Brexit, Trump, coletas, barbas y ‘White Walkers’: algunos humildes comentarios sobre geopolítica (2 de 2).

White_Walker_2x10En la entrada anterior, hablaba sobre el tema candente: el Brexit, y las consecuencias inmediatas que puede tener. Quiero bucear más en este tema y unos cuantos más que vienen al caso, pero aquella primera parte la cerraba hablando de una responsabilidad: la de hacerse ciertas preguntas cuando alguien quiere irse, incluso cuando no sea la mayoría. ¿Qué he hecho mal? ¿En qué puedo mejorar?

Redactando este texto, enseguida me he empantando durante párrafos a divagar sobre el problema nacionalista/separatista en España. Supongo que esas ideas darán para un buen texto, pero será otra vez. Solo diré que flipo con cómo el circulo de mierda de odio territorial está marcando la agenda política (‘nos queremos ir porque nos odiáis’, ‘os odiamos porque queréis iros’) mientras se dejan de lado problemas mucho más graves e incluso urgentes como el del paro, la corrupción, la educación o los servicios sociales. Flipo con cómo los partidos tradicionales se han sumergido en su propio pozo de mierda incluso cuando les salía nueva competencia a diestra y siniestra, con su incapacidad de tener una altura de miras y de acometer los problemas a largo plazo, juntos, mientras se ensimisman con sus viejas rencillas. En cualquier caso, me alegro de que tengamos más opciones para elegir de las que hemos tenido en cuarenta años, y eso es para mi un motivo de celebración.

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Dicho esto, quiero lanzar una pregunta más amplia: Más allá de las ventajas económicas, o del sentimiento de orgullo de pertenencia a una nación ¿hay una necesidad real de estar juntos? Es más ¿Qué es estar juntos? ¿Juntos frente a algo? ¿Juntos en convivencia? ¿No estamos juntos ya, aunque no compartamos soberanía? ¿Es que si no la compartimos, es el fin de todo?

Dado que España, o la misma Europa, de dividirse, pueden convertirse en reinos de taifas (maravilloso ejemplo nos dejó la historia), vulnerables por separado ante la amenaza del norte, ¿Qué peligros corremos? ¿Qué nos espera? ¿Qué adversidades hay? ¿Qué ‘Caminantes Blancos’ nos acechan?

 

Los Caminantes Blancos

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La historia de Juego de Tronos, como decía, habla muy en su esencia sobre cómo las ‘urgentes’ rencillas internas y las estúpidas guerras en esos reinos de taifas que pueblan el ficticio continente de Poniente, impiden a sus reyes y lideres centrarse en hacer frente, unidos, a la verdadera amenaza que puede acabar con todos: la de unas abominables criaturas que se creía mitológicas, que llevan acechando milenios y han despertado para, ahora si, arrasar la civilización de forma inexorable: los ‘White Walkers’, o Caminantes Blancos.

Históricamente las personas, las tribus, las naciones... parece que en nuestra naturaleza humana solo nos unimos ante la presión de un desafío externo (y uso la palabra desafio, pues creo que a estas alturas la palabra amenaza queda grande)

El nacimiento de la Unión Europea tuvo sentido en un contexto marcado por la reciente guerra mundial, y la necesidad de cerrar heridas, reforzar y reconstruir unidos un continente arrasado por aquella guerra, y que compartía frontera con el oso rojo soviético. Por aquel entonces se crearían otras entidades como la ONU, la OTAN, la Comecon o el Pacto de Varsovia, en un mundo polarizado en dos grandes bloques, el capitalista y el comunista (ambos autodenominados democráticos).

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Sin embargo, cuando en 1989 cae el Telón de Acero y la Unión Sovietica colapsa, apareció el concepto de ‘fin de la Historia’: la democracia liberal triunfaba definitivamente, imponiendo su visión en el mundo, y en pocas décadas se podría hablar del fin de las guerras. Pero claro, en un Occidente sin grandes amenazas externas y con una ideología hegemónica ¿qué nos obliga a mantenernos “unidos”?¿No es nuestra mera convivencia suficientemente sólida? Europa no es tan fuerte como Estados Unidos, pero ¿es necesario medirse con ellos? ¿No son nuestros amigos?

¿Caminantes Blancos?

¿Qué amenazas acechan las fronteras de Occidente, de Europa, que nos obliguen a la unión política, monetaria, jurídica, bancaria…? ¿No son nuestros lazos comerciales y culturales suficientes? ¿No es suficiente vivir en sana convivencia como buenos vecinos? ¿Qué Caminantes Blancos existen en la actualidad? 

