Berlín: muros, bunkeres y «Ampelmänn» (Autumn Break, episodio III)

(viene de aquí)

Recién acabo de entregar el proyecto semestral (bueno, acabo de enviar mi parte para que me la impriman), puesto que ya estoy de vuelta en España con mi familia, aquí me encuentro dispuesto a disfrutar de tres semanas de vacaciones en las que tengo realmente poco que hacer (excepto trastear un poco con el 3ds Max para la presentación del proyecto: con diferencia la parte que más disfruto). Dicho esto, vamos al ajo, vamos a seguir contando el viaje.

Puerta de Brandeburgo

La última vez estábamos abandonando Oslo, camino del aeropuerto para tomar el avión a Berlín, ¿no?. ¿Pues sabéis qué? Que ese día, el sábado 16, me lo salto. Por ahora. Ea.

Domingo, 17 de Octubre

9 de la mañana. Ahí estoy yo en mi cama, escuchando a mis compañeros levantarse, ducharse, hablar y reírse, mientras para mis adentros pienso que no puede ser verdad lo que está pasando. ¡Están madrugando, después de la que cayó anoche! Que digo la noche anterior, ¡hacía un rato! Yo no solo es que no me lo pudiera creer, es que directamente me estaba cagando en todo y en todos. No hablemos de borrachera o resaca, porque lo mio era no era eso sino lo siguiente (y también lo de los otros, digan lo que digan, jaja). Alguna vez me han dicho que soy de malos despertares, pero aquella mañana la procesión iba por dentro. Me querían llevar de tour, de andar y esas bizarradas, después de haber dormido apenas tres horas, después de todo lo de el día anterior. Y me lo planteé, pensé mientras aún estaba en la cama ‘me quedo, me quedo en la cama, ya me levantaré luego, ya los buscaré, ya si eso voy al siguiente turno del tour guiado…’

Por supuesto, estuve maldiciéndome, todo lo que me quedó de viaje, por haber siquiera llegado a plantearme no levantarme aquel día.

Nada, remoloneé un rato e incluso me quedé solo en el cuarto mientras los otros desayunaban, pero con una ducha rápida (si, el concepto ‘ducha rápida’ y yo podemos coexistir, porque fijo que alguno salta) se solucionó todo, que hasta me dio tiempo de desayunar y quedarme contento y coger una naranjica pa el camino.

La parsimonia

Conversando con Edu, con nuestras naranjicas y con lo que me gusta llamar ‘eficiencia energética’ (otros lo llaman parsimonia, jaja). Fotografía de Dani Durden.

El plan era llegar hasta Pariser Platz, justo frente a la puerta de Brandeburgo, y empezar allí lo que se llama el Free Tour.

Os cuento que es el Free Tour: es un tour guiado por la ciudad de gratis. Lo de gratis es un decir, al final pagas ‘la voluntad’, pero sale uno tan satisfecho que normalmente pagas más. Y con un rollo bastante desenfadado y jovial, aunque no deja de ser serio e intensivo: el trayecto de apenas cuatro kilómetros nos llevó más de cuatro horas, lo que son más de tres horas hablando/escuchando al guía. La empresa que hace el free tour hace también otros tours guiados por las más importantes ciudades europeas, pero este es el que sirve de reclamo, y es una jugada que seguramente  les está saliendo de puta madre, porque si le ponen la misma pasión que en el Free Tour, la gente repite seguro. Con la misma empresa repetimos luego en Londres, y ambas ciudades hicimos también el ‘Pub Night Crawl’ que nos enseña la marcha nocturna llevándonos por unos cuantos sitios variados. Pero no avancemos tanto.

Lo dicho, un tono desenfadado y jovial, el chaval que nos guió a nosotros (un barcelonés llamado Xavi), contagiaba con facilidad su pasión por la historia, según parece igual que el guía del segundo grupo, pues nos tuvimos que dividir por ser más de diez.
Ya he dicho alguna vez que el viaje no me lo preparé muy bien. Pero es sencillamente lo que pasa cuando estas con la mente completamente ocupada en otras cosas hasta el mismo día de antes, así uno no acaba de encajar las piezas o hacerse expectativas sobre lo que se va a encontrar. Si ahora digo que la historia me gusta, diréis ‘pues vale’. Pero si digo que la del siglo XX directamente me flipa, me empezareis a decir, ‘si, ya, muy oportuno’. Hablamos de historia, hablamos de siglo XX… y hablamos de Berlín. Qué más se puede pedir.

