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Bueno, estimados lectores y amigos, con este impresionante atardecer que he capturado esta misma tarde desde mi balcón, a escasos centímetros de donde escribo esto, lo confirmo. Ya es oficial. Me voy. Me voy al Reino Unido, a Birmingham. Esas eran las vistas que me acompañaban mientras compraba el vuelo que ya tengo para el día 24 de este mes 3 de abril.
No creáis por supuesto, que ha sido una decisión tomada de un día para otro: la vista de arriba ha sido la misma que me ha acompañado ininterrumpidamente desde julio del año pasado (y en realidad, desde siempre). Tiempo de sobra, mucho más que de sobra, para tomar esta decisión. Meses en los que he estado a veces muy activo, otras no tanto. Se acabó, toca salir del hoyo.
¿Lo tengo bien preparado? Bueno, todo lo que se puede hacer desde aquí, si. Que no es mucho, dicho sea de paso. Me voy a pelo, sin trabajo ni piso, solo un par de amigos dispuestos a echarme una mano en esos primeros días. Y más allá de eso, la incertidumbre, la aventura. Lancé la cuestión hace unos cuantos meses: por razones personales he estado grounded este tiempo, y ahora que todo vuelve a estar bien, sencillamente ha llegado el momento de salir definitivamente del nido.
¿Por qué a Birmingham? Bueno, es sencillo: es la cuna de la revolución industrial y sigue siendo el núcleo del cinturón de industria e ingeniería en Reino Unido. Ah, y que hablan inglés. Como yo, ‘jate. Entre esto, y que tengo allí a mis mencionados amigos, la decisión estaba bastante cristalina, incluso antes de que realmente la tomase. Seguramente hay muchas mas variables que podría haber considerar infinitamente… mientras me quedaba sentado, y eso, como que no.
Durante estos meses, sin embargo, con la idea con la que más he coqueteado ha sido la irme a Alemania. País que también me gusta bastante. Me gusta el aire, me gusta la gente, su cultura y su historia; y lo peta en ingeniería aún más que UK, mola de cara a tener allí hecho un curriculum, así como una experiencia y un idioma extra. No os lo tengo que vender, lo conocéis perfectamente. De hecho, sigue entrando dentro de mis planes a medio plazo: si no lo es a corto es precisamente porque de momento mi alemán no da ni para entender las ofertas de empleo, cosa que solo he sido capaz de comprender justo cuando finalmente he explorado seriamente la posibilidad de dirigirme a ese país, el país teutón. El país germano. Tudesco. Alamano. Bárbaro. Vándalo. Turingio. Sajón. Suabo. Burgundio. Jutungo. Prusio. Bávaro. Abringio. Querusco. Hermión.
Que no.
Que de momento no me voy a Alemania, era lo que quería decir. De momento.
Volviendo a hablar de UK, hace unas semanas fui a visitar a mi hermana, que trabaja en Brighton, y entre otras cosas me sirvió para a) comprobar el primer día que mi inglés sigue tan ágil como cualquiera de estos individuos, y b) que no es algo que no se solucione en unos pocos días más. Birmingham no forma parte de ningún plan maestro, aunque si la consecuencia inevitable de de esta realidad: tengo mucho que demostrar, de hecho casi todo; son 29 años los que tengo, y ninguna experiencia laboral relevante. No me vale quedarme más tiempo aquí quemando cartuchos, ni me vale ir y tentar demasiado a la suerte en un sitio donde ni domino minimamente el idioma. Definitivamente, se acabó el pamplineo.
¿Estoy nerviosillo? Puede. Pero, ¿sirve de algo quedarse en el bordillo de la piscina pensando si tirarse o no? Lo que hay que hacer es coger aire y dar el paso adelante. Así de sencillo, tan sencillo como cada uno quiera hacerlo.
Os contaré, tened por seguro que os tendré al día de esta nueva aventura.
Extra: Y con todos ustedes… (redoble de tambores): ¡Ryanair y el recochineo!:

‘entrega gratuita’…
baDUM! tsssss…




