El *horror* de la ciencia en este país

De unas semanas a esta parte vengo viendo dos cosas en mi Facebook.

Una, como con grata sorpresa bastantes de mis contactos comparten las colosales, descomunales, hermosísimas, alucinantes, sensacionales, imponentes… extraordinariamente bellas y sobrecogedoras imágenes que la New Horizons está enviando de Plutón y su hermano pequeño Caronte.

Es decir, lo que técnicamente se conoce como

PUTO

PASÓN.

(…)

Recobremos el aliento: doy por hecho que las habéis visto, pero dado que cada semana la New Horizons me (nos) regala una nueva foto que entra directa en la selecta galería de imágenes astronómicas favoritas-ever, debía y debo compartirlas (cada una enlaza a algún artículo explicativo, donde podéis verlas en alta resolución)

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(..)

Al mismo tiempo, y previos a la reciente y “enésima” confirmación de que hay agua en Marte, muchos comparten esta o imágenes similares a esta:

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Y cuando se la veo compartida a ese colega-de-un-colega que coincidimos un par de veces, y ni sé porque lo sigo teniendo en el facebook, pues más bien paso.

Pero cuando la comparte un buen amigo, un familiar, alguien que me importa, es cuando se me cae el alma al suelo. Amablemente le respondo, al tiempo con la suficiente brevedad para asegurarme de que puede leerlo (y es un dificil compromiso, el ser breve, preciso, conciso y al mismo tiempo, no parecer que convoco Balrogs en la Lengua Negra de Mordor, pues la idea es sonar amable…).

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Esta es la respuesta, por ejemplo, que le dejé a una amiga.

Qué creeis que voy a decir nuevo, que no hayamos dicho ya, que no nos hayamos lamentado ya. Nada. Me apetece desarrollar la idea, tal vez solo por el gusto de desarrollarla, como todo lo que es esto, un ejercicio de retórica y una vez más, por patalear y lloriquear por el estado general de la ciencia en este país en el que nos ha tocado nacer. Espero al menos que si no los conocíais, podéis añadir algunos de estos argumentos a vuestro arsenal. Os copio y pego una entrada, que tenía sentido que pusiera primero en Facebook (allí la leyó, lee y leerá la gente a la que a priori va dirigida), y que ahora os copio aquí:

 

“Estos días la sonda New Horizons retoma su actividad de enviar de vuelta la tromba de imágenes que tomó durante su sobrevuelo sobre Plutón el pasado julio, datos que tardarán más de un año en ser enviados de vuelta.
La noticia aparece en los medios y periódicos de Internet bajo titulares similares a ‘Las dunas de Plutón desconciertan a los astrofísicos’, y para mi desmayo, y para el de todos los que amamos la ciencia, con la noticia aparecen también una tromba de comentarios bastante habituales, unos más explícitos (‘qué desperdicio de dinero’), otros más pasivo-agresivos (‘a mi me desconcierta el hambre en África’), cuestionando al final abiertamente la ‘utilidad’ de estas misiones.

Aunque entre la gran mayoría de los que me leéis y me tenéis como amigo en Facebook no habrá muchos que despreciéis del mismo modo este tipo de grandes labor científica (supongo que no dice mucho a mi favor sobre el sesgo con el que escojo a aquellos con quién ‘me junto’), sigo queriendo hacer desde aquí una puesta en valor y una defensa de este tipo de aventuras de exploración.
Reconozco que desde niño he sido un apasionado de la astronomía y ello me impulsa a escribir esto, pero también se debe a que he visto unas cuantas veces en varios de vuestros muros la tramposa imagen de un niño, normalmente africano, bebiendo agua de un sucio charco, y un subtítulo que hace una afirmación parecida a esta “La humanidad busca agua en Marte mientras niños mueren de sed en la Tierra. La pregunta es ¿hay inteligencia en esta?”

Aunque entiendo el contraste que se quiere denunciar, y que sin duda es dramática la situación de tantos millones de personas en tantos lugares de este planeta, creo que usar precisamente a la investigación espacial, la investigación científica, la investigación a secas, como blanco de estás críticas y como ejemplo total del derroche absurdo, es una gran e incluso grave equivocación.

