Crysis 2 (y el día que la gente se preguntó si Bill Nighy llevaba maquillaje) (4 de 4)

Nota: al igual que la anterior, no publiqué esta entrada empezada a redactar hace cinco años (en febrero de 2011), porque entre otras razones me pilló el toro, y el gráficamente impresionante Crysis 2 quedó obsoleto en pocos meses (con el Battlefield 3), y no mucho más tarde cuando empezaron a anunciarse las consolas de nueva generación… En cualquier caso, ahora quiero referenciar estas entradas, por eso las completo y las publico.

(…)

Bien, en las anteriores entradas he venido haciendo un repaso mixto, primero sobre la evolución de los efectos digitales en el cine, desde Terminator 2 (y anteriores) hasta Piratas del Caribe: El Cofre del Hombre Muerto (y posteriores), y la evolución paralela de la potencia de los ordenadores, tanto de las estaciones de trabajo profesionales hasta nuestras videoconsolas y queridos PCs. Entre medias también me permití una pausa para repasar la evolución gráfica de los videojuegos. Y mientras, de forma paralela a cómo aumentaba esa potencia bruta, comentamos también la evolución del software, los algoritmos, las técnicas de renderizado e incluso el know how, aumentando perpetuamente el conocimiento y el estado del arte en cuanto a síntesis de imágenes digitales, bien en tiempo real (videojuegos), bien en diferido (efectos especiales y animación)Dicho todo esto, que, se supone, es solo el preámbulo, me lanzo a hablar del Crysis 2.

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El Crysis 1, en 2007, fue un revienta-ordenadores de órdago. Cuando salió al mercado no existía máquina en el mercado capaz de jugarlo con las opciones gráficas al máximo. Como podéis imaginar, cuando apenas dos años más tarde se anuncia que el Crysis 2 simularía Iluminación Global en Tiempo Real, mis ojos se salían de las órbitas.

 

 

No me considero un “graphic whore”… pero solo porque el término tiene un claro tono peyorativo. Definitivamente me encantan unos buenos gráficos. Sigo jugando a juegos de hace 14 años por que son entretenidos, pero que le vamos a hacer, es así como se nos ha venido a llamar los que apreciamos de forma entusiasta la belleza y la perfección visual, pura y dura. Y para hablar del Crysis 2, no me ruborizo al recordar lo que le pasaba al tal Stehndal: es, a veces, dolorosamente bello.

(…)

Es cierto que en ciertos aspectos técnicos, decepciona. Estrictamente, como juego (os concedo todo que diré a continuación esto), la historia no acaba de atrapar, la IA de los enemigos es directamente desastrosa (eso de escuchar por radio como los enemigos dicen ‘he escuchado algo…bah, no es nada’ después de cargarte a uno de los suyos con una granada es de vergüenza ajena), y cuando se estrenó en marzo de 2011, decepcionó a muchos, al darse cuenta que en PC corría bajo DirectX9 (cuando se esperaba el DX11) y muchas características del primer juego habían desaparecido en este. Faltaban las texturas a alta resolución, la física para cada objeto, los mapas de desplazamiento…

Muchos saltaron inmediatamente a decir que el Crysis 1 seguía siendo visualmente mejor, pero sus argumentos se marchitaron en cuanto apareció, unos meses más tarde, el parche DirectX11 que reimplantaba todas esas características que hicieron tan grande al primer juego. (Y cuidado, que no falta quien aun insiste en que el Crysis 1 se ve mejor, pobre de él que no observa la realidad en la que vive… para poder compararla)

 

Pero esto es lo que hay: yo estoy jugando al Crysis 2, y una parte de mi ser sabe (y me lo dice) que lo que está viendo es algo especial. Algo de otro mundo, revolucionario. Y no es solo el uso de Iluminación Global (aunque si de lo más importante), o del HDR o de multitud de técnicas (mapeado de tonos, texturas, materiales)… es el buen uso, artesano, maestro, que se da de todas esas técnicas en unión.

Es muy fuerte que veas algo en un videojuego, como el color amarillo de los taxis, o el verde de la vegetación, y que te llame la atención cuando lo ves de vuelta en la vida real. Que te pares por la calle cuando reconoces exactamente el mismo tono de amarillo, por ejemplo.

