Mientras peor, mejor (3 de 5): Internet, what have you done?

*En las entradas anteriores, os ponía un poco al día de mi vida tras meses sin publicar, y divagaba sobre la -sombría- visión del mundo que venía desarrollando en los últimos meses y me ha tenido alejado de todo esto de escribir. Finalmente hallaba un culpable: Internet y el -mal- uso que le estamos dando: ¿Hasta que punto es cierto?

Internet: ¿Qué has hecho?

Cuando hace tres años Google cerró Google Reader, lancé un aviso por el cual algunos me llamaron (me llamasteis) exagerado. Creía, y sigo creyendo, que la desaparición de aquel agregador de feeds ponía la puntilla de un ecosistema, que no solo era el de los blogs, realizados supuestamente con criterio, rigor y sobre todo independencia, sino de algo que se llegó a conocer como ‘el quinto poder’, que nos liberaría de la tiranía de los medios de masas, comprados y dominados por malvadas corporaciones… todo iba a cambiar, todo iba a ser revolucionario….

Creo realmente que esas redes sociales, aún nuevas y resplandecientes en 2008, ayudaron por ejemplo a que en la Casa Blanca entrara un negro… aún en lo peor de la más jodida crisis económica de los últimos 70 años, se vivía la esperanza, el cambio, se respiraban los aires de un mundo nuevo… Era el principio de todo, y era la hostia.

(…)

Este era Isaac Asimov previendo con gran atino en 1988 la futura existencia de Internet. Sin más introducción, os dejo con su imprescindible y esperanzadora visión.

Asimov, gran visionario, tenía razón. Prevé con inquietante precisión la existencia de lo que ahora es la Wikipedia como fuente (¿o fundación?) total del conocimiento humano; predice a Youtube y sus tutoriales, a Quora y sus respuestas fundamentadas a preguntas sin complejos, o los infinitos cursos online fácilmente disponibles hoy por hoy, todos con su ingente potencial para la educación y la formación de las personas. En eso Asimov acierta, diciendo ‘que cada uno encuentre su vocación’, y demostrando una gran fe y confianza en que la curiosidad y sed de conocimiento del ser humano, a través de Internet, nos sacaría del atolladero. Algo así como una nueva revolución -esto ya lo pongo yo-, un salto cualitativo en la historia de la especie humana, a la altura de la invención de la imprenta de Gutemberg, o de la electricidad.

Y ciertamente, así fue. Fue.

(…)

Hoy por hoy, como agregador sigo usando muy marginalmente Digg, pero el verdadero sustituto para la mayoría (y para mi) ha pasado a ser Facebook, donde las novedades más relevantes nos aparecen revueltas en nuestro muro, en un supuesto orden muy cuestionable y basado en algoritmos de ignoto origen. La prensa tradicional y online periodismo serio están de capa caída. Flickr, ha sido sustituido por Instagram. La reflexión profunda, por la livianidad e inmediatez de Twitter. Y bueno, no me hagáis hablar de followers e muy especialmente influencers (la misma existencia de esa secuencia de sonidos -pronunciando además la ce castiza- me parece un crimen contra la humanidad), porque me entran ganas de rajarme la lengua desde la altura del glande.

(…)

2017. Finalmente, todo el mundo, todo, usa internet. Todos creamos, todos compartimos, opinamos y sobre todo consumimos (y lo hacemos además con todos y muy preocupantes síntomas del TDAH). Se ha universalizado su uso, no solo por la clase culturalmente media-alta; ya no es el internet del msn Messenger, los trabajitos de clase y las cadenas de correo… (aunque bueno, esto último…). Si, nos hemos liberado del poder manipulador de los grandes medios de comunicación. Y como decía Asimov, ahí tenemos la Wikipedia, y para absolutamente todo lo que quieras aprender, hay un tutorial en youtube o una entrada en wikiHow. Todo el mundo que quiera aprender, puede aprender.

