Brexit, Trump, coletas, barbas y ‘White Walkers’: algunos humildes comentarios sobre geopolítica (2 de 2).

White_Walker_2x10En la entrada anterior, hablaba sobre el tema candente: el Brexit, y las consecuencias inmediatas que puede tener. Quiero bucear más en este tema y unos cuantos más que vienen al caso, pero aquella primera parte la cerraba hablando de una responsabilidad: la de hacerse ciertas preguntas cuando alguien quiere irse, incluso cuando no sea la mayoría. ¿Qué he hecho mal? ¿En qué puedo mejorar?

Redactando este texto, enseguida me he empantando durante párrafos a divagar sobre el problema nacionalista/separatista en España. Supongo que esas ideas darán para un buen texto, pero será otra vez. Solo diré que flipo con cómo el circulo de mierda de odio territorial está marcando la agenda política (‘nos queremos ir porque nos odiáis’, ‘os odiamos porque queréis iros’) mientras se dejan de lado problemas mucho más graves e incluso urgentes como el del paro, la corrupción, la educación o los servicios sociales. Flipo con cómo los partidos tradicionales se han sumergido en su propio pozo de mierda incluso cuando les salía nueva competencia a diestra y siniestra, con su incapacidad de tener una altura de miras y de acometer los problemas a largo plazo, juntos, mientras se ensimisman con sus viejas rencillas. En cualquier caso, me alegro de que tengamos más opciones para elegir de las que hemos tenido en cuarenta años, y eso es para mi un motivo de celebración.

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Dicho esto, quiero lanzar una pregunta más amplia: Más allá de las ventajas económicas, o del sentimiento de orgullo de pertenencia a una nación ¿hay una necesidad real de estar juntos? Es más ¿Qué es estar juntos? ¿Juntos frente a algo? ¿Juntos en convivencia? ¿No estamos juntos ya, aunque no compartamos soberanía? ¿Es que si no la compartimos, es el fin de todo?

Dado que España, o la misma Europa, de dividirse, pueden convertirse en reinos de taifas (maravilloso ejemplo nos dejó la historia), vulnerables por separado ante la amenaza del norte, ¿Qué peligros corremos? ¿Qué nos espera? ¿Qué adversidades hay? ¿Qué ‘Caminantes Blancos’ nos acechan?

 

Los Caminantes Blancos

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La historia de Juego de Tronos, como decía, habla muy en su esencia sobre cómo las ‘urgentes’ rencillas internas y las estúpidas guerras en esos reinos de taifas que pueblan el ficticio continente de Poniente, impiden a sus reyes y lideres centrarse en hacer frente, unidos, a la verdadera amenaza que puede acabar con todos: la de unas abominables criaturas que se creía mitológicas, que llevan acechando milenios y han despertado para, ahora si, arrasar la civilización de forma inexorable: los ‘White Walkers’, o Caminantes Blancos.

Históricamente las personas, las tribus, las naciones... parece que en nuestra naturaleza humana solo nos unimos ante la presión de un desafío externo (y uso la palabra desafio, pues creo que a estas alturas la palabra amenaza queda grande)

El nacimiento de la Unión Europea tuvo sentido en un contexto marcado por la reciente guerra mundial, y la necesidad de cerrar heridas, reforzar y reconstruir unidos un continente arrasado por aquella guerra, y que compartía frontera con el oso rojo soviético. Por aquel entonces se crearían otras entidades como la ONU, la OTAN, la Comecon o el Pacto de Varsovia, en un mundo polarizado en dos grandes bloques, el capitalista y el comunista (ambos autodenominados democráticos).