En primer lugar, y siguiendo el hilo de esa imagen que seguro que conocéis y mencionaba antes, el hecho concreto de que dediquemos recursos a buscar agua en Marte, sirve para que sepamos mejor como buscarla en la Tierra. Si queréis aplicaciones directas, ahí tenéis una.

Hablando más en general, el dinero destinado a investigación, comparado con otros gastos, es poco y pobre. En el mundo del periodismo existe implantada la idea de que el coste de lo que cuesta una misión de exploración es un dato relevante (ciertamente, cifras que se mueven en torno a los cientos de millones de euros), mientras no detecto la misma insistencia en resaltar ese dato cada vez que se envían unos cuantos portaaviones o cazabombarderos al frente de una guerra lejana, en operaciones cuyo coste supera en pocos días lo que durante años cuesta una misión científica. Me pregunto también por qué no se suelen cuestionar otros gastos más numerosos (obras públicas, por ponerlo en contexto), más irrelevantes (fútbol, moda), o éticamente sin duda mucho más cuestionables (Defensa). Por poner unos pocos ejemplos.

Son además gastos no ‘tirados’: la mayor parte de lo que cuesta una misión espacial son sueldos de ingenieros, científicos, administradores, operarios, mano de obra muy cualificada y valiosa (y para la que de hecho, hay muy pocos puestos de empleo), cuyo trabajo y por supuesto cuyos sueldos no son ‘vertidos’ como basura al espacio, sino cuyo trabajo revierte en beneficios tangibles.

Esos beneficios de la investigación, aunque se trate de investigación básica, son a largo plazo, generan mucha más riqueza que otras industrias éticamente mucho más cuestionables y sin duda mucho, muchísimo más caras (de nuevo, defensa, sin ir más lejos).

Poniendo ejemplos concretos, los paneles solares que hoy conocemos dieron sus primeros pasos abasteciendo electricidad a satélites de comunicaciones hace ya 50 años. GPS, alimentos liofilizados, velcro, pañales desechables, detectores de humo, avances en propulsión y aerodinámica para el transporte… avances todos ellos que salvan vidas.

Y finalmente, poner en tela de juicio y dudar de la que es, a mi parecer, una de las cualidades más bellas del ser humano, me parece profundamente equivocado. Esa cualidad es la de la curiosidad. La de querer saber más. La de querer explorar, salir de la isla o valle en que vivimos y saber que hay en el siguiente lugar. Escalar esas montañas solo porque ‘están ahí’. Esa cualidad, la de querer saber, conocer mejor cómo es el mundo y el Universo en el que vivimos, que es la esencia de la investigación y de la ciencia, es no solo algo que se pueda hacer al mismo tiempo que otras necesidades más inmediatas, sino totalmente necesario para saber cómo abastecernos mejor de recursos que hoy nos son esenciales a todos.

Saludos.”

 

 

Este discurso, imagino, quiero creer, necesito creer, que de algo sirve. Seguramente, no. Si por el contrario, creeis que el tono didáctico y paternalista puede ser contraproducente porque parece que solo va dirigido a gente sin formación científica, os equivocais. Pues, hamijos…

Roy Batty: "He visto cosas que vosotros no creeríais"...

He visto a Telecos hablar de lo nocivas que son las antenas de radiofonía. Arquitectos asegurando que ‘esa estructura aguantará’. Químicos hablando del peligro de los ‘chemtrails’. Geólogos hablando de formación rápida de nódulos de manganeso. Físicos hablando de hormigas corriendo en círculo alrededor de una antena Wifi. Médicos alabando los poderosos beneficios de la homeopatía. Ingenieros debatir si pesas un kilo más o no después de beberte un litro de agua. Oh, y por supuesto, “ecologistas” que niegan el origen humano del calientamiento global, cuando no negándolo directamente. 

En fin, esto demuestra que no hace falta no tener ni puta idea para no tener ni puta idea, sino que incluso gente con estudios puede elevar a los altares de la verborrea una elocuente y admirable colección de bocanadas, pulmonías, cánceres de sida y herpes de ébola por doquier.

