Outcast, ahora en Kickstarter

Me quiero hoy detener para hablar de un videojuego para PC de 1999: Outcast

outcast 15 años más tarde, hemos visto lo mismo ya bastantes veces; aunque en esta ocasión hablamos de un verdadero precursor en innumerables aspectos técnicos, artísticos y de mecánicas de juego que luego han tenido mucho éxito en conocidas sagas posteriores. Encarnamos a Cutter Slade, un marine enviado a través de una puerta dimensional (¿¡!?) a un mundo abierto místico y misterioso y habitado por extraños seres, mientras nos enfrentamos a la tiranía y desentramamos que causas nos han traído a este lugar, en un mundo abierto y en estilo no lineal. Hasta ahí bien, son los ingredientes básicos de los cuales bien nos sale castaña, bien nos sale juegazo, que es el caso.

outcast1 Empiezo hablando de los gráficos, que ya sabéis que es lo mio: aquel juego era absolutamente distinto a todo; y es en gran parte debido que creaba el mundo con voxels en vez de polígonos. Esto permitía al motor de render hacer verdaderas virguerías que no se empezaron a ver hasta 6 o 7 años más tarde ya con la llegada de la PS3 y X360: texturas detalladas de relieve, sombras suaves, reflejos y ondas en el agua, profundidad de campo, destellos de lente, filtro antialiasing… Para colmo, el motor hacía todo esto tirando de CPU e ignorando nuestras tarjetas gráficas (aquellas Riva TNT y Vodoo…), con lo que las consecuencias ya las imaginais: hacía falta una verdadera bestia parda para rular aquello aún a una resolución de vergüenza. Mi novísimo Pentium III adquirido unos meses antes apenas tiraba de él a una lastimosos 320×240, y tanto es así, que no le volví a dar una oportunidad al juego hasta 2009, diez años más tarde.

Outcast-Screen-4 Entonces corroboré lo que sospechaba en la demo que había jugado diez años antes: no solo los preciosos, extensos y exuberantes mundos eran de lo más atractivo, la IA era brutalmente avanzada, la música era magnífica, y la equilibrada combinación entre acción en 3ª persona y RPG era exquisita (pudiendo interactuar con absolutamente TODOS los personajes no jugables de aquel universo), sino que encerraba una historia redonda, épica, y digna de haber sido continuada, pudiendo haber dado lugar a una incipiente saga (incluso recuerdo haber oído hablar en su día de una posible adaptación cinematográfica) que lamentablemente nunca vio la luz.

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Dicho esto, no nos extraña que este juego se haya convertido en uno de culto para aquellos pocos que lo conocemos y lo hemos jugado. Como ya podreis imaginar, aún contando con el respaldo de la crítica, fue un fracaso en ventas, en gran parte por unos requisitos de hardware excesivamente adelantados a su época, como tantas otras características del juego. La segunda parte nunca vio la luz, y durante estos años, diversos intentos surgidos de grupos de fans han intentado resucitar el juego usando el motor del Crysis, por ejemplo.

OutcastRebootHDProto_02 (1)

He aquí el remake en HD (aun en alpha) del juego

 

Ahora, y siguiendo la estela de Carmageddon (¡qué ganas de que salga ya!) los creadores del juego original han readquirido los derechos de la franquicia y pretenden reeditar el juego actualizado a gráficos modernos, y para ello han lanzado una campaña de Kickstarter. Personalmente, opino que ojala se hubieran lanzado directamente a lanzar la segunda parte, pero me parece una buena idea apoyarles en esta aventura, a quienes espero y deseo todo el éxito del mundo.

Post-Birmingham, año 1

¿Sabéis cuando otras veces recordáis algún hecho, de la naturaleza que sea, y decís “¿¡Ya ha pasado un año!?“? Hoy hace un año que abandoné España y me embarqué a la aventura de irme a Birmingham, y si, puedo decir que ha pasado un año, con todas las letras y el peso de las palabras. Larguísimo e intenso. A lo que ya he dicho y a lo que aún no he dicho me remito.