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Sin embargo, cuando en 1989 cae el Telón de Acero y la Unión Sovietica colapsa, apareció el concepto de ‘fin de la Historia’: la democracia liberal triunfaba definitivamente, imponiendo su visión en el mundo, y en pocas décadas se podría hablar del fin de las guerras. Pero claro, en un Occidente sin grandes amenazas externas y con una ideología hegemónica ¿qué nos obliga a mantenernos “unidos”?¿No es nuestra mera convivencia suficientemente sólida? Europa no es tan fuerte como Estados Unidos, pero ¿es necesario medirse con ellos? ¿No son nuestros amigos?
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Brexit, Trump, coletas, barbas y ‘White Walkers’: algunos humildes comentarios sobre geopolítica (1 de 2).

maxresdefaultVarias veces he intentado convencer a mi padre de que vea Juego de Tronos. Quitando lo de que pasa de tecnologías y de que como no le de yo personalmente al ‘play’ no ve nada, cuando le cuento de qué va la serie y por qué debe verla, me suele replicar con una respuesta bastante sensata: para ver una serie de fantasía (y eso que él disfrutó con El Señor de los Anillos), prefiere ver alguna que se base en hechos reales, como Isabel, Hispania, Los Borgia o Los Tudor. Al fin y al cabo, dice, esas se basan en hechos reales, y mientras todas estas series -incluyendo JdT- tratan siempre sobre lo mismo (luchas de poder y la miseria de la naturaleza humana), al menos, ya de camino, aprendes algo de historia.

Razón no le falta, pero la fantasía de Juego de Tronos, aunque no nos enseña nada histórico, nos hace un retrato de esa misma miseria de la naturaleza humana contándonos algo más, de una forma que la misma realidad histórica no nos permitiría si nos queremos ceñir a ella, sino con un relato hecho a medida. Y en el caso de G.R.R. Martin, como bien acierta este artículo, la gran historia que cuenta Juego de Tronos es la del cortoplacismo, la estupidez, la de la falta de miras; una historia de patadas hacia delante, de cuando lo urgente desplace a lo importante; una historia de procrastinación.

El ‘Brexit’

Yo, como imagino que muchos de vosotros, tenéis a alguien que vive/trabaja ahora en el Reino Unido. Yo mismo estuve allí trabajando un año. Y mi hermana, sin ir más lejos, lleva allí desde 2012 y no tiene intención de volver. El resultado del referendum del jueves levanta preguntas inmediatas ¿Podrá seguir viviendo y trabajando allí? ¿Necesitará visados? ¿Qué pasará con lo que ha cotizado hasta el momento?

Como con todo, depende de dónde se me pregunte, pero me considero totalmente ‘europeo’. Además del año que pasé en Birmingham, estuve otro en Dinamarca como Erasmus, y entre otras cosas, acabas con la sensación de que, estés viajando a Noruega o Hungría, sigues en el mismo patio, sigues en ‘casa’.


El que ha triunfado este jueves en Reino Unido ha sido el voto de la estupidez, de la ignorancia; el voto desde las agallas, de las emociones. El voto de la desinformación. Un voto basado en un rancio sentido nacional e imperial, mezclado con una amalgama de rechazo a la inmigración (cuando la mayoría de inmigrantes que provocan rechazo son de fuera de la UE, por no hablar de los directamente nativos del viejo imperio: indios y especialmente, paquistaníes), y un profundo desconocimiento de economía.

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Parto de la base de que UK y la misma UE están, estamos mejor juntos. Pero los independentistas de UK, con ese englishman de excelente dicción llamado Nigel Farage a la cabeza, hablan de la clase política europea como una clase arrogante, elitista, alejada de las verdaderas inquietudes y necesidades de la gente. Esgrimen la falta de soberanía, nunca han tragado del todo a Europa, y frente a ese sentimiento visceral y que no atiende a razones, poco se puede hacer a corto plazo. Por estúpidos y rancios, ni siquiera son capaces de prever que su viejo imperio más que probablemente se vea desmembrado: Escocia ya pide un nuevo referéndum de independencia, y no es descabellado pensar que el Ulster se pueda integrar dentro de Irlanda. Por no hablar de Gibraltar.

¿Supone estar en Europa una falta de soberanía? Sin duda, al entrar en el club elevamos muchas de nuestras decisiones a Bruselas y el BCE. Pero como bien acaban de demostrar los ingleses, y también se les ha señalado insistentemente a los griegos, lo cierto es que la puerta de salida está ahí para quien la quiera. Tal vez no podamos cambiar las reglas del juego, pero podemos elegir si jugamos o no.