Y sin embargo, este es el panorama que veo en 2017

  • Después de Google Reader, efectivamente el rss desapareció, si es que “existía” antes.
  • Facebook es la trampa de tiempo más horrible jamás inventada.
  • Y la gente lo usa para compartir videos de gatitos (que son ciertamente adorables…)
  • memes
  • …y vídeos de salpicaderos rusos. Que por supuesto son jodidamente geniales.
  • La cultura del selfie.
  • ¡Viralidad! ¡El nuevo Santo Grial que busca todo influencer*! (*insisto, pronunciando la castiza, important)
  • La Wikipedia, ampliamente citada como al menos tan fiable como la Enciclopaedia Britannica, y con numerosos y muy fiables mecanismos de registro y control de ediciones, está burlonamente desprestigiada a los ojos de la mayoría de la gente (incluso, y especialmente, por universitarios) ante la premisa de que ‘cualquiera puede entrar ahí y editarla’. Vamos, que es una puta mierda.
  • La gente no cree que el hombre llegase a la Luna
  • …pero si creen que la WWE es real.
  • Mi entrada sobre si la Tierra es plana o no, que pasó absolutamente desapercibida en su momento, está constantemente subiendo en visitas (de hecho el siguiente post será el de la segunda parte).
  • Gracias a internet internec, tengo a un clic la posibilidad de curarme fulminantemente los hongos de los pies, y además sé que tipo de estrella de mar asquerosa tengo que comer para perder 10 kg en tres días.
  • Por supuesto, comiendo gengibre me volveré inmune al cancer forever.
  • Y hay un muchacho que me quiere contar inmediatamente como ha ganado 10 millones de dollars en tres noches (y todo mientras se toca el pito muy fuerte)
  • No entremos a hablar de las páginas de noticias cuando no sensacionalistas, directamente falsas.
  • Chemtrails.
  • Quimiofobia.
  • Homeopatía (real, me han llegado a ofrecer una alternativa ‘homeopática’ y totalmente natural al suero salino…)
  • Movimiento antivacunas.
  • Televisión, en general, para que voy a nombrar programas o canales. (No obstante, defiendo que hay buena televisión, ojo)
  • La nadería y amarillismo general de la prensa: ABC, La Razón, Huffington Post, El País, OKdiario…
  • Eduardo Inda.
  • Alvaro Ojeda.
  • Brexit.
  • (y redoble de tambores)
  • Trump.

Veo una población, que liberada al fin del yugo de la manipulación de los medios de masas, independiente y con capacidad de buscar por si misma las mejores fuentes de información para ellos; nadando sin criterio alguno en un mar de ruido y falsas noticias, carentes de guía ni rumbo, atraídos como moscas por luminosos letreros de neón, reafirmados en sus propias creencias pues los algoritmos de selección de noticias que se las presentan están basados en sus elecciones previas, y dispuestos a creer solo en lo que ya creen previamente.

(…)

Pero bueno, seamos positivos, ¿no? No es cosa de dejarse llevar por el tremendismo, puede que me venga un poco abajo solo porque se me recuerda lo poco que hay hecho y de lo mucho que queda por hacer.

Nada, nada de esto es nuevo, de hecho hemos construido y conseguido mucho en este mundo, los números demuestran que hay menos analfabetismomenos pobreza extrema, menos guerras; esta España no es ni mucho menos la misma que hace 30 o 40 años, y a pesar de los retrocesos de los últimos gobiernos, se ha avanzado en derechos sociales, en igualdad. Es solo que ahora con Internet, los estúpidos se hacen escuchar, y es bueno que hagan ruido, y que no se les ignore, que se les explique, que se les enseñe, que se les plante cara. También nos estamos volviendo más exigentes, menos tolerantes con la corrupción, con las aberraciones de nuestra sociedad, y barbaridades que antes eran silenciadas, ahora salen a la luz; y eso es también definitivamente bueno.

Hasta aquí, de acuerdo. En lo que respecta a Internet, sigo en lo que venía a decir Asimov: se trata de algo revolucionario, y podría pensar que lo que pasa tan solo es que estamos en un periodo de transformación, de búsqueda. Esto de Internet es demasiado nuevo como para asimilarlo en una sola generación.

Y probablemente sea cierto, son demasiados cambios a asimilar demasiado deprisa. Pero pensando eso, implícitamente también estaría aceptando que pronto se acabarán las turbulencias, que cuando todo se tranquilice, acabaremos adaptándonos.

Un momento, ¿cuando todo se tranquilice? ¿Cuando deje de haber cambios?

¿En serio alguien cree que dejará de haber cambios?

Nos veremos a la cuarta parte: qué nos depara el futuro, que sepamos.

(…)

‘Cuanto peor, mejor’

  1. Puesta al día
  2. La Sombra
  3. Internet, What have you done?
  4. La ciencia-ficción NO es ficción
  5. El dolor de la lucidez. Preguntas finales y conclusión

 

Mientras peor, mejor (2 de 5). La Sombra.

Nota: esta es la segunda parte de una serie que he dividido en cinco paquetes. Pero dado que la primera no es más que un resumen de mi vida de los últimos cinco meses, y puesta en contexto de por qué no he escrito en ese tiempo y me lanzo ahora a hacerlo de nuevo, si no te interesa, puedes empezar directamente por esta entrada.