En fin. Ahora en serio. Vivimos en un país donde la mayoría de la gente tuerce el gesto al hablarle de inversión, investigación, ciencia, conocimiento. Cómo, me pregunto, cómo podemos esperar honestamente que algún grupo político que tenga intenciones serias de elevar el gasto en I+D (y ya de camino, por qué no, en educación), salga alguna vez elegido en unas elecciones, en este país.

En fin, aquí seguimos, aguantando…

Plutón, al fin

Diez años. Qué digo diez: una eternidad esperando esto. Por primera vez, desde que existe, Plutón, es estudiado de cerca.

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La noche de Plutón, bañada por la luz de Caronte, su compañero de viaje. Luz que será suficiente para cartografiar la cara nocturna. Algo que me parece otro pasón.

 

¿Qué tiene de especial Plutón? No deja de ser un cuerpo pequeño, y que ahora sabemos, no muy distinto de muchos otros cuerpos menores que merodean las afueras del Sistema Solar, más allá de Neptuno. Descubierto no hace ni 85 años por Clyde Tombaugh, con mucho trabajo pero no sin cierto golpe de suerte (pues la la fortuna quiso que se hallara aproximadamente donde los erróneos cálculos de su mentor Percival Lowell indicaban que se debía encontrar el ‘Planeta X’), fue durante muchos años un incomprendido, extrañando a astrónomos acerca de su composición, tamaño, masa, un bicho raro que no encajaba muy bien en la foto de familia junto al resto de planetas.

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Sea como fuere, cuando en 2006 al fin fue lanzada la sonda New Horizons, Plutón era él único planeta que no había sido visitado aún por una sonda espacial. Entonces pasó lo que ya sabeis: Plutón dejo de ser considerado planeta de verdad por la Union Astronómica Internacional, y paso de ser cola de león a cabeza de ratón: el primero de los de su nombre.

Independientemente de polémicas (entiendo y comparto las razones por las se ‘degradó’ a Plutón), estas me parecen irrelevantes: Plutón siguió y sigue ahí, integrado en la cultura popular y tan digno de ser estudiado como cualquier otro de los mundos de nuestro sistema Solar, aunque sea solo por el cariño que se le tiene y que le he tenido (si, cariño a una piedra volante) desde que me empezó a gustar todo esto de la astronomía (más o menos cuando tenía diez años), y con el añadido de ser el último de la familia al que no le conocíamos la cara. Ya sabéis, esa misma fascinación que durante siglos ha producido a la humanidad la cara oculta de la Luna, o la que personalmente me producen las lunas de UranoTritón: apenas exploradas, remotas, desconocidas.

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Dos imágenes del mismo hemisferio de Plutón (que contiene el ya llamado ‘corazón’ o ‘ballena’ dependiendo del punto de vista), fotografiado a 14 y a 5 millones de kilómetros respectivamente, conforme la New Horizons se acerca. Imaginad cuando pase a apenas diez mil kilometros, cosa que pasará el 14 de Julio: mañana.

Update 14 de Julio: Y así se ve pocas horas antes de llegar.

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Y por fin, en pocos días llegará el momento. Como decía, abracé con regocijo hace casi 10 años la noticia de que se lanzaría una sonda con destino a Plutón, y que llegaría allí en la entonces lejana fecha de 2015. No voy a decir aquello de ¡cómo pasa el tiempo!, pues soy plenamente consciente de todas las cosas que han pasado y me han pasado en estos años, pero si haré uso de otro tópico: todo llega, y aquí teneis vuestra guía de campo.

Quitando el susto hace unos días, en el que la New Horizons dejó de funcionar unas horas (no sería ni la primera ni la última vez que una sonda se fuera a la mierda a pocas horas de su momento crítico), en pocos días, y en meses venideros (reíros vosotros de ADSL y modems de 56k, ¡la New Horizons envía datos a 1 Kbit por segundo!) iremos viendo las imágenes que la sonda habrá recogido en un veloz sobrevuelo a apenas diez mil kilómetros de distancia.

