Dorling Kindersley (Londres, Autumn Break V)

(viene de aquí)

Nota: no os asustéis por la longitud, que lo que hay son muchas fotos, y no tanto texto ;)

Aquí teneis el quinto y penúltimo episodio sobre el Autumn Break, que para quien acabe de llegar, es un viaje de diez días que yo y unos amigos nos pegamos en Octubre pasando por Oslo, Berlín y Londres mientras estamos de Erasmus en Dinamarca. Muchas son las razones que han hecho que esté tardando tanto en acabar estos episodios, una de ellas es lo que he tardado en procesar las fotos: anteayer, casi cuatro meses despues del viaje, he acabado al fin de procesar (a.k.a. photoshopear) los más de 350 panoramas y/o HDR que disparé en el viaje, condensados todos estos a partir de unas 1700 fotografías. Las otras 300 (disparé en total unas 2000 fotos) eran imagenes individuales que requerían poco o ningun trabajo.

Dicho esto, me tomo un espacio para hacer un análisis/comentario. De Berlín, desde el principio guardé un día, como ya dije, por la cosa de dejar la historia más divertida para el final (aunque lo mismo ya la estoy inflando demasiado, no es cosa de crear hype: son solo un par de anécdotas, punto). Y es verdad, Berlín, en general, me pareció mucho más interesante y divertida. Ya lo dije, no solo por la historia que tiene sino por su caracter, su ‘movida’. Parece una ciudad bastante más joven, más desenfadada, más abierta. Allí me lo pasé mejor (supongo que también porque no estaba tan cansado), pero es verdad que lo que puedo contar sobre Berlín, es en general más interesante que lo que puedo contar sobre Londres. Londres, que es una ciudad maravillosa, no solo es cara (cara de cojones), sino que impone, tiene una pomposidad y ostentación que no se ven ni de coña en Berlín. Dicho de otra manera: me imagino perfectamente viviendo en Berlín, pero no en Londres. Dicho esto, si de Berlín me flipó la ciudad en si, lo mejor que tiene Londres (que no significa que la ciudad en sí se quede muy atrás), al menos para mi, son sus museos. Fiesta, si, tuvimos en Londres, el último día, luego lo cuento. Pero considerad que esta entrada de lo que va a ir es de museos. Prosigo pues con el relato.

Autumn Break

Jueves, 21 de Octubre de 2010

Despues de haber hecho el día anterior el Free Tour, la mañana del jueves se la dedicamos al Museo Británico, que teníamos a tiro de piedra de nuestra residencia. Como podéis imaginar, es imposible verlo en un día.
7 millones de objetos de todos los continentes, 5 millones de visitantes anuales. Números, números, pasemos a la acción: a la entrada te ponen la Piedra Rosseta. Primera, en toda la frente. La entrada es gratis, así que no nos cuesta ningún trabajo pagar por la audioguía, la recomiendo (que al fin y al cabo es una forma de ‘pagar’ la entrada). Elegimos seguir por el ala egipcia, y tras la Rosseta (con tanta fama, me hace gracia que lo primero que quieres hacer es ver que hay por atras: obviamente nada), te encuentras la estatua de Ramses II, de nosecuantos metros de alto.

British museum

British museum

Y cuando te has acabado el recorrido por la sección egipcia, después de las figuras de bronce, de dejarte los ojos fascinado ante el preciosista detalle de los jeroglíficos labrados en los sarcófagos de granito, y de ver todas las momias que llevo años viendo en los libros de Dorling Kindersley (la de Artemidoro o la del pelirrojo Ginger), me entero que ‘en la sala de al lado’, tienen… wait for itlos mármoles originales del Partenon. Ahí es nada. La mitad de la audio guía la dedican entonces a justificar y defender por qué estos deberían de permanecer en Londres, pues si bien estos fueron poco menos que robados, es posible que de no haberlos rescatado no se conservarían en la actualidad. Me hubiera gustado acercarme a ver muchas más cosas (las porcelanas chinas, Moais de la Isla de Pascua, una copia de La Gran Ola de Kanagawa… ). De todas formas no se puede querer ser un ansias, y como ya digo, solo vi las zonas griegas y egipcia, y de pasada, la de Oriente Medio. No es que sea una visita imprescindible de Londres, es que no me parece descabellado decir que ver este museo puede ser razón principal para viajar allí, antes incluso que el resto de la ciudad, y digo que es una de las principales razones (junto al resto de museos) que me hacen querer volver.

