Mientras peor, mejor (3 de 5): Internet, what have you done?

*En las entradas anteriores, os ponía un poco al día de mi vida tras meses sin publicar, y divagaba sobre la -sombría- visión del mundo que venía desarrollando en los últimos meses y me ha tenido alejado de todo esto de escribir. Finalmente hallaba un culpable: Internet y el -mal- uso que le estamos dando: ¿Hasta que punto es cierto?

Internet: ¿Qué has hecho?

Cuando hace tres años Google cerró Google Reader, lancé un aviso por el cual algunos me llamaron (me llamasteis) exagerado. Creía, y sigo creyendo, que la desaparición de aquel agregador de feeds ponía la puntilla de un ecosistema, que no solo era el de los blogs, realizados supuestamente con criterio, rigor y sobre todo independencia, sino de algo que se llegó a conocer como ‘el quinto poder’, que nos liberaría de la tiranía de los medios de masas, comprados y dominados por malvadas corporaciones… todo iba a cambiar, todo iba a ser revolucionario….

Creo realmente que esas redes sociales, aún nuevas y resplandecientes en 2008, ayudaron por ejemplo a que en la Casa Blanca entrara un negro… aún en lo peor de la más jodida crisis económica de los últimos 70 años, se vivía la esperanza, el cambio, se respiraban los aires de un mundo nuevo… Era el principio de todo, y era la hostia.

(…)

Este era Isaac Asimov previendo con gran atino en 1988 la futura existencia de Internet. Sin más introducción, os dejo con su imprescindible y esperanzadora visión.

Asimov, gran visionario, tenía razón. Prevé con inquietante precisión la existencia de lo que ahora es la Wikipedia como fuente (¿o fundación?) total del conocimiento humano; predice a Youtube y sus tutoriales, a Quora y sus respuestas fundamentadas a preguntas sin complejos, o los infinitos cursos online fácilmente disponibles hoy por hoy, todos con su ingente potencial para la educación y la formación de las personas. En eso Asimov acierta, diciendo ‘que cada uno encuentre su vocación’, y demostrando una gran fe y confianza en que la curiosidad y sed de conocimiento del ser humano, a través de Internet, nos sacaría del atolladero. Algo así como una nueva revolución -esto ya lo pongo yo-, un salto cualitativo en la historia de la especie humana, a la altura de la invención de la imprenta de Gutemberg, o de la electricidad.

Y ciertamente, así fue. Fue.

(…)

Hoy por hoy, como agregador sigo usando muy marginalmente Digg, pero el verdadero sustituto para la mayoría (y para mi) ha pasado a ser Facebook, donde las novedades más relevantes nos aparecen revueltas en nuestro muro, en un supuesto orden muy cuestionable y basado en algoritmos de ignoto origen. La prensa tradicional y online periodismo serio están de capa caída. Flickr, ha sido sustituido por Instagram. La reflexión profunda, por la livianidad e inmediatez de Twitter. Y bueno, no me hagáis hablar de followers e muy especialmente influencers (la misma existencia de esa secuencia de sonidos -pronunciando además la ce castiza- me parece un crimen contra la humanidad), porque me entran ganas de rajarme la lengua desde la altura del glande.

(…)

2017. Finalmente, todo el mundo, todo, usa internet. Todos creamos, todos compartimos, opinamos y sobre todo consumimos (y lo hacemos además con todos y muy preocupantes síntomas del TDAH). Se ha universalizado su uso, no solo por la clase culturalmente media-alta; ya no es el internet del msn Messenger, los trabajitos de clase y las cadenas de correo… (aunque bueno, esto último…). Si, nos hemos liberado del poder manipulador de los grandes medios de comunicación. Y como decía Asimov, ahí tenemos la Wikipedia, y para absolutamente todo lo que quieras aprender, hay un tutorial en youtube o una entrada en wikiHow. Todo el mundo que quiera aprender, puede aprender.