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La puñetera moda de los spoilers

Bueno, me toca hablar de Juego de Tronos. No voy a contar spoilers ni voy a hacer ni chistes, pues precisamente vengo a hablar de eso: se nos está yendo de las manos.

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Cero pistas. Pinchando en la imagen veréis el meme completo, aunque algunos ya sabréis a qué se refiere esta imagen de total actualidad. Por los mismos motivos, he pixelado las siguientes imágenes con que ilustro este artículo: pinchándolas las veréis limpiamente.

Creo que es la primera serie que, digamos, TODOS vemos y que llevamos al día (al menos, permitidme la vaguedad, todo típico joven-con estudios-presente en las redes). En ese sentido es un fenómeno inédito. Vamos por la sexta temporada, la serie finalmente ha adelantado a los libros, y esto entre otras cosas ha propiciado que incluso aquellos que se los habían leído y no veían la serie por eso, ahora se hayan subido al tren.

Alguna vez, tirando a pocas, he hablado aquí de series. No soy seriefilo, pero quiero creer que por una sencilla razón: porque me gustan demasiado las series. Porque no sé dosificar; porque, cuando empiezo a ver una, aunque empiece lento, acabo devorándola de una sentada, con el consiguiente descuadre de horarios, normativas, ritmos circadianos y todo lo que se presente. A eso, añado, que prefiero esperar a la temporada completa y tenerla de una sentada que ir siguiendo semana a semana (cosa que, como veremos con Juego de Tronos, es imposible). Y antes, cuando “estudiaba”, me lo podía medio permitir; ahora no me imagino tragándome cinco episodios de una sentada de, digamos, Peaky Blinders (por decir una), e intentando madrugar al día siguiente para ir al trabajo. A lo que me pasa con los videojuegos me remito.

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Este es de los mejores memes que he visto (pincha para verlo). Y si, reconozco que es triste verlo pixelado, pero vamos a ser coherentes.

De Juego de Tronos ya hablé, muy escuetamente, una vez: sobre lo que me costó empezarla, y sobre como a partir de la mitad de la primera temporada… todo se incendia. Me pasó como me seguiría pasando en sucesivas temporadas: empezando lento y metiendome el atracón final por culpa, de que, inocente, pobre de mi, acabé estámpandome con el spoiler más grande de la primera temporada, como algunos de los más sabrosos de las segundas, terceras, cuartas, quintas temporadas…
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El *horror* de la ciencia en este país

De unas semanas a esta parte vengo viendo dos cosas en mi Facebook.

Una, como con grata sorpresa bastantes de mis contactos comparten las colosales, descomunales, hermosísimas, alucinantes, sensacionales, imponentes… extraordinariamente bellas y sobrecogedoras imágenes que la New Horizons está enviando de Plutón y su hermano pequeño Caronte.

Es decir, lo que técnicamente se conoce como

PUTO

PASÓN.

(…)

Recobremos el aliento: doy por hecho que las habéis visto, pero dado que cada semana la New Horizons me (nos) regala una nueva foto que entra directa en la selecta galería de imágenes astronómicas favoritas-ever, debía y debo compartirlas (cada una enlaza a algún artículo explicativo, donde podéis verlas en alta resolución)

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(..)

Al mismo tiempo, y previos a la reciente y “enésima” confirmación de que hay agua en Marte, muchos comparten esta o imágenes similares a esta:

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Y cuando se la veo compartida a ese colega-de-un-colega que coincidimos un par de veces, y ni sé porque lo sigo teniendo en el facebook, pues más bien paso.

Pero cuando la comparte un buen amigo, un familiar, alguien que me importa, es cuando se me cae el alma al suelo. Amablemente le respondo, al tiempo con la suficiente brevedad para asegurarme de que puede leerlo (y es un dificil compromiso, el ser breve, preciso, conciso y al mismo tiempo, no parecer que convoco Balrogs en la Lengua Negra de Mordor, pues la idea es sonar amable…).