Las ciudades de Naboo, Alderaan, Rivendel, o el San Francisco de Star Trek, siempre se han aproximado en mi cabeza a esa visión de un futuro tecnológico en armonía con la naturaleza. Por algo hice también este dibujo hace 11 años, que me gustaría revisitar algún día.

Siempre me he tenido a mi mismo por una persona bastante optimista, con una visión luminosa, esperanzadora sobre el futuro, sobre el mio propio, y el de la humanidad. Algo rollo Star Trek: un futuro cosmopolita, con un pueblo leído y educado y que vive en armonía con la naturaleza, un mundo sin pobreza ni desigualdades y desde luego sin conflictos sociales, un futuro en el que sobreviven los trabajos creativos y estos reportan no otra cosa que prestigio social, un futuro en el que no hay paro porque no hace falta trabajar; un mundo de abundancia material en el que la tecnología está totalmente a nuestro servicio, y nos hace sacar lo mejor de nosotros mismos. El puto Paraíso en la Tierra, vamos; y nuestro conflicto sería el de extendernos por el espacio, enfrentándonos quién sabe a qué peligros.

Y si, tal vez antes de alcanzar eso tendríamos que pasar por una buena guerra mundial o una pandemia fulminante, ‘nos hace falta un hervor aún’, solía y suelo pensar; pero creía que en general, a la humanidad, solo nos quedaba lo mejor por delante. Que llegaríamos a eso y en adelante todo cambio futuro y evento histórico vendría condicionado por la tecnología. Algo parecido a ‘el fin de la historia’, con algunos baches antes de llegar. Pero llegaríamos.

(…)

Ahora, sencillamente, no lo sé. No sé si el ser humano, tal y como es, en su condición actual, en su biología, es capaz de llegar a eso. O si lo sé, pero ese lugar al que nos dirigimos, que aunque en lo tecnológico sin duda será muy avanzado (y me fascina que así sea); en lo moral, en lo espiritual, en lo emocional, no sé si será necesariamente mejor, o ni siquiera… mejorable.

Blade Runner

Tengo ahora que decir que el futuro que imagino se parece bastante más al de Blade Runner: lluvioso, ácido, anónimo, anodino, gris, muy gris. Y si, el de la foto soy yo… xD

Y aunque creo que siempre he sido consciente -desde pequeño, de hecho- de la mierda y limitaciones que traemos de serie la condición humana… aunque siempre he sido consciente del inimaginable trabajo que hace falta tan solo que para mantener en pie lo que ya hay construido (y encima de eso, lo que queda por hacer), en los últimos meses he empezado a desarrollar esta visión que, si no es abiertamente sombría, si al menos desesperanzadora.

 

Para empezar, cambio climático

Lo primero, ya doy por hecho que el cambio climático, que es una realidad bien presente, ocurrirá hasta sus últimas consecuencias. Sin paliativos, sin que hagamos realmente nada por evitarlo. La energía solar y renovables en general, que son una realidad y es un hecho que se acabarán imponiendo, lo harán tarde, y solo por motivos económicos y no por motivos de concienciación o responsabilidad moral; y con todo, solo se impondrán cuando sean escandalosamente más baratas que las fuentes de energía fósil: la famosa y muy esperada paridad ya se alcanzó, y aun así eso solo sirve para que la mitad de nuevas instalaciones sean renovables. Y esto se hace por pura inercia mental e industrial. Traducido, esto es que tenemos centrales de carbón nuevas y relucientes que seguirán quemando por décadas tan solo que para amortizarse.

La Tierra no se convertirá en Venus, no, pero doy por hecho que los polos se derretirán, la extinción masiva del Holoceno llegará a sus últimas consecuencias, las ciudades costeras desaparecerán, y entre otros males, España se convertirá definitivamente en un erial. De todas las cosas malas que podemos hacer, esta es la que más fácilmente podríamos evitar, y al mismo tiempo, la que tendrá consecuencias más duraderas de todas. No hablamos solo de la muerte de seres vivos (humanos y no humanos), hablamos de la extinción de especies, hablamos de desaparición de legado y diversidad genéticas, hablamos de dejar huellas sobre la atmósfera y océanos que durarán milenios y que seguirán aquí incluso cuando nosotros mismos nos hayamos extinguido. El cambio climático será nuestro mayor legado, y aún así, ocurrirá.
Y aún así, seguiré reciclando, comeré y usaré el transporte de forma sostenible y responsable, y en general, ayudaré de cuantas formas estén en mi mano a crear un mundo más habitable y sostenible. Porque creo en ello.

Choque de civilizaciones

Sobre la guerra de Siria me encuentro especialmente sensibilizado. No en vano, y es la primera vez que digo esto públicamente, colaboro con Acnur, y es de las primeras cosas que hice nada más tener un sueldo fijo.