British museum

British museum

British Museum, ala Egipcia

Autumn Break

La siguiente parada fue en Candem Town, que apenas vimos la noche antes, y que ahora disfrutamos en todo su esplendor. Una calle/mercadillo entera, con tiendas de frikerío de todos los colores, razas, credos y sexos. Para comer nos acercamos a un chino donde lo flipamos bastante con como se nos disputaban los dependientes de todos los puestos para que comieramos en su local, y nos echamos nuestras risas entrando a unas cuantas tiendas.

Autumn Break

Candem town

Autumn Break

Y nuestra siguiente parada fue al Science Museum.

Y bueno, aquí tengo que hacer una pausa, porque para mi la experiencia del Science Museum está a otro nivel. En el resto de museos, como a cualquier otra persona, pueden tocar la fibra sensible artística, que yo no creo que la tenga más desarrollada que el ciudadano medio (ciudadano que visita museos, claro, que ya sabemos como está el percal). Pero el Science me tocó la fibra de científico/ingeniero… y para que os quiero contar más.

(…)

Autumn Break

El Science Museum de Londres

Antes he mencionado la editorial Dorling Kindersley. Probablemente muchos la conocéis: suele editar libros educativos para un público joven, muy profusamente ilustrados y con textos muy pequeños y repartidos, de fácil digestión. Si en vuestra casa se leía El País a mediados de los 90, recordareis algunos libros coleccionables por fascículos, como por ejemplo “El Gran Libro de Consulta”“Enciclopedia Visual de los Seres Vivos”“Medios de Transporte”. Además, por Círculo de Lectores había más coleccionas de esta editorial en mi casa (hasta el punto de haber algún libro repetido). No es que devorase esos niños de pequeño, es que me los sé literalmente de memoria, y son los cimientos y fuente de toda la curiosidad, conocimientos y nerdismo que emanaba cuando era un repelente niño en el cole. Todavía sigo hojeando los que se mantienen enteros, y los que no… pues también (porque si pusiera aquí una foto de como está “El Gran Libro de Consulta”, os quedabais a cuadros, solo digo que esos cantos plateados combinan muy bien con cinta americana).

El tema es que esa editorial era originalmente británica, y con una clara tendencia a ilustrar los objetos que más a mano tenían: los de los Museos de Londres. Tardé en atar cabos, y aunque ya en el British me sorprendí acertando a conocer tantos objetos egipcios, a pesar de mi precario conocimiento sobre esa cultura, al llegar al Science Museum lo vi claro. Allí estaba la locomotora de Stephenson, la maquina de vapor de Corliss, el cohete Black Arrow, un supercomputador CRAY1, ¡hasta un V2 REAL!… Me di cuenta de que estaba dentro de los libros de Dorling Kindersley, me di cuenta de que estaba dentro de mis libros de la infancia. Si antes he dicho que las cosas buenas que no tiene prepararse mucho un viaje son las sorpresas que te llevas, llamar a esta mayúscula es quedarse muy, muy corto. Estaba electrizado.

London Museums

La primera sala a la que entramos era la del Espacio, y allí me encontré a mi mismo, comentando con Dani que era quien me pillaba más cerca, lo que íbamos viendo. Este me dijo ‘nos tenías que hacer una visita guiada’, y no vacilé un segundo: reuní al resto y les estuve explicando que eran cada uno de los objetos que veíamos. Los conocía TODOS, y modestia aparte, sobre casi todos podía contar mucho más de lo que se podía leer en los carteles. Reconstruciones del Hubble, de la Huygens-Cassini, de un Modulo de Alunizaje, trajes de astronauta… pero todavía quedaba el verdadero extasis, al fondo, vi lo que parecía una módulo de mando del Apolo, y dado su aspecto, empezaba a sospechar que fuera original…

Foto junto al VERDADERO Modulo de mando del Apolo 10

Allí estaba frente a mi el módulo de mando original del Apolo 10, que llevó en 1969 a Eugene Cernan, Thomas Stafford y John Young alrededor de la Luna (famoso este último por haber volado seis veces al espacio, haber pilotado cuatro clases de naves distintas, ser uno de los primeros en acumular 500 horas de viaje espacial, y haber provocado un cabreo monumental a unos cuantos senadores estadounidenses por haber colado un sandwich de chopped en su primer vuelo en la Gemini…). Cierto, ni fue el 10 el primer Apolo que llegó a orbitar la Luna (ello corresponde al 8), ni fue el primero en aterrizar, ¡pero es que estaba allí, era original, y estaba delante mía! Fliping in colours me hallaba, cierto, estaba disfrutando como un chaval :)