Y sin embargo, este es el panorama que veo en 2017

  • Después de Google Reader, efectivamente el rss desapareció, si es que «existía» antes.
  • Facebook es la trampa de tiempo más horrible jamás inventada.
  • Y la gente lo usa para compartir videos de gatitos (que son ciertamente adorables…)
  • memes
  • …y vídeos de salpicaderos rusos. Que por supuesto son jodidamente geniales.
  • La cultura del selfie.
  • ¡Viralidad! ¡El nuevo Santo Grial que busca todo influencer*! (*insisto, pronunciando la castiza, important)
  • La Wikipedia, ampliamente citada como al menos tan fiable como la Enciclopaedia Britannica, y con numerosos y muy fiables mecanismos de registro y control de ediciones, está burlonamente desprestigiada a los ojos de la mayoría de la gente (incluso, y especialmente, por universitarios) ante la premisa de que ‘cualquiera puede entrar ahí y editarla’. Vamos, que es una puta mierda.
  • La gente no cree que el hombre llegase a la Luna
  • …pero si creen que la WWE es real.
  • Mi entrada sobre si la Tierra es plana o no, que pasó absolutamente desapercibida en su momento, está constantemente subiendo en visitas (de hecho el siguiente post será el de la segunda parte).
  • Gracias a internet internec, tengo a un clic la posibilidad de curarme fulminantemente los hongos de los pies, y además sé que tipo de estrella de mar asquerosa tengo que comer para perder 10 kg en tres días.
  • Por supuesto, comiendo gengibre me volveré inmune al cancer forever.
  • Y hay un muchacho que me quiere contar inmediatamente como ha ganado 10 millones de dollars en tres noches (y todo mientras se toca el pito muy fuerte)
  • No entremos a hablar de las páginas de noticias cuando no sensacionalistas, directamente falsas.
  • Chemtrails.
  • Quimiofobia.
  • Homeopatía (real, me han llegado a ofrecer una alternativa ‘homeopática’ y totalmente natural al suero salino…)
  • Movimiento antivacunas.
  • Televisión, en general, para que voy a nombrar programas o canales. (No obstante, defiendo que hay buena televisión, ojo)
  • La nadería y amarillismo general de la prensa: ABC, La Razón, Huffington Post, El País, OKdiario…
  • Eduardo Inda.
  • Alvaro Ojeda.
  • Brexit.
  • (y redoble de tambores)
  • Trump.

Veo una población, que liberada al fin del yugo de la manipulación de los medios de masas, independiente y con capacidad de buscar por si misma las mejores fuentes de información para ellos; nadando sin criterio alguno en un mar de ruido y falsas noticias, carentes de guía ni rumbo, atraídos como moscas por luminosos letreros de neón, reafirmados en sus propias creencias pues los algoritmos de selección de noticias que se las presentan están basados en sus elecciones previas, y dispuestos a creer solo en lo que ya creen previamente.

(…)

Pero bueno, seamos positivos, ¿no? No es cosa de dejarse llevar por el tremendismo, puede que me venga un poco abajo solo porque se me recuerda lo poco que hay hecho y de lo mucho que queda por hacer.

Nada, nada de esto es nuevo, de hecho hemos construido y conseguido mucho en este mundo, los números demuestran que hay menos analfabetismomenos pobreza extrema, menos guerras; esta España no es ni mucho menos la misma que hace 30 o 40 años, y a pesar de los retrocesos de los últimos gobiernos, se ha avanzado en derechos sociales, en igualdad. Es solo que ahora con Internet, los estúpidos se hacen escuchar, y es bueno que hagan ruido, y que no se les ignore, que se les explique, que se les enseñe, que se les plante cara. También nos estamos volviendo más exigentes, menos tolerantes con la corrupción, con las aberraciones de nuestra sociedad, y barbaridades que antes eran silenciadas, ahora salen a la luz; y eso es también definitivamente bueno.

