Cómo preparar tu mochila de ‘peregrino’ (Camino de Santiago 2016) (parte 3 de 3)

Como dije en el anterior post, para ir terminando hablemos de mis pecados (cosas que he echado y de las que tal vez podría prescindir), las que si debería haber echado, y finalmente, las que NO DEBEIS ECHAR a vuestra mochila.
Para la introducción, comentarios generales, y contenido principal de la mochila, a la primera y segunda parte me remito

Mis pecados

Gafas de bucear
Como al final no me he bañado, evidentemente me han hecho falta y por tanto han sido un ‘peso’ (con todas las comillas que hagan falta) inutil. No obstante no concibo meterme en una piscina solo para mojarme, sino que me gusta de verdad nadar y también bucear un poco, y es por ello que no concibo llevar bañador y no llevar unas gafitas.

Al remojo ;) #cacabelos #agosto #rio #fiesta #caminodesantiago

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Lentillas+solución en ampollas
No suelo llevar lentillas, pero no obstante suelo tener, en mi casa, un pack de lentes de uso diario, por si algún día… lo que sea. El caso es que en El Camino, existe la posibilidad real de que pierda o rompa las gafas (de nuevo, quien sabe) y que me quede pero bien jodido (tengo bastante miopía), por lo que un par de lentillas (o tres, o cuatro), me pueden salvar el percance hasta el regreso.

Libretita+lapiz
Una moleskine, para colmo, lo más hipster que te puedes echar en cara. Solo la he usado para escribirle mi dirección a uno de los buenos amigos que haces. Llevando un par de papeles, (o una libreta aún más pequeña), habría salvado unos 300 g, que es algo. De todos modos sigue siendo buena idea llevar algo de papel.

Móvil de repuesto. 
Porsiaca, porsiaca… ay los porsiacas. No, al final no ha hecho falta ni de lejos, asi que creo que podría prescindir de él.

Pegamento para plásticos + Cianocrilato + Cinta aislante.
Me puede la cosa esta de ingeniero-manitas-del-chichinabo, pero pienso que lo mismo se me despega la suela de las botas, o se suelta algo de la mochila, o yo qué sé… si por mi fuera hasta me traía cinta americana, 3en1 y una llave inglesa+alicates. Si al final va a ser verdad que no tengo remedio… xD

Cámara reflex
Ay madre… si, mi querida Canon 1100D. Incluso con el objetivo 18-55 que trae por defecto no llega a 700g, pero si ya sumo su funda, más lo que va en ella (cargador, baterías de repuesto, tarjetas de memoria…), a lo tonto estamos ya en el kilo y medio, facil. El año pasado incluso me traje el objetivo Tamron 18-270, que no está pensado para llevarlo al cuello 6 horas diarias (todo como sobrerreacción a que el año anterior solo me llevé el móvil y me quedé con muchas ganas de hacer ciertas fotos chulas), pero en cualquier caso, reconozco que una reflex al cuello no es un ejercicio de responsabilidad, y tiene incluso algo de pose. Las del móvil no, pero muchas compactas disparan en RAW y tienen una calidad muy decente. Y con todo, no renunciaría a ella, y qué contaros, a lo tonto también haces amigos con ella al cuello…

Fiel (y ligera) compañera Un año más, me he traído al Camino mi leal Canon 1100D, esta vez con su compañero 'default', el objetivo conocido como el 'pisapapeles' aunque perfectamente válido 18-55. No pesa tanto como el Tamron 18-270 que traje el año pasado, no he hecho tantas fotos, y muchas de las que he hecho ha sido de forma redundante con el movil, con lo que algunas ya las habréis visto en el día a día (y el movil incluso le gana cuando lo he usado para hacer panorámicas y selfies, sencillamente son herramientas que se complementan). Ya procesaré y subiré el resto de fotos de esta reflex, con calma, como de costumbre; sencillamente me apetecía compartir mi alegría y sensación de acierto por habermela traido ;) #caminodesantiago #canon #eos1100d #18-55

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Cómo preparar tu mochila de ‘peregrino’ (Camino de Santiago 2016) (parte 2 de 3)

Hechos los comentarios preliminares, vamos al meollo, y que mejor que empezar comentando los zapatos y la mochila

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Los zapatos

Junto a la mochila, el calzado es tal vez la elección más importante que debes tomar y pensar con antelación de todo el viaje. Como regla general, que tus zapatos sean de buena construcción, que se adapten bien a tu pie, y que lo agarren pero sin asfixiarlo. Todo lo que quede suelto y roce, como ya hemos comentado, es origen de ampollas. Huye también de botas altas que agarren el tobillo, no quieres eso.