Amanecer a 11.000 metros

Y eso que los cinco primeros meses en Birmingham consistieron en una anodina, deprimente y desesperante búsqueda infructuosa de empleo. Cayó la breva al final, y el resto de la historia medio la he contado.

Birmingham Library Top View

Sin ser Birmingham una ciudad bonita (muy industrial), tiene una vida, un color y un toque de Metrópoli que ya echo de menos. Dicho esto, no espero volver otra vez en las mismas condiciones…

Pero las circunstancias, que voy inmediatamente a explicar, me obligan a ser breve así que a ello voy: para mi nuevo trabajo me estoy levantando a las cuatro de la mañana para poder entrar a las seis. Si, salgo a las dos, como en casa con mi padre, tengo la tarde entera para mi, y a las diez estoy en la cama.

PERO ME LEVANTO A LAS CUATRO DE LA MADRUGADA xD

Está claro, lo he consultado con el comité de sabios: esto es claramente una conspiración del Universo en mi contra, una venganza, ajuste de cuentas, Karma… como queráis llamarlo, por estar tantos años haciendo uso de la sana costumbre de levantarse después de las 2 de la tarde.

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Ahora en serio: lo llevo muy bien. Muy pronto han hecho que me sienta cómodo y útil, dandome libertad para investigar y moverme sin restricciones, ayudando en taller a ensamblar, a mover, a cargar peso. A conocer al personal, la maquinaria, la forma de trabajo. Empollando también normativa y catálogos, y reinventando el modo de hacer ciertas cosas en la oficina. Y en seguida he llegado a un punto cojonudo: tengo ganas de que llegue el día siguiente.

En la empresa hay muchas cosas por mejorar, eso si, y no he tardado en comprender por qué buscaban un diseñador industrial, no sin antes pasar una primera semana de verdadero ‘pánico’, como un becario sin tener ni idea de nada, en una constante preocupación y miedo por si la cagaba, por si defraudaba, por si descubrían mi farsa. He descubierto pronto cómo puedo ayudar, he comprendido pronto que soy y seré útil. Y es una sensación cojonuda.

 

Hay más cosas que contar, pero hoy esta es la buena noticia que dar, que no me imaginaba que la daría tan pronto, y que ni mucho menos pensaba que podría decir algo parecido no hace ni un mes: estoy a gusto en mi trabajo.

Gasolinera en Guarroman y cielo con Borreguitos, 360º Sphere

No tengo hoy Time Lapse, pero si este panorama esférico del bonito cielo que me he encontrado esta mañana al volver del trabajo, tras llenar el depósito de gasolina que gasto cada semana…

Seguiremos informando.

Me vuelvo

Hay casi un año (¡uuuy, por pocas!) andaba diciendo que me iba de España. Concretamente, a Reino Unido. Me obligaba la circunstancia, pero también era una decisión personal. Una decisión no tan traumática como para tanta gente que debía, debe, y deberá seguir huyendo en condiciones de auténtica desesperación; no tan traumática porque yo ya había vivido en el extranjero, conocía el idioma, y mi cuerpo me seguía pidiendo algo de marcha, algo de aventura. No quiere decir que no me hubiese quedado a gusto en España de haberse dado las condiciones, y por circunstancias familiares, tampoco fue una decisión fácil.

2013, como ya os he contado, ha sido un año muy intenso para mi. Ha llegado el momento de volver, por fortuna no me vuelvo de manos vacías, vuelvo con una oferta de trabajo, de momento concretada en forma de un mes de prueba. Ya entraré en detalles, lo mejor es que estaré cerca de mi familia, cerca de mis amigos, cerca de mi mundo. Ahora que, Oh, Gran Mundo, no te cierras para mi: sigo queriendo viajar mucho, a tantos lugares en Europa y fuera de ella que quiero seguir conociendo.

No tengo mucho más que decir de momento; 2013 ha sido un año intensísimo, espero que el 2014 se presente más calmado al tiempo que cargado de experiencias positivas y enriquecedoras. Reino Unido ha estado bien, le he de agradecer mucho, y sé que volveré, solo que espero que no vuelva a ser por la necesidad de buscar trabajo.

