Gravity

*Dedicado a Draxus, que me preguntó inquieto hace unos días cómo estaba tardando tanto en escribir esto :D

Bueno, al fin vi anteayer Gravity (Alfonso Cuarón, 2013). Desde que salió el trailer hace ya demasiados meses, y casi otros dos desde su estreno en España (uno en UK), he podido al fin saldar cuentas con esta película que no solo ha tardado cuatro años en hacerse, sino, y cito a James Cameron, ‘es la película que he estado ansioso por ver una horriblemente larga cantidad de tiempo’. 

Gravity-Poster

Y es que, en este 2013, que empezó bastante cargado de buenas promesas de ciencia ficción (Oblivion, Elysium, Star Trek Into Darkness, El Juego de Ender…), Gravity no es solo la única promesa potente sobradamente cumplida, sino que nos hallamos ante un verdadero clásico instantaneo y una de las mejores películas de ciencia ficción de la historia (porque esto es ciencia ficción, ¿no?).

Pero antes de meterme al trapo de comentar la peli, no puedo menos que mencionar mi sorpresa con la que percibo ha sido una especialmente virulenta crítica hacia su, por momentos, falta de realismo físico/científico. Quien quiera verlo así, es cierto que el hecho de que la película se haya vendido como precisa en estos aspectos hasta la extenuación pueda haber jugado en su contra (y reconozco que yo mismo, en otro tiempo, probablemente hubiera disfrutado mucho de ese juego), pero al final nos tenemos que acordar de una cosa: esto es cine, y si se tuviese que haber sido preciso al 100%, nos quedamos sin película. Punto. Uno accede a la sala entendiendo que hay un pacto tácito entre el ilusionista, que en este caso es Cuarón, y tú como espectador; lo que se llama suspensión de la incredulidad, y que a excepción de casos hirientes (como que la película sea tan mala que la única forma de disfrutar de ella sea riéndose), creo que es conveniente seguir el juego. Supongo que todo esto nos conduce a una pregunta, ¿es ‘sano’ (desde el punto de vista de tu propia experiencia como espectador) autodestruirse el viaje emocional que puedes vivir con una película legítimamente bien hecha?…

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Flotando solitarios por el espacio, mientras se plantean preguntas existenciales… La idea para la película estaba ahí, lista para el primero que tuviera huevos a cogerla.

Esta peli es un puto hallazgo, una maravilla de soberbia belleza, una verdadera obra de arte, y fascinantemente, la viva demostración de que en el cine, un arte con más de un siglo a sus espaldas, realmente tiene en lo visual aún nuevos y vastos territorios que explorar. Y es que esta realmente sencillísima película estaba literalmente esperando el momento de poder ser hecha. Los efectos visuales (la completa y detalladísima reconstrucción de TODO) son realmente ‘state of the art’, y Cuarón encuentra en este nuevo espacio (¿¿lo pillais?? :DDD)* la horma de su zapato con sus legendarios planos-secuencia. De hecho, con esta película Cuarón se coloca fácilmente a la altura de otros genios visionarios, a los que tengo en muy alta estima, como son James Cameron y David Fincher (ambos reconocidos en los agradecimientos).

*Normal que dejeis de leerme.

Y bueno, respecto al planteamiento, ¿qué puedo decir? No puedo dejar de volver a la idea de que esta película tan solo esperaba el momento de poder hacerse (y gracias, que haya caído en las santas manos de Cuarón); pues una pesadilla muy común de mucha gente es la de quedar para siempre vagando por el espacio. Ni siquiera la idea me es ajena. La historia, como ya me olía desde el primer trailer, no es más que la del ya familiar viaje iniciático, la aventura y exploración interior en ese desesperado y traumático intento por volver a casa. Y menudo es ese retorno del que hablamos: es el maldito regreso definitivo.

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En fin, todo lo demás es darle vueltas a lo mismo, no solo porque a dos meses de su estreno ya todo se habrá dicho, sino porque ni siquiera yo mismo dudaba de que la peli me iba a flipar (no sé si mi lenguaje lo transmite bien: si, esta peli me flipa) por mucho que escuchase comentarios del tipo «Es que el pelo de la tía no se qué…» (ñjjjjeeee). Que en fin, que si alguno dudábais de que me ha parecido un total y absoluto peliculón, espero haber disipado vuestras dudas ;)

Y os dejo con este video, porque si, porque la realidad siempre supera a la ficción. Esta es nuestra casa.