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Pero sobre todo, sobre todo, no estrenes calzado en el viaje.

Yo mismo he quebrantado esa norma, que ya conocía, este año, y ha estado a punto de ser mi perdición. El calzado debe de estar andado, que tu pie y tu zapato se adapten y conozcan mutuamente, y si no te queda otra que comprarlo justo antes, haz con él el equivalente a un par de etapas o tres, ándalo al menos 50 km, y de paso entrenas un poco, porque lanzarse a hacer el Camino sin algo de preparación no es de valientes, sino de inconscientes.

La mochila en si

Hablamos de la típica mochila de senderismo, de estructura reforzada y con apoyo lumbar. Que tenga muchos compartimentos y bolsillos distintos es buena idea, así tendrás acceso rápido a la mayoría de las cosas. También sería interesante si se mantuviese en pie al dejarla en el suelo. Pero ninguna de ellas es clave, sino que agarre bien, que nada baile ni quede suelto, robándote energía en cada paso. En cualquier tienda de deporte te pueden aconsejar mejor que yo, pero piensa que el peso no debe reposar en los hombros, sino en las caderas.

Ropa

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3 mudas (y la tercera ya es solo porsiaca).
Esto es, 3 pares de calcetines, 3 de calzoncillos y 3 camisetas.
Como preferencias personales, que los calzoncillos sean tipo boxer (me explico por si no se me entiende: que os recojan bien los huevos, y no vayan ahí tañiendo al aire libre porque es ingrediente perfecto para las rozaduras), y los calcetines, gruesos y de invierno. Ya he hablado del tema ampollas (insisto, este año han estado a punto de derrotarme), y una de las técnicas que se citan para prevenirlas es vestir dos pares, así que tenedlo en cuenta al hacer vuestra provisión.
Finalmente, mejor si las camisetas son de colores vistosos, esta es una norma universal de cualquier senderista (pues por regla general querrás ser fácilmente encontrable, no vaya a haber problemas), y en cualquier caso, que no sean oscuras, pues os harán pasar más calor cuando el sol pegue.
La tercera muda estrictamente sobra, si laváis la ropa todos los días. Pero bueno, como no es raro que haya algún imprevisto, echadla, anda, no pasa nada. Pero con 4 mudas ya me estáis vacilando.

Pantalones largos.
Es uno de lo elementos básicos del caminante, tal vez el más vital después de la mísma mochila y el calzado. Entiendo, igual que comentaré ahora con la ropa de manga larga, que existan peregrinos que quieran bañarse y beber todo el sol posible (especialmente los guiris). No obstante, aviso que por la mañana suele refrescar, siempre hay insectos y arbustos con ganas de joder, y la protección ante el sol sigue siendo importante. Todo ello me conduce a recomendar de forma casi imperativa vestir mientras caminamos unos pantalones largos. Cómodos, si, pero largos.
Ah, y que tengan buenos y numerosos bolsillos: te resultarán bastante útiles.

Gorro
Primordial. El sol pega, y pega fuerte. Siempre lo puedes empapar en una fuente y que refresque aún más. Y también protege del frío, ojo. Los de pescador son los que más me gustan: los puedes llevar en un bolsillo, así vete olvidando de ese sombrero de paja que no vas a saber dónde meter.

 

Camiseta, sueter o polo de mangas largas (y cuello alto)
De nuevo, el propósito de esto es protegernos de las bajas temperaturas al amanecer, así como de las quemaduras. Eso último es más opcional (siempre está la opción, obligatoria si se va en manga corta, de usar loción solar). Personalmente me gusta la idea del cuello alto, pues además de protegerme el cuello de quemaduras, también me permite llevar la reflex siempre al cuello sin sufrir por el rozamiento de la correa (ya iremos a los rozamientos, ya…). Alguno pensará que para llevar una camisa de manga larga sería mejor algún tipo de abrigo o chubasquero, con lo que me remito al siguiente punto, y también al primordial: ¡salvar peso!

