El fin de semana que crecí cuatro centimetros

Una buena anécdota que siempre cuento cuando sale (porque tampoco soy muy de anécdotas, esto es como C3PO, no soy bueno contando historias), pero siempre en botellones acaba saliendo esta historia… y es un buen momento para contarla (semana santa, semana de calma, amenicemos un poco esta tranquilidad con alguna memez).

Bien, la fecha la recuerdo de forma precisa: jueves 6 de noviembre de 2003 (día más, día menos). Yo aún vivía en una residencia universitaria, acababa de empezar mi segundo año allí y las confianzas con los nuevos, al cabo de un par de semanas de convivencia, se empezaban a asentar. La formula para conocernos, aparte del ubicuo botellón en la plaza de la Merced, era celebrar los cumpleaños: se ponía un mocho y se compraba un regalo y la tarta, luego se le hacia alguna gamberrada al cumpleañero y a beber o algo si era día de ello. Me abstengo de dar nombres pues seguramente hay la gente implicada en aquella ocasión lo preferiría así, pero la historia no es completa si no digo que hubo bastante THC de por medio en aquella ocasión concreta.
El caso, es que para este cumpleaños, el día del que estoy hablando, se hizo un bizcocho artesanal aderezado con sustancia de la buena. El bizcocho, (quemado por cierto), lo catamos todos (que se puede analizar si paráis en el instante 1:30 de este video :) Con esto quiero decir que una cantidad de ingestión de sustancia estaba asegurada.

El caso es que luego nos fuimos (un grupo bastante grande, hasta 20 personas calculo) al piso de unos colegas, a rematar la faena. Yo me llevé la cámara de vídeo, así que me limite a grabar un poco el ambiente, el tema… hasta que de repente, me empezó a entrar sueño. El primer instante, los primeros segundos, recuerdo pensar algo asi como ‘que curioso, con lo tarde que me he levantado hoy, y ahora pillaba la cama…’ Alguien me dijo ‘tío, estate al tanto que no grabas nada’, en seguido, uno de mis mejores amigos me preguntó, ‘Rufo, ¿estás bien?’, a lo que respondí contundente aunque tras una breve pausa: -‘No’. 

Tres segundos mas tarde estaba sentado, inclinado y con las piernas temblorosas con un amarillo de la ostia. Un bajón de tensión, la primera vez que me pasaba, algún amago había experimentado alguna vez pero jamas tan fuerte, y no se ha vuelto a repetir con esa intensidad. El resto de la gente me miraba y sonreía, pues todos parecían saber lo que era, y los consejos típicos, ‘eso es normal’, ‘ya veras que se te pasa en un rato’, ‘ve y enjuágate la cara’, ‘toma algo dulce no vaya a ser el azucar’… pero el resto a su bola y yo que me moría ya casi tumbado en el sofá. La razón, os la imagináis todos, un veintepapeles para celebrar el cumpleaños, el humo, el alcohol, el bizcocho… y la falta de costumbre, pa qué negarlo ;)
El camino hasta la residencia de vuelta, acompañado pero dando tumbos de un lado a otro de la calle, con esas pillé la cama y hasta mañana adiós muy buenas.

Hasta aquí, nada que de un modo u otro no le haya pasado a nadie. Ahora viene lo bueno.

Me levanto al día siguiente, (llamando día siguiente a dormir catorce horas y despertarse a las 7 de la tarde), pero con muy muy poquitas ganas de salir de mi cuarto. Molestia en el cuerpo incluida achacable al alcohol, pero molestia que se prolongó y me retuvo sin salir ni a ver la tele. Tanto, que ese fin de semana no salí ni a comer, solo yogures y sandwiches de atún, tanto como que algunos colegas míos pensaban que me había vuelto a mi casa ese finde. Por suerte, Iñaki y Zulo, adaptados y sincronizados a ese horario, me acompañaron esas 3 noches en las que sencillamente no salí de mi cuarto, pues todo fue ordenador, películas y esas esplendidas charlas de horas que tanto echo de menos.

(…)

Lo curioso viene el lunes. Iñaki vuelve a llamar a mi cuarto a despertarme, pues ya iba a ser la cena (si si, la cena…) Me empieza a contar algo, y a todo esto me empieza a mirar de arriba abajo…

-‘Estooo… Rufo ¿tienes puestas botas o algo?’,
-‘Nop’
-‘A ver, que me estoy mosqueando, vente conmigo al espejo a mirar una cosa’

Allí que nos presentamos los dos, un espejo grande de cuerpo entero que había en la recepción de la residencia, nos ponemos al lado uno del otro, mirando ambos hacia el espejo, observo, y finalmente proclamo:

-‘Iñaki, ¿has perdido estatura o qué?’
-‘No no, cabronazo, eres tu que me has ganado un palmo…’

Un palmo, señores :D. Corroborado, ademas, tanto por múltiples testimonios como por un papelito de la bascula de una farmacia que juraría conservar y debe estar en algún sitio. 4 centimetros más alto, si señor.
El caso es que soy de por sí alto, siempre lo fui pero el caso es que el estirón lo pegué teniendo 13 años, momento en que alcancé 1.87, y hasta el incidente protagonista de este post (con 19 años en ese instante), solo había llegado a unos estacionados 189 cm.
Pues si señor, fuí a una farmacia, me medí y lo comprobé, 1.93, con dos cojones…

No he vuelto a fumar desde aquel día ;)

Extensión y aclaración: Antes que nadie diga nada, sé de un fenómeno llamado expansión de discos intervertebrales, los discos flexibles de la columna vertebral, que se expanden por la noche al estar en reposo, y se vuelven a comprimir de día al cargar de nuevo el peso en la columna. Es sabido que diariamente nos hace ser aproximadamente 1 cm mas altos por la mañana que al anochecer. Este margen disminuye con la edad conforme estos discos pierden flexibilidad. Y es también cierto que pasé mucho tiempo en la cama, lo que tal vez pudo exagerar este efecto. Debo añadir, (jodiendo en parte la gracia de la historia) que esa estatura ganada la volvi a perder, pero se me quedó de regalo 1 cm que actualmente me ubica en un 1.90 redondo y precioso de estatura. Sea como sea ¿es normal 4 centímetros? ¿no tuvo nada que ver con el amarillo? ¿queda así todo justificado? ¿por qué aquel día fui mas alto que Iñaki, si el siempre ha sido más alto que yo? ¿hubo conjunción cósmica aquel día? ¿volvió algún elfo alguna vez de las Tierras Imperecederas?
Preguntas que quedarán para siempre sin resolver…

…carteles ambiguos…
“Johnny menciendo” y Totti

6 pensamientos en “El fin de semana que crecí cuatro centimetros

  1. Mi hermana era la alta a pesar de ser más pequeña, de vez en cuando se pillaba una gripe tremenda y al levantarse había pegado un estirón. Yo no es que sea enana pero lo parecía a su lado. Jamás me pillaba una gripe de esas, ni tenía fiebre ni nada de nada. Me daba mucha envidia, como ahora esta historia tuya, estoy por hacer un bizcocho, jajaja.

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