(Sabéis qué imagen va aquí. Sobran comentarios)

Que si, que si, que nada de esto de la guerra es nuevo, será que me hago mayor, que no soy el niño ni el adolescente que veía como algo distante en televisión las guerras de Irak o de los Balcanes. Pero aquí esta, está pasando ahora, como pasa en Nigeria, como pasa en Yemen, por eso me cabrea, me altera profundamente y lo hace a un nivel primario, cuando alguien sostiene con una indigerible livianidad dejar que los refugiados se pudran en nuestras fronteras o mejor, en su propio país, en una guerra que más directa que indirectamente han provocado nuestros gobiernos. Saqueos, fanatismo, radicalismo, familias enteras que se hunden intentando llegar, ¡10000 niños desaparecidos!… no entiendo como se puede justificar eso frente a la posibilidad de que se cuele un posible terrorista, terrorista que por cierto no tiene que colarse pues ya vive aquí, en nuestras narices, y desde hace generaciones.
Y al mismo tiempo, he de decirlo también, no abogo por un ‘dejarles entrar’ sin más, y no me refiero a refugiados, sino inmigrantes en general: no encerrándolos en un gueto sin más, cociéndose a fuego lento en una olla de desigualdad, desarraigo, desintegración cultural y especialmente paro y falta de oportunidades; el caldo perfecto para que fermenten radicalismos.
Valga decir que es en España uno de los países donde mejor lo hacemos (y no es mucho decir), porque si lo comparamos con programas de inserción social del chichinabo a la francesa, sin presupuesto, oportunidades o estrategia alguna, a la larga sabemos que pasa lo que pasa: ahí es donde surgen los terroristas.
De todo esto ya hablé cuando lo del Charlie Hebdo: ayuda real aquí, ayuda real en sus países de origen, acabar con el origen de los conflictos, crear paz y prosperidad para ellos, construirles hospitales y sobre todo escuelas, dejar en injerir en su política interna, secarle el agua de los terroristas, y así, invirtiendo tiempo y desde luego mucho dinero (y no el que se va en bombas), es como se resuelven los problemas. ¿Fácil? No. ¿Hay que hacerlo? Definitivamente. ¿Vamos a hacerlo con decisión, valentía, y mirada a largo plazo? Lamentablemente, ni de coña.

Acomodamiento en Occidente

Mientras, aquí, en nuestro acomodado Occidente, las blanditas nuevas generaciones están carentes de rumbo, de identidad; ignorantes del conflicto y dificultades de una vida en la que ya no somos educados en el esfuerzo ni se nos enfrenta a él, y que por tanto, nos está volviendo peligrosamente intolerantes a la frustración, y al fracaso.

“Tiempos duros crean hombres fuertes; hombres fuertes crean tiempos buenos; buenos tiempos crean hombres blandos; hombres blandos crean malos tiempos”. ¿Estaremos condenados por siempre a esto?

Además, esta generación, que no ha vivido ninguna dificultad y que al mismo tiempo cree que lo merece todo, está siendo siendo seducida por cierta élite supuestamente intelectual, que también sin rumbo, se alzan como abanderados y propietarios de movimientos tan importantes, nobles y legítimos como el feminismo, el ecologismo, la protección de los animales o el consumo responsable, concediendo la pegatina de aprobación o censurando a quien ellos creen pertinente, radicalizandose (percibo yo) en una espiral absolutamente intransigente, y buscando objetivos inalcanzables que, más allá de la absoluta condena al uso de la violencia en cualquiera de sus formas -faltaría más-, buscan a menudo buscan cambiar al otro y modelar la realidad; obviando que el cambio, el verdadero poder regenerador y transformador, empieza y está en uno mismo, y ese es el que hay que potenciar. Y estos son al mismo tiempo incapaces de establecer un debate real, incapaces de convencer, de explicar de forma accesible, de seducir con su mensaje, y provocando no solo la reacción de los sectores más reaccionarios (como por otra parte, cabría esperar), sino también el desapego de los más moderados. En definitiva, un discurso que suena a cabreo y sobre todo a derrota, con muy poca voluntad constructiva, y con un tono abiertamente rupturista que para nada suscribo.

El populismo

Pero la puntilla viene, os lo podéis imaginar, por el vigor del debate secesionista/nacionalista aquí en España, por el auge de la xenofobia en Europa; y por el triunfo del Brexit, del no a la paz en Colombia, y por supuesto, de la rata naranja con peluca. Por la tendencia a buscar soluciones fáciles y rápidas, y echando la culpa de los problemas a otros. Por la creciente, tremenda, acojonante desinformación que cada vez sale más a reflotar, y que ya tiene consecuencias reales sobre las decisiones que soberanamente se toman a través de las urnas. Por el desapego, desconfianza y abierto desprecio a la inteligencia, a la intelectualidad. Por la falta de educación, de criterio.