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Es que estamos hablando del puñetero mito de la caverna, de Matrix, de la hiperrealidad: no es la realidad la que me llama la atención, sino la ficción, y esta última consigue que vuelva a prestarle la atención a algo que veo todos los días.

Algo que no se ha visto antes, algo que se acerca mucho más a una meta (que parece en el infinito), y desde luego algo que va encaminado en la dirección correcta. Y esa meta es el fotorrealismo puro y duro: al que se llegará cuando un día no seamos capaces de distinguir esas imágenes sintéticas de la puñetera realidad.

(…)

 

ADENDO 2016: Cosas que han pasado videojueguílmente desde que apareció el Crysis 2

 

Retroback 2003: ATI Demo RTHDRIBL

 

Otoño 2011: Battlefield 3

 

2012: ‘Mod’ gráfica para GTA IV (juego de 2008)

 

2013: Demos técnicas de Playstation 4

 

2014: Brigade Engine (representado mediante raytrace, aún experimental)

 

2016: Unreal Engine 4

 

Partes que componen esta serie, “Crysis 2 (y el día que la gente se preguntó si Bill Nighy llevaba maquillaje)”:

  • Parte 1: evolución de los efectos digitales en el cine hasta 2001
  • Parte 2: evolución de los efectos digitales en el cine desde 2006 en adelante
    • Inciso: Evolución gráfica de los videojuegos, (1) y (2)
  • Parte 3: técnicas fotorrealistas de cine usadas en videojuegos.
  • Parte 4: Crysis 2 y el fotorrealismo

Crysis 2 (y el día que la gente se preguntó si Bill Nighy llevaba maquillaje) (3 de 4)

Nota: publico ahora el final de esta serie para hacer referencia a ella en futuras entradas. Debí haberla publicado hace ahora casi cinco años, con lo que a nivel técnico (y de estilo, todo hay que decirlo) ha quedado un poco obsoleta, no obstante las ideas esenciales siguen siendo válidas ;)

(…)

Todo sobre lo que venía hablando ayer hace más de un año, era solo sobre de cine. Al principio avisaba de que también quería hablar de videojuegos, pues visualmente también avanzan, a veces de forma suave, a veces rompedora, hacia ‘la verdad absoluta’, hacia el fotorrealismo total, que algún día hará las imágenes generadas por el ordenador, mostradas en la pantalla, indistinguibles de unas grabadas por una cámara* en el mundo real.

*Digo ‘cámara’, y no ‘ojos’: esa es la diferencia entre fotorrealismo y realismo.

Sin embargo, los efectos visuales del cine y los videojuegos se distinguen en un aspecto clave: los últimos deben de generarse en tiempo real. Mientras que para generar un solo fotograma de una película, hay granjas de render -auténticos monstruos del cálculo- trabajando durante horas y tal vez días (en Avatar se llegó a una cifra récord de una media de 48 horas por fotograma, mientras que lo históricamente, normal han sido unas dos horas para sintetizar cada fotograma), los videojuegos deben de moverse, en vivo y en directo, a 30 fotogramas por segundo, -como mínimo-, y se suelen recomendar no menos de 60. Y eso, calculado y movido por nuestro ordenador de sobremesa o portátil, que obviamente, enfrentado a aquellas granjas de render, no tiene nada que hacer.

Por lo tanto, es obvio concluir que a los videojuegos les queda muuuucho por delante hasta llegar a niveles cinematográficos. Como desgranaba en la primera parte de este post, el cine llego a ese nivel de indisintiguibilidad hace apenas diez años, y faltan décadas hasta que nuestros ordenadores domésticos puedan competir en potencia con lo que hace diez años ya eran superordenadores. Si es que se puede, si es que se puede reducir tanto el tamaño de los componentes, si no hay ninguna ley física que lo impide. Eso es lo que nos espera…

¿Seguro?… Tal vez no tanto.

(…)

Si me pongo perverso, me atrevería a decir que tal vez el ‘fotorrealismo’ en tiempo real es como la velocidad de la luz o el cero absoluto: te puedes acercar todo lo que quieras, pero no los puedes alcanzar. Pero supongo que eso es opinable: El camino hacia el fotorrealismo en tiempo real será un camino todo lo largo que querais, pero es finito. Algun día se conseguirá. El desafío está lanzado, creo que ya hemos pasado la mitad del camino, y pese a las dificultades iniciales (y las que se presentarán al final, en el proceso de pulido) los pasos que se dan ahora son agigantados.

