Un lunes de septiembre

Un lunes, 17 de septiembre de 2001, ocho de la mañana. Los chavales de un Instituto de Educación Secundaria de Almería empiezan nuevo curso. Aunque joda que se haya acabado el verano, al menos no han tenido que madrugar, y saben que estos primeros caóticos días de curso son solo presentaciones y muy poquito estudio, lo que equivale a prolongar algo más la diversión. Aunque son los de siempre y casi todos se conocen, siempre hay alguno nuevo, o gente que nunca ha compartido clase. Así que el día es de hacer un poco el payaso, hacerse notar y empezar a dejar entrever la personalidad de cada uno y cuales son los papeles que va a tomar cada cual en la jerarquía de cada clase.

Así pues, en el momento en el que por primera vez se ven todos los alumnos en un aula sin un profesor de por medio, el primero en levantarse es el ganso (que todos sabemos que es siempre el mismo), que coge una tiza y empieza a dibujar algo en la pizarra. Pero esta vez no es lo de siempre. Es un dibujo mucho más simple: dos rectángulos iguales, altos y esbeltos. 

Todavía sin mediar palabra, coge entonces un folio, hace rápidamente un avión de papel, y lo tira contra la pizarra. Toda la clase (o vamos a decir que casi) se empieza a descojonar de la risa, pero carcajadas de esas de humor negro y socarrón, de esas que mientras te ríes dices ‘¡qué hijodeputa, qué hijodeputa!’. Vamos a decir casi toda la clase, porque algo de conocimiento alguien ya lo tiene. Y (casi) toda la clase, empieza a hacer exactamente lo mismo: hacer aviones y lanzarlos contra la pizarra.

(…)

No es una anécdota mía, pero es de las más burras que me han contado. ¿Por qué la escojo? Supongo que, porque al fin y al cabo, es representativo de la edad que teníamos entonces, adolescentes que no teníamos ni puta idea de nada (si es que ahora la tenemos de algo) y con una capacidad acojonante de reirnos de todo. Por supuesto, ahora no tiene ni puta gracia.

Precisamente comparaban hace unos días en un artículo las reacciones que tuvimos españoles y americanos respecto al 11-M y 11-S, y como a ellos les parecía una aberración que no cancelásemos las elecciones de tres días más tarde (aunque nosotros lo interpretamos más como una catarsis, así como reafirmación de la democracia), o que mostrásemos en televisión relativamente sin pudor las imagenes de los atentados. Cosas, dicen, no como muestra de falta de sensibilidad, sino de diferencia de caracteres y de culturas, pero, sobre todo, también de costumbre.

La anécdota que contaba al principio es la experiencia de uno de mis amigos de la universidad, un par de años más pequeño que yo. A mi el 11 de Septiembre me pilló estudiando para la Selectividad, así que no hubo momentos para chistes (yo si me acojoné, especialmente cuando se supo del tercer impacto contra el Pentágono), pero no me extiendo sobre como fué para mi eso porque sencillamente ya lo conté una vez. Por añadir algo más, recuerdo que lo primero que pensé, antes de que enchufaran las imágenes en directo, era que en 1945 un avión ya se había estrellado contra el Empire State Building (el tipo de entrañables cosas que sabía a los 17 años gracias a la selecta literatura a mi alcance), aunque en aquella ocasión fue bajo condiciones meteorológicas adversas. Como podéis imaginar, cuando al fin se vieron las imágenes de una soleada mañana, el facepalm fue épico. El resto, para mi igual que para todo el mundo, fue quedarme pegado a la tele días y días, a pesar de que se suponía que debía estar estudiando para selectividad.

Atended a la ilustración de la esquina inferior derecha.

Total, todo esto era por hablar de otra cosa más que te recuerda que el tiempo pasa volando. Porque el 2001 lo recuerdo cristalino. Todas las televisiones y periódicos ya se están encargando de hacer el repaso, e igualmente los análisis políticos, diez años más tarde, se los dejo a los que saben. Aunque a mi me queda la tranquilidad de saber que dificilmente nos van ya a contaminar con la idea de que el mismo pueblo que ansía democracia real y no la de mentirijilla que tenían hasta el momento, es el mismo que, supuestamente, estaba dispuesto a un enfrentamiento abierto y armado contra Occidente.

Edito: Tremendo este video de Jon Stewart, apenas unos días despues del 11-S. Siento que no tenga subtitulos.

