¡Jupiter, nuestro heroe! (2/2)

Hora de retomar esto por donde lo dejamos. Recordad, hablabamos de que en 1994 el cometa Shoemaker-Levy 9 se estrelló espectacularmente contra Júpiter en un evento histórico para la astronomía. Pero inmediatamente algunos astrónomos comenzaron a manejar la hipotesis según la cual, el impacto de un cometa sobre Júpiter, más que tratarse de un hecho singular, se trataba de algo que ocurre sistemáticamente.

Visión artísitica del impacto de uno de los fragmentos del SL-9 contra Júpiter, en 1994. Crédito: Chris Butler/Science Photo Library

Es sabido que en el pasado Júpiter ha recibido muchos más impactos de cometas, incluso en tiempos recientes, algo que a priori no se hace extraño, al tener en cuenta su tamaño y su influencia gravitatoria. Pero la pregunta era ¿pasa esto a menudo, y cada cuánto?

La clásica: sales de la discoteca to ciego, no ves la farola, y pum…

Efectivamente, lo que no dejaba de ser una hipótesis aventurada, cobró especial fuerza en 2009: de nuevo un cometa, de características similares al SL9, se estrellaba contra Júpiter. Ni si quiera dio aviso, pues solo con la rotación natural de Júpiter un astrónomo aficionado (que son los que suelen descubrir estas cosas) observó marcas similares a las de 1994.

Y aunque de menos magnitud, volvió a pasar en 2010. Y de nuevo, hace unas semanas. (impacto este último al que corresponde el video que os mostré en el primer post, que probablemente impulsó al dibujante primero a hacer la viñeta, y finalmente a mi a escribir esto).

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Y tantas otras que se han podido escapar, pues la astrofotografía digital (y con ella la casi continua vigilancia del cielo por parte de aficionados) solo existe en estos últimos años.

Es decir, en apenas 15 años se han detectado dos impactos en Júpiter que en la Tierra hubieran tenido consecuencias catastróficas, y tantos otros que hubieran podido tener consecuencias locales devastadoras.

¿Y qué implicaciones tiene eso? Pues básicamente nos dice que tal vez Júpiter se dedica a ‘barrer el vecindario’, eliminando la amenaza de cometas y asteroides. Y que en caso contrario, tal vez dichas amenazas acabarían impactando contra la Tierra sufriría esos impactos, capaces de provocar extinciones masivas no cada decenas de millones de años, sino cada pocos cientos o miles de años.

Lo dije en la primera parte y lo vuelvo a decir: me flipan las ilustraciones de este tipo, Don Davis 

Un impacto cada pocos miles de años, si bien no hubiera impedido la existencia de vida sobre la Tierra (muchos biólogos creen que la vida en si no tiene porque ser rara en el universo, dadas las formas de vida tan extremas que ya conocemos aquí), si hubiera frenado de un modo muy serio el desarrollo de formas de vida complejas, definición que evidentemente nos incluye a nosotros.

Crédito: Don Davis

Además, hemos de tener en cuenta que en sus primeros comienzos la Tierra sufrió un bombardeo masivo de cometas, que fueron en gran parte los que nos han provisto de los océanos (pues los cometas son básicamente bolas de nieve sucia). Las órbitas de los planetas fueron complejas e incluso caóticas en los primeros tiempos, y cabe contemplar también la posibilidad de que en sus inicios Júpiter enviase un exceso de cometas hacia nosotros (justo al contrario que ahora), irónicamente colaborando con ello a crear aquí las condiciones adecuadas para el florecimiento de la vida.

Todo esto probablemente añade un factor más que colabora a la ‘habitabilidad’ del planeta Tierra, que se añade a tantos otros factores (como la existencia de agua, de una Luna que estabiliza el eje de giro o una magnetosfera que protege del exceso de radiación) que no contemplaba originalmente la famosa ecuación de Drake, usada para calcular -aunque nos tenemos casi que inventar las variables- ni más ni menos que las probabilidades de que consigamos contactar con otra civilización a lo largo de la existencia de la nuestra… Aunque para hablar de la ecuación de Drake y de su aparente paradoja, mejor lo dejamos para otro post.

Vamos, que Júpiter juega un papel vital en nuestro sistema solar como valedor nuestro. Igual que nos nutrió al principio, es el que para los golpes, nuestro guardaespaldas, nuestro protector. Y si no fuese por él, a la Tierra le pulsarían el botón de ‘RESET’ demasiado a menudo como para que aquí pasase algo interesante.

Crédito: Don Davis

En cualquiera de los cosas, la existencia de un ‘buen’ Jupiter es una razón más para darse cuenta de lo verdaderamente maravillosa que es esta nave espacial de roca y agua que pisamos ahora, probablemente la única que tengamos.

(…)

Extra: traigo calentita esta imagen, que hice anoche mismo a eso de las 3 de la mañana. No es gran cosa, pero dado que es mi primer intento mi segundo intento de recoger la nebulosa de Orión (aquí en el centro de la imagen), creo que no está mal del todo. Sobre todo porque, ahora si, no es más que el primer intento con la reflex, a la que sé que puedo sacar mucho más jugo.

Orión Belt, first attempt

La foto está tomada a pelo: con el objetivo 18-55 que viene con la cámara (bastante modesto), hice 20 tomas fijas con un trípode, de 8 segundos cada una (aunque incluso en 8 segundos se aprecia el barrido de las estrellas). El truco está ahora en el postprocesado: apiladas y alineadas manualmente en Photoshop para rebajar el ruido, de forma un tanto tosca, y luego tocando un poco los niveles y las curvas. Tened en cuenta que imágenes mucho mejores se consiguen con webcams, así que tirando de software especializado como Registax, APT o DeepSpaceStacker creo que puedo conseguir cosas bastante más decentes con el hardware que ya tengo. Eso si: aún tengo que aprender a usarlo.

 

  • EXTRA 2:

Y aquí tenéis un segundo intento

Orión, second attempt

Más información, pinchando en la foto.

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