Los orígenes.

Hasta donde sé, esta es la primera animación en 3d de la historia (1972), por Edwin Catmull. Este hombre es algo así como el Gauss de las tres dimensiones, y entre otras cosas, padre fundador, junto a Lasseter y Jobs, ni más ni menos que de Pixar. Lo que no quita que este vídeo esté en la puñetera fosa de las Marianas del valle inquietante (especialmente a partir del 5:11)

En cualquier caso, esa animación (¡con sombreado Gouraud!) es de 1972, y podría decir que aproximadamente en 1992 teníamos unos gráficos comparables en nuestros ordenadores: el X-Wing de LucasArts, con gráficos en 3d en nuestros PCs, que a todos nos dejó alucinados. De modo similar Los gráficos que movían las nVidia FX y las ATI serie 9000 en nuestros PC’s hacia 2002 podrían ser facilmente comparables a la (¡gloriosa!) secuencia del Genesis (Star Trek II: La Ira de Khan, 1982), que también menté antes; y los gráficos que ahora son ya capaces de mover nuestros ordenadores superan a los dinosauros de Jurassic Park (1993). Dado, por tanto, que la primera vez que me sentí plenamente engañado por unos efectos visuales fue con el Gollum (Las Dos Torres, 2002), como de nuevo dije en el post anterior, haciendo una extrapolación sencilla diría que a los videojuegos le quedan diez años aún para que por fin nos la cuelen con alguna imagen sintética y la pasemos por real.

 

Pero ¡un momento!: mi portatil, con un modesto procesador Intel i5, y que tiene tal vez tres o cuatro veces la potencia bruta que tenían entonces aquellas granjas que en 1993 usó la ILM para crear esos velocirraptores, ¡es capaz de hacer los mismos dinosaurios en tiempo real! ¡aquellas granjas tardaban horas! ¿Qué pasa aquí? Sigue leyendo

Hablemos de mi trabajo: Dasware y el Wimic

Hoy tan solo quiero haceros una breve introducción a lo que nos traemos entre manos en mi empresa.

Os presento el Wimic.

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Os contaría extensamente lo que es, pero si veis este vídeo, de una entrevista que nos hicieron la semana pasada, creo que os vais a enterar mejor (y es más ameno)

 

 

Ni quiero ni puedo mostrar mucho más, tan solo deciros que es nuestro primer producto interno en Dasware: somos una pequeña startup granadina constituida hace poco más de un año por dos buenos amigos mios, en la que soy diseñador industrial y gráfico (es decir, exactamente lo mio)

Os dejo con dos renders, aunque podeis ver más en nuestra página web:

www.daswaretech.com

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Lo que si podeis ir es reservandolo: www.daswaretech.com

Os iré teniendo al día, muchachada!

Star Wars – El Despertar de la Fuerza. O la película que no vi. (1 de 2)


*Nota: ya ya, tendría que haber titulado esta entrada “la película KENOBI“, pero vamos a dejar tranquilo al personal y a *
buestros hojos*, no quiero morir a palos xD

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Chewie, estamos en casa…

Pongamos por delante que amo, a falta de una palabra mejor, La Guerra de las Galaxias (me gusta así, reclamando su (incorrecto) nombre en español, por mucho que la traducción más fiel a ‘Star Wars’ fuese ‘Guerras Estelares’). Creo que alguna vez lo he dejado ya caer. Me lanzo ahora, como hace diez años, a valorar una nueva película de Star Wars. Diez años desde que salió la última entrega (la mejor) de esa denostada trilogía de precuelas, treinta y dos desde que salió la última (la peor) de esa casi redonda trilogía original. Años que también han pasado por nosotros: este tiempo pasado y los ojos con los que ahora recibimos esta nueva entrega ¿Le hacen bien?

(…)

Una crítica hecha en su día a Tiburón: La Venganza (la cuarta de la serie, aquella de la que se mofaban en Regreso al Futuro 2) decía:

“Nada mata más rápido a una secuela que la reverencia”.