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Nota: he visto la peli en 3D y proyección digital en una encantadora sala ubicada en el centro de Birmingham: The Electric Cinema. Sé que no tengo muchos lectores en la ciudad, pero si alguna vez tenéis la curiosidad de disfrutar de una buena peli degustando un buen vino, ya sabeis donde asistir ;)

«Cosmos», de Carl Sagan

«Somos el modo que el Cosmos tiene de conocerse a sí mismo».

Carl Sagan.

 

Hace ya algunas semanas de esto. No hizo ni falta esperar a que entrara el horario de invierno (y con ello, tener que coger ya de noche el coche a la vuelta del trabajo), para que, mientras conducía de vuelta a Birmingham por la M42, apareciera cerca de donde se había puesto el Sol. Se resistió todo este tiempo, hasta que tocó una tarde de cielos despejados, para que una vez más se revelara, inconfundible, ese fulgurante punto en el horizonte. Hablo de Venus.

Venus

Ahí va a estar, Venus, insolente, acompañándonos en nuestras tardes/noches durante los próximos meses, mientras nos adelanta por el interior, como hace cada pocos años.

Pero, ¿Cómo puedo adivinarlo tan inmediatamente, sin referencias, y sabiendo que nunca está en un punto fijo? Bueno, me gustaría hacerme el misterioso, decir que es complicado y que hay un montón de variables, que hay que saber un huevo de astronomía, órbitas, geometría y toda la pesca…

En verdad, no. Bullshit.

Es tan sencillo como que un punto fijo de ese brillo, solo puede ser Venus. Y no hay más. Cabe añadir que siempre estará cerca de donde el Sol sale o se ha puesto, pero solo por su brillo ya es inconfundible. ¡Que hablamos del lucero del alba, algo que conoce cada hombre de campo desde tiempos inmemoriales!

Pero claro, ¿cuantos miran, miráis, regularmente aún al cielo?

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Nenas y nenes, prácticamente desde que puedo recordar, me ha gustado la astronomía. Todo esto de galaxias, supernovas, quasares, planetas gigantes sin superficie sólida, temperaturas gélidas y abrasadoras, periodos de tiempo y distancias inabarcables... Una historia de extremos que que desde niño abrazo sin ningún miedo, sino con profunda y visceral fascinación. Sin embargo ¿dónde, cuando descubrí esta pasión? Hasta hace unos días ni lo recordaba.

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Recuerdo sin embargo, y cristalinamente, el verano de 1993 siguiendo con mi padre desde la terraza de nuestra entonces recién estrenada casa, la evolución de Jupiter y Venus a lo largo de Julio y Agosto; y para entonces (yo tenía 10 años), ya me venía gustando todo eso de los planetas y las supernovas desde bastante tiempo antes. La imagen que veis arriba es de una conjunción mañanera de Júpiter, Venus y la Luna hacia Agosto de 2012.

En unos meses se estrenará el largamente publicitado ‘remake’ de Cosmos, presentado en esta ocasión por Neil de Grasse-Tyson, conocido payasete generador de memes (reconozco, ahora en serio, que es el divulgador científico más carismático vivo). Creo que, independientemente de que a nivel de conocimientos científicos la serie original aguante asombrosamente bien el paso del tiempo a pesar de tener más de treinta años, para cualquier obra de divulgación un lavado de cara siempre va a venir bien, todo por hacer el mensaje más atractivo a las nuevas generaciones. En cualquier caso y raíz de esto, en varias conversaciones en los últimos meses ha salido a relucir la serie original de Carl Sagan, y me cuesta trabajo creer que en 8 años escribiendo en aquí, no haya hablado sobre ella.