Todo esto, era la parte dedicada al espacio. Sobre el resto del museo, les reconocí que no estaba en condiciones de explicárselo mucho mejor, y dado que solo nos quedaba una hora, exploramos lo que nos quedaba cada uno a su bola. A mi todavía me quedaba encontrarme en la sala de los aviones, una estancia gigantesca donde la historia de la aviación se encuentra ilustrada… con modelos reales, a escala natural, colgados del techo. Una vez más los mismos que aparecían en los libros de Kindersley, y de nuevo los conocía todos… El biplano de los hermanos Wrightel autogiro de Juan de la Cierva, el Supermarine S6 de 1929, un bombardero Vickers-Vimy de la 1ºGM, reactores alemanes de la 2ª, la sección de un 747, un prototipo del Harrier ¡incluso un Hawker Hurricane y un Spitfire! (que no los esperaba tan grandes, ¡como imponían!).

Autumn Break

Hawker Hurricane

Autumn Break

Y una vez más, me quedó medio museo por ver. Chapaban a las seis, y literalmente nos echaron. Obviamente tampoco pudimos echar en esa tarde un vistazo al museo de Historia Natural (que está colindante), así en lo que nos quedaba de noche, aprovechamos para pasarnos por Harrod’s y comprobar allí hasta donde puede llegar la ostentación y la opulencia que en general se puede ver en todo Londres. Valga la muestra, se mostraba este Lamborghini de juguete, en la sección idem, cubierto de cristales ¿de Swarovski? (ese nombre ya no se me olvida) por la humilde cifra de… 1500 libras. Y todavía algún padre lo comprará, claro. Luego nos volvimos a pasar por Picadilly de noche para hacernos fotos con el letrero de McDonalds, y tener una imagen noctura del panorama.

Autumn Break

Autumn Break

Autumn Break

Ya en la residencia, tocaba discutir: qué hacer con la reserva que teníamos del hostal para la última noche en Oslo. Serían ya 30€ por aquel hostal la noche del Sábado 23, y que previsiblemente ibamos a necesitar. Entre argumentos peregrinos, quedé yo como último reducto del raciocinio y la lucidez... xD (yo quería dormir en una cama, ¡por dios!), pero al final no quedó otra que plegarse a los designios de la mayoría (coño, ¡y que no me iba a quedar yo solo en Oslo, daba cosica…!). De todas formas, se demostraría más tarde que iba a ser mala idea, e incluso mucho más barata, pues también nos acabamos ahorrando más cosas… Pero de nuevo, no adelantemos acontecimientos.

(…)

Viernes, 22 de Octubre

London

Finalmente, la mañana del último día la dedicamos a visitar (no sin que yo me perdiese los otros se perdieran en el metro y tuviera yo que ir a buscarlos…P) otro barrio mítico: Notting Hill, ver sus mercadillos en Portobello y disfrutar de ese ambiente y ese paseo, además de probar algún dulce de los que vendian en la calle entre todos los puestos de comida (y también experimentamos una visión mágica al entrar en una tienda de productos españoles, la morriña, la morriña…). No volvimos inmediatamente, sino que cruzamos andando los Kensington Gardens (donde no paramos de encontrarnos ardillas y patos que no vacilaban en acercarsenos), y al llegar al Royal Albert Hall había que tomar una decisión: basicamente, la que cada uno quisiera. El primer día hicimos una lista razonablemente extensa de cosas por ver, y con una considerable eficiencia habíamos podido tachar todos y cada uno de los sitios que habíamos querido*. Y todavía nos quedaba una tarde de sobra. Asi que unos cuantos estaban decididos a acercarse a Abbey Road, que está de nuevo ligeramente a tomar por culo, y reconstruir allí la famosa portada del disco (que como es normal no es facil de hacer: los coches no se van a parar y menos apartar para que hagas la gracia), y otros nos habíamos quedado con las ganas de echar un vistazo al Museo de Historia Natural, y si todavía quedaba tiempo, dar un repaso a lo que había quedado por ver de el de la Ciencia. Así que ahí quedó todo, Izaskun, Edu, Rocío y yo nos fuimos a los museos, los otros a Abbey, y el primero que se cansara, bueno, pues todos teníamos nuestro plano y nuestro bono del metro, y nos costaba nada volvernos a la residencia.

Winston! Churchill!