Y para que este post rime un poco con el de hace un año, aquí os lleváis este time lapse desde una ventana de mi piso (tenemos vistas bastante bonitas del centro de Birmingham – ciudad, que dicho sea de paso, no es especialmente bonita)

Time Lapse – Birmingham – 9 Marzo 2014 from Rufo HG on Vimeo.

¡Curso de choque en Historia del Mundo!

Le quiero dedicar una pequeña entrada a esta serie de videos de Historia del Mundo que acabo de descubrir, y también de terminar.

No sé hasta que punto es digno de celebración o de defenestración el que uno quiera aprender rápido y picadito cosas importantes… tal vez para poder desecharlas rápido (cosa que no ha sido el caso). Cualquier historiador, así como científico, biólogo, astrofísico, médico… (es decir, cualquier profesión/campo del conocimiento importante y con capacidad real de influir en la calidad de vida de las personas y su dosis, de modelar el mundo -cosa que un sexador de pollos, todos mis respetos a los sexadores de pollos, no es) con cualquier sensibilidad por la enseñanza siempre va a esperar y desear que te intereses por su campo, que decidas a leerte un buen libro, que te empapes, que bucees, que aprendas y a ser posible, incluso te dediques a su campo. Al fin y al cabo, es natural pensar que el campo al que nos hemos dedicado es importante, ¡estamos dedicando nuestra vida a él!, y podríamos debatir hasta que punto dicha opinión totalmente subjetiva es válida. En cualquier caso siempre querremos reclamar que ‘no se enseñan suficientes matemáticas/filosofía/lengua/música/pon-aquí-tu-campo en la escuela’, ignorando brevemente el hecho de que no podemos ser expertos en todos los campos, o dicho de otro modo, que cierta especialización es necesaria.

Dicha esta divagación sin mucho sentido (que evidentemente tenía ganas de soltar, porque… si), es aquí donde entra el concepto de educación general básica (si, muchachada, soy un hijo de la EGB), que todo ciudadano debería de poseer, básicamente para ser menos estúpido y ser mejor ciudadano, capaz de tomar decisiones que nos afectan a todos de una forma más informada, consciente, y responsable.

(…)

Y aquí es claramente donde entra la divulgación, compañera de esa educación formal que a todas luces no es suficiente, y de la que no solo niños sino también adultos, están muy necesitados.

Ah, la divulgación… eternamente dividida entre resultar entretenida y accesible, y querer bucear en las profundidades del conocimiento; dividida entre simplificar y hacer fácilmente digeribles los hechos, al tiempo que manteniendo el rigor y la exactitud… ¡Es difícil ser (buen) divulgador!

*(aunque, qué cojones, es difícil ser bueno en cualquier cosa, ¿verdad?)

Como ya digo, todo esto es para celebrar esta serie que he tenido el placer de disfrutar, y condensa 15.000 años de la Historia del Hombre en cuarenta capítulos de doce minutos. La empecé a ver más que nada por rellenar mis lagunas sobre culturas antiguas, algo de lo que siempre he estado muy pez (Mesopotamia… y tal), y porque bueno, uno siempre quiere rellenar agujeros, a pesar de que siempre me ha gustado la historia del mundo

Y es aquí donde entra la realidad: siempre que aprendes algo nuevo y gordo te sirve para darte cuenta que realmente antes no tenías ni puta idea. Y ya digo que me consideraba a mi mismo como alguien con conocimientos de Historia por encima de la media (media que evidentemente es muy baja), y que este es un triste curso introductorio.

Pero como toda buena enseñanza -y eso estos lo hacen muy bien- no todo se trata de introducirte los hechos, sino contextualizarlos en tu realidad, enseñarte la visión amplia, y entender no solo cómo afecta a tu vida, sino de que forma usar esos conocimientos para mejorarla.

Y no menos importante, despertar tu interés y deseo de saber más. Ese sin duda es el gran triunfo de cualquier educación.

El primer episodio os lo dejé arriba, aquí abajo os dejo el segundo, así como el enlace a la serie completa.

