Nota: este venía a ser la entrada dedicada al final de Lost. El tema, como me suele pasar, se ha ido de las manos. Así que ladrillo que os encasqueto, y aviso que va con con carga de bilis. Inmediatamente vendrá el post sobre Lost ;). Y perdonen las disculpas.
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«Básicamente, no hay forma educada de decirle a una persona que ha estado equivocada toda su vida» Richard Dawkins. Una buena frase, pero es que hay maneras y maneras…
Aunque me han educado religiosamente, no he acabado saliendo muy ‘católico’. No tardé en verle el sinsentido, no a una deidad, pero si a una deidad que pasa lista cada domingo (Sheldon Cooper dixit, SE3E23 xD). No voy a hablar más de religión, no quiero que os confundáis, creo que mi postura está clara y no hay mucho que hurgar. Pero creo que comprendo muy bien el sentimiento religioso, lo que es tener fe y amor a algo. No es algo que (debería) responder a lógica, sencillamente sale de dentro, se siente. Y también sé lo qué es que te lo pisoteen. En ese sentido creo que no anda en una dirección distinta a lo que siente cualquier persona religiosa. Ese baño untuoso, que dicen que protege el alma, pero que otras tantas la tortura. No puedo hablar de la cálida manta que otorga pensar y sentir como la masa de gente y verse rodeada de ella, tanto en un templo religioso, como en un concierto, en un mitin político o en un recinto deportivo con los hinchas de tu propio equipo; porque nunca he vivido ninguna de esas cosas (he ido a tres conciertos en mi vida y ninguno de ellos por iniciativa propia). Como viene a ser entre la mayoría de nosotros, con el tema del ‘frikeo’ (ya ni sé como llamarlo), suelo tener ideas y aficiones propias, independientes y/o minoritarias. Ni siquiera inculcadas desde fuera, sino hasta cierto punto elegidas (aunque era más bien ‘inevitable’ que me gustasen). Pero si, tiene algo de religioso, para que le vamos a dar más vueltas. Pero sea lo que sea, lo que nunca falla es que en todos lados tiene que haber un tocapelotas que se tiene que cagar en lo que crees, y por muy poco que te importe ese individuo, no le costará conseguir exactamente lo que pretende: que tu escroto sea tañido y repicado.
La clásica: la gente se sorprende de como os ‘flipais’ con vuestras cosas, en mi caso ya sabéis que cosas (Star Wars, Matrix, Señor de los Anillos, Lost, últimamente Avatar…) y sin embargo nadie se sorprende de que alguien se flipe con el Real Madrid, con Rafa Nadal o con matarse a dominadas en el gimnasio o hacerse 6000 metros nadando en dos horas. Luego resulta que, como entre amigos en parte se me conoce por eso, por ser «el fan/friki de…», alguna vez alguno/a, años más tarde de conocerme, me ha reconocido de tapadillo, como una profunda confesión, que ‘nunca ha visto la Guerra de las Galaxias’, tal vez diciendo un poco soterradamente ‘¡pero por favor, no dejes de hablarme!’. Y joer, mas allá de la confianza y la sonrisa con la que le digo ‘pues un día te vienes a mi casa y la vemos :D’, me preocupa el hecho de que tal vez transmita la imagen de que soy una especie de monje (Jedi, si os empeñáis) casi talibán e intolerante con los «infieles». ¡Joer, que poco me conoces! yo me tengo por alguien de mente abierta, y me jode pensar que lo mismo transmito esa sensación a la gente que me rodea y supuestamente me conoce. Es verdad, mi cuarto lo tengo lleno de posters (y poco más), pero creo que no solo no soy monotema sino que huyo activamente de serlo: sé lo que es verse excluido en una conversación (vaya, cualquier día que se ponen a hablar de fútbol), y también conozco los peligros de monopolizar una conversación cuando eres el que más sabes sobre cierto tema. Pero vaya, me voy por las ramas.
El caso, es que lo mismo que detesto los fanatismos y los integrismos de cualquier tipo (lo mio es lo mejor, lo mio es lo único), también me tocan los cojones los radicales anti-fanáticos, la provocación, la ofensa, la carencia de sensibilidad por los sentimientos de la gente. Sigue leyendo