Autumn Break

Autumn Break

Autumn Break

Llegamos al Museo de Historia Natural, y para no variar, apenas acabamos de decir a qué hora quedar de nuevo en la entrada, ya les había perdido. ¡Pero por Dios, es que aquella vez fueron literalmente segundos! Pues nada, allí me quedé yo solo deambulando, y si en los otros museos te podías entretener, en este ya ni hablamos. Es que no vi, se puede decir que razonablemente bien vista, ni una cuarta parte del museo. Me enfoque en el ala dedicada a la Historia de La Tierra (geología), y cuando me quise dar cuenta llevaba más de una hora y los otros lo mismo me estaban esperando ya a la entrada. Yo no había atravesado ni la mitad del museo, y yo no me iba a quedar sin ver el mítico* esqueleto de Diplodocus de 30 metros del hall principal (habíamos entrado por un lateral del museo), así que tiré corriendo para allá, hice mis raciones de fotos de esa sala (el edificio es en si mismo una maravilla), y me volví a donde habíamos quedado solo para decirle a la tropa que hicieran lo que quisieran, que yo, me quedaba.

Autumn Break

Autumn Break

Autumn Break

London Museums

No salió así exactamente, ellos sencillamente no aparecieron (cabrones, donde coño os meteríais…) así que después de esperar un tiempo prudencial, volví a tirar para adentro. Y después de consumir otra hora viendo fósiles, minerales, gemas y piedras preciosas, (y seguí sin ver apenas una parte del museo), me volví al de la Ciencia, y acabe, esta vez si, de explorar exhaustivamente las salas que me habían quedado, aunque como soy gilipollas, ya sin batería en la cámara. Y esta vez entré en el Exploratorium… y bueno, si me veis allí, como alguno de los protas de Big Bang Theory, casi peleándome con mocosos de 10 años por jugar con los experimentos científicos… (aaay, que recuerdos del parque de las ciencias de Granada xD). Lo más grande, sin duda, jugar con la cámara de visión térmica (hace ya muchos años confesé en este blog que algún día tendré que conseguir una, aunque son caras de cojones…) y creerme que era un Predator el que me observaba…

Autumn Break

Todavía me quedaba volver a la residencia (que, os parecerá una tontería, pero sentía cierta clase exaltación al verme solo por las calles de Londres, y al mismo tiempo sabíendome perfectamente capaz de desenvolverme y dar de nuevo con la residencia), y descansar un poquito, porque esa noche todavía queríamos hacer el Pub Crawl de nuevo con la empresa del Free Tour.

Y eso es lo que hicimos. Llegué sin incidentes a la residencia, y tras ducha, cena, y un poco de preparar maletas, tocaba salir de marcha (aunque las niñas esta vez se quedaron). Y al llegar al lugar donde se compraba el tiquet, ¡allí estaba el coordinador que no quería saber de nosotros el martes! Y claro que recordaba nuestras caras, y claro que tuvimos que hacer de nuevo una españolada para colarnos los siete que íbamos, porque no dejaban ir a grupos… Y más españoladas que hicimos, como comprar cervezas por nuestra cuenta y colarlas dentro de los locales, que es la típica fama de la que no me siento orgulloso como español, pero es que en aquella ocasión estaba clarísimo que era lo justo y necesario…

Pub Crawl, Londres

El plan fue este: cinco locales, con un chupito de mierda de regalo en cada local (de ahí las cervezas: al menos en Berlín estas si iban incluidas en el pack), y acabar la noche entrando sin esperar colas, atented, a la Ministry of Sound. No le doy yo mucho al house, pero que coño, hablamos de la catedral, y ya digo, con la pulserita del pub crawl entramos del tirón. La Ministry no es tan grande como tal ve la esperaba, son cuatro salas pequeñitas, nada de macrodiscotecón, pero a mi jamás se me va a olvidar la sala “The Box” y su cartel a la entrada que dice a las claras “Niveles de Sonido Excesivos”. Dicen que en los 120 dB se encuentra el nivel del dolor, y que por encima, exposiciones prolongadas provocan lesiones en el sistema auditivo. Por lo tanto, de necesidad, la gente que trabaja allí lleva protección. No puedo poner énfasis suficiente en explicar hasta que punto todo mi ser vibraba. No me refiero a notarlo en la suela de los zapatos o en las entrañas, sino en la ropa contra la piel, en las gafas, en el mismo pelo. Es que no exagero, era algo bestia. Eso no eran subwoffers, eran generadores de pulsos electromagnéticos, o algo peor, si ponen allí los cohetes del Atlantis encendidos apuntándonos a la cara probablemente no hubiésemos notado la diferencia… (vale, ya si exagero xD, pero insisto, es que era una brutalidad).

Ministry of Sound

Ministry of Sound

(…)

En fin, aquí acababa Londres, y en la práctica, el Autumn Break. Todavía nos quedaba un día en Noruega antes de volver a Dinamarca, y estabamos obviamente reventados (no sé cuantas veces he usado ya esta palabra, pero es que es la puta verdad), asi que no duramos mucho en la Ministry. El mágico regalo que nos dejaba la noche fueron 40 minutos de sueño en la residencia, de esos que mejor ni te hubieras tumbado, antes de acabar de hacer maletas e ir a coger el autobus para ir de vuelta en avión a Oslo.