 

Mis películas de los 90 y fin (parte 4 de 4, 1998-99)

Va, la última parte de esta serie de entradas. Ya hasta le tengo miedo si alguna vez me pongo a hacer la de los 80…

 

El Gran Lebowski

-«Me ha dicho que escoja la alfombra que quiera»

Los Coen… ay, los Coen. Tienen ese nosequé que qué se yo, que cada vez que ves una película suya no sabes si es una genialidad o una patata (que es lo que por ejemplo me pareció Quemar después de leer). Desde luego su humor es inconfundible, y el talento que tienen para arañar la cochambre de la sociedad, recreando personajes tan estrafalarios como pintorescos al tiempo que creíbles, es único. Pero ¿por qué precisamente el personaje de Jeff Bridges (y John Goodman,, y Buscemi, y Turturro), y no otros, son los que se ha convertido en unos de culto?

Quizás por que con su actitud, Lebowski nos da una lección a todos, nos escupe a la cara una pregunta muy sencilla: ¿De qué pollas vais? Un apostol de la tranquilidad que con facilidad ha ganado adeptos. Creo que es del tipo de películas que hay que ver para tener una perspectiva más amplia, para entender un poco mejor (con humor) cómo funciona el mundo.

 

SALVAR AL SOLDADO RYAN

-«Solo sé que cada vez que mato me siento mas lejos de casa»

Moralista, sensiblona, y con la estampa de ‘americanada’ que se hace insoportable para algunos. Hasta me ha costado encontrar una buena frase para introducirla. Es cierto, los americanos a lo suyo, tergiversando la historia, presentandose como salvadores del mundo (incluso a nosotros, los españoles, nos gusta mucho hablar del frente occidental, mientras que donde estuvieron las hostias fue en Rusia), contando una historia que aunque pudo haber sucedido, ronda la inverosimilitud, y si se tratase de hablar en esta película de algún valor histórico didáctico, este quedaría por lo tanto anulado. ¿Salvan entonces los famosos primeros veinte minutos la película entera? Sigue leyendo

Ñ

Seguramente esto que me pregunto es una chorrada, pero ¿por qué no existe una tipografía alternativa, recomendada por la RAE, para la letra Ñ, en caso de no poder usarla?.

Yo mismo no lo sabía hasta hace poco, pero en danés, alemán y otros idiomas, sus grafías características (å, ø,æß, etc.) estan reguladas por sus respectivas academias de la lengua, de forma que existe y está tipificada una escritura alternativa en alfabeto latino estandard en caso de que, por cualquier razón, no sea técnicamente posible escribirlas. En los casos citados, son aaoeae,ss, respectivamente.

Y me he acordado de la de polémicas que hay a veces con el hecho de que en un teclado no aparezca la eñe o la de movidas que se han tenido que hacer para que en una dirección de internet se pueda poner una. Con todo lo que, por activa, se ha cuidado ese aspecto, me llama entonces la atención que, por pasiva, no exista una recomendación alternativa.

El resultado es que se ve de todo: nh, gn, ny, que me parecen muy bien todas (tanto como los esfuerzos que se hacen por extender y proteger el uso de la ñ), pero no dejan de ser soluciones prestadas, del portugués, francés o catalán, y sobre, todo, no estandarizadas.

Por sugerir, se me ocurre usar dos enes, ‘nn’, que es el origen de la eñe (una ene pequeña encima de la otra). O la que seguramente se nos ocurriría a cualquiera: ‘ni’ (sería ‘Espania’), porque es la que intuitivamente tiene un sonido más cercano. Pero no era a eso a lo que venía, quería solo señalar una cosa en la que me he fijado y me ha llamado la atención.

Hoy hace un año

Hace hoy un año estaba volando Europa rumbo a Dinamarca. 
Once meses allí, apenas acabo de volver y vuelvo la vista atrás para ver lo cerca y a la vez lejos que está aquel momento.

Entendedme cuando digo que tengo una contradición respecto a hablar de Dinamarca. Esa división la tengo conmigo mismo por una parte, y por otra en lo que respecta al blog y a vosotros.

Por un lado, por que no sé hasta que punto quiero hurgar en esta movida. Todavía no hay perspectiva para verlo, está demasiado presente (hace apenas 5 semanas que volví) así que, entendedme bien, quiero dejarlo reposar un poco, dejarlo estar. Por otro, y aún habiendo buenas anécdotas e historias que darían para algún post (ya hablé sobre una de ellas), en general es una experiencia instransferible sobre la que no tiene sentido insistir. Es mucha vida, condensada en poco tiempo, pero me aburriría contarlo, y lo que tiene más tela, os aburriría a vosotros.