(Y hablando de divulgación, a ver que podemos decir del remake de Cosmos que presenta Neil deGrasse Tyson, ayer mismo se emitió el primer capítulo en EE.UU.)

De cómo me convertí en ateo practicante. Parte 4: La Solución Trivial

(Viene de aquí)

Ya lo he dicho varias veces, me considero una persona de ciencia, desde siempre. Se me daba bien la física, estudié para ingeniero, siempre me ha gustado la astronomía… En fin, que disfruto observando y analizando, que es de lo que realmente va esto.

Pero las matemáticas, a mi, fatal. Siempre he sido muy sucio, en el instituto entendía y resolvía los problemas a mi manera, pero cateaba porque nunca supe exponer ni demostrar nada. Tardé SIETE años en aprobar la asignatura de Matemáticas de primero en mi carrera, y casi porque al profesor le di pena (si, esa historia es para contarla algún día…). Andahombreya, tantas fórmulas y letras y tanta chorrada, ‘te ya por ahí…

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¿Pues sabéis que? En las matemáticas encontré la respuesta.

Hey, que no me he vuelto ahora un racionalista cartesiano ni voy a empezar con esas cosas que tanto gustan en filosofía tipo “P=>Q”. Con todo, recuerdo una cosa llamada la ‘solución trivial’ a un sistema de ecuaciones, y que en matemáticas no tiene mayor interés (de ahí su nombre).

Se suele mencionar en clase por afán de completitud, y lleva a cualquier profesor diez segundos explicarlo: la solución trivial es dar valor cero como solución a las incógnitas del sistema de ecuaciones que se nos presente. Así de sencillo, y automáticamente el sistema está resuelto. Normalmente hay otra solución más compleja, interesante y digna de estudio, y es a lo que el cansino del profesor va a dedicar las dos siguientes semanas de clase y por lo que tú, que no te estás enterando de una puta mierda, vas a catear, again, and again

Pobre yo-de-hace-diez-años :D

Total, que todo lo demás es un dolor de cabeza. Sin embargo, la solución trivial, eso que tan poco interesa a matemáticos y a filósofos, ese horror vacui… a mi ME-ENCANTA.

¡Qué sencillez!, ¡Qué elegancia! ¡Con qué facilidad queda explicado todo! ¡¡La solución es un puto cero!!

¿Vais viendo por donde voy?

Septima matricula de Fundamentos de Matemáticas

Para que veáis que no mentía :D, este es un extracto de mi matrícula de mi penúltimo año en Málaga. Me da autoridad, ¿no?, la estudié un montón de tiempo…  Y si, también era quinto año de fluidos y térmicas, que irónicamente luego fue la asignatura más directamente involucrada en mi PFC

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De cómo me convertí en ateo practicante. Parte 3: El Principio Antrópico

Tal vez en la entrada anterior, por brevedad, me dejé algunas cosas en el tintero; nada que no se pueda resolver ahora. Y es que me temo que no debo insistir tanto en las respuestas que nos puede ofrecer la ciencia para entender a Dios y a su obra (aparte de que ya sé que la palabra ‘ciencia’ asusta y a muchos les parece bien o incomprensible, o bien inabarcable, o bien producto del diablo), pero lo importante si son las herramientas que nos da.

Con todo, me vais a permitir un poquito de ciencia.

Cuidado con spoilearme Breaking Bad que sigo sin haberla visto entera

Cuidado con spoilearme Breaking Bad, que sigo sin haberla visto entera

Bien, en algún momento he mencionado el segundo principio de la termodinámica. Es sencillo de entender, ¡no os asustéis tan pronto, coño!, viene a decir que si no aportas energía, los objetos se caen y se rompen, los ríos fluyen hacia abajo, las montañas se erosionan, y que una vez que has hecho una tortilla, no podrás deshacerla y recuperar el huevo. Es decir, todo tiende al desorden. Algo de lo que hay que aprender mucho y vemos en la vida diaria: la historia nos enseña que siempre ha sido más fácil destruir que crear.