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Esta es la respuesta, por ejemplo, que le dejé a una amiga.

Qué creeis que voy a decir nuevo, que no hayamos dicho ya, que no nos hayamos lamentado ya. Nada. Me apetece desarrollar la idea, tal vez solo por el gusto de desarrollarla, como todo lo que es esto, un ejercicio de retórica y una vez más, por patalear y lloriquear por el estado general de la ciencia en este país en el que nos ha tocado nacer. Espero al menos que si no los conocíais, podéis añadir algunos de estos argumentos a vuestro arsenal. Os copio y pego una entrada, que tenía sentido que pusiera primero en Facebook (allí la leyó, lee y leerá la gente a la que a priori va dirigida), y que ahora os copio aquí:

 

“Estos días la sonda New Horizons retoma su actividad de enviar de vuelta la tromba de imágenes que tomó durante su sobrevuelo sobre Plutón el pasado julio, datos que tardarán más de un año en ser enviados de vuelta.
La noticia aparece en los medios y periódicos de Internet bajo titulares similares a ‘Las dunas de Plutón desconciertan a los astrofísicos’, y para mi desmayo, y para el de todos los que amamos la ciencia, con la noticia aparecen también una tromba de comentarios bastante habituales, unos más explícitos (‘qué desperdicio de dinero’), otros más pasivo-agresivos (‘a mi me desconcierta el hambre en África’), cuestionando al final abiertamente la ‘utilidad’ de estas misiones.

Aunque entre la gran mayoría de los que me leéis y me tenéis como amigo en Facebook no habrá muchos que despreciéis del mismo modo este tipo de grandes labor científica (supongo que no dice mucho a mi favor sobre el sesgo con el que escojo a aquellos con quién ‘me junto’), sigo queriendo hacer desde aquí una puesta en valor y una defensa de este tipo de aventuras de exploración.
Reconozco que desde niño he sido un apasionado de la astronomía y ello me impulsa a escribir esto, pero también se debe a que he visto unas cuantas veces en varios de vuestros muros la tramposa imagen de un niño, normalmente africano, bebiendo agua de un sucio charco, y un subtítulo que hace una afirmación parecida a esta “La humanidad busca agua en Marte mientras niños mueren de sed en la Tierra. La pregunta es ¿hay inteligencia en esta?”

Aunque entiendo el contraste que se quiere denunciar, y que sin duda es dramática la situación de tantos millones de personas en tantos lugares de este planeta, creo que usar precisamente a la investigación espacial, la investigación científica, la investigación a secas, como blanco de estás críticas y como ejemplo total del derroche absurdo, es una gran e incluso grave equivocación.

En primer lugar, y siguiendo el hilo de esa imagen que seguro que conocéis y mencionaba antes, el hecho concreto de que dediquemos recursos a buscar agua en Marte, sirve para que sepamos mejor como buscarla en la Tierra. Si queréis aplicaciones directas, ahí tenéis una.

Hablando más en general, el dinero destinado a investigación, comparado con otros gastos, es poco y pobre. En el mundo del periodismo existe implantada la idea de que el coste de lo que cuesta una misión de exploración es un dato relevante (ciertamente, cifras que se mueven en torno a los cientos de millones de euros), mientras no detecto la misma insistencia en resaltar ese dato cada vez que se envían unos cuantos portaaviones o cazabombarderos al frente de una guerra lejana, en operaciones cuyo coste supera en pocos días lo que durante años cuesta una misión científica. Me pregunto también por qué no se suelen cuestionar otros gastos más numerosos (obras públicas, por ponerlo en contexto), más irrelevantes (fútbol, moda), o éticamente sin duda mucho más cuestionables (Defensa). Por poner unos pocos ejemplos.

Son además gastos no ‘tirados’: la mayor parte de lo que cuesta una misión espacial son sueldos de ingenieros, científicos, administradores, operarios, mano de obra muy cualificada y valiosa (y para la que de hecho, hay muy pocos puestos de empleo), cuyo trabajo y por supuesto cuyos sueldos no son ‘vertidos’ como basura al espacio, sino cuyo trabajo revierte en beneficios tangibles.