(…)

Lo temía hace seis meses, lo confirmaba hace dos, lo repito ahora: la sensación total que tengo es que nos vamos a la mierda.

Y en todo esto creo que internet tiene mucha, mucha responsabilidad. Lo vemos en la tercera parte.

‘Cuanto peor, mejor’

  1. Puesta al día
  2. La Sombra
  3. Internet, What have you done?
  4. La ciencia-ficción NO es ficción
  5. El dolor de la lucidez. Preguntas finales y conclusión

 

Mientras peor, mejor (1 de 5). Repaso a 2016 y puesta al día.

Hola. Aquí sigo, vivo y coleando.

Os pongo brevemente al día: trabajando bastante, y desde septiembre, fijo y a jornada completa en este proyecto en el que estoy a tantos niveles tan implicado. Poco que contar sobre el trabajo: lo que puedo contar no es interesante, y lo que es interesante, no lo puedo contar… Y a nivel personal, lo más relevante es que me mudé hace unos meses a vivir, solo por primera vez, a un apartamento en el precioso barrio del Realejo, en Granada. Y no mucho más, no mucho más sobre mi que me apetezca contar, realmente poco más puedo pedir, todo va razonablemente bien ;)

Atardeceres en el Realejo

Por ubicación, os lo digo, no me puedo quejar. Esta vista la tengo a pocos minutos de mi piso (eso si, subiendo una deliciosa cuesta xD)

Y si, tengo esto del blog abandonado: solo una entrada (y bastante depresiva, y con razón) en los últimos cinco meses. Dicho silencio viene a coincidir precisamente desde que se alzó la cantidad de trabajo, y también los primeros y moviditos meses de empezar a vivir solo, mudanzas* incluidas.

*Tres de hecho, en menos de quince días…

Pero permitidme que os diga: ese mismo hecho de no escribir, ese por qué, esa no-noticia, es por algo, y me he dado cuenta de que en si misma da para una buena entrada, un buen post. Es una entrada oscura, pero merece ser, debe ser escrita. Vamos a ello.

¿Por qué no escribo?

Hay varias razones. Si, por un lado, y ya lo decía nada más empezar, el trabajo me tiene, o al menos me ha tenido estos meses, hasta arriba. No os olvidéis de que el grueso de este blog se redactó y fue producto de la mente de un mal estudiante que tardó diez añazos en acabar la carrera. Llevo apenas tres años en el mercado laboral, y solo puedo decir que siento una tremenda simpatía por aquellos que lleváis adelante un blog incluso teniendo familia e hijos. Volviendo a mi, decía, ha sido diciembre bien bonico, de aprendizaje, sin duda cargado, y estresante -y del que alguna vez me apetecerá hablar-; tanto, que al acabar de navidades y todo, me tiré un par de días en la cama.
Todo bien, hay trabajo en nuestra pequeña empresa, cosa que por supuesto es una buena noticia, pero como todo lo laboral y como he dicho al principio, hablaré más cuando sea oportuno. Que por cierto, para el trabajo he tenido que redactar un par de entradas y reflexiones sobre el Diseño Industrial, y aunque para dónde iban a ir publicadas no podían tener el estilo casual y desenfadado que les podría dar aquí, no dudéis que os las publicaré ;)

Y que si, venga, que lo de escribir, también se me está pasando (una pena seguir viendo como cierran más y más blogs), poco a poco, la crisis existencial de los blogs… blablablá… ¡Qué pereza! que coño: que ahora al no tener tanto tiempo, ponerte a pensar y reflexionar no es ya una de tus prioridades en tu tiempo libre.

Y para colmo (¡para colmo!), ya ni veo tantas series (aunque vaya tela, hoygan, vaya tela con Westworld…) ni mucho menos películas. Esto en si mismo reconozco que es un tema para hablar, con lo que yo he sido
(Aunque últimamente juego, y mucho, a la PS4, y también hablaré de ello)

No es solo que es un privilegio y un placer ver a dos monstruos de la interpretación como Anthony Hopkins y Ed Harris en la pequeña pantalla; es que, aunque solo existiera el primer episodio, personalmente ya lo consideraría una obra cumbre del género. Y dado que mi película favorita es ‘Blade Runner’, de la cual ‘Westworld’ bebe a cántaros; si, ahora ya sabéis cual es mi nueva serie de TV favorita. Ojo a lo que he dicho…