Xavi nos tuvo primero sentados una media hora, en la misma Pariser Platz, contándonos, como introducción, la historia de Berlín y de Alemania por extensión. Por supuesto de una forma amena, todo lo alegremente que puede ser contar la historia de Alemania. Iniciamos el trayecto: pasamos bajo la puerta de Brandeburgo, comprendimos el significado de la cúpula del Reichtag, paramos en el (sobrecogedor) Memorial del Holocausto, echamos un vistazo a lo que ahora es un aparcamiento, fuimos testigos de la soberbia de la arquitectura nazi, vimos amplios trozos del Muro, percibimos el característico olor de los Trabant, nos hicimos unas fotos en el Checkpoint Charlie, y tras unos cuantos panoramas en lo que se puede llamar la zona antigua de Berlín (la Plaza de la Gendarmería, La Opera, la Universidad Humboldt), acabamos frente a la Catedral, en la Isla de los Museos, donde Xavi acababa la visita contándonos la felicísima consecuencia de una torpe rueda de prensa convocada por la RDA un 9 de Noviembre de 1989. ¿Apasionante? Como poco.

Berlin Dom

No debería enrollarme demasiado sobre esto (que no digo que no me gustaría), la wikipedia está ahí para eso y yo aquí estoy para contar mi viaje. Pero dejadme al menos recordar un dato. Berlín es una ciudad muy joven, no solo metafóricamente: solo se convirtió en capital de su ducado, Prusia, en el 1701, y de lo que ya se puede llamar Alemania, en 1871. Como sospecháis, lo gordo aún quedaba por venir: ser el centro de dos guerras mundiales y de un país dividido por dos sistemas enfrentados.

Ya digo que aquel paseo estuvo lleno de muchas cosas emocionantes, para bien y para mal, pero si me permitís resaltar una, fue la del triste aparcamiento. Solo en los mundiales de fútbol de 2006 pusieron finalmente allí una plaquita para contar la historia del lugar: antes no había nada de nada. Pues en aquel aparcamiento, o mejor dicho unos cuantos metros bajo él, aún estaba, selladísima e indestructible, la estructura de hormigón de lo que fue el bunker de Hitler. Allí donde vivió los últimos días, donde se pegó un tiro y donde fue incinerado. Y ahí está, el puto morbo de saber esos detalles, el de aguantar a turistas (como yo) que lo siguen preguntando, que lo seguirán visitando.

La historia del muro es otra historia, muy apasionante y muy triste, pero la que le precede… Mirad, quiero soltar el rollo y no se donde encajarlo, asi que aquí va.

(…)

No digo que ignore los hechos, pero son solo ideas y datos que tienes sencillamente ahí, flotando en tu cabeza. Y solo cuando estás allí (con lo poco que se puede ver en los días que he estado), es cuando esas piezas encajan en tu cabeza. Si, sabes que en Alemania han pasado cosas, pero estamos acostumbrados a ver a Alemania, no solo como el país ejemplar y plenamente desarrollado y democrático que es, sino como fundador y locomotora de la idea europea. Piensas en el nivel de vida que tienen, en Angela Merkel, en la Bundesliga, en el perro policía Rex… (vale, esto ya es coña)… y te crees que toda aquella cosa de Hitler, los nazis y la 2ªGM es algo que sencillamente pertenece a otro plano de existencia. Si, ya digo que me encanta la historia y desde luego me fascina la 2ªGM, pero casi cuesta demasiado asimilarlo, así que quieres creer que eso no tiene nada que ver con ellos. Gente tan amable, tan viva, tan amistosa (mucho más que los daneses, al menos en mi experiencia). Es que no lo puedes casar. Pero que va, chavales, que va… no es solo que lo tengan presente, es que es una tremenda losa sobre sus espaldas a la que ni se le puede buscar el día en que se la van a quitar. Porque no fue solo la guerra, el hecho de perderla y de acabar con el país devastado, sino de sufrir, los unos, la división, el desgarro y el pisoteo del comunismo durante 45 años, y los otros una comunidad internacional que no ha parado de repetirles y restregarles lo que hicieron, como a un todo, como si ellos mismos no hubiesen sido victimas del propio nazismo, victimas incluso desde antes de que empezase la guerra…