Y es que, es cierto que de mi infancia hay grabadas imágenes de  «2001: Odisea en el Espacio», el interior de V’ger en «Star Trek» o el cortometraje «Powers of Ten» de Charles y Ray Eames que veis abajo…

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Pero no fue sino a raíz de esas conversaciones cuando al fin recordé que fue con Cosmos, de Carl Sagan, cuando, tal vez con cinco o seis años, fui secuestrado por la fascinación de ver la gestación de una protoestrella en el interior de una oscura nube molecular. Y ya nunca me pude liberar.

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Pero digamos, ahí quedó aquello, en mi infancia. Sin duda ‘Cosmos’ encendió la mecha de mi pasión por la ciencia, desde niño no hice otra cosa que acumular guías visuales sobre el cielo y el universo, sobre el espacio, el tiempo, sobre todo aquello que se podía saber sobre astronomía en los libros de la biblioteca. Y luego más libros, telescopios, Internet… Pero lo irónico viene cuando hace unos años a mi y a etringita se nos ocurrió volver a ver la serie.

Porque, tonto de mi, creía que poco que no supiera ya sobre astronomía podría aprender de una serie ‘divulgativa’ (lo que debería implicar un nivel básico y mascado) y que para colmo tiene ya treinta años largos. Además, ‘ya la había visto’, me decía…

POBRE ALMA CÁNDIDA, QUÉ EQUIVOCADO ESTABA…

Queridos lectores, voy a ponerlo en román paladino: si tuviera que recomendar a alguien una sola obra audiovisual de entre todas las que jamás se han realizado, lo tengo claro.

‘Cosmos’ de Carl Sagan es mucho más que un documental educativo. Es un viaje, una experiencia, un proceso de descubrimiento revelador y transformador; algo que, lo digo, debería de ser de OBLIGADO visionado no solo en cada escuela sino en cada casa, por cada niño, adulto y anciano.

Y es que Carl Sagan hizo el ejercicio de divulgación definitivo, aquel con el que se mide cualquier otro producto posterior. Acompañado de una inolvidable y bellísima música de Vangelis y de unos poténtisimos efectos especiales para la época, su capacidad de evocar, inspirar y sintetizar está aún por ser superada.

Orión, second attempt

Orión, hasta donde puedo con mis medios. Más información pinchando en la imagen.

Siento un conflicto, pues una parte de mi quiere decir que este mensaje caló tan temprano en mi porque sencillamente la ciencia está en mi forma de ser, en mis cimientos, pero eso sería arrebatar a otros la posibilidad de aprender y enriquecerse de este mensaje, un mensaje de humildad, curiosidad, honestidad y racionalidad; y de este modo de ver el mundo, la ciencia, que tanto puede aportar a nuestras vidas. 

(…)

Y preguntareis, ¿qué me aporta a mi la ciencia? ¿Qué me aporta saber que esa indiferente luz en el cielo de la tarde -no muy distinta a la de un avión aproximándose a su aterrizaje-es Venus? Por lo pronto me sirve para saber, para recordarme, digo más, para sentir, que aun estando a cientos de kilómetros de mi casa, realmente sigo en casa.

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La serie original se encuentra muy disponible y muy subtitulada en Youtube (vaya, que no teneis excusa para no verla). De hecho, ahí os dejo una lista de reproducción con la serie al completo :)

Nota: y no puedo dejar de enlazar este video, me parece descacharrante.

 

La fotografía (1)

En Agosto de 2012, hace apenas poco más de un año, me compré, al fin, una cámara reflex. Con un dinerillo ahorrado de dar clases a chavales, como auto-regalo por haber acabado los estudios, y con unos billetes sacados a Islandia para visitar a mi hermana, sentía que realmente la merecía/la necesitaba. No he parado de hacer fotos desde entonces.

London Riverside

Kviarjökull

Untitled

Untitled

Kviarjökull

Pero un momento; me preguntareis, ¿Rufo, no te gustaba ya la fotografía desde antes? Claro, claro, tan pronto como pillé una compacta en 2004, he estado (casi) sin parar, -por no hablar de todo lo que la afición por la fotografía me dio (y me da) y me encontré en el camino, que han sido muchas cosas bonitas, experiencias y personas-.
Me gusta dibujar desde niño, soy observador nato, me encanta sencillamente mirar, y si desde más joven no fotografiaba, supongo, es por algo tan sencillo como que la película no es gratis (mientras que el gigabyte ya lo encontramos ya a 3 céntimos…)

(…)

La Canon EOS 1100D

Canon 1100

¿Cómo estrenar una cámara si no es de otra manera que haciéndose una foto en el espejo?