Hasta aquí, de acuerdo. En lo que respecta a Internet, sigo en lo que venía a decir Asimov: se trata de algo revolucionario, y podría pensar que lo que pasa tan solo es que estamos en un periodo de transformación, de búsqueda. Esto de Internet es demasiado nuevo como para asimilarlo en una sola generación.

Y probablemente sea cierto, son demasiados cambios a asimilar demasiado deprisa. Pero pensando eso, implícitamente también estaría aceptando que pronto se acabarán las turbulencias, que cuando todo se tranquilice, acabaremos adaptándonos.

Un momento, ¿cuando todo se tranquilice? ¿Cuando deje de haber cambios?

¿En serio alguien cree que dejará de haber cambios?

Nos veremos a la cuarta parte: qué nos depara el futuro, que sepamos.

(…)

‘Cuanto peor, mejor’

  1. Puesta al día
  2. La Sombra
  3. Internet, What have you done?
  4. La ciencia-ficción NO es ficción
  5. El dolor de la lucidez. Preguntas finales y conclusión

 

Mientras peor, mejor (2 de 5). La Sombra.

Nota: esta es la segunda parte de una serie que he dividido en cinco paquetes. Pero dado que la primera no es más que un resumen de mi vida de los últimos cinco meses, y puesta en contexto de por qué no he escrito en ese tiempo y me lanzo ahora a hacerlo de nuevo, si no te interesa, puedes empezar directamente por esta entrada.

Las ciudades de Naboo, Alderaan, Rivendel, o el San Francisco de Star Trek, siempre se han aproximado en mi cabeza a esa visión de un futuro tecnológico en armonía con la naturaleza. Por algo hice también este dibujo hace 11 años, que me gustaría revisitar algún día.

Siempre me he tenido a mi mismo por una persona bastante optimista, con una visión luminosa, esperanzadora sobre el futuro, sobre el mio propio, y el de la humanidad. Algo rollo Star Trek: un futuro cosmopolita, con un pueblo leído y educado y que vive en armonía con la naturaleza, un mundo sin pobreza ni desigualdades y desde luego sin conflictos sociales, un futuro en el que sobreviven los trabajos creativos y estos reportan no otra cosa que prestigio social, un futuro en el que no hay paro porque no hace falta trabajar; un mundo de abundancia material en el que la tecnología está totalmente a nuestro servicio, y nos hace sacar lo mejor de nosotros mismos. El puto Paraíso en la Tierra, vamos; y nuestro conflicto sería el de extendernos por el espacio, enfrentándonos quién sabe a qué peligros.

Y si, tal vez antes de alcanzar eso tendríamos que pasar por una buena guerra mundial o una pandemia fulminante, ‘nos hace falta un hervor aún’, solía y suelo pensar; pero creía que en general, a la humanidad, solo nos quedaba lo mejor por delante. Que llegaríamos a eso y en adelante todo cambio futuro y evento histórico vendría condicionado por la tecnología. Algo parecido a ‘el fin de la historia’, con algunos baches antes de llegar. Pero llegaríamos.

(…)

Ahora, sencillamente, no lo sé. No sé si el ser humano, tal y como es, en su condición actual, en su biología, es capaz de llegar a eso. O si lo sé, pero ese lugar al que nos dirigimos, que aunque en lo tecnológico sin duda será muy avanzado (y me fascina que así sea); en lo moral, en lo espiritual, en lo emocional, no sé si será necesariamente mejor, o ni siquiera… mejorable.

Blade Runner

Tengo ahora que decir que el futuro que imagino se parece bastante más al de Blade Runner: lluvioso, ácido, anónimo, anodino, gris, muy gris. Y si, el de la foto soy yo… xD

Y aunque creo que siempre he sido consciente -desde pequeño, de hecho- de la mierda y limitaciones que traemos de serie la condición humana… aunque siempre he sido consciente del inimaginable trabajo que hace falta tan solo que para mantener en pie lo que ya hay construido (y encima de eso, lo que queda por hacer), en los últimos meses he empezado a desarrollar esta visión que, si no es abiertamente sombría, si al menos desesperanzadora.