Y lo diré también, me estoy volviendo algo más celoso con mi intimidad. Cada vez me doy más cuenta de lo fácil que es ponerse a bichear perfiles, y en un par de vistazos, rajar de arriba abajo la vida de una persona. Sigo teniendo la linea trazada entre que puedo/quiero contar casi en el mismo sitio que siempre (y en general, lo sabéis, soy muy transparente y me guardo pocas cosas), pero cada vez que vuelvo a leer un post antiguo (y lo hago), siempre hay una palabra, tal vez una linea, que prefiero editarla o quitarla. A veces por celos, y a veces también, por pura vergüencilla de ver cómo me expresaba. Es nada, una milésima parte de lo que hay escrito, pero dado que tampoco voy a repasar sistemáticamente todo lo que hay, a veces pienso si por esa minúscula pero crítica milésima lo más sencillo no sería borrarlo todo y mandarlo a la mierda.
Y así estamos. Mucho de lo que escribo son notas personales, y no sé hasta que punto son realmente necesario que sean públicas…

Resumiendo: que mi vida no está siendo extraordinariamente interesante.
2016, aún estando lejos de haber sido un mal año -de hecho, ha sido muy constructivo-, ha traído en lo personal pocas cosas reseñables. Trabajo, amigos, familia, vida algo más sana (con bici y gimnasio y toda la pesca), algún viaje, vida en Granada; y si, algún, o algunos, proyectos frustrados.

En fin, todo esto era la puñetera introducción, la puesta al día.
Ahora el meollo de verdad: la sombra. De verdad, por qué no escribo. En la segunda parte.

(…)

‘Cuanto peor, mejor’

  1. Puesta al día
  2. La Sombra
  3. Internet, What have you done?
  4. La ciencia-ficción NO es ficción
  5. El dolor de la lucidez. Preguntas finales y conclusión

 

Y la Gran Democracia volvió a funcionar

Bueno, sobre esta noticia necesito escribir. Necesito la terapia de escribir algo, para expulsarlo, purgarlo, para reconciliarme con esta impactante realidad, que, las cosas como son, me ha dejado el cuerpo cortado lo que llevamos de semana.

elecciones-2016

Voy a ilustrarlo con esta imagen. Me niego a poner una imagen de esa rata naranja en mi blog.

Seguramente lo último que queréis es leer a otro bloguero catastrofista pataleando, y aunque no me voy a autocensurar, os voy a intentar conceder brevedad. Al fin y al cabo llevo escribiendo aquí más de diez años, y negarme a mi mismo esto ahora, o pedir disculpas por opinar* ¡sería el puto colmo!

*(amigos del facebook, me da coraje que os quejéis de que la gente se queje, meteos vuestra queja también por el ojete, o bloqueadme, me da igual)

 

Como decía, llevo estos días con el cuerpo cortado. Valga decir que Hillary no era ni mucho menos mi candidata ideal (si, me caía mejor Bernie Sanders, pero cometí el error de pensar que Clinton era un valor más seguro a la hora de contener a Trump, que nunca me pareció tener posibilidades realistas). Sin embargo llegó el miércoles por la mañana, con todas las putas encuestas en contra, y la imagen de Trump de presidente me parece muchas cosas y ninguna agradable. Me parece una estampa de chiste, de comedia mala, de república bananera; una broma de mal gusto. Pero lo que siento es más que incredulidad. Me ha costado reconocer por lo que estoy pasando, llamarlo por su nombre: estoy de luto, de duelo. 

 

(…)

Venga ya, hombre, diréis; ¿estoy sobreactuando? ¿Acaso era Hillary perfecta? ¿U Obama un mesías? ¿Es Estados Unidos la luz moral que guía al mundo? ¿No tiene su Constitución los adecuados mecanismos de contrapeso de poderes? ¿No conocemos ya este movimiento pendular, estos ciclos de acción y reacción entre progresismo y conservadurismo? ¿Es nueva la a veces asquerosa condición humana? Me lo repito a mi mismo: bastantes cosas pasan en el mundo, en España; y ya sobrevivimos a Bush Jr y el mundo siguió girando; esto no puede ser tan malo.

Empezaré por sacar algo bueno, y ahí va: es que la democracia ha funcionado. Si si, ha funcionado, no os engañéis. Limpiamente, con la tal vez injusta ley electoral en la mano, pero sin amaños ni pucherazos (por eso decidiré obviar el detalle de que Clinton ha ganado en número de votos). De todas maneras, decir esto no es decir mucho: también democráticamente elegidos y refrendados han sido Putin, Berlusconi, Orban, Maduro… pero con un detalle: ellos controlaban los medios. Trump ha ganado a pesar de la supuesta mano invisible (nada invisible sino totalmente visible y real), del dictado de los mercados, de los medios, del sistema, de la casta, incluso de su propio partido. Hasta a pesar de si mismo, Trump ha ganado. Eso es de alguna manera un triunfo, como, lo recordaré varias veces, el Brexit.