La primera vez que fui testigo este mal, que ahora parece plagar todos los nuevos proyectos de Hollywood, fue en la bastarda Alien Vs. Predator 2. Solo este año, ya ha pasado dos veces: en las rellenísimas de mediocridad, esteroides y botox digital Terminator Genysis y Jurassic World. Tres películas que fui a ver al cine, seducido, encandilado por la oportunidad de revisitar viejos amigos, bonitos recuerdos, y acabar, si no decepcionado (a estas alturas uno va sabiendo lo que va a ver), si con la clara sensación de que estos experimentos que beben de la nostalgia y se alimentan (más que enriquecerse) del homenaje, no van a ninguna parte.

La pregunta inevitable es ¿Pasa lo mismo con la esperadísima Star Wars – Episodio VII: El Despertar de la Fuerza?

La rima de Star Wars

Los que ya la habéis visto, sabéis cuánto se parece este Episodio VII a la original de 1977, obviando que, no podía ser menos, cumple la tradición de contener un par de buenas batallas aéreas y al menos otra con espadas de luz. Hmmm, hasta ahora la cosa pinta mal: este Episodio VII atraviesa muchas veces esa difusa e incomprensible línea que distingue el homenaje, de la rima, o del plagio. Tenemos los mimbres para el bodrio, para el desastre. No en vano, una no desdeñable masa de fans está dejando patente que no les ha gustado esta entrega. Creo que falta una pregunta fundamental: ¿Me parece una buena película?

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Quieto parao, no nos aceleremos…

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Presentación de mi Trabajo Fin de Máster (de Profesorado)

A falta de haber hecho hoy lo que voy a contar, anoche cerraba unas semanas bien bonicas de trabajo celebrando en el cine, en pase de medianoche, el retorno de Star Wars a la gran pantalla. Como sé que muchos no la habéis visto siquiera aun, os respetaré no haciendo comentario alguno (ya la haré en unos días) pero si os digo que la atmósfera en el Kinépolis de Granada era realmente eléctrica. Al final os he puesto unas imágenes.

A lo que voy. Esta tarde he presentado mi tesina, mi TFM del Máster de Profesorado que estudié el año pasado. Y dado que no lo presenté en junio, y tampoco lo presenté en septiembre, pues si, digamos que me he quitado un peso de encima.

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Os digo la verdad, este tipo de aparatos burocráticos no son muy de mi agrado. Me suelen parecer de un estrés y volumen de trabajo absurdos. Tuve la suerte de hacer mi Proyecto Fin de Carrera en Dinamarca, donde la cosa fue mucho más relajada de lo que hubiera sido en la universidad de Málaga (lo que no quiere decir que no currásemos), y también he tenido la suerte de poder siempre desarrollar en este tipo de proyectos un tema que me apasionaba. Lo cual no es que ayude o sea importante para un proyecto de estas características: es que es vital, imprescindible.

En este caso, me he sacado de la manga un tema del que a priori no sabía si quedaba mucho que decir: cómo aplicar la fotografía a la enseñanza, haciendo al alumno fotógrafo, y con ello, generador de su propio contenido y actor de su propio de aprendizaje. Enseñándole a tener ojo crítico, a observar, a fijarse en su entorno, y estas cosas que tanto decimos los que nos tira el rollo de la docencia: que el alumno ‘aprenda a aprender’, que se vuelva cuanto antes una persona autónoma, capaz de desenvolverse en esta maravillosa, luminosa, espléndida tormenta de mierda que es el mundo en que vivimos.

Abajo os pongo los enlaces al trabajo y la presentación.

Entre otras cosas, planteo ejercicios como debates sobre imágenes, o que los alumnos construyan una cámara estenopeica con una caja de cerillas, cinta aislante y chapa de una lata de refresco. De hecho, yo mismo he hecho una, con la que hice estas fotos.

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Sacar adelante este tipo de cosas, como os podéis imaginar, no se llevan muy bien cuando al mismo tiempo trabajas (y especialmente si es algo creativo y absorbente, que requiere que te estrujes la cabeza).