 

Para empezar, cambio climático

Lo primero, ya doy por hecho que el cambio climático, que es una realidad bien presente, ocurrirá hasta sus últimas consecuencias. Sin paliativos, sin que hagamos realmente nada por evitarlo. La energía solar y renovables en general, que son una realidad y es un hecho que se acabarán imponiendo, lo harán tarde, y solo por motivos económicos y no por motivos de concienciación o responsabilidad moral; y con todo, solo se impondrán cuando sean escandalosamente más baratas que las fuentes de energía fósil: la famosa y muy esperada paridad ya se alcanzó, y aun así eso solo sirve para que la mitad de nuevas instalaciones sean renovables. Y esto se hace por pura inercia mental e industrial. Traducido, esto es que tenemos centrales de carbón nuevas y relucientes que seguirán quemando por décadas tan solo que para amortizarse.

La Tierra no se convertirá en Venus, no, pero doy por hecho que los polos se derretirán, la extinción masiva del Holoceno llegará a sus últimas consecuencias, las ciudades costeras desaparecerán, y entre otros males, España se convertirá definitivamente en un erial. De todas las cosas malas que podemos hacer, esta es la que más fácilmente podríamos evitar, y al mismo tiempo, la que tendrá consecuencias más duraderas de todas. No hablamos solo de la muerte de seres vivos (humanos y no humanos), hablamos de la extinción de especies, hablamos de desaparición de legado y diversidad genéticas, hablamos de dejar huellas sobre la atmósfera y océanos que durarán milenios y que seguirán aquí incluso cuando nosotros mismos nos hayamos extinguido. El cambio climático será nuestro mayor legado, y aún así, ocurrirá.
Y aún así, seguiré reciclando, comeré y usaré el transporte de forma sostenible y responsable, y en general, ayudaré de cuantas formas estén en mi mano a crear un mundo más habitable y sostenible. Porque creo en ello.

Choque de civilizaciones

Sobre la guerra de Siria me encuentro especialmente sensibilizado. No en vano, y es la primera vez que digo esto públicamente, colaboro con Acnur, y es de las primeras cosas que hice nada más tener un sueldo fijo.

(Sabéis qué imagen va aquí. Sobran comentarios)

Que si, que si, que nada de esto de la guerra es nuevo, será que me hago mayor, que no soy el niño ni el adolescente que veía como algo distante en televisión las guerras de Irak o de los Balcanes. Pero aquí esta, está pasando ahora, como pasa en Nigeria, como pasa en Yemen, por eso me cabrea, me altera profundamente y lo hace a un nivel primario, cuando alguien sostiene con una indigerible livianidad dejar que los refugiados se pudran en nuestras fronteras o mejor, en su propio país, en una guerra que más directa que indirectamente han provocado nuestros gobiernos. Saqueos, fanatismo, radicalismo, familias enteras que se hunden intentando llegar, ¡10000 niños desaparecidos!… no entiendo como se puede justificar eso frente a la posibilidad de que se cuele un posible terrorista, terrorista que por cierto no tiene que colarse pues ya vive aquí, en nuestras narices, y desde hace generaciones.
Y al mismo tiempo, he de decirlo también, no abogo por un ‘dejarles entrar’ sin más, y no me refiero a refugiados, sino inmigrantes en general: no encerrándolos en un gueto sin más, cociéndose a fuego lento en una olla de desigualdad, desarraigo, desintegración cultural y especialmente paro y falta de oportunidades; el caldo perfecto para que fermenten radicalismos.
Valga decir que es en España uno de los países donde mejor lo hacemos (y no es mucho decir), porque si lo comparamos con programas de inserción social del chichinabo a la francesa, sin presupuesto, oportunidades o estrategia alguna, a la larga sabemos que pasa lo que pasa: ahí es donde surgen los terroristas.
De todo esto ya hablé cuando lo del Charlie Hebdo: ayuda real aquí, ayuda real en sus países de origen, acabar con el origen de los conflictos, crear paz y prosperidad para ellos, construirles hospitales y sobre todo escuelas, dejar en injerir en su política interna, secarle el agua de los terroristas, y así, invirtiendo tiempo y desde luego mucho dinero (y no el que se va en bombas), es como se resuelven los problemas. ¿Fácil? No. ¿Hay que hacerlo? Definitivamente. ¿Vamos a hacerlo con decisión, valentía, y mirada a largo plazo? Lamentablemente, ni de coña.