Esos beneficios de la investigación, aunque se trate de investigación básica, son a largo plazo, generan mucha más riqueza que otras industrias éticamente mucho más cuestionables y sin duda mucho, muchísimo más caras (de nuevo, defensa, sin ir más lejos).

Poniendo ejemplos concretos, los paneles solares que hoy conocemos dieron sus primeros pasos abasteciendo electricidad a satélites de comunicaciones hace ya 50 años. GPS, alimentos liofilizados, velcro, pañales desechables, detectores de humo, avances en propulsión y aerodinámica para el transporte… avances todos ellos que salvan vidas.

Y finalmente, poner en tela de juicio y dudar de la que es, a mi parecer, una de las cualidades más bellas del ser humano, me parece profundamente equivocado. Esa cualidad es la de la curiosidad. La de querer saber más. La de querer explorar, salir de la isla o valle en que vivimos y saber que hay en el siguiente lugar. Escalar esas montañas solo porque ‘están ahí’. Esa cualidad, la de querer saber, conocer mejor cómo es el mundo y el Universo en el que vivimos, que es la esencia de la investigación y de la ciencia, es no solo algo que se pueda hacer al mismo tiempo que otras necesidades más inmediatas, sino totalmente necesario para saber cómo abastecernos mejor de recursos que hoy nos son esenciales a todos.

Saludos.”

 

 

Este discurso, imagino, quiero creer, necesito creer, que de algo sirve. Seguramente, no. Si por el contrario, creeis que el tono didáctico y paternalista puede ser contraproducente porque parece que solo va dirigido a gente sin formación científica, os equivocais. Pues, hamijos…

Roy Batty: "He visto cosas que vosotros no creeríais"...

He visto a Telecos hablar de lo nocivas que son las antenas de radiofonía. Arquitectos asegurando que ‘esa estructura aguantará’. Químicos hablando del peligro de los ‘chemtrails’. Geólogos hablando de formación rápida de nódulos de manganeso. Físicos hablando de hormigas corriendo en círculo alrededor de una antena Wifi. Médicos alabando los poderosos beneficios de la homeopatía. Ingenieros debatir si pesas un kilo más o no después de beberte un litro de agua. Oh, y por supuesto, “ecologistas” que niegan el origen humano del calientamiento global, cuando no negándolo directamente. 

En fin, esto demuestra que no hace falta no tener ni puta idea para no tener ni puta idea, sino que incluso gente con estudios puede elevar a los altares de la verborrea una elocuente y admirable colección de bocanadas, pulmonías, cánceres de sida y herpes de ébola por doquier.

En fin. Ahora en serio. Vivimos en un país donde la mayoría de la gente tuerce el gesto al hablarle de inversión, investigación, ciencia, conocimiento. Cómo, me pregunto, cómo podemos esperar honestamente que algún grupo político que tenga intenciones serias de elevar el gasto en I+D (y ya de camino, por qué no, en educación), salga alguna vez elegido en unas elecciones, en este país.

En fin, aquí seguimos, aguantando…

Dinamarca como Erasmus. Parte 3 y fin: La experiencia personal

Nota: finalmente con esta entrada, y al contrario que las otras dos, me apetece marcar cierta distancia. Como cada entrada de este blog, esta es una fotografía, un pedacito de mi, pero en este caso mi yo de hace cuatro años. Efectivamente, el Erasmus fue una experiencia tremendamente gratificante, enriquecedora, y transformadora; y dije en su día que quería escribir sobre ello, pero algo reposado, desde la distancia (creo que me he pasado un poco con lo de reposarlo, ya xD)
Ha llovido desde entonces, pero debo esta entrada a vosotros, a mi, al blog, y si mi apuráis hasta a Dinamarca y mi Erasmus: esta debió y deberá de ser *la entrada* de referencia, la que lo resume todo, y la que enlazaré de aquí en adelante cada vez que me vuelva a referir el tema. Deberá de ser también la última que dedico al Erasmus: en lo que a mi respecta, con esto queda cerrado. Por ello me he esmerado en completar lo que empecé a escribir, y por mucho que lo vea como algo vagamente distante, he intentando darle el cierre que no supe darle en su momento. Como siempre, espero que os resulte amena la lectura. Ahí vamos.