Y cómo por mucho que a veces pienses ‘solo necesito aprobar, no pienso matarme por esta chorrada, hago un churro y me lo quito de en medio’, a mi se me acaban juntando el puto perfeccionista, el jodido temeroso al ridículo, y el bastardo ansiaviva; y el resultado final ha sido que esta semana antes de la defensa habré dormido una media de 4/5 horas diarias (hacía tiempecillo que no hacía este tipo de cosas, con lo que me gusta dormir…). Para que os hagáis una idea, había ido dejando el TFM y hasta tres semanas antes no decidí presentar ahora en diciembre; el pasado fin de semana apenas tenía 40 páginas escritas y sin maquetar (puñetero y farragoso estado del arte…), y el lunes 14 por la noche, el día que supe que me adelantaban la presentación del lunes 21 a hoy viernes 18 (tres días menos), redacté del orden de otras 40 páginas hasta dejarlo medioqué: cosas que al menos tenía ya en mi cabeza, pero no había puesto aún en el proyecto. Acabé a las 10.30 de la madrugada mañana de lo que ya era el martes. Una siesta, ducha, y a trabajar (habiendo ya avisado de que iba a ir tarde). Pero bueno, ya está, estas cosas pasan, y una cosa menos.

Sea como sea, quiero compartir con vosotros la obra (enlace a archivos pdf):

 

Cuerpo del TFM

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Presentación:

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La presentación ha ido mejor de lo que esperaba, y las sensaciones con el tribunal bastante buenas. En unos días me dan la nota. Mientras tanto y entre otras cosas, lo celebraré jugando un rato a esto. Os iré contando.

Y no me pregunteis por oposiciones, porque eso, ni me lo planteo, ni -lo más relevante- se convocan plazas para profesor de Tecnología en este maravilloso país. En mi trabajo estoy y a mi trabajo voy, que por cierto, me sigue encantando. Otra cosa de la que también os hablaré. Cuando pueda xD

Os dejo con algunas fotos fotos del otro evento de la semana…

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Actualización: Pues al final me han puesto un 9.9. No se ha dado tan mal la cosa :)

 

La ley del espejo

En psicología, la “ley del espejo” dice que aquellas personas en las que reconocemos nuestros mismos defectos, nos provocan rechazo. Eso implica dos cosas; primero, que reconocemos como nuestro ese defecto, incluso cuando no es explícitamente y sólo lo reconocemos a un nivel subconsciente (a demasiadas personas les cuesta trabajo practicar ese ejercicio de introspección, honestidad y autocrítica con uno mismo); y por otra parte, que efectivamente rechazamos ese defecto y no lo aceptamos como una característica inofensiva más.

Creo ser el tipo de persona que tiene la sana costumbre de sumergirse en sus pensamientos, pasar mucho rato consigo mismo, y sin duda ser autocrítico. Dicho esto, creo que cabe añadir que el que uno sea consciente de sus defectos no implica hacer mucho por cambiarlos; puede ser como el fumador que sabe que el tabaco es malo y no le gusta que le guste, pero sigue sin dejar de fumar.

Antes de enumerar algunos de mis defectos, quiero insistir en no confundir estos llamados defectos con lo que amable y autoindulgentemente considero ‘características’. Por ejemplo, introversión y dificultad para entablar relaciones personales, patosidad/torpeza física, afán por el orden..ese tipo de errores con los que uno viene de fábrica y con los que a lo largo de la vida cada uno vamos desarrollando mecanismos de compensación. De hecho, cuando encuentro a alguien con las mismas ‘características’ que yo, suelo sentir simpatía por él, pues veo que vive con los mismos obstáculos que yo conozco tan bien.

Por el contrario, y ahora ya si, entre mis defectos reconocidos y con los que no vivo muy bien, sobresalen dos: mi lacerante impuntualidad, y mi profesional tendencia a la procrastinación.

Históricamente puedo también hablar de lo que técnicamente se conoce como pachorra y tocamiento de huevos en categorías olímpicas -no olvidéis que el que esto escribe no se sacó el título de ingeniero técnico hasta los 28-. No obstante, aunque sigo y seré siendo siempre una persona pacífica y tranquila, hace años tuve finalmente el placer de conocer mi ‘modo turbo’, una especie de super-yo que se mueve, hace, y va sacando las cosas adelante de forma si no eficiente, si al menos efectiva (Bienvenido a mi vida, versión-buena-de-mi-mismo, y gracias por existir). Alguien que resuelve y soluciona cosas. ¡alguien a quien incluso le gusta hacer ejercicio! para que veáis a donde hemos llegado…

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El *horror* de la ciencia en este país

De unas semanas a esta parte vengo viendo dos cosas en mi Facebook.

