Camino de Santiago: La Experiencia Humana

(English version here)

En el post anterior expliqué unas cuantas razones que a mi parecen bastante buenas para hacer el Camino de Santiago. Todas ellas creo que se condensan en una idea: flexibilidad, para hacerlo y montartelo como tú quieras. Etapas cortas o largas, en plan señorito o en plan tiraete, en soledad e intimidad o en grupo, la elección es vuestra. Más que nunca, caminante, no hay Camino, se hace camino al andar.

Camino de Santiago 2014

Pero os dije que ninguna de esas razones es la que a mi me ha enamorado del Camino.

Lo que me ha enamorado es la gente.

Y esto lo digo yo, que soy introvertido, y aunque con los años no te queda otra que espabilar y que se te quite la tontería, siempre he tenido dificultades para relacionarme. Y es que el Camino, como cualquier otro reto en el que viajas ligero de equipaje, fuera de tu zona de comfort, fuera de lo facil y lo seguro, es una oportunidad, alejada de ataduras, de pulsar el botón de reset, de probarte de nuevo y de ensayarte, y acercarte más a esa persona que deseas ser; una oportunidad de ser más capaz, más auténtico, más grande. Sin dudas ni miedos, sin máscaras ni poses.

Y del mismo modo, aquellos que te encuentras, se hayan igual que tu. Sin las defensas altas, sin miradas raras, sin dobleces. No hay diferencias de edad, sexo o creencias, y desde el más pequeñín (y valiente) hasta el más avezado se han sentido desde el principio integrados donde quisieran, pues no hay lugar para teatros, ¡como si tras andar 30 km diarios quedaran fuerzas o ganas de fingir algo que no se es!

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Jadeando, sediento, con dolor en las rodillas y tobillos, y puedo seguir diciendo que esa sonrisa no tiene nada de fingido.

Y tal vez por eso, aparece entonces un sentimiento de hermandad, de buen rollo, de cuidado mutuo, de pura amistad y humanidad, representado en cosas tan sencillas como compartir con alguien ya-no-más desconocido el pan y medio tomate en una cena sencilla; poder dejar el movil cargando bien lejos de tu cama y saber que mañana seguirá ahí, la tranquilidad de poder llevar equipamiento caro (ya se que me puedo traer la cámara buenay la certeza de que si te pasa algo, si te da un mareo, pierdes tu equipaje o tienes cualquier otro problema, por pequeño o grande que sea, siempre alguien te va a ayudar. Por cómo se hacen grandes amigos en pocas horas, y las despedidas tras compartir solo unos kilómetros -incluso en la primera etapa- se hacen ya duras.

Camino de Santiago 2014

Para mi, eso, esta experiencia humana, ha sido lo mejor del Camino.

(…)

 

Respecto a mi, empezar a hacer el Camino era una idea sin cristalizar y por muchos años guardada en el fondo de mi cabeza (tal vez desde 1993, el primer año Xacobeo que se promocionó ampliamente), y que incluso el mismo día de empezar a hacerlo no veía muy clara (¿Llegaré arriba? ¿Aguantaré hasta el final? ¿Me romperé y tendremos que volvernos a casa?). El día que mi padre me planteo hacerlo junto a él -apenas con unas semanas de antelación, y teniendo ya otras ideas para las vacaciones- dije si sin apenas pensarlo, y aunque tuviera la ventaja de tenerle como sherpa, la preparación que tuve fue muy escasa.

 

Desde el recuerdo a mi madre, a quien tanto echamos de menos, y la sana envidia de mi hermana -que por trabajo no ha podido venir, y que sin duda se vendrá con nosotros a continuar la experiencia el año que viene-, la idea era y ha sido disfrutar del Camino junto a mi padre, (ya era la tercera vez que él lo hacía), compartir esta experiencia como padre e hijo, unirnos y conocernos más si cabe, y demostrarnos a nosotros mismos de qué somos capaces.

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Junto a mi padre, en lo alto del Pico de Perdón, con Pamplona al fondo. Gracias a Flor por tomar y pasarnos la foto.

Esta fue nuestra elección los primeros días. Por supuesto, el viaje puede ser todo lo solitario, meditativo e íntimo que queráis; y también puede ser todo lo que hay entre eso e ir de forma inseparable con más personas. La elección es vuestra.