Acomodamiento en Occidente

Mientras, aquí, en nuestro acomodado Occidente, las blanditas nuevas generaciones están carentes de rumbo, de identidad; ignorantes del conflicto y dificultades de una vida en la que ya no somos educados en el esfuerzo ni se nos enfrenta a él, y que por tanto, nos está volviendo peligrosamente intolerantes a la frustración, y al fracaso.

«Tiempos duros crean hombres fuertes; hombres fuertes crean tiempos buenos; buenos tiempos crean hombres blandos; hombres blandos crean malos tiempos». ¿Estaremos condenados por siempre a esto?

Además, esta generación, que no ha vivido ninguna dificultad y que al mismo tiempo cree que lo merece todo, está siendo siendo seducida por cierta élite supuestamente intelectual, que también sin rumbo, se alzan como abanderados y propietarios de movimientos tan importantes, nobles y legítimos como el feminismo, el ecologismo, la protección de los animales o el consumo responsable, concediendo la pegatina de aprobación o censurando a quien ellos creen pertinente, radicalizandose (percibo yo) en una espiral absolutamente intransigente, y buscando objetivos inalcanzables que, más allá de la absoluta condena al uso de la violencia en cualquiera de sus formas -faltaría más-, buscan a menudo buscan cambiar al otro y modelar la realidad; obviando que el cambio, el verdadero poder regenerador y transformador, empieza y está en uno mismo, y ese es el que hay que potenciar. Y estos son al mismo tiempo incapaces de establecer un debate real, incapaces de convencer, de explicar de forma accesible, de seducir con su mensaje, y provocando no solo la reacción de los sectores más reaccionarios (como por otra parte, cabría esperar), sino también el desapego de los más moderados. En definitiva, un discurso que suena a cabreo y sobre todo a derrota, con muy poca voluntad constructiva, y con un tono abiertamente rupturista que para nada suscribo.

El populismo

Pero la puntilla viene, os lo podéis imaginar, por el vigor del debate secesionista/nacionalista aquí en España, por el auge de la xenofobia en Europa; y por el triunfo del Brexit, del no a la paz en Colombia, y por supuesto, de la rata naranja con peluca. Por la tendencia a buscar soluciones fáciles y rápidas, y echando la culpa de los problemas a otros. Por la creciente, tremenda, acojonante desinformación que cada vez sale más a reflotar, y que ya tiene consecuencias reales sobre las decisiones que soberanamente se toman a través de las urnas. Por el desapego, desconfianza y abierto desprecio a la inteligencia, a la intelectualidad. Por la falta de educación, de criterio.

(…)

Lo temía hace seis meses, lo confirmaba hace dos, lo repito ahora: la sensación total que tengo es que nos vamos a la mierda.

Y en todo esto creo que internet tiene mucha, mucha responsabilidad. Lo vemos en la tercera parte.

‘Cuanto peor, mejor’

  1. Puesta al día
  2. La Sombra
  3. Internet, What have you done?
  4. La ciencia-ficción NO es ficción
  5. El dolor de la lucidez. Preguntas finales y conclusión

 

GTA V, Uncharted, Journey, y la belleza en los videojuegos (1)

Intro

Hace unos días cerré una serie de entradas que empecé hace cinco años*: en su momento quise hablar sobre el Crysis 2, juego al que le tenía muchas ganas, y acabaron siendo hasta seis entradas haciendo un exteeeeenso repaso a la evolución de efectos especiales en el cine, gráficos en los videojuegos, potencia de los ordenadores y avances en software, técnicas y estado del arte. Todos ellos temas a los cuales en ningún caso me dedico profesionalmente (aunque me las he apañado para poder aprovecharlos en mi trabajo), y sin embargo me flipan. Como me flipa todo lo que tenga que ver con 3d, imágenes sintéticas, realidad virtual, fotogrametría, efectos especiales, fotorrealismo, fotografía, pintura, dibujo… (bueno, adivinad cual de los cinco es mi sentido favorito…).

