivamente en la tercera temporada y nunca volvió, solo en episodios puntuales. Donde mucha gente dejó de seguirla (aunque el goteo de apóstatas tengo la impresión de que fue más bien gradual y constante a lo largo de todas las temporadas). Coño, es que hemos tenido un pedazo de episodio final, ha sido un verdadero regalo, nos ha tocado la fibra a todos y no ha sido de una forma barata, fácil, ni rastrera. Además, chapeau por todos y cada uno de los actores, aprovecho ahora para decirlo. Creo que lo consigue ese episodio no es fácil y tiene mucho mérito y mucho de preparar el terreno y saber contar una historia, porque solo significa lo que significa después de seis años (¡¡¡SEIS AÑOS!!!) en vilo. Aunque parcialmente si, no ha sido un Resinazo en toda regla, como algunos hubieran deseado (y a esos algunos es a quienes les dedico el post anterior)

(…)

250px-LostSeason6OfficialPosterAhora, el sentido crítico. No, yo no lo apago ¡o al menos no perpetuamente! Yo se reconocer las cosas, tarde a veces, igual que acabé reconociendo que Indy IV es una patata en muchos sentidos (no en los que se la suele criticar) o que Star Trek XI no era tan mala. Reconozco, una semana más tarde, después de todos estos días tristón y tocadete, que el final medio Resines huele un poco a que no han sabido salir del paso de otra manera, que no había forma de verlo venir, que todo el rollo de la ‘realidad’ paralela se lo han sacado de la manga en la última temporada (aunque bueno, ahí tenemos ‘The Constant’), y que toda la bola de nieve se les ha ido un poco de las manos y no han sabido resolver del todo bien la papeleta. Ojo, que no lo desapruebo. Reconozco su no redondez, de la misma forma que me niego a conceder que haya sido una mierda. A mi me ha dejado satisfecho, que creo que es el baremo adecuado. Emocionalmente, muy satisfecho. ¿Racionalmente? pues oiga, tendrá sus defectos, pero creo que arriba ya he dejado claro lo que pienso, asi que así bien se queda. Yo a esta serie le tengo amor, así que aunque no ignoro sus defectos -que tampoco me parecen gravísimos y tocapelotas, como si los hay en Battlestar Galactica, otra de mis series preferidas-, se los perdono encantado.

Pero es que todavía queda la última: es que tampoco soy de finales. También soy más de camino recorrido, oiga. Y no quiero decirlo sonando a ‘quien no se consuela es porque no quiere’. Es que aunque ese final hubiera sido la peste —que no es ni mucho menos lo que pienso—, que me quiten lo bailao. Estos seis, SEIS AÑAZOS (sigh!) han sido un regalo. Desde aquí y desde el corazón, gracias a todos los que habéis participado en la serie por lo que nos habéis regalado, por los momentos que nos habéis hecho pasar y disfrutar, por las consecuencias que puede haber tenido en nuestras vidas, por las conversaciones que hemos luego tenido entre amigos, por un producto ahora acabado que podemos volver a visitar cuando queramos, y por algo que definitivamente nos quedamos y guardamos muy profundo dentro de nosotros. No voy a decir algo tan gordo como ‘ha cambiado mi vida’, pero por ahí andan los tiros, no es algo pequeño y menor dentro de ella, me he llevado mucho. Gracias, de verdad. Han sido seis años maravillosos :)

Ahora que lo pienso, a nivel personal también están siendo para mi ahora el final de muchas cosas. It’s time to move on.

:)