Es una pequeña anécdota la que voy a contar, pero de todo esto solo me dí cuenta el día que escuché, a una amiga alemana de mi hermana, pronunciar ‘Hitler’ en medio de una conversación. No lo dicen igual que nosotros, no. Aquí, cuando pronunciamos ‘Franco’, es la mitad de las veces dentro de un chiste. Y con Hitler hacemos cosas como esta. Ellos, pronuncian Hitler, y necesitan coger aire. Les tiembla la voz. Ves los monumentos, ves el del Holocausto en Berlín, la cantidad de sobrios memoriales que hay desperdigados por todo Berlín y Alemania… no, esta gente ni lo ha olvidado, ni lo va a olvidar. Que si, que será una obviedad lo que digo, pero a me ha resultado una verdad de la que solo he visto clara recientemente.

Ministry of Air

El antiguo Ministerio del Aire, o más concretamente, de las fuerzas aereas (Luftwaffe), comandadas por Hermann Goering. Es uno de los pocos edificios de la arquitectura nazi que sobrevivieron a la guerra. Se siguió usando durante la época comunista (donde tuvieron lugar disturbios durante la Revuelta de 1953), y actualmente es la sede del Ministerio de Hacienda. No, no es un edificio muy querido…

Y luego está lo del muro… la herencia de dos sistemas… Xavi nos avisó que no hiciéramos la gracieta que muchos hacen al ver el muro: ‘eso lo salto yo’. Bien que no era muy alto, pero si se comenta que en realidad eran dos muros, separados por una ‘cinta’ de unos 30 metros de ancho, con más de 300 torres de vigilancia en los 120 km de perímetro, y pensada para tener perfectamente a tiro a cualquiera que intentase atravesarla, además de perros, alambradas, sistemas automaticos de alarma, iluminación constante, fosos… No, no era fácil de saltar.

Berlin Mauer

Uno de los muchos trozos de muro que te puedes encontrar, bien en su sitio original, bien desperdigados por la ciudad…

Pero, en fin, cambiemos de tercio, y que vaya aquí va un dato más o menos divertido, una consecuencia actual más o menos feliz del muro: Berlín no tiene un centro. Tiene tres. O al menos, un ‘centro muy disperso’. No solo porque sea una ciudad muy grande, o porque cualquier rastro de ‘casco antiguo’ pudo ser borrado después de los bombardeos, sino porque como ciudad dividida, cada sistema tuvo su propio downtown. Así que tenemos el ‘centro’ capitalista, el comunista, y el ‘nuevo’. Lo que pudo ser antiguamente el centro acabó cayendo donde luego estuvo el muro, eso incluía el Reichtag (que no se reinauguró hasta 1999), la puerta de Brandeburgo, Postdamer Platz, Friedrichstrasse…. asi que todos estos lugares se remodelaron despues de la reunificación (no los reconoce ni la madre que los parió), y ahora por ejemplo te encuentras las embajadas de Francia y Estados Unidos… compartiendo vecindad con viejos bloques de apartamentos de arquitectura soviética.

Postdamer Platz

Postdamer Platz, donde por ejemplo se celebra el festival de cine de La Berlinale. Todo edificios/rascacielos hechos nuevos en los últimos 20 años, ni rastro de lo anterior.

En fin, acabo de contar el viaje, o por lo menos la parte que toca, porque ya habéis tenido bastante ladrillo por hoy.
Aquella tarde poco más hicimos, cogimos el tranvía (la primera vez que cojo uno), y nos plantamos en el mercadillo de Mauerplatz (ey, me he pegao un trabajito de investigación para averiguar el sitio, eh :D). Bueno, parecía más bien El Mercadillo, con mayúsculas, porque aquello parecía inmenso (en el mapa compruebo ahora que no tanto) y estaba hasta los topes de gente, aparte estaba al lado de un parque/cesped/campo deportivo, donde la gente tomaba el aire, jugaba, se traía la familia, y por si fuera poco se había arremolinado la muchedumbre en torno a un anfiteatro donde quien quisiera podía coger el micro y hacer un pollas el rato. El solecico de la tarde acompañaba, y la verdad es que en su conjunto, la de aquella tarde era una estampa bastante bonita. Eso, una bratwurst con mostaza deliciosa (si ya sabía yo que los alemanes no me iban a decepcionar con las salchichas), y una piedra mal pisada que desató la feria de las ampollas (de todas formas ya tenía la planta del pie a punto de caramelo), completan casi ese día.