*y que prometí, con razón entonces del Half Life 2, hace once años. Ojo.

Total, que he publicado esas entradas para … … mira, sé que ni las vais a mirar, pero al menos puedo enlazarlas y referenciarlas… y así eliminar esta entrada de tecnicismos para centrarme, otra vez, en lo que quiero: la belleza en los videojuegos.

La Playstation 4

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Se ha vuelto a repetir. Juego poco, pero cuando por fin puedo, y pillo ese juego al que le tengo ganas -y cumple-, he de hablar de él. En este caso es el GTA V.

Debería empezar por que tengo desde el pasado noviembre una Playstation 4, la primera videoconsola que poseo ever. Durante casi dos meses, hasta que no presenté mi TFM, apenas le metí caña. He de decir que más tarde, al llegar marzo me dediqué de nuevo a pasear y tomar el sol, socializar, hacer ejercicio… esas cosas que hacen las personas mentalmente sanas y con cantidades razonables de tiempo libre… pero ya digo: enero y febrero fueron de oso hibernando: con la trilogía Uncharted, el Star Wars Battlefront y sobre todo (sobre todo) el GTA V en mis manos, tuve un comienzo de 2016 de auténtica caverna.

Todos ellos son juegazos. Menos el Battlefront (reconozco que sus limitados modos de juego me han decepcionado un poco), todos los otros han sido premiados y laureados a todos los niveles. La campaña engancha, te encariñas con los personajes, la jugabilidad está ajustadísima, a nivel técnico son un prodigio y las mecánicas totalmente depuradas. Juegazos como la copa de pino.

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Lo curioso es cuando te los pasas, aún así los vuelves a revisitar, a contemplar. En el caso concreto del GTA, como mundo abierto que es, a pasear. A conducir sin destino. Buscando hacer capturas del juego: es decir, literalmente echando fotos. Porque son juegos bonitos.

 

Grand Theft Auto V

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Ya hablaba de la trilogía Uncharted (ojo, que la que he jugado es una remasterización, pertenecen espiritualmente a la Playstation 3) como juegos bonitos. Eran muy recomendados, los pillé con ganas, los disfruté, y por supuesto los recomiendo. Aventura pura y dura, ya quisiera Indiana Jones que se le hiciera justicia así en el mundo del videojuego. Pero además, insisto… bonitos. Placenteros de ver.

Pero por mucho que quisiera jugar a los Uncharted, comparado con las ganas que le tenía al GTA V… Todo lo que diga es poco. Soy fiel a la saga desde la segunda parte. El III fue realmente revolucionario (me conozco esa ciudad como la palma de la mano), y es calificado a menudo como uno de los mejores juegos de la historia. Desde entonces la saga solo ha ido in crescendo: Vice City, San Andreas, GTA IV… Juegazos, juegazos, juegazos, cada vez mejores, y más prodigiosos técnicamente.

El IV era una verdadera delicia, pasearse tanto por ese trasunto de Nueva York hará sin duda que, cuando finalmente visite la ciudad real, tenga la sensación de que ya conozco esas calles. Pero no era un juego visualmente bonito: era sucio, ‘gritty’, de colores terrosos y apagados. Cuando fue lanzado en 2008, era algo en lo que no pensaba, confiaba en que fuera una elección estilística deliberada (como la que tanto odie luego en el SimCity de 2013), y a decir verdad, por entonces era común. Pero cuando al cabo de unos años apareció una mod que cambiaba los colores del juego (y específicamente, su mapeado de tonos), me llevo a pensar que algo estaba fallando, no solo en el GTA IV, sino en toda la industria de videojuego.