Pero no se me ocurre ninguna buena excusa para no contar hoy, al menos, como fueron los días previos a aquel viaje. No porque sea emocionante: sencillamente me apetece soltarlo.

Porque fue una mezcla entre pensar que con 26 años ya no impacta tanto irse a vivir solo al extranjero como si lo hubiera hecho con 20 o 21, y la pura realidad de que era de todos modos la primera vez que lo hacía. Muchos 26 años y lo que queráis, pero coger a solas un avión y hacerse dos mil quinientos kilómetros, como mínimo, impone un poquillo de respeto. Sigue leyendo

Cuanto daño ha hecho ‘Inception’, madre mía… (2 de 2)


Aclaración: veo que muchos llegais aquí buscando información sobre la hipotética segunda parte de Inception, película que como ya comenté aquí, me encantó, pero no es de eso de lo que aquí hablo. Para más claridad, leed la primera parte de este postSiento la confusión, y disculpad las molestiasRespecto a la película, creo que la historia de Inception está cerrada, y no me imagino a Christopher Nolan muy interesado en hacer una segunda parte, o al menos en breve. Lo que no quita que me encantase ver una segunda parte, si está en buenas manos.

(Viene de aquí)

De las pocas veces que he conseguido tener sueños lúcidos (esto es, cuando consigues rescatar tu capacidad crítica y darte cuenta que estas en un sueño, pero sin despertarte), lo que más me ha impresionado de ellos es el hiperrealismo que tiene todo, el infinito detalle cuando me fijo en algo, que se ve mucho mejor que en la ‘realidad’. La pregunta vuelve a ser la misma ¿quién crea ese detalle? ¿de verdad ‘existe’ ese detalle en el sueño, o solo se me está haciendo creer que ese detalle existe, sin que realmente haya ninguna parte encargándose de ‘crearlo’?

¿Y cómo llego a hacerme esas preguntas? Muy sencillo: ¿podría existir la máquina de grabar sueños que mencionaba antes?

Si esas imágenes se están sintetizando de verdad, podrían interceptarse, y qué sé yo, de alguna forma trasladarse a un archivo que pudiésemos reproducir luego. Pero si lo único que se crea es el convencimiento de que lo estamos viendo, no hay nada que hacer. Solo percibimos una interpretación sobre la nada, sobre el ruido, igual que si nos quedamos viendo la ‘nieve’ en la tele cuando está desintonizada y después de unos segundos, tenemos la ilusión de ver cosas moverse (diría que hicierais el experimento, pero con la TDT ya no se puede… :S)

A ver, en toda esta entelequia reconozco su punto de absurdo, pues evidentemente los sueños ‘existen’, ya que no solo los recordamos, sino que quien sepa dibujar puede representar luego lo que ha visto. Supongo, que en última instancia, la pregunta en verdad es ¿a que altura de la cadena se cuela el engaño? ¿se proyectan de verdad las imagenes en nuestro subconsciente, o solo lo hace la interpretación digerida y prefabricada? Supongo que sencillamente va todo cogido la mano: con la película que se proyecta, viene incluida la pastilla de ‘te vas a creer todo lo que estás viendo’.

Tal vez en esa zona estaría la máquina de ‘Días Extraños’, que no solo graba las imágenes (en este caso las reales) que ve una persona, sino las sensaciones que vive. Esa máquina si que molaría un huevo.

**Creo que no sobra recordar, brevemente, dos de mis teorías preferidas sobre el ‘por qué’ de los sueños, y ya he hablado alguna vez aquí sobre ellas. Una de las teorías dice que los sueños son un ‘pase de diapositivas’, igual que un bibliotecario se dedica a revisar libros, revistas, fotos, archivos… para ponerlos en el estante y carpeta que corresponde. Presumiblemente el cerebro lo hace con las diapositivas del día o de la semana y no es más que una forma de reordenar, analizar y depurar datos, un trabajo de mantenimiento absolutamente necesario para que no se desate el caos. Otra teoria dice que los sueños son un ‘patio de recreo’ para experimentar emociones nuevas de una forma absolutamente segura desde el punto de vista físico: miedo, ira, amor… experiencias que luego conocemos en el mundo real, pero, insisto, muchas veces nos hemos enfrentado a ellas por primera vez en sueños, y lo más importante, a reaccionar frente a ellas. Como ambas teorías no son excluyentes, y de hecho corroboro en mi experiencia personal la validez de ambas explicaciones, me quedo con las dos.