Una, como con grata sorpresa bastantes de mis contactos comparten las colosales, descomunales, hermosísimas, alucinantes, sensacionales, imponentes… extraordinariamente bellas y sobrecogedoras imágenes que la New Horizons está enviando de Plutón y su hermano pequeño Caronte.

Es decir, lo que técnicamente se conoce como

PUTO

PASÓN.

(…)

Recobremos el aliento: doy por hecho que las habéis visto, pero dado que cada semana la New Horizons me (nos) regala una nueva foto que entra directa en la selecta galería de imágenes astronómicas favoritas-ever, debía y debo compartirlas (cada una enlaza a algún artículo explicativo, donde podéis verlas en alta resolución)

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(..)

Al mismo tiempo, y previos a la reciente y “enésima” confirmación de que hay agua en Marte, muchos comparten esta o imágenes similares a esta:

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Y cuando se la veo compartida a ese colega-de-un-colega que coincidimos un par de veces, y ni sé porque lo sigo teniendo en el facebook, pues más bien paso.

Pero cuando la comparte un buen amigo, un familiar, alguien que me importa, es cuando se me cae el alma al suelo. Amablemente le respondo, al tiempo con la suficiente brevedad para asegurarme de que puede leerlo (y es un dificil compromiso, el ser breve, preciso, conciso y al mismo tiempo, no parecer que convoco Balrogs en la Lengua Negra de Mordor, pues la idea es sonar amable…).

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Esta es la respuesta, por ejemplo, que le dejé a una amiga.

Qué creeis que voy a decir nuevo, que no hayamos dicho ya, que no nos hayamos lamentado ya. Nada. Me apetece desarrollar la idea, tal vez solo por el gusto de desarrollarla, como todo lo que es esto, un ejercicio de retórica y una vez más, por patalear y lloriquear por el estado general de la ciencia en este país en el que nos ha tocado nacer. Espero al menos que si no los conocíais, podéis añadir algunos de estos argumentos a vuestro arsenal. Os copio y pego una entrada, que tenía sentido que pusiera primero en Facebook (allí la leyó, lee y leerá la gente a la que a priori va dirigida), y que ahora os copio aquí:

 

“Estos días la sonda New Horizons retoma su actividad de enviar de vuelta la tromba de imágenes que tomó durante su sobrevuelo sobre Plutón el pasado julio, datos que tardarán más de un año en ser enviados de vuelta.
La noticia aparece en los medios y periódicos de Internet bajo titulares similares a ‘Las dunas de Plutón desconciertan a los astrofísicos’, y para mi desmayo, y para el de todos los que amamos la ciencia, con la noticia aparecen también una tromba de comentarios bastante habituales, unos más explícitos (‘qué desperdicio de dinero’), otros más pasivo-agresivos (‘a mi me desconcierta el hambre en África’), cuestionando al final abiertamente la ‘utilidad’ de estas misiones.

Aunque entre la gran mayoría de los que me leéis y me tenéis como amigo en Facebook no habrá muchos que despreciéis del mismo modo este tipo de grandes labor científica (supongo que no dice mucho a mi favor sobre el sesgo con el que escojo a aquellos con quién ‘me junto’), sigo queriendo hacer desde aquí una puesta en valor y una defensa de este tipo de aventuras de exploración.
Reconozco que desde niño he sido un apasionado de la astronomía y ello me impulsa a escribir esto, pero también se debe a que he visto unas cuantas veces en varios de vuestros muros la tramposa imagen de un niño, normalmente africano, bebiendo agua de un sucio charco, y un subtítulo que hace una afirmación parecida a esta “La humanidad busca agua en Marte mientras niños mueren de sed en la Tierra. La pregunta es ¿hay inteligencia en esta?”

Aunque entiendo el contraste que se quiere denunciar, y que sin duda es dramática la situación de tantos millones de personas en tantos lugares de este planeta, creo que usar precisamente a la investigación espacial, la investigación científica, la investigación a secas, como blanco de estás críticas y como ejemplo total del derroche absurdo, es una gran e incluso grave equivocación.

En primer lugar, y siguiendo el hilo de esa imagen que seguro que conocéis y mencionaba antes, el hecho concreto de que dediquemos recursos a buscar agua en Marte, sirve para que sepamos mejor como buscarla en la Tierra. Si queréis aplicaciones directas, ahí tenéis una.

