Interstellar, y 2. Letting it go.

(Esta vez si hay spoilers. Caution advised)

No sé si se notó mucho en el último post, pero Nolan me ha pegado fuerte. Tengo una especie de costumbre de ir a ver al cine varias veces las películas que me gustan (dinero que no me gasto en otras cosas…). Con la última, ya han sido no una, ni dos, ni tres veces las que he visto Interstellar como debe de verse, sino cuatro. Y con orgullo puedo decir, todas ellas en muy buena (y variada) compañía. Juntándome con buenos amigos, trayendo a buenos amigos, repitiendo con buenos amigos. Acepto que esta última vez me hubiera gustado verla en VO y comprender porque tantos no comprenden el acento de McConaughey, pero si diré que como en todas las veces anteriores, Nolan me sigue poniendo los pelos de punta, me hace apretar los asideros del asiento, y por supuesto, me hace el nudo en la garganta, tanto, como la primera vez.

Volviendo a Nolan

Ver Interstellar me ha obligado a repasar la filmografía de Nolan que tenía más alejada. Vi no hace mucho Insomnia (muy correcta en todo), tengo pendiente volver a Memento (película que por muchos años me ha parecido sobrevalorada); las de Batman y El Truco Final las tengo recientes, pero me apetece especialmente detenerme en Origen: es de esas películas que deliberadamente he escogido no ver en varios años (con El Señor de los Anillos estoy haciendo lo mismo) para que cuando llegue el momento de volver a ellas, me vuelvan a impactar con fuerza.
No puedo añadir mucho a lo que dije en su momento, no más que insistir en mi absoluta reverencia Origen, a una obra, para mi, redonda hasta el último elemento. Por banda sonora (ahora vuelvo a ti, Zimmer), por fotografía (también volveré a Wally Pfister), pero especialmente, por el pulso sutil y al tiempo firme, pues como aquel círculo perfecto de Giotto, Nolan enseña una lección sobre como hacer una película grande, ambiciosa, compleja, y al mismo tiempo disfrutable, accesible (agradezco poder hablar de esta película con cualquiera y no toparme con el muro de ‘es que no la entendí’), y rabiosamente original y libre de ataduras.

Y digo redonda porque gracias a que Nolan establece sus en Origen sus normas, puede hacer lo que realmente quiera. Cuando debe lidiar con la ‘realidad’, Nolan, no nos engañemos, tiene sus baches, e Interstellar (¡madre mía lo que voy a decir!) tampoco se libra. Sin entrar a las licencias artístico/científicas, que las hay bastante gordas antes de entrar en Gargantua, Interstellar tiene notables lagunas argumentales (¿Cómo escogen sistema solar de ‘destino’ al atravesar el agujero de gusano?¿Cómo despega la Ranger desde el planeta de Miller sin necesidad de un cohete, como si hacía falta desde la Tierra?¿Cómo puede Murph, una de las mejores científicas que ha dado la historia, ser incapaz de quitarse el velo que Brandt ha puesto ante sus ojos tantos años?¿No hay, en el momento en que Cooper vuelve a Saturno, naves ya camino del planeta de Edmunds?).

Pero claro, es cine. Y entiendo cine como la capacidad de hipnotizar: más grande es el talento de un cineasta, de un mago, mientras más gorda es la que te mete doblada sin que te des cuenta. O tonto eres tú, claro, pero es aquí donde entra el pacto espectador-cineasta que normalmente llamamos suspensión de incredulidad, y que es voluntario. Igual que genuinamente hay ocasiones en las que el director merece una buena ducha de napalm, nadie te puede culpar de ir con las defensas altas, las escopetas cargadas, tal vez a costa de autodestrozarte una experiencia genuinamente disfrutable. Por mi parte, caigo totalmente en las redes que Nolan teje, y me dejo llevar, sin oponer resistencia alguna al viaje (insisto en llamarlo viaje) que propone.

Entiendo además que que el viaje emocional funcione y los agujeros en la trama no te saquen de la película, estos trucos solo tienen que funcionar una vez: la primera que ves la película. Difícilmente ninguna obra, por bien tejida que esté, aguanta un escrutinio reiterado, pero la prueba está pasada.