  • No nos olvidemos que, en primer lugar, aún acabada la Guerra Fria, entre Rusia y Estados Unidos siguen disponiendo de más de 10.000 cabezas nucleares, decenas de veces más de las necesarias para arrasar el planeta con una lluvia radiactiva seguida de un invierno nuclear de consecuencias devastadoras. De momento, parece que lo tienen bajo control, pero basta que solo una vez haya un accidente, para que se pueda liar parda. Ahí queda eso.

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  • Ahí está China, un gigante con la misma voluntad comercial expansionista que otros imperios del pasado y del presente (por mucho que ahora se ampare en políticas aislacionistas, como los EEUU antes de la 2ªGM), pero que no tiene ni el más mínimo decoro de ser un estado de derecho. Y para colmo, anda sumergida en una burbuja que puede estallar en cualquier momento. Confío en que eventualmente haya en ella una especie de Glassnost/Perestroika, pero en mis más oscuros sueños fantaseo con que, a poco que suceda esa inevitable crisis que está por llegar, los organismos de poder, que censuran y controlan salvajemente los medios de comunicación, agiten la bandera nacionalista, y echen mano de una cortina de humo tipo ‘invadir Taiwan’ porque si, al más puro estilo la Argentina de Videla invadiendo las Malvinas. Dad por hecho que si ese día llega, se lía, y de las gordas.

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  • También tenemos el terrorismo Islámico, que francamente atrapa mi atención, aunque no más que desde una perspectiva histórica. De momento, por definición, son los que más se parecen a unos Caminantes Blancos, ¿verdad?, pero no deja de ser el monstruo nacido a la sombra de nuestros pecados; y, hagamos números serios, representan una amenaza para Occidente totalmente ridícula frente a los muertos por armas de fuego, accidentes de tráfico o de avión, o enfermedades por tabaco u obesidad. Esas son verdaderas amenazas para Occidente. Y eso no quita que el terrorismo Islámico deba combatirse, por una primerísima cuestión de derechos humanos, de justicia, de gestionar y arreglar los problemas (desplazados, inmigración) desde la raíz.

  • Y finalmente, el desafío que supone dar acogida a las legitimas aspiraciones de bienestar de los estados emergentes (Sudamérica, Asia, y algún día, África) en un planeta que alberga hoy a más de 7000 millones de bocas -y en aumento- que querrán vivir, insisto que con toda legitimidad, al mismo nivel ya insostenible al que vivimos ahora ni una octava parte de esa población.

Y con esto hablo de sostenibilidad y cambio climático: sin lugar a dudas, el desafío más grande y grave al que se enfrenta la humanidad y el cual es la fuente de mis más profundas inquietudes. Un problema por desgracia cada vez más evidente, por desgracia con cada vez más difícil solución, aunque por fortuna parece que cada cada vez menos imbéciles niegan.

Y como digo, ni siquiera sé si tiene solución (una solución que no pase por inimaginables catástrofes y pérdidas de vidas humanas), pero si existe, la solución esta en nosotros, y sin duda pasa por una migración total a fuentes de energía renovable, gestión responsable de recursos y residuos, replanteamiento de nuestras costumbres de consumo y de crecimiento…

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Todas esas amenazas flotan sobre nosotros, no vienen desde fuera. Su solución requiere como mínimo coordinación, y tal vez medidas cohercitivas para obligar a ciertos gobiernos a cumplir lo que se pacte. Pero no ‘soberanía compartida’.

Pero aún así, todos estos desafíos siguen sin ser nuestra mayor amenaza.

Nuestra mayor amenaza vendrá desde dentro.

La verdadera amenaza de nuestra sociedad es la posibilidad de derrumbarse y pudrirse desde dentro ¿Cómo?


 

El verdadero Caminante Blanco al que nos enfrentamos es, en nuestro acomodamiento, a la perdida de valores cívicos y de ciudadanía.

A las consecuencias de un sistema educativo sistemáticamente maltratado no solo desde las mismas instituciones sino por muchos de los que ahora son padres, que han renunciado a la tarea de educar tal vez porque ellos mismos nunca fueron educados. A una sociedad que se va volviendo cada vez más laica pero no ha sustituido adecuadamente el código de valores que proclamaba la religión (de los que creo que muchos de esos valores eran, y son, francamente positivos, y lo digo como ateo convencido).