Poncho
Dicho lo anterior, evidentemente hay que tener en cuenta la más que probable presencia de lluvia, con lo que un poncho cumplirá la función en tal caso. Se pliega bien, cabe en un saquito y pesa poco. Problema solventado.

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Toallas
Una de mano hará las veces: ya ni pido que de la vuelta a la cintura, pero si al menos que te alcance a taparte ambas partes pudentas al mismo tiempo aunque la tengas que agarrar con una mano. Y otra pequeñita, venga si, porsiaca.

Saco de dormir, finito
No sé ni como lo conseguí (creo que en una tiendecita en Pamplona), me hice con un saco de dormir no más grande que dos puños, y que no llega a los 150g de peso. Es de una tela bastante fina, pero al menos concede ese mínimo de abrigo que puede ser necesario. Os recuerdo que la inmensa mayoría de albergues disponen de juegos de sábanas desechables de algodón-celulosa para mantener una higiénica y mínima separación con el colchón que tantas personas usan.

Pantalones cortos.
Si, pero para estar ‘por casa’, echar las tardes tranquilamente cuando vayas a almorzar, visitar el pueblo o ciudad de turno, echar unas cañas… Piensa que además alguna vez tendrás que echar tus pantalones del camino a lavar, por lo que necesitarás otros ¿no? Los cortos son para la tarde, hace calor, claro, y además tampoco es plan de echar otro par de pantalones largos, recordad que intentamos salvar peso y volumen.

Chanclas
De nuevo, para después de la ducha y toda la tarde, tu pie necesitará sentirse liberado, te lo aseguro. Que no sean rígidas, es decir, que puedan aplastarse fácilmente para meterlas en la mochila.

 

Otra manga larga
Pensé que no la necesitaría (y así fue durante los 6 primeros días) pero eventualmente, conforme entrábamos en el Bierzo y en Galicia, empezó a refrescar por las noches, demorando también el secado de la ropa. Como mi polo de manga larga estaba aún tendido, acabé echándole mano a una camisa de cuadros que solo eché porsiaca. También sirve para ir poco más arreglaillo, si tercia, aunque la pongo de lo último en la lista, pues es algo que tiene un pie en la zona gris.

¿Bañador?
De nuevo, si tenéis uno pequeño y ligero… de vez en cuando hay albergues con piscina, y siempre es un gusto pegarse un chapuzón. Con todo, he acabado por no usarlo este año, con lo que lo dejo como opción.

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Cómo preparar tu mochila de ‘peregrino’ (Camino de Santiago 2016) (parte 1 de 3)

Agosto de 2016, y como marca la hoja de ruta, he completado la ‘tercera’ etapa del Camino de Santiago con mi padre, como los dos últimos veranos.

Camino de Santiago 2016 - León > Sarria

Para poner al día a los nuevos, empezamos en 2014 en Saint Jean Pied de Port (cruzando los Pirineos) hasta el mismo límite de La Rioja y Castilla-León. Allí lo retomamos el año pasado y lo completamos hasta León, donde igualmente lo hemos retomado este, para acabar en Sarría, apenas a 110 Km de Santiago. La intención es llegar a Santiago el verano que viene, (y seguir hasta Finisterra y Muxia), y si es posible también con mi hermana acompañándonos. Nuestras razones para hacer esta locura, personales e intransferibles aunque totalmente abiertas, son sin duda compartir esta experiencia como padre e hijo (aunque para mi padre sea la tercera vez), conocer -muy buena- gente, y todo hay que decirlo, emplear de una forma sana y muy barata las breves vacaciones de las que disponemos (las razones espirituales se las dejamos a otros ;))

Mi padre y yo al subir al ‘Pico del Perdón’ (con Pamplona al fondo) en 2014

Ya lo dije hace dos años: es una experiencia que os marcará, que disfrutareis, que os hará crecer, y que llevareis con vosotros el resto de vuestras vidas.

Así que, por no repetirme demasiado en la narración etapa por etapa, quiero centrarlo en compartir mi experiencia sobre como preparar mi mochila (que no llega a 8 kg) la cual a su vez viene sobre todo de la de mi padre, autentico sherpa y guía en este Camino, el cual merece totalmente su parte de autoría en esta entrada, y cuya marca en cuanto peso (6 kg) me muestro incapaz de batir.

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Esta es toda la mochila que ha llevado mi padre, la suya no llegaba a 6 kg. Incluye unos pantalones largos, un juego de sábanas de algodón, y hasta una botella de aceite de oliva de medio litro con la que cargó todo el viaje. Insisto, 6 kg.