En fin, el modelo que me pillé fue la 1100D de Canon, que por precio y por gama es un modelo básico; aunque la verdad, hablar de una reflex ‘básica’, me resulta igual que hablar de un Ferrari ‘básico’. La suelo recomendar a todos los que me preguntan y creo que en breve va a caer el tercero que me hace caso. Quitando que no graba vídeo en 1080, con su soberbio rango dinámico, no echo nada, nada en falta.

Os recuerdo que he estado muchos años tirando de compactas, les he sacado metafórica y literalmente todo el jugo posible; estando hasta la polla de editar HDRs para compensar la pobre latitud del sensor y el ‘generoso’ ruido, corregir pixeles muertos, y baterías perpetuamente descargadas hacia el final de su vida. Si, por estas razones, por unos años (y quitando el Erasmus), apenas fotografié.

(…)

Y luego está Flickr. Tuvo su momento, si, hablamos ni más ni menos que de una de las madres fundadoras de la web 2.0, todo aquello del usuario creador de contenido, ¿recordáis? Para la historia de la fotografía en si fue algo histórico, jamás se han disparado tantas fotografías ni ha habido tantos fotógrafos caminando sobre el planeta. De repente todos teníamos cámaras digitales (disparar gratis, ¡que locura!), y un sitio donde compartirlo todos. Floreció, exploto… ¿se apagó? ¿Donde estamos? ¿Qué hay de toda aquella locura y experimentación?

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Estos panoramas que me encantaba a mi ensamblar…
Ya que no podía jugar con zoom/teleobjetivo, había que ir al extremo opuesto. Tomada en el Albaicín, con etringita y Contra_dictioN

Dicen (dicen) que algo de culpa la tuvo Instagram, red a la que por multitud de razones estoy muy lejos de tenerle cariño. Pero, ¿cómo una red conceptualmente tan distinta -el compartir instantes, de forma descuidada y sin mucha importancia, frente a compartir un amor genuino por y hacia la fotografía- pudo desplazar a algo con lo que teóricamente no se solapa? Y además, ¿no se supone que era Flickr una comunidad sólida? Si hay algo cierto, es que Flickr perdió el tren de los smartphones (su app está muy, muy lejos de ser de las más descargadas), pero asumir esa razón como cierta es asumir que la cámara de un smartphone es igual de valida que una reflex. No digo que un smartphone sea inútil, yo mismo tenga fotos hechas con el mio que me gustan mucho, pero un-poquito-de-por favor: si tengo que explicarlo es que ni merece la pena intentar explicarlo. Pero en fin, aparco de momento hablar de Instagram (entro otras cosas porque me caliento).
Sea lo que sea, no estoy en condiciones de hacer un profundo análisis sociológico, pero sencillamente creo que nos emborrachamos de la novedad de Flickr (que vino cogida de la mano de la novedad de la fotografía digital, no olvidéis cuantos se estrenaron en esto de las reflex con la 300D por aquel entonces), y de alguna manera llegó luego el momento de la resaca. Y todo sea dicho, si todos hacían lo mismo que yo (echar horas al día mirando, comentando y ‘favoriteando’ las fotos de nuestros contactos, y calculando la hora de subir la foto del día), normal que eso no se sostuviera, que fuera una burbuja que se acabó desinflando.

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Qué raro se me hace ahora ver una foto en 4:3, parecen cuadradas.
As usual, imagen tomada desde mi cuarto de Canena, en este caso sin procesado alguno.

(…)

En fin, hay una serie de ideas un tanto difusas e inconexas que me apetece explorar en futuros posts, en este, lo único, lo que realmente quiero anunciar, es de algún modo mi retorno ‘oficial’ a Flickr y a publicar fotografías. No me voy a matar a faves ni a comentarios, pero quiero que al menos estén publicadas y catalogadas. Ya sabéis que le dieron un buen lavado de cara hace unos meses; y en lo que a mi respecta, ya digo que desde que tengo la reflex ha sido un-no-parar-ni-a-mear (e Inglaterra hay que decir que es muy fotogénica); y que, como por mucho amor que se tenga a la fotografía en si misma, al hecho de mirar, a «el arte por el arte», no todo son blancos y negros y no todo es dejarlo criando moho en el disco duro. Las quiero compartir, ¿vale? Pero no aún.