Pero la vida y la inteligencia son estados de de la materia con un orden superior, pongamos, al barro, ¿Cómo es posible que existan? ¿No viola eso el 2º principio? ¿No hay ahí un milagro, no tuvo ‘alguien’ que intervenir? Bueno, para empezar hay una fuente de energía bastante molona que hace todo eso posible: el Sol. Y el resto, es verdad que no es fácil de explicar en pocas lineas, pero la bioquímica y la selección natural nos enseñan que no hay una linea clara que diga dónde empieza, y que diga ‘a partir de aquí es imposible’. Si, es jodidamente improbable que todo esto ocurra, ni os hacéis idea cuanto. Pero en la existencia de vida y de la inteligencia, no hay nada de estrictamente milagroso, al menos no en un sentido tradicional y místico, no hay ninguna violación de un principio físico, no hace falta pensar que nadie intervino para que así ocurriera.

Y aquí vienen la primera lección (y creo que la más importante): en su absoluta rareza y excepcionalidad, que la vida (y la inteligencia) no sean producto divino no las hacen menos maravillosas, ni indignas de admiración.

(…)

Bueno, ya hemos tocado el segundo principio de la termodinámica y ya he acabado con él, nos lo hemos quitado de en medio. Pero es que hay más. Que exista la vida no es solo que se den las condiciones necesarias. Hay más, y esto es el principio antrópico.

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Oh, Bill O’Reilly, gracias por ser portavoz de tanta estupidez ramplona, el mundo sería más aburrido sin ti…

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De cómo me convertí en ateo practicante. Parte 2: El Gran Diseño

Dejaba la el capítulo anterior de esta serie, de cómo he llegado a ser ateo, empezando a hablar de Stephen Hawking.

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El mismo.

Pero no vamos todavía a eso a hablar del muchacho de la silla de ruedas y voz electrónica. Este es mi viaje, mi blog, he venido a hablar de mi libro. Ya dije antes que vengo de una familia mitad religiosa, mitad rebotada. Yo estoy bautizado, iba a catequesis, hice la comunión y todas esas cosas. Ir misa me aburría cosa soberana, cosa normal en un niño, pero por lo demás, de haber tenido ambos padres religiosos y practicantes probablemente yo hubiera salido igual; no eran severos, y yo nunca hubiera sentido necesidad de rebelarme contra nada.

Solo que no.

Mi padre no iba a misa.

No decía nada, no se quejaba de que mi madre nos llevara a misa, pasaba de cualquier discusión al respecto. Pero no hacía falta que dijera nada: su inacción era todo lo que hacía falta, la chispa para encender la mecha, la pregunta que me hice desde ya muy pequeño: “si mi padre no va a misa, irá al infierno; pero él obviamente no puede ir al infierno porque es bueno y es mi padre, ¿cómo explicar esto?”

Única explicación posible: todo esto es una chorrada. It’s that simple.

Y ya está. Dejé de seguir el dogma y todas esas cosas, aunque nunca dudé de la existencia un Dios, cristiano o no, durante unos cuantos años. Para cuando tenía 14 o 15 años, lo de ir a misa lo había dejado ya mucho antes (y no es que la tenga lejos: de hecho, está casi pared con pared a mi casa), pero es por entonces cuando me empecé a plantear las preguntas inevitables: ¿existe Dios? ¿cuál es el sentido de todo? ¿por qué hay hambre, por qué hay miseria, por qué hay guerras? ¿por qué está ahí el sol y fluyen los ríos? ¿por qué existimos? ¿Por qué, por qué, POR QUÉ ZEÑÓ POR QUÉ?

El problema es que la puñetera idea no dejó de atormentarme nunca. Ya dije que durante años he oscilado entre distintas posturas. Es que me ha obsesionado, era un puñetero dolor de cabeza a veces. Y el tormento, para colmo, era la certeza de que jamás obtendría una respuesta.

Y además, cuando coqueteaba con la idea de No-Dios, ¡joder!, daba un vértigo pensar que no había nada… mejor pensar en un ‘algo’, indeterminado, pero al menos pensar que hay algo más, ¿no? Pero ya volveré a esto. Sigue leyendo