Solo hay una norma básica: hemos de llevar el mínimo peso posible.

Diversos manuales suelen marcar como límite no más de 10 kg y nunca más del 10% del peso corporal. Cualquier cosa que supere esto es una insensatez. Pensad que vamos a llevar nuestro propio peso durante unos 25 km todos los días: 25.000 pasos, 25.000 impactos sobre nuestras articulaciones inferiores, durante 6 horas, cada día. Esto no es una competición, ni a quien lleva más peso ni a quién hace más kilómetros, pues la idea es siempre disfrutar.

Y es que, amigas, amigos, no he parado de verlo: personitas que no llegan a 50kg cargando con mochilas que pesan fácilmente 20kg, ampollas más grandes que el pie que las contiene, rodillas y tobillos hechos polvo, y tendinitis hasta en el cielo de la boca. Así no, muchachos, así no.

No dejaré de comentar que hay servicios de taxi y paquetería que te llevan el equipaje grueso de albergue a albergue, con lo que solo tienes que cargar contigo el agua y las viandas que necesites en esa etapa. No entraré a juzgarlo (de hecho, los que hacemos el Camino Francés también hacemos algo de trampa, pues la idea del peregrinaje es que además de partir desde tu misma casa, también debes volver), pero si hay algo realmente insensato es llevar exceso de todo: caer en el porsiacasismo, el creíque y penséque, la excesiva precavidez y en resumen, la incapacidad de liberarse de lo superfluo y quedarse con lo esencial.

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Y es que si llevas muchas cosas en la mochila, seguramente también las llevas en la cabeza, y personalmente creo que en un viaje como este, la idea es liberarse, vivir con lo básico, ligero de equipaje. Liberarte, literal y metafóricamente, de todo el peso que no es esencial. Es un ejercicio muy sano y también otra de las buenas y saludables razones para hacer este Camino. Te lo digo de verdad: si tu mochila pesa más de 15 kilos, tienes unas cuantas preguntas que hacerte.

Bueno, a lo que vamos. Como al final la entrada me ha salido un pelín larga, hago sumario de lo ha contenido mi equipaje, y a continuación lo voy desgranando.

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Escocia. Apuntes

Beinn Dorain

Os presento un aperitivo, un resumen escueto y rápido de lo que ha sido mi viaje por las Tierras Altas (y también algo de las bajas) de Escocia. Como os dije en mi anterior post, he estado unos días con la familia por aquellos nortes con los que tenía una deuda pendiente, y sin muchas exquisiteces (hemos estado de albergues y bocadillos la mayoría del tiempo) y con un coche de alquiler, nos hemos dado una buena vuelta por aquellos lares.

A Gift for a Thistle

Como tampoco dispongo ahora de mucho tiempo para hacer un recorrido exhaustivo y quiero enseñaros ya algo (especialmente las fotos, fotos fotos fotos!), esto no es una lista exhaustiva (hemos hecho más cosas, como por ejemplo, ver rápidamente en Madrid esta exposición que no quería perderme), pero básicamente, el viaje ha sido lo que leéis/veis. Con este resumen os dejo, no más que un aperitivo ;)

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Algunos números.

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Noches

Los lugares donde hemos parado a dormir, aparte de Edimburgo (dos noches al principio y otra al final), han sido: Fort William (costa oeste), Broadford (dos noches en la Isla de Skye, gran destino de este viaje), Inverness, y Braemar (en los Cairngorns). El penúltimo día tomamos un desvío considerable para acercarnos a Stonehaven, en la costa este, a probar allí el ‘Fish’n’chips’ genuino y visitar el castillo de Dunnottar (aunque no tuvimos huevos de probar la barrita Mars frita). Mi padre condujo el coche cuatro o cinco kilómetros, con lo que podéis imaginar quien se comió el resto del viaje al volante (cosa que no me es nueva), sin poder paladear el paisaje tanto como me hubiera gustado. Eso si, las pausas, cada pocos kilómetros, por la misma razón: saborear.

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Aquí comparto un mapa con la ruta que hemos seguido, que sois libres de usar como sugerencia. El sentido que usamos es horario, empezando por Stirling y hacia la costa oeste, y acabando por Braemar y los Cairngorms. Ahora que lo se, recomiendo hacerlo en sentido contrario, yendo de menos a más, pues el Lago Ness y los Cairgorms saben a poco después de haber comprobado la grandeza y pureza más salvaje de la costa Oeste.