Atardecer en Fuente Palmera

Pequeño planeta desde Fuente Palmera, verano de 2008 (si no me ejquivoco)

Antes quería darle una oportunidad ceremonial a unas cuantas fotos antiguas que nunca tuvieron su día. Fotos hechas con las compactas, fotos algunas de las cuales (humildemente) de verdad me gustan, pues siento que no hay tanto mio en ellas mas que el hecho de reconocer ese momento que sencillamente estaba ahí, esperando a ser compartido. Ahí estuvo en su día mi placer, el de el hecho en si mismo de mirar, que es la primera y verdadera razón de todo de la que emanan las demás, las de dibujar, retratar, fotografiar, y si, luego retocar, revisar y perfeccionar (parte con la que también disfruto mucho). Así que, lo dicho, ¡basta de disco duro!, dejadme, dejemoslas, que tengan su momento, ¿no?

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Están pasando cosas. Hoy: conducir en UK

Están pasando cosas. 6 meses de sopor seguidas de unas semanas de intenso pavor (por definirlo de algún modo, en verdad ni hay miedo ni pavor ni nada, pero es por parafrasear a Tom Hanks en Apolo 13 ya que esa frase me hace gracia).

A lo que voy, estas últimas semanas están siendo moviditas. Moviditas para bien, cuidado, todo se reduce a que estoy trabajando y esto esta siendo un buen viaje, figurada y literalmente. En el anterior post ya dije que sobre esto quiero escribir con calma, con un mínimo reposo y perspectiva, y eso solo el tiempo (y las cosas que aún tienen que ocurrir) lo dará. Ahora mismo estoy sencillamente viviendo, algo acelerado pero aún en la zona de confort, afortunadamente, sin lo que se dice agobios.

Con todo, tengo ganas de escribir sobre algo. Lamento durante toda la semana llegar a casa sin energías ni demasiado tiempo como para hacer algo creativo (desde que trabajo me apetece más que nunca dibujar, ilustrar, animar, hacer cosas en 3D, en resumen, crear; todo lo pienso mientras estoy allí, mientras que al llegar a casa solo pienso en comer en caliente y dormir), mientras que la realidad es que en el fin de semana no solo sigo estando ocupado, sino que el rato libre que no me estoy tocando los huevos acabo volcando mi creatividad en lo más sencillo e inmediato: retocar fotografías (que sigo sin siquiera subir a ningún sitio), y ¡hey! ¡escribir!.

Blog, espero estar de vuelta. Por cierto señor blog, ¿de qué quiere hablar usted hoy?

A ver que os parece el tema: conducir en Reino Unido.

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¡¡Oh!! ¡¡¡¡Ooohhhh!!!! ¡¡¡Conducir por la izquierda!!! ¿¿ Y cuántos camiones te has comido ya de frente, Rufo??

Por fortuna, 0,0. Aunque algún bordillo si que ha caído ;)

Pues si, el tema es este. Mi trabajo está a 50 km de Birmingham, donde aún vivo. Es un contrato por dos meses, en un lugar literalmente en mitad del bosque (es si, un lugar muy bonito) donde el transporte público es nefasto (depender de él me supondría unas 5,5 horas diarias, cosa que sufrí los tres primeros días), y donde no existen para alquilar más que casas sin amueblar y con contrato mínimo de 6 meses. He explorado las opciones, y os lo aseguro, la más inmediatamente viable es alquilar un coche por el momento, y luego ya iremos viendo.

Y si, sé que alquilar un coche parece una locura, pero una locura que por fortuna puedo asumir temporalmente. Me permite la flexibilidad de dejarlo en cualquier momento (la opción de mudarme, con todo, sigue siendo estudiada), en vez de él a mi, como podría pasar si decido comprarme una chatarra de 1000 libras con más necesidad de mantenimiento que el Halcon Milenario. Y al final, tampoco penséis que es excesivamente caro alquilar un coche pequeño, tipo VW Polo o Peugeot 208: 370 libras al mes, precio final. Asumible.