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Retrato de Plutón junto a Caronte, en color *aproximadamente* real

Y entonces, igual que recuerdo cómo la sonda Magallanes exploró con radar la superficie de Venus en 1991 (recuerdo con fascinación aquellas primigenias animaciones en relieve), o la Messenger, acabando hace muy poco de cartografiar la superficie de Mercurio, o la Dawn, visitando Vesta y Ceres, o la ambiciosa Rossetta alcanzando un cometa de nombre poco amable, y por supuesto la Casinni en Saturno, trayendo algunas de las imágenes más fascinantes jamás tomadas; entonces, por fin podremos ponerle cara a Plutón.

Caras, y nombres, a sus valles, surcos, cráteres, montañas, cordilleras, planicies, mesetas, fisuras, cañones, estrías, cicatrices de una historia de eones que no es revelada por primera vez.

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La mejor imagen que tendremos del hemisferio ‘lejano’ de Plutón (cuando la New Horizons pase cerca solo verá la otra cara) en décadas venideras

Y aunque consigamos buenas fotos y datos científicos, estas solo harán lo mejor que puede pasar: dar pie a nuevas preguntas. Y al igual que las lunas de Urano y Neptuno, solo visitadas hace camino de treinta años por la Voyager 2, y para las que probablemente aún queden décadas antes de que volvamos a explorar, también transcurrirán décadas antes de que volvamos a saber algo nuevo de Plutón. Nuestra curiosidad no puede ser saciada.

Por lo pronto, esperamos, y sobre todo, disfrutamos, con este maravilloso descubrimiento, que gotea mejores y mejores noticias día a día, sobre nuestro viejo, pequeño, lejano y entrañable vecino.

Os dejó con este épico vídeo acerca de la exploración de nuestro Sistema Solar

(…)

 

##Bonus##: muy cuento viene, después del anterior vídeo, completarlo viendo este otro: Wanderers. Dadle a pantalla completa, HD, y sonido del bueno. Pelos de punta, imprescindible, casi mitológico, para los que nos gusta esto. No digo más nah.

 

Interstellar, y 2. Letting it go.

(Esta vez si hay spoilers. Caution advised)

No sé si se notó mucho en el último post, pero Nolan me ha pegado fuerte. Tengo una especie de costumbre de ir a ver al cine varias veces las películas que me gustan (dinero que no me gasto en otras cosas…). Con la última, ya han sido no una, ni dos, ni tres veces las que he visto Interstellar como debe de verse, sino cuatro. Y con orgullo puedo decir, todas ellas en muy buena (y variada) compañía. Juntándome con buenos amigos, trayendo a buenos amigos, repitiendo con buenos amigos. Acepto que esta última vez me hubiera gustado verla en VO y comprender porque tantos no comprenden el acento de McConaughey, pero si diré que como en todas las veces anteriores, Nolan me sigue poniendo los pelos de punta, me hace apretar los asideros del asiento, y por supuesto, me hace el nudo en la garganta, tanto, como la primera vez.

Volviendo a Nolan

Ver Interstellar me ha obligado a repasar la filmografía de Nolan que tenía más alejada. Vi no hace mucho Insomnia (muy correcta en todo), tengo pendiente volver a Memento (película que por muchos años me ha parecido sobrevalorada); las de Batman y El Truco Final las tengo recientes, pero me apetece especialmente detenerme en Origen: es de esas películas que deliberadamente he escogido no ver en varios años (con El Señor de los Anillos estoy haciendo lo mismo) para que cuando llegue el momento de volver a ellas, me vuelvan a impactar con fuerza.
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“Interstellar” (Christopher Nolan, 2014). El Viaje

(No hay spoilers, pero si lo que quieres es saber si merece la pena ir a ver Interstellar al cine, déjate de leer críticas y ve corriendo, YA.)

 

El primer trailer de Interstellar, sin duda para mi el mejor, y el único que conviene ver.