(…)

Ni quiero aburrir, ni quiero dar envidia, ni quiero hinchar las cosas. La forma más sencilla de definir un Erasmus es concentración de experiencias.

Tal vez no son experiencias extraordinarias ni se salgan de las tablas, pero suelo decir que es como concentrar tres, tal vez cuatro años de experiencia vital en uno solo. Sé que suena exagerado decirlo, pero sé que no soy el único de los que que estuvimos allí que lo piensan de la experiencia y de si mismos: yo recuerdo el que era justo antes de llegar a Dinamarca, y al compararlo con el que volvió, lo veo y me recuerdo marcadamente más ingenuo, más niño.

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El caso es que esta foto está hecha más bien al finalizar el año…

 

Lo más importante del Erasmus, por supuesto, es la gente que conoces. Como en cualquier gran experiencia. Lo he dicho ya anteriormente, eramos muchos, muchos españoles (unos ciento y pico). Que al principio, cuando todas esas caras solo son un número, casi molesta. Tantos españoles, que de hecho no he tenido ni de lejos el mismo contacto con extranjeros. Pero pasa un año, y lo que tienes es un gran puñado de amigos, algunos para toda la vida. El lugar es especial, pero más especial es la gente que conoces. Sigue leyendo

Dinamarca como Erasmus. Parte 2: Los Daneses

(Viene de aquí)

 Nota: esta entrada, al contrario que la anterior, la he redactado nueva casi al completo, interpretando las notas que dejé en su día.

Os debo, me debo, esta entrada; y creo que hoy es un momento tan bueno como cualquier otro para hablar de Dinamarca, país en el que viví once meses a lo largo de 2010 y 2011. Tal vez sean muchas las cosas que quiero o que habría que decir, pero dado que siempre le he ido dando de laillo, y he ido dejando muchas migajas en post sueltos, creo que es buena idea tener un resumen, un concentrado sobre lo que viene siendo la danesidad (o jutlandidad, si quereis), y ya si eso, hurgáis por vuestra cuenta en los numerosos enlaces que ireis encontrando en este mismo post.

Oye, que me voy a Dinamarca

En Horsens (aproximadamente el centro de la imagen, entre Vejle y Aarhus), es donde estuve viviendo casi un año.

 

Decía que es hoy un momento tan bueno como cualquier otro, aunque ahora si venga algo a cuento cuando en las tertulias políticas está de moda mencionarles, a ellos y por extensión al resto de países nórdicos, como referencia de la que copiar muchas maneras de hacer las cosas. Por supuesto con matices, estoy bastante de acuerdo en tenerlos como modelo del que coger bastantes buenas ideas. A ello vamos.

Fiordo de Horsens

Aquí, el fiordo de Horsens. Foto domada desde lo alto del edificio de mi Universidad.

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Nerdismos, fandosidades, y otras migueiladas: Impostores del chichinabo (2 de 2)

(Viene de aquí)

Y ahora, muchachada, quiero compartir con vosotros un chiste interno que mis colegas y yo venimos haciendo desde el primer año de residencia, e introduciros el concepto de Migueilada.

Málaga, Octubre de 2002.

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Trece años ya que conozco a estos mangurrianes, me cago en la puta…

Vivo días emocionantes, soy universitario recién estrenado. No sé cuantas veces os he contado la misma cansina historia, pero lo que es el desmadre de una residencia de estudiantes, donde conozco gente nueva, algunos aún mis mejores amigos, y entre los otros, un director de cine.

Imaginaos, tenemos algunos aún 17 años, ¡y descubrimos que convivíamos con un director de cine! Nos sacaba cuatro o cinco años (era todo un adulto para nosotros), y una de las primeras noches nos contó sus aventuras, tan emocionantes, que al acabar le habríamos chupado la polla si nos lo hubiera pedido. Como no le había llegado su ordenador, no nos podía enseñar ninguno de sus cortometrajes, así que lo dejaríamos para más adelante.