Mauerplatz

Faltaba volver al centro, donde deberíamos haber visto la cúpula transparente del Reichtag. Dicen que es una de las visitas imprescindibles de la ciudad, y no lo pongo en duda. Resulta que ese era el único día en el que podríamos verla, pues cerraba el resto de la semana por reformas o algo así, así que juntando unas cosas con las otras, al llegar a la plaza nos encontramos con una cola que podía perfectamente durar dos horas. La realidad: eran las siete, noche cerrada y refrescando, había hambre, llevabamos trés días andando, y no habíamos dormido muchas horas (yo concretamente, tres). Pero lo más importante, y en este caso hablo por mi, era que a esas alturas ya tenía clarísimo que a Berlín he de volver, y no como un vago plan a largo plazo. Y ya está, ya habrá ocasión de ver el Reichtag por dentro ¡así que tocaba descansar! Unos pocos se quedaron a verlo (y cronometrados, estuvieron en la cola dos horas), los otros nos volvimos (no sin cruzarnos con Victor, Coke y Chicote, tres zaragozanos que están con nosotros en Horsens, ¡el mundo es un pañuelo!). Y despues de cenar, una rica ducha y una partidita de billar en el albergue (que yo ya ni veía las bolas), tocaba, muy merecidamente, dormir ocho ricas horas.

Reichtag

Lunes, 18 de Octubre

Memorial al Soldado Sovietico

Al día siguiente, la primera visita es al parque de Treptower. No está muy lejos, pero hay que coger metro. Bueno, quien dice metro, dice tranvía, cercanías, autobus… bien, esto merece un inciso.
En Berlín eso de pasar por maquina para picar el billete no existe. Lo compras, lo sellas, y tienes 24 horas de usarlo que quieras. Sin controles, sin taquillas, sin puertas ni ruletas ni nada. Pero precisamente aquella mañana pasaron control: cinco colegas bien fornidos de uniforme se subieron en una parada y se adelantaron para estratégicamente contener a cualquier hipotético ‘intruso’ que quisiera escapar, mientras uno que ya estaba montado con anterioridad e iba vestido de paisano empezó a revisar billetes. Por suerte (por suerte), los llevábamos encima. Porque la multa son 40€, si, pero también hasta 600€ y diversas movidas, por reincidencia. Vaya, que acojona, disuade. Digo por suerte, porque claro, como buenos españoles como poco se nos había pasado por la cabeza colarnos, por suerte también tenemos la suficiente para hacer las cosas a derechas

Lo dicho, nos acercamos hasta el Parque Treptower, y después de un bonito paseo bajo los arboles, se encuentra el memorial que los soviéticos construirían en honor a los 20.000 soldados rusos caídos en la Batalla de Berlín. Es el monumento más importante en la Alemania del Este a los Aliados caídos en la guerra, y el segundo más grande tras el que hay en Stalingrado. Famosa es la estatua del soldado, con un niño en brazos, mientras sostiene una espada con la que acaba de crujir una esvástica, que yace a sus pies. Realmente épico. Debajo de la estatua se encuentra la tumba del soldado desconocido. Frente a esta figura, en la parte opuesta del parque, aparecen dos estilizadas banderas sovieticas hechas de granito rojo, también junto a dos soldados arrodillados. Nos hicimos unas cuantas fotos en el lugar, porque lo merecía, y seguimos nuestro camino.

La siguiente parada fue majestuosa: el Museo de Pérgamo (solo uno de los cinco que hay en la famosa Isla de los Museos y el único edificio que vimos por dentro). Casi seguro que en alguna foto habéis visto la gran sala que ofrece una reconstrucción del Altar de Zeus de la ciudad que da nombre al museo. El ala griega estaba cerrada, así que solo pudimos visitar la romana y de Oriente Medio. Por desgracia apenas tengo fotos, me quedé sin batería, y aunque como imagináis hay muchas más fotos, para ilustrar esta parrafada estoy intentando usar solo fotos mías. Si el Altar era impresionante, más aún me resultó encontrarme con una reconstrucción (usando piezas originales) de la Puerta de Ishtar de Babilonia. En historia de civilizaciones antiguas tampoco es que ande muy fino, las cosas como son, pero sobre ella algo sabía (entre otras cosas porque sale en la película de Oliver Stone) y lo cierto es que no esperaba encontrármela allí.  Me impresionó, de verdad, igual que tantas otras cosas de Berlín…

Y de nuevo, desplazarnos, atravesando de nuevo Berlín para llegar al Palacio de Charlottenburg (Aquí, con panorama VR de 360º incluido). Estaba cerrado, y solo pudimos dar una vuelta por los jardines, donde se ve que ni los patos, ni los cisnes, ni las ardillas le tienen ningún miedo a las personas. Anda que pasa lo mismo en España… jejeje, da que pensar.