A lo que voy: ¿Se hace raro conducir en Reino Unido? Si, y no.

Raro, porque sencillamente aún me resulta raro el hecho en si de conducir: apenas llevo un año con carnet (¿recordais?), tanto es así que sin duda llevo ya en tres semanas más distancia hecha en Reino Unido que en España. Y como desde que me saqué el carnet no es que me haya hartado de conducir (quitando los kilómetros islandeses, que es por cierto otra historia que sigo sin haber acabado de contar), no fueron pocas las veces que se me caló el coche, o que el embrague empezó a oler (bastante mal) por abusar de él… por cosas tan inteligentes como querer arrancar en tercera (si), o por lidiar con los atascos y el tráfico de una ciudad grande como Birmingham, que es sencillamente una puta mierda. Y si, también los primeros días me pitaron unas cuantas veces, y como dije, me comí algún bordillo. Con todo, nada dramático, ningún susto ni incidente.

(…)

Respondiendo ya a la pregunta que os venís haciendo desde el principio, ¿y lo de conducir por la izquierda, qué?

Pues fácil, se hace una cosa sorprendemente natural: sigues el trafico, sigues las señales, sigues las calzadas. La cosa que más temible parecía (las rotondas) es en verdad la que menos, ya que uno sigue sencillamente el flujo; y de hecho la cosa que más trampa tiene es callejear, porque sin trafico ni claves inmediatas si te puede resurgir el reflejo de tirar al right side de la calzada.

Hablemos entonces de por qué si es fácil. Ni siquiera voy a hacer la concesión de decir que en UK son más civilizados, superiores, o avanzados: en España es que sencillamente somos animales. Vale que España no es la India, pero por comparación, sigue siendo la puta ley de la selva. En su día supe que hacía bien aprendiendo a conducir lidiando con el tráfico de una ciudad como Málaga, en vez de con el provinciano tráfico de Úbeda, y mi decisión se prueba correcta: cualquiera que coja a diario una rotonda como esta, que mi profesor no dudaba en clasificar como la más salvaje de Málaga y clara demostración de que más carriles solo añaden más caos, sabe a qué me refiero.

La prueba definitiva de Dios es un cachondo

La prueba definitiva de Dios es un cachondo

El hecho es que vivo a unos cientos de metros de la originalmente conocida como Spaghetti Junction (en la foto superior comprobáis lo apropiadísimo del nombre), que tengo que tomar a diario; y aún, ni el primer día, he sudado una sola gota cada vez que tengo que atacar la rotonda que veis en la esquina inferior de la imagen. El tráfico puede que sea lento, pero es también civilizado. Como en todas partes, también hay gilipollas, que no respetan la distancia de seguridad y cosas por el estilo, pero sin duda menos que en España. Y si, me tengo que comer alrededor de 10-15 minutos de retenciones tanto para entrar como para salir de Birmingham; pero cuando llego a la hora de la verdad, a esa rotonda, cada uno se planta a la velocidad adecuada y sin agobios en su carril, coloreado y señalado desde el principio, y que está pintado en espiral desde el interior para acabar desembocando en la salida que quieres desde el principio. ¿Sencillo, verdad? Si, las rotondas, y no me refiero ya solo al tráfico, es una cosa en la que los británicos tienen bien pensadas: punto para ellos.

(…)

Dicho esto, ¿que hay de lo demás? Hago un trayecto bastante completo y variado todos los días: lidio con el trafico de una gran ciudad, con semáforos, rotondas y kilómetros de retenciones; otros tantos de autovía, y finalmente un tramo de carretera comarcal llena de curvas, cambios de rasante, subidas, bajadas, y zonas urbanas y campo abierto. Lo dicho, completito.

 

En tres semanas, he notado mucho como me he soltado al volante. Como ya dije, al principio aun se me calaba, abusaba del embrague, me comía bordillos… Ya no me pasa. Me siento más cómodo, y el que hayan tenido que ser coches distintos casi cada semana, gasolina y diesel, también ha tenido que ver.