No obstante, con los días nos empezamos a oler la chamusquina. El muchacho fue revelando ser un personaje: infantil, caprichoso, pomposo y creído, de vestimenta extravagante, dudoso léxico (sus ‘asín que’ y sus ‘deque’ me mataban) e inexistente cultura (cinematográfica o de cualquier otro tipo).

¿Por qué le acabamos llamando Miguei? Lo de ‘-guei’ (gay, claro) era porque se depilaba las cejas y era inquietantemente clavado a un cantante llamado Cristian (hasta que apareció el rubio de O-Zone…), y nosotros eramos unos abyectos hijosdeputa… Y lo otro, un juego de palabras con su nombre… ¡porque se llamaba José! (claro que no se llamaba así, pero mientras no ponga como tal su nombre, si es que llegase a leer esto, no me puede denunciar ¡Ahh!)

¿Y por qué ‘Migueilada’? Efectivamente, a las pocas semanas nos convocó para enseñarnos su cacareado cortometraje. Aquella mierda no había por donde cogerla.

A falta del cortometraje original, os pongo este maravilloso videoclip que os traerá tiernos recuerdos: así acabáis con las tripas igual de revueltas que yo. Y si, el tal Miguei era jodidamente clavado al rubio…

Su cortometraje era un rollo onírico, con alucinaciones, un protagonista que se perseguía a si mismo corriendo mediante una pobre edición en Premiere, y una niña/monstruo con tentáculos lisérgicos, todo esto rodado en las calles del centro de Málaga y en un pub de un colega suyo, y efectos digitales de los del Mistery Science Theater 3000. En fin, una cosa risible, sin pies ni cabeza, pero sobre todo pretenciosa. El chaval iba en serio, pretendía dar la sensación de que estaba diciendo algo. Caca, cacaaaaa pestosa. Fue la gota que colmó el vaso (ya venía haciendo unas cuantas jugadas de antes) que hizo que al susodicho director pasamos a hacerle el vacío (de esas cosas que haces con 17 años), y entre dientes pasó a ser conocido como Miguey. Por los siglos de los siglos.

Y aunque a él le olvidamos (ni idea de qué habrá sido del chaval), cada vez que vemos la obra con fuegos artificiales de un cantamañanas, un encantador de serpientes, un vendedor de humo, y en general, cualquier mierda pretenciosa, decimos estar ante una migueilada. Amén.

(…)

Y de esto, ¿qué hemos sacado?

Amigos, que el mundo está lleno de migueis y de migueiladas.

Están por doquier. Estos ni miran la Wikipedia. Estos sencillamente hacen, tiran para adelante, ven algo con lo que flipan (normalmente algo de moda en ese momento), y lo entiendan o no, creen que ellos también lo pueden hacer. No solo copiar, no no, creen que lo pueden mejorar. Y lo creen honestamente, de corazón.

(…)

Pero esto tiene una segunda lectura.

Entre los amigos (esos mismos que mencionaba al principio), también tenemos un running joke interno referente a esto, que he de contar. Dado nuestro gusto por el cine, llevamos años coqueteando, vagamente, con la idea de hacer un cortometraje (obviamente tendría que ser comedia/acción, por la cosa de ser los géneros más indulgentes y que más familiares nos resultan). Llevamos diciéndolo desde hace más de diez años, ¿Habéis visto algún corto nuestro? Pues nosotros tampoco. Entre una mezcla de evidente pereza, y cierto sentido autocrítico, y de respeto al personal y al arte, aquí estamos. Nos lamentamos de que nunca hacemos nada al respecto, mientras criticamos a Miguei, que se ‘hincha’ de hacer cortos (dije antes que no sé que fue de él, pero alguna cosa más suya vimos años más tarde). Son cacufa todos ellos, auténticos cortos mierder, pero los hace. Hace lo que le gusta. Una cámara, un ordenador, y voluntad. Nosotros también tenemos los dos primeros.

Y aquí estamos. Haced vuestra lectura.