No recuerdo si alguna vez he vanagloriado aquí lo que vengo a llamar las ‘películas viaje’. Seguro que alguna vez lo he hecho. ‘Avatar’ o la misma ‘Origen’ de Christopher Nolan (y no creais que metería muchas más en esa lista) las llamé en su día ‘películas viaje’, y sin duda fue una gran experiencia vivirlas en la gran pantalla. Podría expresar el concepto de ‘película viaje’ de varías maneras, seguro que es lo que la mayoría de los mortales llamamos ‘peliculón como la copa de un pino’. Sin duda, una ‘película viaje’ siempre lo es, añadiría que normalmente posee una duración superior a las dos horas; y que es una obra absorbente, un tren en el que te montas y no te vuelves a bajar hasta que acaba el trayecto, que consigue que perdones y apagues tu sentido crítico, que te mantiene pegado al asiento, que hipnotiza. Más que un viaje, es una experiencia. Y posiblemente aquí viene lo que me parece más pertinente: a menudo trasciende el medio. Las trajes de ‘película de culto’ o ‘clásico del genero’ entiendo que se le quedan pequeñas. Una película viaje es siempre ‘más’ que una película, ‘más’ que solo una buena película.

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Interstellar, ni os quepa un segundo la duda de que es una de ellas, pues aún va más lejos: probablemente conquista esa definición y se apodera egoistamente de ella. Interstellar es ya, recién estrenada, LA película viaje por excelencia. Sigue leyendo

La belleza de un cohete explotando

Os habréis enterado de un zucezo que ocurrió en las costas de Virginia hace un par de días: un cohete no tripulado destinado a la ISS estallaba en el despegue.

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Quiero dejar claro que este tipo de noticias, en si, no me agrada nada, y no es por el gasto y el derroche que a muchos os viene a la cabeza sino al contrario, aunque el desarrollo de mi argumento lo prefiero dejar para el final. En Estados Unidos este accidente ha tenido especial repercusión, pues además de cuestionar la política de subcontratas de la NASA, bastante gente estaba atenta al despegue, al ser desde una base cercana a Washington y otras zonas muy pobladas del país, y no muy usada hasta el momento.

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Pero dejemos por un momento aparte las seriedades y concentrémonos en el tema: a todos a muchos nos mola las explosiones.

Nos encantan en el cine, nos encantan en la realidad, y al igual que un meteorólogo o un vulcanólogo flipan en colores con huracanes y erupciones, creo que todos somos los suficientemente maduros para poder separar su capacidad de horror y poder de destrucción (no somos el coronel Kilgore vanagloriando el olor del napalm por la mañana), de su poder hipnotizador y mera belleza plástica.

Os dejo sin más con mi video preferido, el que tiene los comentarios sin censura y sin mojigaterías (al igual que este) de los reporteros que lo vivieron en directo :D

Y es que ¡copón! ¡es una explosión que lo-tiene-todo!, ¡su detonación con fuego entre el humo negro en primer lugar, la caída con la gran lengua de fuego, la primera detonación al caer al suelo y entonces la supraluminosa y gigantesca bola de fuego, de nuevo con partículas y metralla (¡haciendo figuras espirales!), su nube de vapor y su más que visible onda expansiva, y finalmente todas las partículas incandescentes al rojo blanco cayendo conforme la esfera de fuego y humo asciende! Ni a propósito creo que hubiera salido mejor, ¡¡Es la polla limonera!! :D

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Vamos, que despierta al niño y no-tan-niño que llevo dentro que soy, el que de pequeño más que dibujar escenas con montañas y arcoiris, dibujaba helicopteros con metralletas, y a lo largo de los años se ha dedicado a creaciones como estas

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Boceto dibujado en Photoshop en 2006 para estrenar mi tableta de dibujo. Colores familiares…

 

En fin, como podéis imaginar, vídeos hay a cascoporro.

(…)

En fin.

Volviendo a las seriedades y como decía al principio, estos accidentes me joden especialmente por ser la baratísima excusa esgrimida por aquellos que critican este tipo de gastos, que aún siendo considerables, representan una fracción mínima del gasto público que los países más avanzados dedican a investigación (así, en general), que ya de por si es bastante pobre. Porque, siendo perfectamente compatible con el gasto para ayudas sociales y el bienestar general de la sociedad (todos sabemos muy bien qué cosas son las no compatibles), criticar este tipo de inversiones, que no gastos, como si no fuesen absolutamente necesarios para el progreso y el avance de la civilización, es negar una de las más bellas características de lo que nos hace humanos: la de la sed por la exploración y el conocimiento. Lo digo en serio.

 

Así pues, celebremos la carrera por la exploración del espacio, ¡y qué mejor manera que con un clásico, esta excelente ración de explosiones de cohetes! :D