El GTA IV ‘mejorado’: totalmente espectacular, más aún pensando que tiene ocho años.

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Crysis 2 (y el día que la gente se preguntó si Bill Nighy llevaba maquillaje) (4 de 4)

Nota: al igual que la anterior, no publiqué esta entrada empezada a redactar hace cinco años (en febrero de 2011), porque entre otras razones me pilló el toro, y el gráficamente impresionante Crysis 2 quedó obsoleto en pocos meses (con el Battlefield 3), y no mucho más tarde cuando empezaron a anunciarse las consolas de nueva generación… En cualquier caso, ahora quiero referenciar estas entradas, por eso las completo y las publico.

(…)

Bien, en las anteriores entradas he venido haciendo un repaso mixto, primero sobre la evolución de los efectos digitales en el cine, desde Terminator 2 (y anteriores) hasta Piratas del Caribe: El Cofre del Hombre Muerto (y posteriores), y la evolución paralela de la potencia de los ordenadores, tanto de las estaciones de trabajo profesionales hasta nuestras videoconsolas y queridos PCs. Entre medias también me permití una pausa para repasar la evolución gráfica de los videojuegos. Y mientras, de forma paralela a cómo aumentaba esa potencia bruta, comentamos también la evolución del software, los algoritmos, las técnicas de renderizado e incluso el know how, aumentando perpetuamente el conocimiento y el estado del arte en cuanto a síntesis de imágenes digitales, bien en tiempo real (videojuegos), bien en diferido (efectos especiales y animación).

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Izquierda, iluminación clásica (directa) en un render. Derecha, con Iluminación Global. Que sabéis que me gusta a mi esta imagen…

Además, insistía especialmente en una serie de técnicas conocidas en su conjunto como ‘Iluminación global’, que simulan de modo realista el comportamiento de la luz y de qué modo esta interacciona con materiales y superficies, acercándonos muy notablemente al cacareado realismo (y la belleza) de las imágenes sintéticas, a costa de gran coste computacional y la aparente imposibilidad de reproducir este comportamiento en tiempo real.

Dicho todo esto, que, se supone, era solo el preámbulo, me lanzo por fin a hablar del Crysis 2.

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El Crysis 1, en 2007, fue un revienta-ordenadores de órdago. Cuando salió al mercado no existía máquina en el mercado capaz de jugarlo con las opciones gráficas al máximo. Como podéis imaginar, cuando apenas dos años más tarde se anuncia que el Crysis 2 simularía Iluminación Global en Tiempo Real, mis ojos se salían de las órbitas.

 

 

No me considero un «graphic whore»… pero solo porque el término tiene un claro tono peyorativo. Definitivamente me encantan unos buenos gráficos. Sigo jugando a juegos de hace 14 años por que son entretenidos, pero que le vamos a hacer, es así como se nos ha venido a llamar los que apreciamos de forma entusiasta la belleza y la perfección visual, pura y dura. Y para hablar del Crysis 2, no me ruborizo al recordar lo que le pasaba al tal Stehndal: es, a veces, dolorosamente bello.

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Crysis 2 (y el día que la gente se preguntó si Bill Nighy llevaba maquillaje) (3 de 4)

Nota: publico ahora el final de esta serie para hacer referencia a ella en futuras entradas. Debí haberla publicado hace ahora casi cinco años, con lo que a nivel técnico (y de estilo, todo hay que decirlo) ha quedado un poco obsoleta, no obstante las ideas esenciales siguen siendo válidas ;)

(…)

Todo sobre lo que venía hablando ayer hace más de un año, era solo sobre de cine. Al principio avisaba de que también quería hablar de videojuegos, pues visualmente también avanzan, a veces de forma suave, a veces rompedora, hacia ‘la verdad absoluta’, hacia el fotorrealismo total, que algún día hará las imágenes generadas por el ordenador, mostradas en la pantalla, indistinguibles de unas grabadas por una cámara* en el mundo real.

