Que no, que es broma: Incepcion (Origen) era y sigue siendo un peliculón, pero quería mencionarla en el título y ahora comprendereis por qué. Quiero revisitar una sección que tengo un poco olvidada del blog, la de los sueños, y os quiero contar las circunstancias de uno especialmente curioso que he tenido recientemente (os sugiero leer antes este artículo para poneros en antecedentes). Bueno, va.
Estoy en un cuarto. Mi cuarto, de hecho. Bueno, no es mi cuarto, solo unas pocas cosas se parecen, pero ya sabéis como son las cosas en los sueños: en ese momento, es mi cuarto. Como hace dos días que tuve este sueño, no lo mantengo demasiado fresco, pero recuerdo que sencillamente estaba haciendo fotos (¡emocionante, fotos en mi cuarto, que locura! Normal que haya olvidado la mayoría del sueño…). El caso es que despierto de ese sueño, y ahora si, descubro con total y absoluta fascinación que han inventado una máquina que graba los sueños, y más alucinante aún, yo mismo tengo una.
Y lo primero que se me ocurre hacer es lo más sencillo: comparar las fotos que he hecho en el anterior sueño en mi cuarto, y ver cómo de exactas son las fotos que había tomado y compararlas con mi cuarto real. Encantado de la vida y felicísimo con mi dicha, procedo a comparar las fotos (que he podido descargar al ordenador con dicha máquina) con mi dormitorio real. Científica y sistemáticamente comparo cada detalle, un un programa a medio camino entre el Photoshop y que tienen los de CSI, con esos megafiltros mágicos, con el que se puede comparar cada detalle aumentandolo hasta el infinito, y ver las diferencias entre la realidad y lo que yo me imaginaba en el sueño. Y si, hay cosas que coinciden, y cosas que no, pero no deja de fascinarme el hecho, como siempre me ha pasado, de que en un sueño, las cosas, aun siendo falsas, equivocas y radicalmente distintas a las de la realidad, te tienen plenamente convencido de que son lo más normal del mundo. Es lo más mágico de los sueños: apagan por completo tu capacidad crítica.
Entonces, ahora ya si, suena el campanario, tocan las 12 de la mañana y tengo empapadas de sudor las sábanas, como es inevitable en este verano que parece que ¿por fin? nos está visitando. Ni máquina de grabar sueños ni pollas: todo era obviamente otro sueño, y yo tengo un cabreo encima por no poder haberme traído la máquina conmigo al despertar… Sigue leyendo