Tengo algo borrosa el resto de la tarde, pero la ingente cantidad de fotografías me ayudan a reconstruirla: fuimos al centro del Berlín Occidental, donde comimos fideos chinos y unos Dunkin Donuts en la parada del metro del Zoo, vimos algún artista callejero que nos dejó los ojos como platos, nos hicimos algunas fotos junto a Gedächtniskirche (iglesia que se no se ha reconstruido a propósito tras la 2ªGM), y aprovechamos el rato restante para hacernos con algún recuerdillo de Berlín (*) en las tiendas que había cerca.

Palacio de Charlottensburg

Nos reunimos entonces con una amiga de Izaskun que estaba en Berlín ese año también de Erasmus, asi que nos llevó un poco a dar una vuelta por la zona que ella conoce y que soy incapaz de localizar en el mapa (insisto, tengo los recuerdos de esa tarde ya borrosos, y la iluminación nocturna tampoco era lo mejorcico), pero que venía a ser otra zona de marcha, con locales donde tomar cerveza, pasear junto al río, y un barco que como poco tenía pinta de llevar el sida, porque vaya horas de pasear por allí, sacando los móviles para alumbrar y procurando no pillar el tétanos con algún borde oxidado… jajaj. Pero vaya, la ‘anécdota’ de la tarde fue el tío que se agarró al brazo de Jose Luis mientras íbamos todos juntos hechos una piña, ¡el flipao se mezcló con nuestro grupo y anduvo unos metros con nosotros!, e igual que vino se fue… No lo recuerdo bien porque iba adelantado aquella vez (si, ¡por una vez iba adelantado!, seguramente en condiciones normales me hubiera agarrado a mi por ir, como siempre, el último… quien sabe), pero vaya, que fue la historia de la noche.

El puñetero barco oxidado, que grima daba, copón…

Ya en la noche cerrada, nuestra última en Berlín antes de partir a la mañana siguiente a Londres, hicimos el Pub Crawl (como dije, guiados por la misma empresa que hace el Free Tour), y lo compartimos con un grupillo de franceses que también están con nosotros en Horsens. En el primer local nos volvimos a encontrar con el segundo guía, que acompañó a los otros el día anterior, nos hinchamos de cerveza, nos hinchamos de chupitos, nos hinchamos de beber, nos hinchamos de hablar (esa es otra cosa que me guardo para mí…), y desde luego, nos hinchamos de bailar, porque despues de cinco locales, acabamos en el ‘Matrix’. Buen lugar, una alternativa conocida, al menos sobre el papel, que por ignorancia ya habíamos descartado la noche del sábado… Y luego dicen que la ignorancia es la felicidad ¡Y una mierda!

Pero esa ya es otra historia…

Amanecer sobre las vías del tren


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Hala, tomad fotos. Nos vemos en Londres.

Puerta de Brandeburgo

Puerta de Brandeburgo

Opera de Berlin

Deustche Dom

Plaza de la Gendarmería

Berlin Dom

Berlin Dom Lustgarten

Arlon Hotel

Berlin Mauer

Volks Polizei

Fürerbunker

Mauerplatz

Mauerplatz

Reichtag

Reichtag

Treptower Park

Treptower Park

Treptower Park

Treptower Park

Treptower Park

Memorial al Soldado Sovietico

Museo de Pérgamo

Museo de Pérgamo

Ishtar Gate, Pergamon Museum

Vintage

Charlottensburg Palace

Palacio de Charlottensburg

Charlottensburg Palace

Charlottensburg

Charlottensburg

Charlottensburg

Charlottensburg

32 pisos

PA179930

Pariser Platz

Puerta de Brandeburgo

Puerta de Brandeburgo

Despedidas (*goodbyes)
Autumn Break 2010, episodio 2: Los trolles noruegos

8 comentarios en “Berlín: muros, bunkeres y «Ampelmänn» (Autumn Break, episodio III)

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