El verdadero Caminante Blanco somos nosotros mismos y nuestra arrogancia.

La gran amenaza a la que nos enfrentamos es a la desorientación, a un mundo de individuos aislados y perdidos buscando su pequeña dosis de placer en las viejas y nuevas drogas (alcohol, juego, comida… y si, las pantallas: la de la tele, la del ordenador, la del movil…), a encontrarnos inmersos en la dictadura de una población que aunque acádemicamente pueda estar preparada (¡¡ojalá!!) sea pobre espiritualmente en empatía, en visión de futuro, en capacidad de juicio y de saber lo que les conviene, como individuos, y como sociedad, a medio y a largo plazo.

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Esa misma falta de juicio es la que ha hecho ganar al Brexit. El separatismo, para mi es lo de menos. Lo realmente preocupante es las razones por las que la gente elige lo que elige.

La democracia es imperfecta, pero nunca será mejor que el pueblo que la ejerce. Y en este caso no se elige la soberanía, se elige caminar aislados, solos, en vez de en compañía.

Elige por nosotros esa misma masa de gente la que teme a partes iguales tanto terrorismo como que por su culpa dejen de emitir MYHYV. La misma que ignora los problemas que existen ‘más allá del muro’ pero llora cada vez que internet mata a un gatito; que se escaquea a la hora de pagar impuestos y reniega o incluso desagradece los servicios sociales; la misma que está dispuesta a ceder su privacidad en favor de una supuesta seguridad. La misma que ha votado y vota, en otros países, en el nuestro, a Putin, a Berlusconi, a Nicolas Maduro, a Rajoy, y que tal vez haga de Donald Trump el comandante en jefe del mayor ejercito de la Tierra.

Claro que quiero vivir en democracia, pero en una democracia de calidad, no en una en la que la dictadura de la mayoría es el producto de idiotas. Dónde no quiero vivir es en la Idiocracia.

 

Y que no se os olvide, toda esa masa de ineducados eligen ‘libremente’ lo que eligen, y cuando se hacen mayoría, eligen también por nosotros. No lo hacen precisamente con una pistola en la cabeza, pero eligen el aturdimiento, lo fácil, lo inmediato, lo soporífero. No leen, no viajan, no deciden mejorar como individuos, ni mucho menos mejorar su entorno. Eligen lo que los medios les ‘sugieren’ elegir, sin capacidad de análisis, de contrastar. Eligen consumir de forma irresponsable, insostenible, descuidan la educación de sus hijos, desprecian la intelectualidad, la lectura, el pensamiento crítico, y sobre todo, se creen merecedores, dignos, poseedores de derecho a todo.

Nuestra mayor vulnerabilidad es creernos invulnerables, el darlo todo por sentado. Creernos que ya hemos alcanzado nuestro apogeo y no queda trabajo por hacer, cuando siempre habrá trabajo por hacer, cuando el mismo trabajo de mantener lo conseguido es ya un trabajo inmenso.

El mayor peligro es A C O M O D A R N O S.

Y eso, y no el cambio climático, (y mucho menos el separatismo), puede acabar con nosotros.

¿Cómo se arregla? Un buen amigo mío habla a menudo del ‘cortapichas’, una guillotina cercena-falos dispuesta en la plaza central de cada pueblo y villa. Pero esa es idea para otro post. Ahora en serio. Es un problema del sistema educativo, un sistema que que no está compuesto solo por profesores (los menos culpables y que más ponen de su parte), sino también por los padres (a los que también habría que educar…), y por los gobiernos que entre todos elegimos.

Y es que, como dijo un sabio, “Si creéis que la educación es cara, probad con la ignorancia”

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Y la Gran Democracia volvió a funcionar
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  2. Buen artículo Rufo. Solo un par de apuntes; Grecia no sería del todo comparable a UK por la enorme deuda que amasa con la UE y su incapacidad para pagarla. Y por otro lado, creo firmemente y como tu, que la verdadera amenaza a la que se enfrenta el mundo es la falta de una educación adecuada, empática y a la vez crítica, preparada para decidir en base al sus propios razonamientos lógicos que se asienten en el bien común y se alejen lo máximo posible del egoismo. Hace falta una revisión total y de orden global del sistema educativo… Pero ay! Amigo… los corprotócratas no van a dejar que ocurra allá donde la educación ya se haya mercantilizado por completo. Un saludo!

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