Hablando más en general, el dinero destinado a investigación, comparado con otros gastos, es poco y pobre. En el mundo del periodismo existe implantada la idea de que el coste de lo que cuesta una misión de exploración es un dato relevante (ciertamente, cifras que se mueven en torno a los cientos de millones de euros), mientras no detecto la misma insistencia en resaltar ese dato cada vez que se envían unos cuantos portaaviones o cazabombarderos al frente de una guerra lejana, en operaciones cuyo coste supera en pocos días lo que durante años cuesta una misión científica. Me pregunto también por qué no se suelen cuestionar otros gastos más numerosos (obras públicas, por ponerlo en contexto), más irrelevantes (fútbol, moda), o éticamente sin duda mucho más cuestionables (Defensa). Por poner unos pocos ejemplos.

Son además gastos no ‘tirados’: la mayor parte de lo que cuesta una misión espacial son sueldos de ingenieros, científicos, administradores, operarios, mano de obra muy cualificada y valiosa (y para la que de hecho, hay muy pocos puestos de empleo), cuyo trabajo y por supuesto cuyos sueldos no son ‘vertidos’ como basura al espacio, sino cuyo trabajo revierte en beneficios tangibles.

Esos beneficios de la investigación, aunque se trate de investigación básica, son a largo plazo, generan mucha más riqueza que otras industrias éticamente mucho más cuestionables y sin duda mucho, muchísimo más caras (de nuevo, defensa, sin ir más lejos).

Poniendo ejemplos concretos, los paneles solares que hoy conocemos dieron sus primeros pasos abasteciendo electricidad a satélites de comunicaciones hace ya 50 años. GPS, alimentos liofilizados, velcro, pañales desechables, detectores de humo, avances en propulsión y aerodinámica para el transporte… avances todos ellos que salvan vidas.

Y finalmente, poner en tela de juicio y dudar de la que es, a mi parecer, una de las cualidades más bellas del ser humano, me parece profundamente equivocado. Esa cualidad es la de la curiosidad. La de querer saber más. La de querer explorar, salir de la isla o valle en que vivimos y saber que hay en el siguiente lugar. Escalar esas montañas solo porque ‘están ahí’. Esa cualidad, la de querer saber, conocer mejor cómo es el mundo y el Universo en el que vivimos, que es la esencia de la investigación y de la ciencia, es no solo algo que se pueda hacer al mismo tiempo que otras necesidades más inmediatas, sino totalmente necesario para saber cómo abastecernos mejor de recursos que hoy nos son esenciales a todos.

Saludos.”

 

 

Este discurso, imagino, quiero creer, necesito creer, que de algo sirve. Seguramente, no. Si por el contrario, creeis que el tono didáctico y paternalista puede ser contraproducente porque parece que solo va dirigido a gente sin formación científica, os equivocais. Pues, hamijos…

Roy Batty: "He visto cosas que vosotros no creeríais"...

He visto a Telecos hablar de lo nocivas que son las antenas de radiofonía. Arquitectos asegurando que ‘esa estructura aguantará’. Químicos hablando del peligro de los ‘chemtrails’. Geólogos hablando de formación rápida de nódulos de manganeso. Físicos hablando de hormigas corriendo en círculo alrededor de una antena Wifi. Médicos alabando los poderosos beneficios de la homeopatía. Ingenieros debatir si pesas un kilo más o no después de beberte un litro de agua. Oh, y por supuesto, “ecologistas” que niegan el origen humano del calientamiento global, cuando no negándolo directamente. 

En fin, esto demuestra que no hace falta no tener ni puta idea para no tener ni puta idea, sino que incluso gente con estudios puede elevar a los altares de la verborrea una elocuente y admirable colección de bocanadas, pulmonías, cánceres de sida y herpes de ébola por doquier.

En fin. Ahora en serio. Vivimos en un país donde la mayoría de la gente tuerce el gesto al hablarle de inversión, investigación, ciencia, conocimiento. Cómo, me pregunto, cómo podemos esperar honestamente que algún grupo político que tenga intenciones serias de elevar el gasto en I+D (y ya de camino, por qué no, en educación), salga alguna vez elegido en unas elecciones, en este país.

En fin, aquí seguimos, aguantando…