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Hablando de Edimburgo (o tendría que empezar a decir ‘edinbaragh’)

Es y sería un destino cojonudo como Erasmus o lo que sea. Chavales que me leais, apuntadlo. De hecho vuelvo convencido de que es La Ciudad, una capital con todas las de ley: mis simpatías por los independentistas escoceses. Vivir un año en Escocia tiene que ser la leche, además de que con el poco contacto que he tenido con ellos, he notado otro aire, otra forma de ser más cercana y relajada que la de sus vecinos ingleses del sur. IMG_7112 - RojaIMG_6877 - RojaIMG_7121 - Amarilla

Música

Con Braveheart (del difunto James Horner), Queen (por la BSO de Highlander) y Señor de los Anillos (hacía tiempo que no la escuchaba, así que pelos de punta x2), presentes de forma prominente. Indiana Jones y Parque Jurásico también han sonado, casando a veces muy bien con los paisajes y el momento.  

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Comparaciones odiosas

Me puede, me ha atraído siempre lo remotoEscocia, que conste, ha sido y es un pasón como destino turístico. No obstante, y dado que también he estado en Islandia (y estoy enamorado de ella), me siento obligado a hacer ciertas comparaciones. Si buscáis la naturaleza realmente virgen y salvaje, paisajes sobrecogedores y realmente alejados de la mano del hombre, así como la grandeza de la verdadera desolación, gana Islandia. Si por el contrario, queréis historia, mucha historia, llena de castillos en semirruinas y antiguas historias de batallas, y la fácil accesibilidad a servicios básicos como gasolineras, supermercados, cobertura en el móvil y entrañables pueblecitos y sus gentes con sus correspondientes albergues cada pocos kilómetros, Escocia y las Highlands es vuestro lugar, sin olvidar que comparte con Islandia buena parte de su fauna y flora subárticas, así como fiordos y valles glaciares.

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Cosas que han faltado

Tiempo, como siempre. Ocho días dan para lo que dan. Y no voy solo, lo que evidentemente condiciona. Como cualquier otro país, Escocia es un lugar para irse a vivir unos meses, y explorar tranquilamente. Me gustaría tal vez saltar las islas Hébridas y otros lugares más remotos, y dedicarle algo más de un día a la Isla de Skye, por supuesto. Los museos así como la vida nocturna de Edimburgo también deben de ser un pasón, pero no hemos catado ni media. Por otra parte, y como era de esperar, incluso en verano no ha acabado de hacer buen tiempo, y la lluvia ha sido cuanto menos caprichosa, aunque siempre ha habido buena visibilidad. Hubiera caminado más, hubiera ascendido a más sitios, hubiera visitado más lugares que se han quedado en el tintero… De castillos, eso si, me he quedado saciado. Y no he probado el whiskey más que de la forma más triste posible: comprando una botellita ya a la vuelta en el ‘duty free’ del aeropuerto de Edimburgo.

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Edimburgo

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The Old Man of Storr

 

Fotografía

Reconozco que es un poco bestia el dato: 40 Gb de fotos. Unas cuatro mil fotos y pico. Cuando estrené la cámara en Islandia hace tres años me volví con 14 Gb y ya me pareció una barbaridad. Las tomadas desde el coche están en JPG, mientras que cuando nos parábamos tiraba en RAW, que sube mucho el montante. Además, hay panoramas que me llevará meses ensamblar, que constan fácilmente de 30 o 40 fotos cada uno. Y no solo me llevará tiempo arreglarlas todas, es que además no me quiero dar prisa: quiero irlas repasando y redescubriendolas lentamente.

Y si os lo preguntáis, el hecho de hacer tantas fotos hacen que se prolongue mi disfrute y paladeo del viaje (más me ha jorobado ir todo el rato al volante); pero mientras ‘estirábamos las piernas’ (cosa que, insisto, ha pasado muuuucho, a veces cada pocos cientos de metros) no creais que me privé de mis momentos de silencio y con la cámara guardada, respirando ese aire tan puro.

(…)

Os dejo con unas fotos más y el resto de la galería, la cual a su vez no más que un aperitivo. Nos vemos.