Fotografía

Volver a Nolan es también volver a sus colaboradores habituales. Con su hermano Jonathan a cargo del guión, Michael Caine como talismán de la suerte, y Zimmer a cargo de la música, lamentablemente esta vez le ha fallado Wally Pfister a cargo de la fotografía (pendiente tengo de ver su Trascendence). Cuidado, que no es que el trabajo de Hoyte van Hoytema me haya parecido deplorable -también es cierto que no encuentro nada especialmente diferenciador, cayendo ese lugar común actual que es la fotografía de alto contraste y tonos ligeramente azul-verdosos-, es sencillamente que el trabajo de Pfister me encantaba. Precisamente Pfister se caracterizaba de huir de esos tópicos, por contra buscando un uso suave y natural de la luz y las sombras, con colores vivos y cálidos al tiempo que un gran rango dinámico, construyendo gran parte de eso que llamaremos el look Nolan. La verdad, una pena que Pfister no se haya podido apuntar a esta, espero que Nolan pueda volver a contar con él en el futuro y no le hayamos perdido para siempre como cinematógrafo.

Órganos, órganos everywhere

Oh, Hans, Hans. En algún momento quiero detenerme en este hombre, Hans Zimmer. Para sus críticos, este compositor representa todo lo peor de Hollywood: un mercenario, un virus, un hombre sin formación clásica que con su incontinencia industrial (el tío no para quieto), con sus bandas sonoras fabricadas como churros (y reconozco que bastantes lo son), ha llegado a hacer que otros compositores de renombre se vean presionados para imitar su estilo. Preguntaos, si no, qué trailer desde 2010 no hace uso de alguna variación del tema de Origen. Reconozco que por muchos años renegué de él y de su apego a los sintetizadores, no tanto al hecho en si de usarlos (estáis leyendo el blog de un fan de la música electrónica), sino a intentar suplantar con estos el sonido de una orquesta real. Algo especialmente vergonzoso y evidente en las piezas de acción más conocidas de Gladiator. Y aún así, creaba piezas tan líricas y poderosas como Patricide en la misma BSO. Así, hasta que empezó a colaborar con Nolan (y James Newton Howard, todo hay que decirlo) y me regaló dos de mis bandas sonoras favoritas: la de Dark Knight, con la que empecé a reconsiderarle seriamente y más adelante, la de, de nuevo, Origen.

*El de arriba es uno de mis tonos de despertador favoritos.

Tal vez debería reconocer que esto se trata de un placer culpable, que me encanta la música épica, estruendosa, ‘obvia’. Hans Zimmer, hoy por hoy, me encanta, e incluso en su reinvención para el tema de la nueva de Superman creo que supera muy dignamente la prueba de medirse con John Williams.

Pero si a Zimmer le acepto un defecto, y si es que lo es, es que siempre suena a si mismo (como cualquier otro autor, que coño)

 

Pues bien: en Interstellar estuve todo el metraje dudando si era Zimmer de nuevo el que había colaborado con Nolan o algún otro que no lograba identificar era el ‘culpable’ de tal maravilla. Si Nolan es ambicioso, Zimmer se desata completamente. Sin frenos y saltándose todos los semáforos, podemos sin miedo decir que es el protagonista de bastantes secuencias de la película, siendo probablemente la que la más fácil recordamos, la del acoplamiento no imposible, sino necesario.

Con solo cuatro temas básicos (los que con variaciones, enlazo arriba), construye una banda sonora soberbia, arriesgada, grandiosa, hipnótica; intima y delicada cuando lo pide, y también estruendosa y omnipresente cuando llega el momento. En resumen, colosal este Zimmer, algo que me invita a preguntarme también, dónde había estado metido hasta ahora.

McConaughey

No quiero entretenerme aquí mucho, solo señalar que estoy viendo ahora True Detective… y madre mía… El puñetero se coloca como una centella también en mi lista de actores favoritos (otro día os comento esa lista). Respecto a su personaje en Interstellar, aparte de los intensos momentos que ya conocemos, solo señalar cómo mantiene la cabeza fría en los momentos más críticos de la trama, especialmente desde la traición de Mann hasta su caída en el teseracto, y ni le tiembla el pulso cuando comprende que la maniobra que va a hacer implica no volver a ver a sus hijos (aunque esto también se podría considerar laguna del guión, claro…).
La imagen: la primera vez que en su rostro se ve el genuino sentido de la maravilla ante la aventura, es justo su último plano, cuando dispone a partir a lo desconocido junto a su viejo amigo, cual Luke y R2D2…

 La ciencia

Por mi parte, poco que añadir a lo que dije en la anterior entrada. Pero esta ristra de enlaces debe ir en alguna parte :D

Cosas en que Interstellar acierta y cosas en las que no:
http://www.dailymail.co.uk/sciencetech/article-2828836/Five-things-Interstellar-got-wrong-points-got-right-Space-experts-reveal-scientifically-accurate-film-actually-is.html