¿Es difícil conducir? No. Es tedioso. Qué voy a decir que no sepáis: requiere no solo no apartar los ojos sino no apartar la mente de la carretera. Soy una persona que disfruta siendo pasajero y mirando el paisaje: es preciosa la campiña inglesa algunas mañanas cuando le da el sol; y a eso me refiero, porque ojalá pudiera quedarme embobado mirándola.

Y con todo, conducir no es la parte jodida: lo jodido es circular. Convivir. Formar parte de una comunidad idealmente civilizada en la que los otros habitantes son también personas, como tú, al volante de una masa de metal de una tonelada y que acumula suficiente energía cinética como para potencialmente acabar con la vida de cuantos vayan dentro. Algo muy serio, y que al contrario que muchos conductores, me siento más cómodo dejando esa responsabilidad en terceros. Una experiencia que me sirve para reafirmarme en mi preferencia por el transporte público, y especialmente, los trenes, pero de eso hablamos otro día.

(…)

Porque quiero cerrar volviendo a hablar de ese último tramo de carretera comarcal. Ese es con mucha diferencia el tramo que más disfruto, si es que no el único. Lo disfruto porque está en el punto dulce, desafiante en la justa medida; ni aburre, ni estresa: divierte. Ese juego de marchas, de pedales, de volante… ¡Es como un videojuego! A ver, ya me gustaría a mi que fuese un puto videojuego de rally (el genero de conducción que siempre he disfrutado más), ¡pudiendo estrellar el coche y que no pasase nada!, pero a cambio tiene otra cosa me he sorprendido disfrutando mucho: las sensaciones: cómo me pego al asiento cuando acelero, cómo me desplazo a un lado y a otro por la fuerza centrífuga en las curvas, o se me hace el vacío en el estomago (no mucho, no es cosa de ir follaos) en los cambios de rasante. Esas sensaciones me acompañan todo el día y mi cuerpo las recuerda aún cuando se van a la cama. 

Y cada noche, me acuerdo de esta curva en concreto, que es una puta metáfora de mi vida en este preciso momento: una montaña rusa, con fuerzas que tiran de mi en distintos sentidos mientras sujeto fuerte el volante para no salirme del camino, un camino que se curva pero que sé que me lleva a buen destino, aunque no me deja ver mas que unas decenas de metros delante mio, ocultándome y guardándome como una sorpresa para la que debo estar preparado, lo que aún esta por venir.

Y joder, me encanta.

 

Actualizacion sobre mi aventura británica: ¡Tengo trabajo!

Si, solo seis meses más tarde

Esta va a ser una entrada breve; de hecho hay al menos otras dos en camino, una que requiere su maceración (aun tengo que asimilar todo esto, el hecho en si de haber encontrado trabajo), y otra, una especie de guía general para quien quiera venirse y esté en una situación parecida a la mía (una guía escrita no porque me sienta con autoridad para dar lecciones, al contrario: he cometido muchos errores que pretendo compartir con vosotros)

Pero básicamente esto es lo que quiero decir: ya he metido cabeza en la industria. No es friegaplatos, ni camarero, ni dependiente, ni ningún otro trabajo absolutísimamente honorable pero para nada relacionado con aquello para lo que he estudiado, sino algo que ya va siendo lo propio, algo parecido a lo que he venido a buscar. Delante de un ordenador (trabajando con AutoCAD; en este caso, chequeando planos de grandes almacenes), cogiendo coche todos los días, entrando a las 8:30, pagan bien…
Llevo semana y media allí; como dije, este último viernes firmé al fin mi contrato, y parece que por fin me puedo creer que esto es de verdad, no una broma telefónica de muy mal gusto (que no lo digo en broma, es una de las opciones que contemplé nada más recibir esa llamada). Eso si, es un contrato para 10 semanas, por lo que no es para nada momento de relajarse. Dicho esto, creo, honestamente, que lo peor ha pasado.

Ya contaré más detalles, cómo fue encontrarlo (que tiene su gracia), cómo me lo estoy montando… pero es una noticia que me alegro mucho, muchísimo, de poder dar, y quiero compartirla con vosotros. Saludos, y hoy más que nunca, gracias.