 

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Me voy a Escocia unos días

Desde hace cuatro años le debo una visita a Edimburgo (un grupo de amigos míos fueron y yo me quedé en dique seco). Al final voy a saldar la cuenta junto a mi familia, y solo no esa cuenta con Edimburgo, sino la que tengo desde niño con las Highlands (no desde que vi Braveheart como pensareis algunos, sino desde que vi en una revista el paisaje que acompañaba un anuncio de Cardhu).

El viaje lo hemos preparado razonablemente bien (es decir, tenemos pillado el coche, los sitios para dormir… incluso hasta hemos sacado los vuelos con antelación…), pero con la flexibilidad de que básicamente, haremos lo que queramos y nos detendremos donde queramos. Echaremos un par de días en Edimburgo, y luego recogeremos el coche y deambularemos por las Highlands: la isla de Skye, el lago Ness, los Cairngorms

Nada, solo comunicarlo, y dar envidia y tal… ;P

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Como no tengo mucho más que contar al respecto, quiero aprovechar para mostraros un interesante cortometraje, rodado en buena parte en el castillo de Eilean Donan (el que veis arriba); el mismo que aparece en Los Inmortales.

El cortometraje al que me refiero, Black Angel, fue dirigido por Roger Christian, diseñador de producción de películas como Alien o Star Wars (para nada un mal curriculum), y fue creado con la intención de mostrarse como entrante junto al estreno de El Imperio Contraataca, en 1980. Narra una leyenda ‘artúrica’, en la que un caballero de las Cruzadas encuentra a su regreso a su familia enferma, debiendo enfrentarse a un ‘caballero oscuro’ para salvarlos.

Lo interesante de la historia es que los negativos originales se destruyeron, y el cortometraje se dio por perdido durante 31 años, hasta que en 2011 se descubrió una copia, que ha sido meticulosamente limpiada y restaurada y se muestra aquí, en un estado prístino. Unida a los paisajes de Escocia, a los que hace un gran homenaje, la historia luce un gran poder visual y aunque sencillo, un cuidado diseño de producción. Os dejo con ella.

(..)

Dicho esto, y como evidentemente aún no tengo fotos de Escocia (y las tendré, brace yourselves…), os recuerdo que nunca acabé de contar el viaje que me pegué a Islandia hace ya casi tres años (y no lo he olvidado), con lo que aprovecho para subir algunas fotos mías más, parecidas a las que podré tomar en Escocia, de aquel viaje a Islandia, cuyos paisajes sin duda son y serán un duro rival con las que tomaré en las Tierras Altas.

 

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Iceland

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(…)

Por cierto, hablando de Los Inmortales: me la he vuelto a repasar para prepararme el viaje, y, dándome cuenta que nunca la había visto entera, lo digo: no es tanto que haya envejecido mal (seguramente nunca fue tan buena), es que es de risa lo que se le ve el cartón, ¡por todos lados!. Eso si, la música de Queen, y efectivamente los paisajes de Escocia, brutales, lo mejor de la peli.

Camino de Santiago: La Experiencia Humana

(English version here)

En el post anterior expliqué unas cuantas razones que a mi parecen bastante buenas para hacer el Camino de Santiago. Todas ellas creo que se condensan en una idea: flexibilidad, para hacerlo y montartelo como tú quieras. Etapas cortas o largas, en plan señorito o en plan tiraete, en soledad e intimidad o en grupo, la elección es vuestra. Más que nunca, caminante, no hay Camino, se hace camino al andar.

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Pero os dije que ninguna de esas razones es la que a mi me ha enamorado del Camino.

Lo que me ha enamorado es la gente.

Y esto lo digo yo, que soy introvertido, y aunque con los años no te queda otra que espabilar y que se te quite la tontería, siempre he tenido dificultades para relacionarme. Y es que el Camino, como cualquier otro reto en el que viajas ligero de equipaje, fuera de tu zona de comfort, fuera de lo facil y lo seguro, es una oportunidad, alejada de ataduras, de pulsar el botón de reset, de probarte de nuevo y de ensayarte, y acercarte más a esa persona que deseas ser; una oportunidad de ser más capaz, más auténtico, más grande. Sin dudas ni miedos, sin máscaras ni poses.