Verdades, especulaciones y estimaciones con fundamento:
http://www.sciencefriday.com/blogs/11/21/2014/truth-educated-guesses-and-speculations-in-interstellar.html?series=33

¿Ciencia-Ficción o Fantasía-Ficción?:
http://www.skyandtelescope.com/astronomy-news/interstellar-science-fiction-science-fantasy-1107143/

Unión de dos agujeros negros:
http://www.nature.com/news/black-hole-mergers-cast-kaleidoscope-of-shadows-1.16283

También podeis encontrar muchos videos de Neil deGrasse Tyson hablando sobre el tema, pero el video que no puedo dejar pasar es el especial de Discovery Channel, narrado por Matthew McConaughey: La Ciencia de Interstellar

“Everything is full of stars”

Insistía en mi anterior entrada en huir de comparaciones entre Interstellar y 2001. Bien que para mi Interstellar es una obra capaz de mirar a 2001 a su nivel, pero precisamente por eso, porque Nolan quiere deliberadamente medirse con Kubrick, no tiene sentido eludir comparaciones.

El tramo final es totalmente paralelo al viaje de Dave Bowman tras encontrarse con el monolito, eso es absolutamente evidente, pero no se queda ahí, pues Nolan deja un reguero de referencias, desde las más evidentes (el omnipresente uso de órgano en la banda sonora), pasando por medianamente sutiles (la forma de los robots creo que hace clara referencia al monolito), a lo que es una claramente una respuesta a Kubrick.

La primera respuesta la encuentro en que al contrario que con HAL, para Nolan los robots son muy claramente bondadosos, serviciales, y absolutamente necesarios para el buen desenlace de la historia. Nolan pretende reconciliarnos con las bondades de la inteligencia artificial (TARS es absolutamente perspicaz), y al contrario que en la obra de Kubrick, donde las máquinas eran la amenaza, en esta vuelve a ser un humano al que se le va la pinza (y de qué manera).

Pero sobre todo, ya lo dije en mi primera entrada, el principal acto que hace Nolan para diferenciarse de (la frialdad de) Kubrick es la emotiva humanidad que sostiene su historia: el amor de un padre a su hija.

-“Volveré” -“¿Cuándo?”

Lo que me lleva a otro punto: lamento que a algunos no les haya, os haya, llegado plenamente la historia humana. Me reconozco un sentimental, incluso un romántico, de los que llora fácilmente con el más facilón de los dramas (tal vez por eso, suelo huir de ellos), pero precisamente por eso -vuelvo a lo mismo-, creo que en este caso los personajes y las relaciones entre ellos están muy bien presentadas, y las lágrimas que vienen más adelante, muy justificadamente ‘exigidas’ a la platea.

Me gusta especialmente esa escena del drone indio -me pone los pelos de punta-, porque, además de ser una pequeña historia muy bonita, justo hace lo que mencionaba antes: presenta bien que tipo de padre es Cooper, y la relación que tiene con sus hijos. Donde otros creen que la historia no avanza y es una escena que de eliminarse podría haber aligerado el metraje, Nolan se toma muy acertadamente su tiempo, y chapeau por ello (ya hay otras elipsis que me parecen más acertadas, como la del despegue). Por escenas como esa, y por supuesto, por la interpretación de McConaughey y de la niña (Mackenzie Foy), viene luego todo lo que viene, y entre la escena de la despedida, la de los mensajes acumulados, y el reencuentro final, si, lo reconozco, acabo con los lacrimales secos, todas y cada una de las veces que la he visto. Seré un masoquista, que sé yo…

(…)

Suele pasar a menudo que eso que acabas de ver, o hacer o experimentar te suele parecer lo mejor y más insuperable. Si en este momento me preguntáis, os diría que Interstellar es mi película más mejor y preferida de todos los tiempos, pero como sé que he pasado la misma fiebre con Matrix, o con Avatar, mantengo la suficiente cordura como para poder decir, que sin orden particular, la coloco en mi top five permanente sin ningún genero de dudas.

Lo que si vaticino, irónicamente, es que es probable que no la vuelva a ver en mucho tiempo. Merece envejecer, macerar, merece que la pueda volver a disfrutar tanto como estas veces, y para esto, tal vez pasen años… Si, como lo digo :)

Aquí os dejo con este excelente montaje, con el poema de Dylan Thomas y con voz de Anthony Hopkins. Lujazo, vaya ;)

 

Nolan, a ver que nos traes la próxima.

*Y ahora, a seguir, que este noviembre no ha venido a nivel personal nada vacío (mes que tradicionalmente me encanta). Cuando acabe de exámenes os cuento :)

True Detective
"Interstellar" (Christopher Nolan, 2014). El Viaje

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