Camino de Santiago 2014

Eso si, con todo lo que quiero a mi padre, y por mucho que yo ya tenga 30 años, ¡podeis imaginar lo que es estar casi 10 días juntos!, jajaja, especialmente dado el carácter que ambos tenemos. Algunas escenas, que ahora recuerdo con una sonrisa, se dieron inevitablemente, y al llegar cierto día decidimos mutuamente darnos libertad, y creo que es lo mejor que pudimos hacer, pues es algo que él mismo agradeció. Y pasar de cenar todos los días solos, a vernos de repente sin apenas prepararlo, compartiendo mesa con dos alemanas, dos austríacos, un coreano, una japonesa, ¡un neozelandes! y solo otro español fue algo que a él le abrió los ojos. 

Ambos tenemos la suerte de defendernos en inglés, y al final de esa noche le pude decir ‘¿Ves como así es mejor?’ Desde esa noche, seguimos haciendo el camino juntos, que no revueltos, a nuestro ritmo, y compartiendolo y abriéndonos a más personas. Y haber probado los dos modos (el de haberlo hecho como uña y carne con mi padre, y también hacerlo libremente), creo que era la mejor combinación posible.

Camino de Santiago 2014

Como tantas veces nos dijimos en el camino, ‘tu sigue que ya te alcanzo yo’…

… como solía pasar en las subidas, que era donde yo siempre le adelantaba ;)

 

Y es que, amigas y amigos, lo voy a expresar lo más claramente posible. En mi corta vida guardaba como tesoros hasta ahora dos experiencias que creía únicas y que nunca se volverían a repetir. La primera, mi primer año de Universidad: salir de mi casa, conocer a los que son y siguen siendo mis amigos eternos, y que es algo que casi he narrado en directo desde que escribo aquí. La otra, que me tocó como una segunda lotería, es el año que estuve en Dinamarca como estudiante Erasmus. Es algo de lo que, presumo que sabréis, todo el mundo vuelve hablando maravillas, y no hago más que corroborarlo. Salir ya no de tu casa sino de tu país, y sobre todo, conocer otras culturas, la del país al que vas, y la de tantos estudiantes de tantos países distintos… es algo que te hacer crecer enormemente y no hago más que recomendar a todo el que pueda hacerlo.

Y he aquí la cosa que tiene poder estudiar fuera o hacer un Erasmus: el que pueda hacerlo.

Y tal vez esta es la mejor parte del Camino: todos vosotros, cualquiera, podéis hacerlo. Y esto, a su vez enriquece la misma experiencia con todavía más variedad, en países, razas, edades y creencias. En el Camino, no lo había previsto para nada, he recuperado de nuevo esa sensación, ese desafío gratificante fuera de tu zona de confort, perdido y redescubierto de nuevo, y rodeado de excelentes personas, y me he dado cuenta que lo puedo vivir y repetir cuando quiera, por barato, asequible, y cercano.

Camino de Santiago 2014

Y es que, creo uno no hace el camino solo por el reto, por las ampollas, por los kilometros, por encontrar a su Dios, o a uno mismo, o por reencontrarse con la gente, con los tuyos, con la humanidad. Sino por todas esas razones, a la vez.

Uno hace el camino por sentirse vivo. Uno hace el Camino porque es vida.

 

Será difícil que volvamos a coincidir, pero espero mantener contacto con todos vosotros, los que he conocido en el Camino. Joanna, Chema, Ana, Vicent, Flor, Nicola, Marino, Ramona, Audrey, Albert, Eva, Hi Chi, André, Viola, Jiwon, Choi, Zio, Eufrasio, David, Dirk, Alfonso, Espe, y especialmente a Chiharu y Lee Hyeok -a quienes espero volver a ver pronto- y tantos otros de los que nunca supe vuestro nombre, un placer haber compartido esta breve e intensa experiencia con vosotros. Una pena que apenas tengo fotos con vosotros, espero poder ir recabando las que salieron de vuestras cámaras, para tener un buen recuerdo vuestro. A todos, abrazos fuertes, y en lo que os queda hasta Santiago, y en la vida, ¡Buen Camino!

Camino de Santiago 2014

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Comienzo una nueva etapa
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