Y del mismo modo, aquellos que te encuentras, se hayan igual que tu. Sin las defensas altas, sin miradas raras, sin dobleces. No hay diferencias de edad, sexo o creencias, y desde el más pequeñín (y valiente) hasta el más avezado se han sentido desde el principio integrados donde quisieran, pues no hay lugar para teatros, ¡como si tras andar 30 km diarios quedaran fuerzas o ganas de fingir algo que no se es!

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Jadeando, sediento, con dolor en las rodillas y tobillos, y puedo seguir diciendo que esa sonrisa no tiene nada de fingido.

Y tal vez por eso, aparece entonces un sentimiento de hermandad, de buen rollo, de cuidado mutuo, de pura amistad y humanidad, representado en cosas tan sencillas como compartir con alguien ya-no-más desconocido el pan y medio tomate en una cena sencilla; poder dejar el movil cargando bien lejos de tu cama y saber que mañana seguirá ahí, la tranquilidad de poder llevar equipamiento caro (ya se que me puedo traer la cámara buenay la certeza de que si te pasa algo, si te da un mareo, pierdes tu equipaje o tienes cualquier otro problema, por pequeño o grande que sea, siempre alguien te va a ayudar. Por cómo se hacen grandes amigos en pocas horas, y las despedidas tras compartir solo unos kilómetros -incluso en la primera etapa- se hacen ya duras.

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Para mi, eso, esta experiencia humana, ha sido lo mejor del Camino.

(…)

 

Respecto a mi, empezar a hacer el Camino era una idea sin cristalizar y por muchos años guardada en el fondo de mi cabeza (tal vez desde 1993, el primer año Xacobeo que se promocionó ampliamente), y que incluso el mismo día de empezar a hacerlo no veía muy clara (¿Llegaré arriba? ¿Aguantaré hasta el final? ¿Me romperé y tendremos que volvernos a casa?). El día que mi padre me planteo hacerlo junto a él -apenas con unas semanas de antelación, y teniendo ya otras ideas para las vacaciones- dije si sin apenas pensarlo, y aunque tuviera la ventaja de tenerle como sherpa, la preparación que tuve fue muy escasa.

 

Desde el recuerdo a mi madre, a quien tanto echamos de menos, y la sana envidia de mi hermana -que por trabajo no ha podido venir, y que sin duda se vendrá con nosotros a continuar la experiencia el año que viene-, la idea era y ha sido disfrutar del Camino junto a mi padre, (ya era la tercera vez que él lo hacía), compartir esta experiencia como padre e hijo, unirnos y conocernos más si cabe, y demostrarnos a nosotros mismos de qué somos capaces.

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Junto a mi padre, en lo alto del Pico de Perdón, con Pamplona al fondo. Gracias a Flor por tomar y pasarnos la foto.

Esta fue nuestra elección los primeros días. Por supuesto, el viaje puede ser todo lo solitario, meditativo e íntimo que queráis; y también puede ser todo lo que hay entre eso e ir de forma inseparable con más personas. La elección es vuestra.

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Eso si, con todo lo que quiero a mi padre, y por mucho que yo ya tenga 30 años, ¡podeis imaginar lo que es estar casi 10 días juntos!, jajaja, especialmente dado el carácter que ambos tenemos. Algunas escenas, que ahora recuerdo con una sonrisa, se dieron inevitablemente, y al llegar cierto día decidimos mutuamente darnos libertad, y creo que es lo mejor que pudimos hacer, pues es algo que él mismo agradeció. Y pasar de cenar todos los días solos, a vernos de repente sin apenas prepararlo, compartiendo mesa con dos alemanas, dos austríacos, un coreano, una japonesa, ¡un neozelandes! y solo otro español fue algo que a él le abrió los ojos. 

Ambos tenemos la suerte de defendernos en inglés, y al final de esa noche le pude decir ‘¿Ves como así es mejor?’ Desde esa noche, seguimos haciendo el camino juntos, que no revueltos, a nuestro ritmo, y compartiendolo y abriéndonos a más personas. Y haber probado los dos modos (el de haberlo hecho como uña y carne con mi padre, y también hacerlo libremente), creo que era la mejor combinación posible.