*Digo ‘cámara’, y no ‘ojos’: esa es la diferencia entre fotorrealismo y realismo.

Sin embargo, los efectos visuales del cine y los videojuegos se distinguen en un aspecto clave: los últimos deben de generarse en tiempo real. Mientras que para generar un solo fotograma de una película, hay granjas de render -auténticos monstruos del cálculo- trabajando durante horas y tal vez días (en Avatar se llegó a una cifra récord de una media de 48 horas por fotograma, mientras que lo históricamente, normal han sido unas dos horas para sintetizar cada fotograma), los videojuegos deben de moverse, en vivo y en directo, a 30 fotogramas por segundo, -como mínimo-, y se suelen recomendar no menos de 60. Y eso, calculado y movido por nuestro ordenador de sobremesa o portátil, que obviamente, enfrentado a aquellas granjas de render, no tiene nada que hacer.

Por lo tanto, es obvio concluir que a los videojuegos les queda muuuucho por delante hasta llegar a niveles cinematográficos. Como desgranaba en la primera parte de este post, el cine llego a ese nivel de indisintiguibilidad hace apenas diez años, y faltan décadas hasta que nuestros ordenadores domésticos puedan competir en potencia con lo que hace diez años ya eran superordenadores. Si es que se puede, si es que se puede reducir tanto el tamaño de los componentes, si no hay ninguna ley física que lo impide. Eso es lo que nos espera…

¿Seguro?… Tal vez no tanto.

(…)

Si me pongo perverso, me atrevería a decir que tal vez el ‘fotorrealismo’ en tiempo real es como la velocidad de la luz o el cero absoluto: te puedes acercar todo lo que quieras, pero no los puedes alcanzar. Pero supongo que eso es opinable: El camino hacia el fotorrealismo en tiempo real será un camino todo lo largo que querais, pero es finito. Algun día se conseguirá. El desafío está lanzado, creo que ya hemos pasado la mitad del camino, y pese a las dificultades iniciales (y las que se presentarán al final, en el proceso de pulido) los pasos que se dan ahora son agigantados.

Los orígenes.

Hasta donde sé, esta es la primera animación en 3d de la historia (1972), por Edwin Catmull. Este hombre es algo así como el Gauss de las tres dimensiones, y entre otras cosas, padre fundador, junto a Lasseter y Jobs, ni más ni menos que de Pixar. Lo que no quita que este vídeo esté en la puñetera fosa de las Marianas del valle inquietante (especialmente a partir del 5:11)

En cualquier caso, esa animación (¡con sombreado Gouraud!) es de 1972, y podría decir que aproximadamente en 1992 teníamos unos gráficos comparables en nuestros ordenadores: el X-Wing de LucasArts, con gráficos en 3d en nuestros PCs, que a todos nos dejó alucinados. De modo similar Los gráficos que movían las nVidia FX y las ATI serie 9000 en nuestros PC’s hacia 2002 podrían ser facilmente comparables a la (¡gloriosa!) secuencia del Genesis (Star Trek II: La Ira de Khan, 1982), que también menté antes; y los gráficos que ahora son ya capaces de mover nuestros ordenadores superan a los dinosauros de Jurassic Park (1993). Dado, por tanto, que la primera vez que me sentí plenamente engañado por unos efectos visuales fue con el Gollum (Las Dos Torres, 2002), como de nuevo dije en el post anterior, haciendo una extrapolación sencilla diría que a los videojuegos le quedan diez años aún para que por fin nos la cuelen con alguna imagen sintética y la pasemos por real.

 

Pero ¡un momento!: mi portatil, con un modesto procesador Intel i5, y que tiene tal vez tres o cuatro veces la potencia bruta que tenían entonces aquellas granjas que en 1993 usó la ILM para crear esos velocirraptores, ¡es capaz de hacer los mismos dinosaurios en tiempo real! ¡aquellas granjas tardaban horas! ¿Qué pasa aquí? Sigue leyendo