Tampoco puedo ignorar que su voto recoge muchas inquietudes y frustraciones que reconozco como legítimas, como la creciente desigualdad de poder adquisitivo, la concentración de poder por parte de las élites, una pérdida de soberanía que no sabemos muy bien a dónde conduce, y una globalización que está muy lejos de beneficiar a todos por igual.

¿Me preocupa? Claro que me preocupa, como en general me preocupan movimientos reaccionarios y conservadores, en Estados Unidos o dónde sea. Me preocupa el maltrato que pueden dar a los colectivos débiles y en minoría (latinos, musulmanes, LGBT) y a los servicios públicos (educación y sanidad); me preocupan su manera de obviar la realidad (suscriben el movimiento antivacunas o el creacionismo (WTF!!!)), y especialmente, muy especialmente -pues es la que más directamente nos puede afectar- su visión negacionista sobre el cambio climático.

Todo lo anterior me preocupa. Lo que es asco, me lo provoca pensar que esta rata naranja con peluca va a estar durante al menos cuatro años en nuestros televisores y portadas de periódicos; asco me provoca pensar que voy a estar cuatro años viéndole la jeta a este payaso, machista, oportunista, ególatra, bocazas, bravucón, sobrado y para colmo, tremendamente destemplado e imprevisible.

(…)

Todo lo anterior me preocupa y me asquea. Pero lo que me duele, no es nada de eso. Lo que me duele es lo que ha ganado, y su nombre no es Trump.

Lo que ha ganado han sido el desprecio a la educación, a la intelectualidad y a la inteligencia. Han ganado las agallas, las tripas. Han ganado las ganas de trolear, incluso. Ha ganado la sinrazón. No ha ganado la mejor parte (y esa parte tampoco era Hillary, no), sino que ha ganado el lado oscuro del ser humano.

Ha ganado la rabia, ha ganado el odio.

Ha ganado el miedo.

(…)

 

Y estos sentimientos ni siquiera han ganado en el país de La Gran Democracia cuando peor estaban (pues no ha sucedido en la profundidad de una gran depresión, sino cuando estaban ya bien fuera de ella, precisamente en buena medida gracias a las políticas de Obama; unas políticas que estaban funcionando), sino que han sucedido ahora, cuando parecía que les volvían a ir bien las cosas.

(…)

Se suele decir que la democracia es el menos malo de los sistemas que tenemos; pero a mi me gusta enunciar esa frase de la siguiente forma*, y la pongo así con comillas porque queda chulo:

La democracia es tan buena como el pueblo que la ejerce.

*Admite variaciones, claro, se me ocurren ‘la democracia no es mejor que el pueblo que la ejerce’ o ‘es tan buena como el nivel formativo de quienes la ejercen’.

No juzguemos tampoco a todos los ciudadanos estadounidenses ni les obliguemos a pedir disculpas, o que pase lo contrario a cuando salió Bush y entró Obama (muchos ciudadanos estadounidenses en el extranjero notaron instantáneamente un cambio de actitud sustancial hacia ellos), sería muy injusto. Pero este resultado, (¡incluso aunque Trump hubiera perdido!) es un justo retrato, una fotografía, una lección que debemos estudiar y de la que debemos aprender.

Pero sobre todo debe de ser la ocasión para reaccionar, salir de nuestra apatía, y tal vez la sacudida que necesitamos para sacar lo mejor de nosotros mismos.

(…)


 

Espero que el triunfo de Trump no vaya automáticamente acompañado, como ha pasado con el Brexit, por brotes de violencia, xenofobia y odio de forma espontanea, abusos que la presidencia de un negro, inexplicablemente, no han conseguido reducir.

Por nuestra parte, le debemos a Donald Trump, nos debemos a nosotros mismos, una mente abierta. Pues quién sabe, en su imprevisibilidad, en sus contradicciones, tal vez se desdiga de muchas de sus promesas, y tal vez mantenga otras; tal vez pueda hacer cosas realmente buenas. No ignoro tampoco que ha abrazado las consignas populistas de derechas -las que le han dado la presidencia- solo el los últimos años; y que durante años sus tendencias han oscilado entre la izquierda y la derecha. Tal vez, si sale reelegido dentro de cuatro años, no sea tan mala noticia. Tal vez.