Sábado, 23 de Octubre

Como ya he adelantado antes, habíamos decidido prescindir de hostal aquella última noche en Noruega. Esto en verdad acabó siendo un ahorro doble: nos ahorramos ademas del hostal, la pura necesidad de ir a Oslo (el aeropuerto de Rygge está a 60 km), ya que teníamos la sensación de haber visto ya todo lo importante: la broma del desplazamiento eran otros 40 euros. Con todo, Noel y Rocio no habían estado la primera vez, así que un grupete (Jose Luis, Cris, Izaskun y Estefanía) se fue con ellos a hacer casi exactamente la misma ruta que ya habíamos hecho una semana antes. Mientras, Edu, Alberto, Jose Ramón, Agustín, Dani y yo, nos quedamos en las cercanías y nos acercamos al pueblecito de Moss, pues según nos recomiendan los guías turísticos del aeropuerto ‘es muy bonito y muy recomendable visitarlo’.

Vaya tela lo que los noruegos entienden por bonito.

Yo por bonito entiendo Baeza (por poner un ejemplo de ciudad con el mismo tamaño aparente), pero lo que allí nos encontramos fue a) un pueblo desolado cuyas calles habían cerrado tiempo ha, si es que habían abierto alguna vez, b) el característico sol nórdico, que parece que está quieto, y que ilumina, pero que no pega, y c) un omnipresente olor a col hervida (siendo amables) a causa de la fábrica de papel que presidía el pueblo. Olor a Mierda S.A., 24/7. Al menos dimos un paseo bonico por la costa, nos hicimos unas cuantas fotos y echamos un buen rato, ¡y hasta nos echamos una siesta en un centro comercial!

Moss, Norway

Moss, Norway

Moss, Norway

Moss, Norway

Moss, Noruega

Ya de vuelta en el aeropuerto, aprendida la lección de la semana anterior, dormí con hasta cinco capas de ropa (y dos pantalones así como dos pares de calcetines) a modo de acolchamiento y protección térmica, además de una almohada improvisada mejorada. Y hasta dormí bien, eh, nueve horas (casi) sin interrupciones. Cogimos sin incidentes el avión de vuelta, y de nuevo, después de pasar por Aarhus, llegamos bien descansados a Horsens, donde solo nos quedaba hacer la compra (nos pillaba el hipermercado de camino entre la estación de trenes y la residencia); y como es casi inevitable, a mi me tocaba ponerme malo (tampoco fui el único) y estar una semana casi sin moverme del cuarto.
Estuvo bien, estuvo bien… y esa segunda noche durmiendo en el aeropuerto Rygge, especialmente bien, si la comparamos con la primera…

Moss, Norway

Eso me enlaza con el día que deliberadamente omití, el 16 de Octubre de 2010. Pero ya corresponde contarlo en el siguiente y último episodio.

Nos vemos, no sin antes, como siempre, enlazar aquí unas cuantas fotos. Saludos.

Autumn Break

Autumn Break

British museum

British museum

British museum

British museum

British museum

British museum

British museum

British museum

British museum

British museum

Candem town

Candem town

Candem town

Candem town

Candem Town

Candem Town

Candem Town

Candem town

Candem town

London

Autumn Break

London

London

London

Picadilly Circus

Autumn Break

London

London

London

London

Autumn Break

London

Autumn Break

Esto en España los patos no lo hacen ni de coña

Autumn Break

Autumn Break

Autumn Break

Autumn Break

Autumn Break

Autumn Break

Autumn Break

Autumn Break

Autumn Break

Autumn Break

Autumn Break

Natural History Museum, London

Estatua de Charles Darwin, Museo de Historia Natural, Londres

Dodo!

Autumn Break

London

London

Science Museum, London

Science Museum, London

Hawker Hurricane & Supermarine Spitfire

Autumn Break

Science Museum, London

London

Autumn Break

Autumn Break

Autumn Break

Autumn Break

Moss, Norway

Autumn Break

Episodios publicados

1. Prólogo (o Prefacious)

2. Los Trolles Noruegos (Oslo)

3. De muros, búnkeres y ‘Ampelmänn’ (Berlin, I)

4. ‘Mind The Gap’ (Londres, I)

5. Dorling Kindersley (Londres, II)

La parsimonia
'Mind The Gap' (Londres, Autumn Break IV)

4 pensamientos en “Dorling Kindersley (Londres, Autumn Break V)

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