Va, la última parte de esta serie de entradas. Ya hasta le tengo miedo si alguna vez me pongo a hacer la de los 80…
El Gran Lebowski
-«Me ha dicho que escoja la alfombra que quiera»
Los Coen… ay, los Coen. Tienen ese nosequé que qué se yo, que cada vez que ves una película suya no sabes si es una genialidad o una patata (que es lo que por ejemplo me pareció Quemar después de leer). Desde luego su humor es inconfundible, y el talento que tienen para arañar la cochambre de la sociedad, recreando personajes tan estrafalarios como pintorescos al tiempo que creíbles, es único. Pero ¿por qué precisamente el personaje de Jeff Bridges (y John Goodman,, y Buscemi, y Turturro), y no otros, son los que se ha convertido en unos de culto?
Quizás por que con su actitud, Lebowski nos da una lección a todos, nos escupe a la cara una pregunta muy sencilla: ¿De qué pollas vais? Un apostol de la tranquilidad que con facilidad ha ganado adeptos. Creo que es del tipo de películas que hay que ver para tener una perspectiva más amplia, para entender un poco mejor (con humor) cómo funciona el mundo.
SALVAR AL SOLDADO RYAN
-«Solo sé que cada vez que mato me siento mas lejos de casa»
Moralista, sensiblona, y con la estampa de ‘americanada’ que se hace insoportable para algunos. Hasta me ha costado encontrar una buena frase para introducirla. Es cierto, los americanos a lo suyo, tergiversando la historia, presentandose como salvadores del mundo (incluso a nosotros, los españoles, nos gusta mucho hablar del frente occidental, mientras que donde estuvieron las hostias fue en Rusia), contando una historia que aunque pudo haber sucedido, ronda la inverosimilitud, y si se tratase de hablar en esta película de algún valor histórico didáctico, este quedaría por lo tanto anulado. ¿Salvan entonces los famosos primeros veinte minutos la película entera? Sigue leyendo