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Como tantas veces nos dijimos en el camino, ‘tu sigue que ya te alcanzo yo’…

… como solía pasar en las subidas, que era donde yo siempre le adelantaba ;)

 

Y es que, amigas y amigos, lo voy a expresar lo más claramente posible. En mi corta vida guardaba como tesoros hasta ahora dos experiencias que creía únicas y que nunca se volverían a repetir. La primera, mi primer año de Universidad: salir de mi casa, conocer a los que son y siguen siendo mis amigos eternos, y que es algo que casi he narrado en directo desde que escribo aquí. La otra, que me tocó como una segunda lotería, es el año que estuve en Dinamarca como estudiante Erasmus. Es algo de lo que, presumo que sabréis, todo el mundo vuelve hablando maravillas, y no hago más que corroborarlo. Salir ya no de tu casa sino de tu país, y sobre todo, conocer otras culturas, la del país al que vas, y la de tantos estudiantes de tantos países distintos… es algo que te hacer crecer enormemente y no hago más que recomendar a todo el que pueda hacerlo.

Y he aquí la cosa que tiene poder estudiar fuera o hacer un Erasmus: el que pueda hacerlo.

Y tal vez esta es la mejor parte del Camino: todos vosotros, cualquiera, podéis hacerlo. Y esto, a su vez enriquece la misma experiencia con todavía más variedad, en países, razas, edades y creencias. En el Camino, no lo había previsto para nada, he recuperado de nuevo esa sensación, ese desafío gratificante fuera de tu zona de confort, perdido y redescubierto de nuevo, y rodeado de excelentes personas, y me he dado cuenta que lo puedo vivir y repetir cuando quiera, por barato, asequible, y cercano.

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Y es que, creo uno no hace el camino solo por el reto, por las ampollas, por los kilometros, por encontrar a su Dios, o a uno mismo, o por reencontrarse con la gente, con los tuyos, con la humanidad. Sino por todas esas razones, a la vez.

Uno hace el camino por sentirse vivo. Uno hace el Camino porque es vida.

 

Será difícil que volvamos a coincidir, pero espero mantener contacto con todos vosotros, los que he conocido en el Camino. Joanna, Chema, Ana, Vicent, Flor, Nicola, Marino, Ramona, Audrey, Albert, Eva, Hi Chi, André, Viola, Jiwon, Choi, Zio, Eufrasio, David, Dirk, Alfonso, Espe, y especialmente a Chiharu y Lee Hyeok -a quienes espero volver a ver pronto- y tantos otros de los que nunca supe vuestro nombre, un placer haber compartido esta breve e intensa experiencia con vosotros. Una pena que apenas tengo fotos con vosotros, espero poder ir recabando las que salieron de vuestras cámaras, para tener un buen recuerdo vuestro. A todos, abrazos fuertes, y en lo que os queda hasta Santiago, y en la vida, ¡Buen Camino!

Camino de Santiago 2014

Camino de Santiago 2014

Camino de Santiago 2014

Camino de Santiago 2014

Camino de Santiago 2014

Camino de Santiago 2014

 

St. James Way: The Human Experience

(Original en español aquí)

In my previous post I explained a few reasons that, from my point of view, are good and more or less convincing to do the St. James Way, el Camino de Santiago. All of them can be condensed in one idea: flexibility, to do the Camino and make it in your own way. Short or long stages, in a cheap or expensive way, lonely and intimate or in group, the choice is yours. More than ever, I can use the lines from that poem of Antonio Machado, ‘walker, there is no path, the path is made by walking’ (Caminante, no hay camino, se hace camino al andar)

Camino de Santiago 2014

But I told you that no one of those reasons is the one that had make me to fall in love with the Camino.

What had make me to fall in love with the Camino is the people. 

And this is me saying this, being myself someone introvert; and despite years had made me to wake up and throw away all the nonsense, I’ve always had difficulties to mix with other people. And it happens that the Camino, as any other challenge in which you travel light, out of your comfort zone, running away from the ‘easy’ and ‘safe’, is an opportunity -no strings attached- to hit the ‘reset’ button, to test yourself again, and to come closer to that person you want to be. An opportunity to be more capable, more authentic, bigger. Without masks nor pretenses, without hesitations nor fears.

And in a similar manner, all those you encounter feel the same way as you do. No ‘raised defenses’, no weird looks, no hidden intentions. No differences in age, sex or faiths, from the youngest (and bravest) one to the most experienced, they fit in whenever, wherever and with whoever they want to, since there is no place for deceit, ¡as if it could be possible, after walking 30 km each day, to still have the willing to pretend to be something you are not!

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Panting, gasping, thirsty, with knee and ankle aches, and yet I can say that that smile is completely honest.

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