Por lo demás, a lo que dije cuando el Brexit me remito. A los ‘caminantes blancos’ y el peligro de acomodarnos. Volveré, volveremos a hablar de esto, imagino dentro de unos meses, cuando su tendencia se perfile marcadamente, cuando muestre de verdad las cartas, cuando actúe, cuando realmente haya algo que comentar. Por nuestra propia salud mental, concedámosle eso.

Brexit, Trump, coletas, barbas y ‘White Walkers’: algunos humildes comentarios sobre geopolítica (2 de 2).

White_Walker_2x10En la entrada anterior, hablaba sobre el tema candente: el Brexit, y las consecuencias inmediatas que puede tener. Quiero bucear más en este tema y unos cuantos más que vienen al caso, pero aquella primera parte la cerraba hablando de una responsabilidad: la de hacerse ciertas preguntas cuando alguien quiere irse, incluso cuando no sea la mayoría. ¿Qué he hecho mal? ¿En qué puedo mejorar?

Redactando este texto, enseguida me he empantando durante párrafos a divagar sobre el problema nacionalista/separatista en España. Supongo que esas ideas darán para un buen texto, pero será otra vez. Solo diré que flipo con cómo el circulo de mierda de odio territorial está marcando la agenda política (‘nos queremos ir porque nos odiáis’, ‘os odiamos porque queréis iros’) mientras se dejan de lado problemas mucho más graves e incluso urgentes como el del paro, la corrupción, la educación o los servicios sociales. Flipo con cómo los partidos tradicionales se han sumergido en su propio pozo de mierda incluso cuando les salía nueva competencia a diestra y siniestra, con su incapacidad de tener una altura de miras y de acometer los problemas a largo plazo, juntos, mientras se ensimisman con sus viejas rencillas. En cualquier caso, me alegro de que tengamos más opciones para elegir de las que hemos tenido en cuarenta años, y eso es para mi un motivo de celebración.

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Dicho esto, quiero lanzar una pregunta más amplia: Más allá de las ventajas económicas, o del sentimiento de orgullo de pertenencia a una nación ¿hay una necesidad real de estar juntos? Es más ¿Qué es estar juntos? ¿Juntos frente a algo? ¿Juntos en convivencia? ¿No estamos juntos ya, aunque no compartamos soberanía? ¿Es que si no la compartimos, es el fin de todo?

Dado que España, o la misma Europa, de dividirse, pueden convertirse en reinos de taifas (maravilloso ejemplo nos dejó la historia), vulnerables por separado ante la amenaza del norte, ¿Qué peligros corremos? ¿Qué nos espera? ¿Qué adversidades hay? ¿Qué ‘Caminantes Blancos’ nos acechan?

 

Los Caminantes Blancos

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La historia de Juego de Tronos, como decía, habla muy en su esencia sobre cómo las ‘urgentes’ rencillas internas y las estúpidas guerras en esos reinos de taifas que pueblan el ficticio continente de Poniente, impiden a sus reyes y lideres centrarse en hacer frente, unidos, a la verdadera amenaza que puede acabar con todos: la de unas abominables criaturas que se creía mitológicas, que llevan acechando milenios y han despertado para, ahora si, arrasar la civilización de forma inexorable: los ‘White Walkers’, o Caminantes Blancos.

Históricamente las personas, las tribus, las naciones... parece que en nuestra naturaleza humana solo nos unimos ante la presión de un desafío externo (y uso la palabra desafio, pues creo que a estas alturas la palabra amenaza queda grande)

El nacimiento de la Unión Europea tuvo sentido en un contexto marcado por la reciente guerra mundial, y la necesidad de cerrar heridas, reforzar y reconstruir unidos un continente arrasado por aquella guerra, y que compartía frontera con el oso rojo soviético. Por aquel entonces se crearían otras entidades como la ONU, la OTAN, la Comecon o el Pacto de Varsovia, en un mundo polarizado en dos grandes bloques, el capitalista y el comunista (ambos autodenominados democráticos).

The_Wall_from_the_south

Sin embargo, cuando en 1989 cae el Telón de Acero y la Unión Sovietica colapsa, apareció el concepto de ‘fin de la Historia’: la democracia liberal triunfaba definitivamente, imponiendo su visión en el mundo, y en pocas décadas se podría hablar del fin de las guerras. Pero claro, en un Occidente sin grandes amenazas externas y con una ideología hegemónica ¿qué nos obliga a mantenernos “unidos”?¿No es nuestra mera convivencia suficientemente sólida? Europa no es tan fuerte como Estados Unidos, pero ¿es necesario medirse con ellos? ¿No son nuestros amigos?
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